Un individuo no identificado con lo propio y lo originario, convertido en un imitador, egoísta, un individualista motivado por el dinero y el poder

No se necesita mucho para hacer un recorrido por la época colonial, solo hay que tener en cuenta que Colombia fue poblada por europeos, que los indígenas, luego criollos y después campesinos, fueron vulnerados en sus derechos, utilizados con los más deshonrosos intereses. Que la política que se constituyó fue traída de otro país, junto con sus carencias y errores que hoy en día aún se pagan.

La gente que pudo ser razonable, cayó en cuenta de que los dueños de esta Colombia fueron traicionados, utilizados por los españoles, trataron de levantar barreras, medios para poder resistir toda la maldad que  condujo a esta arrolladora racha de solo fracasos, intentando con todos los medios abrir la mente de los conciudadanos; pero la mayoría estaban untados de la terrible magia de la religión, absurdamente manipulados, deslumbrados por la tez blanca de un rey, así que fueron inútiles esos esfuerzos de oposición hacia la imposición.

Los colonizadores que llegaron a nuestro territorio exterminaron gran parte de la población nativa, para remplazar la mano de obra trajeron esclavos negros del otro continente.

Los esclavos lucharon por su liberación y junto con comunidades que huían del poder colonial se agruparon y lucharon para defender su territorio, aunque eran menos lograron ocupar las tierras que ellos querían habitar de manera libre.

Tiempo después por esa libertad que se luchó, eso que llaman desarrollo volvió a expulsar familias, tribus, etnias, de sus territorios. En pleno siglo XXI el deseo de dinero, ha permitido explotación, esclavización, desplazamiento forzado, se ha despojado miles de familias de sus propiedades por los extranjeros y sus grandes empresas.

Las multinacionales solo quieren el recurso natural, puesto que no cumplen con las regalías dejando el patrimonio más pobre y con un gran daño ambiental.

La imagen de nuevo milenio que constantemente venden los políticos y medios de comunicación, con una Colombia del futuro, progresista, no es consecuente con lo que en realidad está pasando internamente, frente al manejo de sus recursos y su identidad. Esta situación pone en riesgo el territorio colombiano, el progreso no es como lo pintan, Colombia con sus tratados de libre comercio, con la inversión extranjera, no se convierte en un país desarrollado, por el contrario, cada vez es más tercermundista.

Con esto dicho anteriormente Colombia entonces no sería una patria futurista competitiva con las grandes naciones, por su afán de acoplarse y pensar que desarrollo es venderse, se convierte cada vez más en simple materia prima, retrocede en el tiempo, se vuelve a un neocolonialismo del cual somos presa actualmente.

Se debe luchar por una independencia de pensamiento y de accionar, volver a la identidad que hace mucho nos definía, creer en ella protegiéndola, luchar como hace años lucharon los antepasados, pero esta vez con más convicción, unidos frente a no permitir nuevas conquistas.

Esos colores que nos identifican el rojo, el amarillo y el azul se están destiñendo, eso que significaba lucha por la libertad, por la independencia ya no queda nada.

El rojo de esa sangre que se derramó en campos de batalla por libertad frente al imperialismo, se ha derrochado, se ha desperdiciado, la independencia resulta ser efímera en esta época, porque nuestro territorio es cada vez más dependiente del extranjerismo.

El amarillo de riqueza del suelo, la gran fertilidad, la luz, la armonía, la justicia, cada vez se ve más pálido, empañado por la corrupción, por las imágenes de contaminación, la tala de árboles, la extinción de especies, y los cráteres inmensos por la minería.

El azul del cielo, el agua que rodea nuestro país, ya no es tan azul, se ha tornado café, por el turismo, hidroeléctricas y la contaminación que día a día sufren los mares y ríos. La inversión extranjera que tanto piden los políticos, ha dejado nuestros colores muy pálidos, con otros matices.

La gente de hoy se ocupa de ser esclavo de la sociedad del consumismo, siendo prisionera de un inconformismo ante la vida, que no se asume, si-no que huye cada minuto de ella.

Lo único que se asume es lo que no es propio y nativo de acá. Colombia ya no es patria, es un pedazo de tierra que se explota. Es tan ajena que los que la habitan y reniegan de su sangre, los hombres que, por cosas del destino o ‘castigo divino’, nacieron acá, buscan por todos los medios que ofrece la globalización apropiarse de otra cultura y de costumbres, de lugares merecedores de admiración, deseables, donde la sumisión se ve con el más alto agrado, donde la servidumbre se disfruta.

Querer salir de Colombia es una meta fijada, el que tiene la posibilidad no dudaría dejar este país de nadie, para realizar un sueño, el sueño americano, europeo, de prepararse para ser un buen mesero, pero en otro país ganando dólares o euros.

