Ilusiones

Ilusiones


Ambientes distópicos: Ilusiones 

Con los avatares semanales que continúan con el paciente e insistente trabajo de fragmentar las decisiones comunes y de “hacer trizas los acuerdos”, ya podemos entregar nuestras vanas ilusiones y aceptar con entereza la distopía.

Las intuiciones que se pronunciaban después de la fiesta electoral presidencial, nos indicaban cómo serían los derroteros con los que ahora, en un intento absurdo de cordura, examinamos para no sorprendernos.

Podemos también considerar, sin temor al equívoco, que los espectros con los que nos amenazaron y convencieron para apoyar esta dirección apocalíptica de pensamiento, es un fabuloso guión que actúa –la historia está para repetirse- de nuevo para dictar los comportamientos con los cuáles, al parecer, nos gusta ser adoctrinados.

Estamos entrando en uno de esos estados de exaltación extrema de los afectos y las pasiones, en los cuales no habrá casi nadie que sobreviva y en dónde se tratará de reescribir los acuerdos con los cuales debemos convivir. Dentro de unos meses tendremos la posibilidad de comprobarlo, e ilusionados, acompañaremos los siguientes cuatro, ocho, doce años (nuestra hoja de ruta es la de “presidentes eternos”) como muertos vivientes, tratando de estar al acecho de los nutritivos desechos con los que nos iremos encontrando en ese andar errabundo por las ruinas de nuestros sentidos. Encontraremos en las escalas de destrucción, las herramientas necesarias para sobrevivir.

Hemos pasado de la ilusión de la paz a la ilusión de guerra; de la ilusión de convivir en una tímida armonía con la vida, a la ilusión de convivir con la certeza armónica de la muerte y la desaparición. Por eso, no perdemos nuestras ilusiones, ya que son ellas las que hacen de nosotros esos seres terribles que buscan su propio privilegio por encima de todo y de todos. Así de naturales somos, de eso no hay duda alguna.

Y esa naturaleza ambigua es la que ha alimentado los devenires de nuestra especie, especialmente aquellos que hacen de los obtusos un centro de amplificación de demonios, enquistándose en cada corazón que olvida con conveniente oportunismo, los estragos que se suceden en países en guerra, países que terminan reducidos en mundos desolados, destruidos, desamparados. Países en los que no quisiéramos convertirnos, pero que paradójicamente, son un horizonte de destino.

Se revuelve el estómago ver como la obstinada meta de continuar malviviendo con ideales neoliberadores y gremiales, es la que nubla nuestro camino y nos lleva a desconocer con alegría los terrores que vendrán, sólo porque seguimos creyendo que al exterminar a ese “Otro” incómodo, es que podemos seguir nuestro camino ya sin ningún obstáculo, ilusionando a otros –que por supuesto no somos “nosotros”- en esa oscura travesía para que sigan actuando alienados, con el subterfugio de abandonarlos en el momento preciso en que el privilegio llega.

Ya no basta decir que lo sabíamos. Arrostremos lo poco que nos queda para guardar la ilusión que estemos equivocados. Esperemos preparados.

Ambientes distópicos: Guerra

Ambientes distópicos: Guerra

 Los ingentes esfuerzos que se hicieron para superar este último envión de guerra que se fraguó desde mediados del siglo XX, el Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, están siendo atacados por una masa voraz que sólo ve en la muerte, la única opción para superar sus diferencias y desavenencias.

Ya se están viendo los resultados de las predicciones que mandaban “hacer trizas los Acuerdos”. Con la torpeza de los que hacen la guerra se construyen los argumentos que insuflan, sin querer pero queriendo, la energía necesaria para que continuemos en la estúpida danza de destrucción de esa minúscula confianza que habíamos logrado.

Se sabía que no era fácil. Se sabía que después de 50 años de tiros cruzados, se necesitaría de 3 generaciones, como mínimo, para recomponer nuestro maltrecho tejido humano. Pero se quiere seguir viviendo bajo la amenaza latente de la desaparición forzada, que nos hace mirar de soslayo lo poco que nos ayudaría a pensar otras opciones con las cuales hablar de nosotros con los “otros”, esos a los que tanto nos esforzamos por desconocer.

No hemos aprendido nada de nuestros muertos. O bueno, hemos aprendido que ellos son la “solución final” a todos nuestros disensos. Es tan así, que en vez de agotar todas las herramientas del diálogo, sólo se llama a que se “nos devuelva el país” (¿a quién?), volviendo, cómo no, a la cruenta guerra que se ha pegado a nuestra geografía como un sismo que lo quiebra todo.

