Los logros y las dificultades para consolidar la paz en Colombia

Sobre la primera inquietud hay más certezas porque ha habido un seguimiento importante de varias instituciones especializadas, pero sobre la segunda hay mucha incertidumbre y solamente se podrían plantear hipótesis.

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Sobre el tema de la implementación, el balance es agridulce, sobre todo si recordamos que la negociación se hizo para construir la paz y la reconciliación nacional sobre la base de lograr un acuerdo político nacional, encaminado a realizar las reformas y ajustes institucionales que son necesarios para atender los retos que la paz demande.

Por el contrario, lo que hemos visto es que el país continúa polarizado entre quienes buscan hacer trizas los acuerdos y quienes defienden su consolidación.

Hay hechos que han enrarecido este proceso como el pedido en extradición de Jesús Santrich por un supuesto envío de diez toneladas de cocaína a los Estados Unidos, su encarcelamiento y la imposibilidad de posesionarse en la Cámara de Representantes, lo mismo que la negativa de asumir su representación en el Senado de la República por parte de Iván Márquez aduciendo falta de garantías e incumplimiento de los acuerdos firmados.

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Los logros

1. La dejación de las armas por parte de las Farc y su transformación en un movimiento político.

Se debe recordar que se entregaron a la ONU 8.112 armas en los 26 campamentos ubicados en todo el país. Esta cifra se convirtió en la mayor, si la comparamos con cualquier otro proceso similar en Colombia y en otras regiones del mundo, pues equivale a más de un arma por combatiente.

2. La llegada de los representantes de esta exguerrilla al Congreso de la República con sus curules en Senado y Cámara de Representantes.

Las Farc deberán no solamente defender la implementación de los acuerdos de paz, sino también ampliar su agenda política incorporando otros temas referidos a la inclusión de amplios sectores sociales del ámbito urbano. Tendrán un duro camino que recorrer, abandonar las armas luego de 53 años de lucha armada, implica que se asuma con seriedad y compromiso el cambio de las balas por las ideas.

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3. El avance, así sea precario, del punto de Reforma Rural Integral con el impulso a los PDET, que tienen en el Tolima una de las regiones con mayor avance.

Se construirán participativamente los Planes de Acción para la Transformación Regional que tendrán una duración de diez años que buscan resolver los problemas más importantes de la pobreza, las economías ilícitas y la debilidad institucional.

4. La creación de la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, CEV, que busca aclarar las responsabilidades colectivas del Estado, de las Farc, de los paramilitares y otros grupos en el conflicto.

La CEV trabajará por develar lo ocurrido y ofrecer una explicación amplia de la complejidad del conflicto armado en Colombia. Esta comisión parte de un activo muy valioso e importante y es tener como su presidente a Francisco De Roux, sacerdote jesuita, incansable defensor de los derechos humanos en el país.

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5. La entrada en vigencia de la Jurisdicción de Paz JEP, aún en medio del interés de algunos sectores por estigmatizarla.

La JEP está llamada a satisfacer el derecho de las víctimas a la justicia, ofrecer verdad a la sociedad colombiana, contribuir a la reparación y a la lucha contra la impunidad, adoptar decisiones que otorguen seguridad jurídica a quienes participaron de manera directa o indirecta en el conflicto armado, respecto a hechos cometidos en el contexto y en razón de éste.

Las dificultades

1. El asesinato de líderes sociales y defensores de los derechos humanos que se ha disparado preocupantemente luego de la segunda vuelta presidencial y que no ha tenido un rechazo contundente de todos los sectores políticos, económicos y sociales del país.

Los líderes asesinados han sido básicamente reclamantes de tierras, miembros de comunidades indígenas y afrodescendientes, miembros de la campaña de la Colombia Humana, además de miembros de la comunidad LGTBI, entre otros.

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2. La reintegración a la vida civil de los excombatientes, que sienten gran incertidumbre por su seguridad personal y jurídica, además del abandono e incumplimiento en lo referido al aspecto de los proyectos productivos y acceso a la tierra para trabajar.