A partir de estos preceptos, en la actualidad todo lo que pasó en la época de colonización sigue presente y el pensamiento del colombiano no cambia, desean seguir viviendo de la misma manera, desean seguir siendo vendidos ante el sistema impuesto por los intereses de pocos y los intereses económicos de los que tienen el poder.

Esto se puede solucionar pero solo si se hace un alto en el camino, si se ve la historia y se decide no repetirla más, lo  cual deja como solución que para  no caer en lo mismo, se deben de ocupar de su ser, hacer una auto evaluación, pensar qué es identidad, qué me define, de dónde vengo, cómo debo ser, cómo debo construirme, en realidad  qué es lo importante para mi desarrollo mental, espiritual, emocional, político, que me haga crecer interiormente para enfrentarme de nuevo a la construcción de una sociedad.

En este punto es necesario pensar en construir un estilo de pensar diferente, en buscar una emancipación.

Muchos se unen con el sueño en común de salir de Colombia, donde roban, donde matan, donde violan, donde hay pobreza extrema, donde la educación y salud popular es precaria, donde el pueblo es ignorado y la clase opulenta aprovecha más los recursos de todos, donde la moda no se vive tan directamente, donde el arte, la literatura llegan tarde y, por lo tanto, atrasada, donde los avances tecnológicos son prehistóricos a comparación de países como Japón, China,

No obstante, a pesar de que la globalización ha permitido disminuir esa brecha, aún se continúa subdesarrollado porque el modelo es el mismo. Colombia, lugar en donde el gusto por otras y nuevas cosas se convierte en obsesión, a tal punto que llegamos a ser el país más diverso, no solo en biodiversidad, también cultural, social, político, sin crear nada nuevo, ni propio, sin unidad. Solo recibiendo retazos, desechos, y conformados con eso, despreciando lo poco, pero lo propio.

La construcción de identidad que se vive es una creada bajo términos de anti identidad, por no asumir lo que se posee, si no por copiar lo que ya poseen otros con orígenes muy distintos a los propios.

Es preciso apuntar a que el individuo que no tiene identidad relacionada a sus verdaderos orígenes, busque ocuparse de sí mismo, aportar a la propia autoconstrucción.

Los países que más consumen marihuana

Los países que más consumen marihuana

Por: EOM Quizá por este amplio consumo que se hace de ella en muchos lugares del planeta es a su vez una de las drogas con mayores niveles de permisividad, y en los últimos tiempos distintos países como Uruguay o Canadá se han lanzado a una legalización completa, mientras que otros países el debate avanza hacia la despenalización o también una legalización total o parcial en su consumo. Aunque el debate científico sigue abierto en cuanto a los daños que la marihuana puede hacer a la salud de quienes la consumen, los que abogan por su legalización argumentan que no tiene efectos peores que drogas que están legalizadas y normalizadas en muchas sociedades como el tabaco y el alcohol, con el añadido de que el Estado obtiene recursos mediante gravámenes a su venta.

Conozca la Central de Urgencias Louis Pasteur de Melgar

La atención es cuestión de humanidad

La integralidad del paciente y los valores de atención: confianza y disciplina han sido el secreto del Médico David Mauricio Andrade Ramírez para lograr posicionar La Central de Urgencias Louis Pasteur del municipio de Melgar como el hospital más importante de la región oriente en el departamento del Tolima.

Las condiciones precarias y calamitosas del sistema de salud colombiano sumado a una aguda crisis financiera, se han logrado compensar en el Louis Pasteur bajo el liderazgo de su Gerente con calidez y fortalecimiento de la relación médico-paciente

Así van sus finanzas

De acuerdo con los reportes financieros en la actualidad el centro asistencial cierra el año gozando de buena salud, una facturación mes por encima de los 400 millones de pesos, sin contar convenios administrativos, han permitido una considerable ampliación en la oferta institucional de servicios.

Ampliación de consulta externa, psicología, medicina general y especialistas han permitido una mayor oferta de servicio con base a la demanda regional.

El área de especialistas se ha consolidado en manejo de ginecología, pediatría, interna, ortopedia y medicina familiar.

Finalmente, Las inversiones han logrado superar los 4.500 millones de pesos y permitieron la construcción de la segunda planta física así como la ampliación en la prestación de los servicios.

La transformación

Gracias a la gestión del médico Andrade Ramírez y el apoyo de la Junta Directiva, se finiquitó la inyección de mil millones de pesos adicionales destinados a compra de equipos médicos, software de operación, seguridad y dotación.

 Además, se contó con la remodelación de todo el servicio de urgencias; cinco consultorios médicos adicionales para acondicionar salas de reanimación, procedimiento y observación.

Proyección

La Central de Urgencias Louis Pasteur de Melgar tiene como objetivo no solo seguir consolidándose en la zona oriente tolimense, la idea según su Gerente es convertirse en punto de referencia en materia de atención en toda la región con alta influencia en las poblaciones vecina del departamento de Cundinamarca y sectores aledaños.