Y como guerra es lo que quiere, guerra es lo que se fabrica. Cada nueva noticia se hace para generar la urgencia que permita entregar nuestras seguridades a los gobiernos de turno que, con la excusa de la salvación –(¿se salvará esa “gente de bien”?), tomarán “todos los medios de lucha” a su alcance para apaciguar nuestros pesados ánimos.

Ahora, el Ejercito de Liberación Nacional se tomará nuestro ecosistema mediático y será el depositario de todos nuestros odios, como lo fue hace unos años las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Actuará como expiador de culpas, sicoanalista; develará profundos y oscuros deseos y nos santiguaremos, píadosos, frente a nuestras comunidades.

Con él se podrá decir, que ahora sí, por fin, volveremos a ser una país decente, después de guerrear contra ellos y acabarlos. Y, con la boca llena de sangre, alimentaremos nuestras energías para desolarnos.

Olvidaremos todos nuestros problemas –la guerra nos da de que hablar- y malviviremos desplazados de nuestra conciencia, como lo hemos hecho en las 5 décadas pasadas. Subiremos unos puestos más en el listado de los países más felices, y nos regodearemos por ser la “democracia” más robusta del continente. Sí, así es la guerra, ¡democrática!, contradictoria.

Solo qué, después de todas las pequeñas y grandes guerras, de las de antes y de las de ahora, de la Primera Guerra Mundial –esa Gran Guerra que quiso ser la guerra que acabará todas las guerras, como lo recuerda insistentemente Juan Esteban Constain en su libro Ningún tiempo es pasado (por cierto, bonito título para un libro)-, de la Segunda Guerra Mundial y de, la casi Tercera Guerra Mundial, hay que reconocer que la guerra es la distopía por excelencia: ¿será por eso que nunca la dejaremos?

De reyes magos e historias

Siempre se ha dicho que tras la larga travesía los reyes solo traían tres presentes, creo que esa parte que se omite y pareciera no ser importante más allá de la llegada, son las historias de dicho viaje, los lugares que conocieron y recorrieron, los atardeceres que vieron, los peligros que enfrentaron, infortunios y aciertos que solucionaron, es preciso considerar que las primeras historias del mundo al que llegaba las escuchó el recién nacido de estos tres suntuosos reyes, de ahí que su recurso de contar  historias en parábolas fueran un éxito para la época.

Y que es una historia, sino un largo relato en el cual se narran los aciertos y desaciertos de algunos personajes; lo divino y lo humano, lo monstruoso y hermoso, las guerras e interminables batallas, los vencidos y vencedores, el amor y desamor. Para un tiempo como el nuestro que tres hombres viajen en camello para hacer una entrega resulta ser toda una proeza (bien se podría solucionar con Amazon) pero la tradición debe mantenerse. La historia del viejo mundo no era tan distante de la nuestra, con el hijo de Dios refugiado y  con los ecos de una masacre, eran los hechos que marcaban el inicio de una nueva era, aunque nuestra historia presente no dista tanto de lo ocurrido en aquellos tiempos, veamos nuestro panorama.

Se conmemoraron en el 2018, 50 años de la lucha y surgimiento de los movimientos sociales y estudiantiles, teniendo como trastienda la guerra fría ´protagonizada por las dos potencias del momento Estados Unidos y Rusia. Hoy 2019, nos encontramos con el inicio de una guerra comercial entre las potencias del siglo XXI Estados Unidos y China, una disputa que tiene consecuencias a escala planetaria y si se desea fuera de nuestras fronteras terrestres, el alunizaje de Yutu 2 en el lado oscuro de la luna (lo cual trae ecos de un maravilloso disco), preparan la cuenta regresiva de una carrera espacial, aunque apenas inicia se esperan grandes avances y preocupaciones.

Y del refugiado hijo de Dios a nuestros días el drama sigue siendo el mismo -poder sobrevivir-, la caravana de migrantes centroamericanos tras un largo viaje espera a las afueras del paso fronterizo entre Estados Unidos y México, escapan de su infierno para lograr algo del roto sueño americano, pero no solo es sintomático de las poblaciones latinoamericanas, a las costas europeas llegan los sobrevivientes africanos, sirios, senegaleses, que emprenden su recorrido por mar; algunos llegan a tierra para enfrentar una nueva batalla, unos esperan en barcos por días y otros finalmente encuentran su descanso en la profundidad del Océano.

Pero a los dos lados del Atlántico la campaña contra la inmigración es el caballo de batalla de los gobiernos de turno, agitando sentimientos nacionalistas que en muchos casos rozan con el fascismo, un discurso que ha conducido al fortalecimiento de la derecha y de los valores ultraconservadores (sino que los niños se vistan de azul y las niñas de rosa como lo manda la ministra de familia brasileña Damares Alves).