Este es uno de los temas más complejos puesto que ante esta situación, se dan las condiciones para que los excombatientes sigan abandonando los ETCR y se puedan vincular a la disidencia de las Farc y otras bandas criminales que vienen emergiendo en las diferentes zonas que antes controlaba esta guerrilla.

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3. La intención de acabar la JEP de algunos partidos políticos como el Centro Democrático que solamente entienden la justicia como la cárcel para las Farc e impunidad para los demás actores que participaron en la guerra.

En los últimos días las críticas a este mecanismo de justicia transicional se ha arreciado e incluso ya se anticipa la iniciativa de un referendo para eliminarla, a pesar de que muchos actores participantes del conflicto armado están dispuestos a someterse a este mecanismo judicial.

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Frente a lo que hará el nuevo gobierno, solamente se conoce la intención expresada del presidente electo, de unir al país para pasar la página de la polarización, no impugnar el acuerdo de paz pero si hacerle algunas “correcciones”, sin embargo preocupa que su nuevo ministro de defensa ya anuncie que habrá una iniciativa legislativa para regular la protesta social, propuesta que levanta suspicacias alrededor de su verdadero propósito.

Dentro de las “correcciones” se ha conocido que:

1) Se presentará una reforma constitucional para que el narcotráfico no sea un delito amnistiable en ningún caso;

2) Frente a la JEP se promoverá una reforma para que los guerrilleros que cometieron delitos atroces paguen prisión en un sitio de reclusión permanente así no sea una cárcel y no solo una pena alternativa;

3) que los guerrilleros no puedan hacer política antes de pagar esa pena de prisión y que los agentes del Estado no sean juzgados por la JEP sino por una sala especial de la Corte Suprema de Justicia,

4) Eliminar las nuevas instituciones del agro y reforzar el Ministerio de Agricultura a través de bienes públicos y de incentivos tributarios a la agroindustria a cambio de que cree empleos formales para los campesinos.

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La participación política de las Farc y la Juridiscción Especial de Paz son la columna vertebral del acuerdo, por lo que estas modificaciones perturbarían sin duda la implementación del mismo. Lo que está por verse es si lo anunciado en campaña será lo que va a hacer en el gobierno, especialmente si no solamente defienden el proceso de paz, las fuerzas democráticas y progresistas en el país, sino también la comunidad internacional.

La paz imperfecta del acuerdo sin duda es mejor que la más perfecta de las guerras y sobre eso ha llamado la atención al presidente electo Iván Duque, la comunidad internacional, las Naciones Unidas y hasta el mismo Fondo Monetario Internacional que con diferentes intereses reivindican la necesidad de consolidar este proceso en Colombia.

Finalmente, no debemos olvidar que más de ocho millones de colombianos votaron por la defensa de la paz, por la implementación de los acuerdos y especialmente porque entendamos que esta, no solamente es el silencio de los fusiles de los ejércitos en contienda, sino una serie de transformaciones sociales que garanticen la inclusión económica, social y política de gigantescos sectores sociales tradicionalmente excluidos.

Reflexiones de una celebración

* Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete la posición de La Pipa. 


 

Este lunes 23 de julio, con la presencia de 64 representantes de igual número de organizaciones sociales de 8 municipios del sur del departamento, instituciones fundantes, la Redprodepaz, aliados de la cooperación internacional, miembros de organizaciones promotoras del desarrollo, defensoras de los derechos humanos, comunicadores y periodistas, TOLIPAZ celebró su aniversario número 15.

Fue un evento austero, sencillo, alegre, cargado de un gran sentimiento. Volver la vista atrás para mirar el camino recorrido, los logros alcanzados, las dificultades superadas, los enormes retos y desafíos del presente y el inmediato futuro fueron el contenido de la mayoría de las intervenciones escuchadas.

