La Pipa tomó vuelo

La Pipa tomó vuelo

¿Por qué nos interesa hacerlo?

Desde que La Pipa apareció en el espacio público, nuestra apuesta ha sido la paz en dos registros: el seguimiento de la implementación del Acuerdo de paz suscrito entre el gobierno nacional y la antigua guerrilla de las Farc-Ep; y la visibilización de las iniciativas de paz de la sociedad civil.

Ambas cosas, con énfasis en el Tolima.

Sin embargo, la paz no es un significante vacío y, como se puede leer en el Acuerdo, se encuentra directamente relacionada con variables clave como el desarrollo local y regional, la democracia participativa y comunitaria, el fortalecimiento de las instituciones, los derechos de las víctimas y la no repetición, el respeto de los derechos humanos, la equidad de género y el cuidado del ambiente.

Nuestro papel, por ahora, en el marco de estas grandes tareas, es modesto pero necesario: formar el criterio político, transparentar los ámbitos por los que transita el poder, promover el control ciudadano de la gestión y, en últimas, crear las condiciones para el mejor gobierno de lo público.

Con ese objetivo, pudimos construir una alianza con la Alcaldía de Ibagué que nos permitiera a nosotros y a ellos, en cumplimiento de las metas del Plan de Desarrollo 2015 – 2019: Por Ibagué con todo el Corazón, validar el compromiso que La Pipa y la administración municipal tenemos con la paz, la democracia y la vida.

Producto de esta alianza nació #LaPipaalAire, un espacio de conversación, y de opinión, orientado a la cualificación de la democracia y del gobierno local.

Larga vida a este esfuerzo y disfruten nuestro primer programa:

 

Elecciones presidenciales 2018 ¿Una derecha robusta y una izquierda segmentada?

El domingo 27 de mayo se definió en Colombia a los candidatos que pasaron a segunda vuelta. Esta definición ha generado un sinfín de sensaciones y emociones que transitan desde la inmensa felicidad hasta la más profunda tristeza y desazón por los resultados obtenidos. A este respecto, varios de los analistas del país afirman que se produjo nuevamente un escenario de polarización. Sin embargo ¿hasta qué punto eso realmente se acerca a lo que estamos viviendo en Colombia?

A diferencia de esta tendencia en la que se afirma que el país está divido en dos, es posible pensar que algunos de los colombianos han asumido un rol activo en la política y otros están viviendo un proceso de confusión que ha generado unas profundas ganas de pensar en la decisión que tomarán para las elecciones del 17 de junio.

Esto implica que en el país lo que se está viviendo es: 1) un incremento de la participación y actividad política; 2) una pluralidad de pensamientos en relación al futuro del país y; 3) una diversificación de las ideas que paulatinamente están teniendo injerencia en los programas de los candidatos a la presidencia. En este sentido, hablar de un país segmentado en dos invisibiliza el dinamismo político que está viviendo el electorado y la diversidad de posiciones existentes respecto a los candidatos, las elecciones y la construcción de país.

Teniendo en cuenta los datos arrojados por la Registraduría Nacional del Estado Civil, en las votaciones del 27 de mayo Iván Duque quedó con un total de 7’567.448 votos con el 39,14% de aprobación nacional, Gustavo Petro obtuvo 4’850.549 votos con el 25,09% del total, Sergio Fajardo recibió 4’588.300 votos con el 23,73% del total, Germán Vargas Lleras obtuvo 1’407,584 votos, dándole el 7,28% de aprobación, Humberto de la Calle tuvo 399.109 votos con un 2,06% de aceptación, Jorge Trujillo obtuvo 75.611 votos con el 0,39% del total y los promotores del voto en blanco obtuvieron 60.312 votos, dándoles el 0,31% de consentimiento.

Lo anterior muestra que se registraron 19’631.381 votos de un potencial de 36’783.940, lo cual indica que la participación electoral fue del 53,36%.

A partir de estos resultados electorales, El Tiempo declaró que las elecciones a la presidencia de 2018 son un hito histórico en Colombia, ya que desde 1974 no había una participación tan nutrida que disminuyera, según datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil, en un 46% la abstención en el país.