Si el mundo parece estar sumido en una crisis, la historia de Colombia es un capitulo extenso de penurias, este año se celebran 200 años de la independencia de Colombia, pero parece ser que deseamos conmemorar con anticipación la Patria Boba (un verdadero desacierto histórico el apoyo de los fundadores norteamericanos a la independencia), pero el desatino del Presidente pone de patente el afán de este gobierno de cambiar la historia a como dé lugar, por eso la transformación de una institución como el Centro Nacional de Memoria Histórica (la salida del historiador Gonzalo Sánchez y el inusitado interés de nombrar una persona opuesta  a las victimas) nombramiento que no se logró por la oposición de organizaciones sociales y defensores de derechos humanos, -será el afán de la corrección de los victimarios en la historia- o una historia con selección de victimas como parece es de mayor interés para el Uribismo.

Un lánguido panorama es nuestro presente, pero aunque no conocimos las historias contadas por los tres suntuosos reyes magos, los esperaremos al cabo de un año, en este viaje circular y eterno, con los mismos tres cofres y los recibiremos con las nuevas historias de nuestro tiempo, después de un recorrido tan largo en camello es lo mínimo.

Los parlanchines del éxito

Los parlanchines del éxito

Por lo general sus perfiles en redes sociales están atosigados de frases de motivación personal, de imágenes cuyos fondos están acaparados de hombres -pocas veces mujeres- con trajes elegantes, relojes de alto precio y autos de alta gama. Su “filosofía” es bastante exigua, pero suficientemente contundente como para convencer a miles de incautos de que se está a puertas de la más revolucionaria forma de generar dinero.

Dos son sus principales herramientas, el fetichismo que genera el dinero, y su verbosidad, que difícilmente se puede distanciar de la que ostenta un pastor evangélico, mientras con una oratoria extraordinaria hace caer billetes de los bolsillos de cada una de las ovejas de su rebaño. Ya el pastor arisco, ya la oveja mansa.

Las reuniones se harán en auditorios que permitan el aforo de los potenciales triunfadores, le mostrarán la oportunidad de riqueza con los más bajos esfuerzos, le venderán a usted la pócima mágica para forjar dinero y usted tendrá que venderla a otros incautos con la misma verborrea que su cerebro procesó de los “líderes”; estos por supuesto ostentarán autos, viajes y dinero; le mostrarán además, los más grandes triunfadores, los inicialistas de esta gran revolución; y por último -esto es fundamental- se encargarán de que usted no se doblegue ante los argumentos en contra, de familiares y amigos -personas negativas- sobre su nuevo y revolucionario trabajo.

Lo anterior no sorprende y no genera extrañeza porque en un mundo neoliberal, la más grande alienación es el dinero; por ello, poder garantizar altas ganancias a través de inversiones: “de poco riesgo y alta rentabilidad” -algo totalmente contrario en un mercado financiero de especulación- no suena ilógico, sino más bien, se presenta como la gran oportunidad de afincar una riqueza. Riqueza que es buscada a manos llenas por jóvenes con ansias de emprendimiento, ansias de ser sus propios jefes; pero olvidan estos diligentes muchachos, que en su innovador trabajo, terminan ellos siendo amos y esclavos de sí mismos; así lo afirma el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, en su ensayo Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder: “El sujeto del rendimiento, que se pretende libre, es en realidad un esclavo.

Es un esclavo absoluto, en la medida en que sin amo alguno se explota a sí mismo de forma voluntaria” y agrega, “El neoliberalismo, como una forma de mutación del capitalismo, convierte al trabajador en empresario (…) Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se transforma en una lucha interna consigo mismo.”

Estamos delante entonces, de otro accionar que va de la mano, por ejemplo, de las empresas con sistema piramidal, estamos en confrontación con una nueva instrumentalización de la fe, de la fe que siente el ser neoliberal por el dinero. Los “triunfadores” con chaquetas y corbatas prestadas, estarán allí esperando que usted logre caer en el más grande negocio existente, negocio en el que obviamente usted será uno de los millones de perdedores.

 

Por: Carlos Eduardo Cano

En el bosque de Tuput (Fábula sobre el poder)

En el bosque de Tuput (Fábula sobre el poder)

Durante un largo verano el bosque fue azotado por la canícula y solo abundó la precariedad. Los pocos que sabían las astucias y derroches del león decidieron protestar. Él y sus lacayos se habían comido las reservas en la época de abundancia, ahora el hambre era lo único que se podía repartir.