Se puso de presente que en este propósito de promover la paz se ha trabajado con la gente más humilde del campo en los territorios que fueron sacudidos por la violencia fratricida generadora de muerte, despojo, desolación y desplazamiento. Se manifestó por parte de los pobladores de estos municipios, la importancia de consolidar la paz, especialmente en las zonas donde la guerrilla de las Farc hizo la dejación de armas.

Resaltaron los campesinos que les interesa la consolidación de la paz, no la de Santos ni de ningún presidente, sino la que conlleve al mejoramiento de sus condiciones de vida, la que les garantice vías terciarias y secundarias para movilizar sus productos agrícolas; la que ofrezca oportunidades de educación para los jóvenes que no encuentran en los campos ni buena calidad, ni pertinencia de la misma.

Una paz que les garantice mejores condiciones de salud, un mayor acceso al crédito y sobre todo una mayor presencia del Estado, entendido esta como una mayor presencia institucional y no exclusivamente la de la fuerza pública.

Algunos invitados presentes, llamaron la atención acerca del papel fundamental de la institucionalidad pero también de los empresarios. Se puso de presente que hay una relación íntima entre el territorio y las empresas. Si el territorio no es viable por la violencia y el conflicto, las empresas no son viables y no pueden alcanzar su objetivo que es generar ganancias y acumulación de capital.

Se enfatizó en la importancia que tiene el fortalecimiento de las organizaciones sociales del territorio en la búsqueda del desarrollo y la paz. Sin organizaciones, y sin que éstas se articulen en pro de un propósito colectivo común, la paz no es posible. Se requiere que estos actores forjen su propio protagonismo, que entiendan que son ellos los que deben salir adelante, sin esperar que un mesías venga de afuera y los salve del atraso y la pobreza.

Finalmente se exaltó el gran compromiso de los líderes en la transformación social de la región y lo necesario que resulta que las instituciones que promueven el desarrollo trabajen en el fortalecimiento de sus capacidades para que paulatinamente se vayan emancipando del fenómeno del clientelismo y la politiquería que termina afectándolos especialmente en las épocas de campaña electoral.

Tolipaz 15 años, celebración para reivindicar la vida, para seguir aunando voluntades en el trabajo por la paz, pero también momento para reflexionar en los enormes desafíos que siguen pendientes en esta materia y por los que vale la pena seguir luchando.

El programa de desarrollo y paz del Tolima, Tolipaz, cumplió 15 años

El programa de desarrollo y paz del Tolima, Tolipaz, cumplió 15 años

Δημοσιεύτηκε από Corporación Desarrollo y Paz del Tolima-TOLIPAZ στις Τετάρτη, 25 Οκτωβρίου 2017

 

Desde el 18 de junio del año 2003, se constituyó formalmente la Corporación Desarrollo y Paz del Tolima, TOLIPAZ, con el propósito de promover el desarrollo y la paz en el departamento, especialmente en los territorios más afectados por el conflicto armado y con las poblaciones más vulnerables.

En el momento de su surgimiento, vale la pena recordar, que nos hallábamos en un momento álgido de la confrontación armada, especialmente con las Farc que para esa época arreciaba en las tomas a las poblaciones, los secuestros y las tristemente célebres “pescas milagrosas”, que eran enfrentadas por el gobierno nacional a través de la política de seguridad democrática, que implicó una escalada en la guerra con todas sus secuelas en las poblaciones y las comunidades donde se desarrollaron los enfrentamientos.

En esos momentos se produce un hecho importante para el Tolima, y es la llegada a Ibagué del Arzobispo, Monseñor Flavio Calle Zapata que venía antecedido de ser un trabajador incansable por la paz, labor que estaba realizando en el oriente antioqueño, donde se desempeñaba como presidente de Prodepaz, el programa de desarrollo y paz de esa región.

Con el liderazgo de Monseñor Flavio Calle, la Gobernación del Tolima (en su época con el Dr. Guillermo Alfonso Jaramillo como Gobernador), y la Fundación Social, se inicia la tarea de constituir una propuesta para un Programa de Desarrollo y Paz del Tolima y su ente gestor que fue la creación de TOLIPAZ como ya se señaló.