Estos datos cuantitativos nos revelan un cambio importante en el comportamiento político de los colombianos. Así como también nos permiten comprender que se han venido configurando unos nuevos intereses para la construcción de un país, los cuales se reflejan en el activismo de los jóvenes y el rompimiento de ciertos paradigmas tradicionales en Colombia.

Aunque cabe resaltar que al igual que hay cambios en los intereses políticos, también hay arraigos a pensamientos, ideas, costumbres y prácticas tradicionales que luchan por mantenerse, y parecen representar un importante grueso de la población colombiana. Además de la disminución de la abstención en el país, no se puede dejar de lado que para estas elecciones el partido político de las FARC y sus miembros vivieron por primera vez un proceso electoral como civiles, lo cual le da una característica distintiva a estas elecciones.

Con el resultado de las elecciones y su implicación, el contexto político colombiano ha tomado diversidad de posiciones y tendencias que evidencian una gran convulsión política. Para empezar, uno de los impactos más relevantes que ha generado dinamismo para las elecciones en la segunda vuelta ha sido la posición de los candidatos y los representantes de sus coaliciones.

La alianza estratégica entre Iván Duque y su Partido el Centro Democrático con el Partido Conservador y el Partido Liberal -colación de derecha- ha fortalecido al candidato. Esta alianza ha robustecido el conjunto de electores que apoyan a Iván Duque significativamente, pues según la encuesta del Centro Nacional de Consultoría realizada entre el 29 y el 31 de mayo el aspirante uribista tiene un 55% de la intención de voto de los colombianos.

Mientras que el candidato de la Colombia Humana, Gustavo Petro, tiene un 35% de intención de voto. Dicho contexto ha generado una gran movilización por parte de jóvenes, artistas, víctimas, profesores, estudiantes, intelectuales, entre otros, tanto de apoyo hacia Duque como de apoyo a Petro.

Por su parte, la izquierda del país paulatinamente ha negociado para aliarse con Petro. Lo que ha llevado a un trabajo en conjunto entre la Colombia Humana, el Polo y la Alianza Verde -con menos fuerza que la alianza de derecha, debido a las infinitas vueltas que le han dado a la negociación entre ellos y al relativo olvido de la importancia de enamorar electores para que apoyen esta gran coalición de izquierda-.

Adicional a los esfuerzos de cada candidato por generar alianzas y atraer electores, existen fuerzas que quieren caminar bajo otro sendero. Estas fuerzas se han proyectado al voto en blanco, con el fin de reflejar la idea de no sentirse representados por ninguno de los dos candidatos que fueron elegidos por los colombianos.

Entre estos encontramos a Sergio Fajardo, Jorge Enrique Robledo y Humberto de la Calle.

La posición de estos personajes políticos ha tenido un impacto importante en los electores, ya que muchos que los apoyaron en la candidatura han avalado su decisión y defienden el voto en blanco como alternativa viable para el país. Igualmente, otra parte de los electores que apoyaron a estos representantes políticos se sienten arrojados al abismo, solos y sin una verdadera intención de voto.

Dicha posición ha dado lugar al incremento de la población colombiana que se encuentra en la indecisión total o parcial, puesto que unos no saben por cuál de los candidatos deben irse y otros no saben si apoyar a un candidato, votar en blanco o simplemente no votar. 

Pero ¿Qué ha generado este panorama político en los candidatos y los electores? Pues bien, en el caso de Iván Duque se ha venido radicalizando un discurso tradicional, mientras que para Gustavo Petro ha significado dirigirse hacia el centro en varias de sus propuestas de país.

Así mismo, el rol de los electores ha sido central en el movimiento de los candidatos y en la atracción o repulsión de otros electores a cada una de las candidaturas. Sin embargo, la fortaleza en gran medida la tiene la derecha del país, pues sus representantes están alineados y enfocados en la captación de votos -más allá de las disputas para llegar a posibles alianzas-.