El oso citó a una asamblea, al principio fueron muy pocos, pero el hambre destroza hasta los más finos lazos de lealtad. Al final llegaron enojados hasta los aduladores, quienes en ausencia de comida y agua, tildaban ahora al rey león de ser un total inepto.

El oso iba generando cada vez más simpatía. La asamblea decidió entonces que el león debía renunciar al trono, era la única manera de salvar el bosque y emprender su recuperación. Todos aplaudían al oso cuando hablaba, quizás porque era el único que no temía las represalias del león.

El león tuvo que abandonar su cargo, sin embargo, le fue permito de vivir en el bosque. Con el trono vacío algunos propusieron que el nuevo rey fuera el oso, había mostrado gallardía y se merecía dirigir tan preciado lugar. La mayoría se opuso, no se veía bien –dijeron- que un oso que había estado en la oposición, ahora gobernara. Al final eligieron como nuevo rey al tigre. En ese bosque siempre habían gobernado los leones y los tigres, no los osos.

Pocos días después el bosque de Tuput parecía estar en total normalidad. Cada quien cumplía su rutina hasta que una mañana el agua empezó a escasear. El gran lago presentaba un nivel muy bajo y todos se alarmaron. Llamaron al oso para preguntarle qué pasaba, a lo que respondió -¿Y por qué no le preguntan al tigre?, al fin y al cabo él es el rey. Todos asintieron. Citaron a una asamblea y le pidieron al oso que la dirigiera, él sabía de esas lides.

El tigre no supo dar razón de la escasez de agua, aunque muchos rumoraban que la estaba vendiendo al bosque vecino. La única solución que encontraron fue traer el líquido desde el lejano río, para lo cual las horas de trabajo se aumentaron. El oso siguió investigando, hasta que descubrió que el tigre y sus secuaces habían construido un canal subterráneo para sacar el agua y venderla, se habían enriquecido con las ganancias.

El oso citó a una asamblea y condujo a los animales del bosque para que vieran con sus propios ojos el engaño del rey tigre. La turba enfureció y obligó al rey a renunciar. No obstante, no lo expulsaron del bosque. Con el trono vacío algunos de nuevo propusieron al oso como rey. La mayoría se opuso, no estaba bien –gritaban enfurecidos- que alguien como el oso que siempre había estado en la oposición hoy se sentara en el trono. Fue así como eligieron como nuevo rey al silencioso león.

La calma volvió al bosque… durante unos días. El león de nuevo en el trono volvió a sus andanzas, malgastando las reservas en grandes fiestas, a las cuales eran constantes invitadas las panteras. Incluso decían que en esas bacanales era común ver el tigre entre los asistentes. Pero todos callaban, en ese bosque siempre habían gobernado los leones y los tigres, eso generaba respeto.

Cuando se aproximaba el invierno el oso llamó a una asamblea, quería verificar los inventarios de alimentos, se había trabajado muy duro esos años y la temporada de lluvias se pronosticaba muy larga. Debían estar preparados. El león se negó a mostrar las cifras, dijo que todo estaba en orden. El tigre caminaba entre los asistentes azuzando y murmurando –algo aquí me huele mal- pero no lo decía en voz alta.

Como siempre fue el oso y su valentía la que convocaron a una marcha de todos los animales con el fin de verificar las existencias de alimentos. Todos iban enfurecidos, sabían que algo andaba mal. Al llegar a las cuevas de almacenamiento lo pudieron entender. El león y sus secuaces se habían gastado la mitad de los ahorros en sus fiestas. Le pidieron la renuncia y la expulsión, era la segunda vez que dejaba en quiebra el bosque. El tigre intercedió – no es para tanto, conque abandoné el trono es suficiente-

De nuevo se citó a la asamblea para elegir otro rey. Quienes acompañaron al oso desde el inicio de sus luchas insistían en que él debía ser el rey del bosque de Tuput. La mayoría los abucheó. Gritaban con furia: -¿cómo es posible que el oso, quien siempre ha liderado la oposición hoy quiera ser rey? Fue así como por amplia mayoría eligieron al tigre como su nuevo monarca.

He de decir que el tigre volvió a llevar el bosque a la quiebra. Los animales buscaron al oso para que se pusiera al frente de la situación. Lo hallaron cansado en su cueva, viejo y resignado. – Luché toda mi vida por tener un bosque mejor, les dijo, pero ustedes siempre eligieron al tigre y al león como sus reyes. Han de saber queridos animales, que el que no lucha para gobernar, siempre será mal gobernado.

Así es como en el bosque de Tuput, toda la vida, han reinado los leones y los tigres, siempre respaldados por la mayoría de los animales porque, según ellos, allí nunca ha sido y nunca será rey un oso opositor.