TOLIPAZ fue la conjunción de 12 instituciones, en su momento las más estratégicas para el desarrollo en el Tolima. Con la Gobernación del Tolima, Arquidiócesis de Ibagué, Cámara de Comercio de Ibagué, Fundación Social, Comité de Cafeteros, Federación de ONG’s, Universidad de Ibagué, Universidad del Tolima, Cortolima, ADT y Comité de Gremios Económicos, se aunaron sueños, anhelos y esperanzas de emprender el trabajo por construir condiciones de convivencia, reconciliación y paz en el departamento. Hoy, luego de todo el recorrido realizado, siguen comprometidos con esta iniciativa 6 instituciones, siempre presididos por la Iglesia.

Desde ese mes de junio del año 2003 al mismo mes del 2018, han transcurrido 15 años de trasegar por diferentes caminos en los municipios del Tolima, contribuyendo a la reconciliación de los tolimenses. Un tiempo para el relacionamiento con la cooperación internacional, con las entidades territoriales locales, las empresas, las organizaciones que promueven el desarrollo y especialmente con las comunidades y pobladores del departamento, que han encontrado en TOLIPAZ una institución que los acompaña, los impulsa y los promociona como actores que deben ser protagonistas de la construcción de la paz.

En 15 años TOLIPAZ habla a través de sus acciones, sin buscar el protagonismo que realmente lo tienen las organizaciones sociales, su opción son los pobres como lo expresa la doctrina social de la iglesia y por ello, esta celebración debe servir para la renovación de los votos en el propósito misional que tiene, es decir trabajar por la reconciliación, la convivencia y la paz en el Tolima, buscando que la vida digna, bella y buena sea posible para todos, sin exclusiones, con justicia y equidad.

Velatón por la vida

* Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete la posición de La Pipa. 


 

Hubo una participación sin precedentes en la velatón que se promovió y realizó en mas de 50 ciudades del país y del extranjero, que puso de presente el rechazo y la repulsión que causa en la sociedad colombiana el hecho atroz del asesinato y amenazas a los líderes sociales, defensores de derechos humanos y promotores de la campaña política de la Colombia Humana.

Según cifras de El Tiempo el pasado 6 de julio, van 109 lideres sociales asesinados a todo lo largo y ancho del territorio del país, en promedio un líder cada tres días.

Dentro de esta cifra se cuentan: miembros de organizaciones sociales y comunitarias, sindicalistas, pertenecientes a los grupos étnicos, especialmente comunidades indígenas, de organizaciones de víctimas, personas relacionadas con procesos de restitución de tierras, activistas de la comunidad LGTBI, jóvenes y promotores de luchas ambientalistas en varias regiones.

Esta eliminación física de los dirigentes sociales atemoriza a sus organizaciones, frena los procesos sociales y hace posible que esta actividad sea estigmatizada y por lo tanto que nadie en los territorios quiera asumir un rol protagónico en la defensa de las reivindicaciones locales y regionales.