Por otra parte, está una izquierda que, a pesar de los llamados y los cambios que ha generado el candidato Gustavo Petro, no ha empezado a trabajar realmente en conjunto para llevar a su candidato a la presidencia. Parece que en la izquierda pesa el asunto del ego de cada candidato, las luchas personales que cada uno tiene en ciertas temáticas y la distancia “estratégica” que varios de ellos han creado respecto al único candidato que les ha permitido acercarse a la presidencia en décadas.

A pesar de las dificultades en lo que atañe a una alianza entre la izquierda, parece que se han llegado a unos acuerdos mínimos, lo que les falta es empezar a trabajar en sus electores para cambiar el rumbo de una Colombia desangrada por la guerra y las violencias.

La cuestión central es ¿podrán los representantes de la izquierda trabajar arduamente para lograr lo impensable y, para muchos poco posible, dejando de lado sus individualidades para comenzar a pensar en el colectivo, en Colombia? Si bien, no se puede negar la existencia de varios obstáculos para que la actual izquierda colombiana sea partícipe de un hecho histórico, no hay que olvidar que la unión hace la fuerza y rendirse no puede ser una opción.

En Derechos Humanos, Colombia se sigue rajando: ONU

En Derechos Humanos, Colombia se sigue rajando: ONU

Contexto: Colombia se raja en derechos humanos, concluyen 500 organizaciones sociales

Cuando lo normal es escuchar a diario noticias sobre asesinatos de líderes sociales y defensores de derechos humanos, agresiones contra mujeres y niños, desplazamientos de indígenas y crímenes de grupos armados ilegales, una pausa para revisar qué está pasando en Colombia con los derechos humanos debería ser de la mayor trascendencia en el país. Por lo menos lo fue en el Comité de Derechos Humanos de la ONU la semana pasada, al realizarse el tercer Examen Periódico Universal (EPU) al Estado colombiano.

En la Sala de la Civilización, donde sesiona este grupo de trabajo en Ginebra (Suiza), 95 de los 193 países que hacen parte del Comité se concentraron durante más de tres horas en hablar de la situación colombiana.

Aunque en teoría se trata de una evaluación específicamente enfocada en las violaciones de derechos humanos de cada Estado, el caso de Colombia es particular pues, en dos de las tres ocasiones que se ha realizado el examen, el país ha estado bajo el mando del mismo presidente: Juan Manuel Santos. Y por eso, explican expertos en la materia, no es errado afirmar que el EPU que acaba de desarrollarse en Suiza es también una revisión de la política que durante ocho años defendió a capa y espada el primer mandatario.

Coincidencia o no, en 2013, cuando Santos llevaba solamente tres años en el cargo, el Comité realizó el examen y desde ese momento el país ya tenía advertencias sobre la preocupante situación de líderes sociales, por ejemplo.

Contexto: Asesinato de líderes sociales: la guerra que sigue viva

En la sesión de hace cinco años quedó claro también que el país debía prestar especial atención a los asesinatos de líderes. En ese momento, estados como Australia, Bélgica, Hungría, Islandia, Irlanda, Canadá, Alemania y Países Bajos le recomendaron a Colombia que invirtiera tiempo y dinero en la protección de quienes estaban reclamando derechos sociales y de tierras en las zonas más afectadas por el conflicto.

Aunque el Gobierno ha insistido en que ha aplicado toda clase de medidas para frenar los homicidios, desde la creación de grupos especiales de protección, el fortalecimiento de la Unidad Nacional de Protección (UNP) y una unidad especial en la Fiscalía para investigar los crímenes, la cruda realidad indica que las medidas han sido insuficientes.

La Fiscalía tiene el registro de 261 asesinatos entre 2016 y abril de 2018 en contra de líderes y defensores, una cifra casi tres veces más alta comparada a las que se venían manejando desde 2013. Como este tema, hay otros igual de preocupantes para los miembros del Comité de la ONU. Uno de los más mencionados durante el más reciente EPU fue el de la violencia en contra de la mujer.