En la velatón se confundieron sentimientos de dolor, rabia, tristeza y solidaridad por tanto líder inerme que ha sido asesinado. En las capitales del país hay que destacar este acto realizado en ciudades como Medellín, Bogotá y también en Ibagué.
En pequeños municipios y especialmente en las zonas afectadas por la violencia hay que decir que el miedo, la zozobra y la incertidumbre impidieron que la manifestación de rechazo fuera mayor, pues es muy complejo que sin garantías por parte del Estado la gente pueda libremente manifestar su oposición a estos actos, cuando siguen estando presentes en sus territorios los victimarios sin mayor control por parte de la fuerza pública.
Según informaciones eufemísticas de los medios de comunicación los autores de estos hechos son: 47% de grupos armados no dirimidos (?), 39% autores desconocidos, 5% la fuerza publica, 4% otro, 3% grupos postdesmovilización, 1% disidencias de las Farc, 1% el ELN.
El 66% de los asesinatos ocurrieron en la zona rural, de los cuales el 86% eran hombres y el 24% mujeres.
El gobierno y la Fiscalía siguen negando la sistematicidad de los asesinatos, aunque es claro que los asesinados son fundamentalmente personas que se han manifestado en favor de la restitución de tierras y de cultivos de uso ilícito, los que se han enfrentado a las economías ilegales, promueven la participación política de grupos alternativos y el reclamo de los derechos colectivos territoriales y culturales de los grupos étnicos.
No solamente los líderes han soportado este tipo de agresiones, sino que algunos de ellos han sido revictimizados luego de muertos, al insinuarse irresponsablemente y sin mayores pruebas por el Ministro de Defensa, que tuvieron vínculos o relaciones con carteles del narcotráfico.
La velatón es un basta ya contra las muertes de los líderes sociales, una reivindicación al derecho a la vida y la exigencia al Estado colombiano a que investigue, persiga y castigue a los autores materiales e intelectuales de estos homicidios.
No puede haber nadie que justifique las masacres y asesinatos de líderes y todas las fuerzas políticas sin excepción, las instancias del gobierno nacional, regional y local, el presidente electo y los dirigentes gremiales, deben manifestar su rechazo a esta orgía de sangre para que se pueda garantizar el derecho fundamental a la vida de todos los colombianos.

El sur del Tolima en el posconflicto

* Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete la posición de La Pipa. 


 

En un espacio de análisis con personas de diversas organizaciones sociales del sur del Tolima y con cooperantes internacionales, se discutía acerca de los factores que hacen que este territorio dentro del departamento se comporte de una manera distinta a otras regiones como el Catatumbo y el departamento de Nariño, que en pleno proceso de posacuerdo han visto el resurgir de la violencia a través de las disidencias de las Farc, las bandas criminales y el incontrolable avance del narcotráfico.

Esto ha sido tan crítico en estas regiones que incluso la cooperación internacional piensa que con este fenómeno tan complejo de la violencia cada vez es más difícil seguir interviniendo para contribuir al mejoramiento de las condiciones de vida de las poblaciones rurales que han sido las grandes afectadas.
El sur del Tolima en el posacuerdo es visto como un caso de éxito comparado con esas otras latitudes donde campea la violencia y donde el Estado está demostrando su incompetencia para garantizar la seguridad de los líderes y las poblaciones.
Suponiendo que en esta comparación salgamos bien librados, los factores que podrían explicar la relativa calma y tranquilidad en el territorio del sur del Tolima podrían ser los siguientes:

1. La existencia en los municipios del sur del Tolima de un número bastante importante de organizaciones sociales que como capital social, se han venido fortaleciendo y a través de este proceso, tienen arraigo, avanzan en su identidad y defienden su terruño, apostándole a consolidar la convivencia, la reconciliación y la paz.

2. La fortuna de no tener en este espacio del departamento presencia de cultivos de uso ilícito, que sin duda son unos generadores de conflicto social y de presencia de actores armados que los promueven y viven del negocio de la producción y tráfico de la droga.

3. La presencia de un solo actor armado, las Farc, que hace un año hicieron dejación de armas y se mantienen a pesar de las enormes dificultades en los acuerdos de paz firmados con el gobierno del presidente Santos. Esta situación sería totalmente distinta si tuviéramos un territorio en disputa por la presencia de varias fuerzas armadas ilegales y por la ausencia de la fuerza pública.

4. El éxito que tuvieron las fuerzas armadas con su plan consolidación que indiscutiblemente redujeron la presencia armada de las Farc cuando estaban en la confrontación y lograron garantizar el control territorial.

5. La inversión publica que se ha dado en los últimos años que comparada con otras regiones del departamento y del país ha sido importante.

6. El deseo de la población de que se construyan nuevas narrativas alrededor del progreso social, la riqueza del territorio y el empuje de sus gentes en contravía del estigma de ser la región donde se incubó la violencia y nacieron las Farc.