La delegada de Irlanda expresó su preocupación por los altos índices en esta materia y se refirió a los 70.000 casos que se reportaron en 2017, especialmente relacionados con violencia doméstica. Aunque explicó que son conscientes de los avances legislativos, como la tipificación del delito de feminicidio, para esta nación europea la situación en Colombia es inaceptable.

pesar de que las recomendaciones que se realizan en el EPU no tienen ningún seguimiento por parte del Comité de Derechos Humanos, el acuerdo con los estados es que se deben cumplir mediante la cooperación entre naciones y las políticas públicas que cada país considere necesarias.

 

“El problema no es que no se hayan hecho las leyes o los decretos, porque en estos cinco años se han expedido toda clase de documentos. El problema es que todo se queda en el papel y las políticas no llegan a las regiones. De nada sirve el compromiso del Estado si van a pasar otros cinco años y en 2023 volvemos a escuchar que siguen matando líderes y que no se está protegiendo a las mujeres”, explicó Ramón Muñoz, director de la Red Internacional de Derechos Humanos.

 

De acuerdo con Muñoz, que en estos cinco años hayan aumentado los asesinatos y hoy salgan a flote los mismos problemas de 2013, no es otra cosa que un duro llamado de atención a las políticas del gobierno Santos. En los pasillos de la ONU en Ginebra, el sentimiento de Muñoz lo comparten otros asistentes.

 

“Santos se dedicó al proceso de paz durante la mayor parte de su gobierno y, si bien fue un esfuerzo de suma importancia para los colombianos, en el país persiste una crisis de derechos humanos en la que vemos una mano débil por parte del Gobierno para solucionar. Estos cinco años demuestran que, con Nobel de Paz incluido, no se han cumplido las recomendaciones que se hacen en este recinto”, señaló una delegada argentina.

 

Para los miembros del Gobierno, la realidad es diferente. El ministro del Interior, Guillermo Rivera, quien lideró la delegación que se presentó al examen, el balance del EPU de 2018 es positivo. 

 

“Todas las intervenciones de la sesión empezaron con reconocimientos por el Acuerdo de Paz y los esfuerzos de Colombia frente a las recomendaciones que se presentaron en este mismo escenario en sesiones anteriores. En este tipo de ejercicios en el pasado, a Colombia le iba muy mal. Ahora hay reconocimientos por el Acuerdo de Paz y tenemos la cifra más baja de homicidios en los últimos años. La percepción que me llevo después de escuchar a los intervinientes es que en el 70 % de los casos, las intervenciones fueron de felicitaciones”, resaltó Rivera desde Suiza.

 

Si bien es cierto que todos los intervinientes reconocieron los esfuerzos de Colombia por acabar la guerra con las Farc, y algunos inclusive hicieron referencia a los intentos por hacer lo mismo con el Eln, en las sesiones del EPU es política y diplomáticamente correcto que en todas las intervenciones se haga un reconocimiento al trabajo de los países, sin importar cuál sea. “Estamos hablando de que el Comité se sostiene alrededor de la diplomacia, luego las felicitaciones y los saludos protocolarios son casi obligatorios y suceden en todas las sesiones”, explicó un experto en el sistema de la ONU que ha asistido a las tres sesiones que se han realizado en la historia del Examen Periódico Universal.

 

“Desde el Estado hemos trabajado para construir una cultura de respeto a los derechos humanos y la convivencia pacífica. Sabemos que el camino de la reconciliación es largo, pero tenemos la tranquilidad de que ya lo estamos construyendo”, agregó Rivera.

 

Las más de 280 recomendaciones que recibió Colombia, y que abarcaron temas como la trata de personas, los derechos de los niños y las mujeres, la urgencia de firmar un protocolo extra de la Convención contra la Tortura (un tema estrechamente relacionado con la situación de las cárceles en el país) y la protección de población afrocolombiana e indígena serán ahora evaluados por los delegados colombianos para determinar cuáles acepta y cuáles no. La pregunta más importante es: ¿qué se dirá de Colombia en el EPU que tomará lugar dentro de cinco años?

Vía El Espectador 2020