Capacitación gratis en técnica de estampados

Capacitación gratis en técnica de estampados

Sin embargo el proyecto no termina allí y se espera que en los próximos días la experiencia se repita en el norte y sur de la ciudad.

Este 24 de noviembre 25 jóvenes pertenecientes a diferentes colectivos de la ciudad, se capacitaron en la técnica de impresión en prendas o estampado “serigrafía”.

La actividad se realizó en la Casa de la Juventud por el programa de Juventudes de la Secretaría de Apoyo a la Gestión. Para más información puede consultar aquí.

¿Construyendo País? Reflexiones sobre el desarrollo en Colombia

¿Construyendo País? Reflexiones sobre el desarrollo en Colombia

Para muchos de nosotros, la sociedad capitalista se mueve a la velocidad de la luz, con su tecnología innovadora que ofrece tanto posibilidades infinitas, como decepciones. Al mismo tiempo nos aleja de nuestro propio ser como plantea Karl Marx y nos hace indiferentes a las luchas de aquellos que viven al margen de esta cultura capitalista hipertecnológica.

En nuestros tiempos de atención de corta duración, de mensajes fulminantes, donde las noticias que se mueven rápidamente y nuestras mentes entumecidas solo capturan cambios sensacionales y explosivos, existe una violencia oculta y olvidada que amenaza la existencia de territorios y comunidades marginales.

El foco que se pone en estos tiempos sobre la violencia fastuosa y espectacular, no solo elude la violencia lenta experimentada por estas poblaciones relegadas, que comúnmente se exacerba. Sino también, y bajo el pretexto del desarrollo de la nación, concibe a los seres humanos y los ecosistemas como desechables.

Este discurso sobre el desarrollo es sesgado, supone que la tecnología y el crecimiento económico proporcionan al estado-nación mejores posibilidades, al tiempo que subestima las visiones alternativas de las comunidades sobre sus territorios y bienestar. Estas narrativas selectivas, como dice Rob Nixon “ocultan a las comunidades que incomodan o perturban la trayectoria implícita del ascenso nacional unitario”.

El discurso turbo-capitalista sobre el desarrollo, presenta a estas comunidades olvidadas como carentes de necesidades básicas, que necesitan del desarrollo redentor para acceder a infraestructura, mercado, atención médica y educación. Esto ha llevado en muchos casos al choque de perspectivas entre los visionarios a corto plazo del desarrollo capitalista y aquellos que tienen estrechas relaciones con los ecosistemas que habitan desde hace milenios y expresan otras miradas sobre el bienestar humano y ambiental (la mayoría de ellos carecen de derechos de propiedad formales o títulos sobre la tierra que los ha sustentado).

El intelectual americano palestino Edward Said resalta que la lucha por la geografía y la tierra va más allá de la lucha armada, ya que la narrativa que rodea a la lucha siempre tiene un componente simbólico. En un sentido similar, Michael Watts se refiere a las “geografías violentas del capitalismo rápido“. Por lo tanto, necesitamos tener una conceptualización más detallada de la violencia oculta que afecta las estructuras y los medios de vida de muchas comunidades y territorios olvidados.

En su libro, Rob Nixon se refiere a la violencia lenta como “historias, imágenes y símbolos adecuados a la violencia omnipresente, pero esquiva de los efectos tardíos“. Esta violencia se mueve a través de límites espaciales y temporales, exponiendo la vulnerabilidad de los cuerpos y ecosistemas afectados.

Las intervenciones a los territorios a través de proyectos de infraestructura justificados como una necesidad industrial o un medio para lograr el desarrollo nacional desplazan y dispersan a las personas que, a través de sus propias historias, experiencias y territorios circundantes, han desarrollado visiones particulares de bienestar. Estos conocimientos locales son muchas veces ignorados por el discurso parcial del desarrollo nacional.

Este desconocimiento de la experiencia, así como la narrativa del desplazamiento y despojo que precede al desplazamiento físico, hace que esa violencia también sea una violencia retórica. La violencia física y retórica se ve agravada por el desconocimiento de los efectos ambientales que implican los proyectos de desarrollo. La pérdida de diversidad biológica y cultural es una de las consecuencias que deja el discurso sobre el desarrollo de la infraestructura.

El costo humano y ambiental de esta violencia alimenta los conflictos sociales en lugares donde históricamente las personas sin poder político y sus tierras han sufrido de devastación. Por tanto, se refiere a las características temporales, geográficas y retóricas de esta violencia que saca a las personas de su lugar y desplaza no solo sus cuerpos sino también su conocimiento de la tierra que sustentaba sus vidas. Como argumenta Nixon, los “paisajes [de las comunidades], una vez sustentados, han sido destruidos de su capacidad para sustentarse”.

Esta violencia que degrada la dignidad y el sustento de los pobres empaña principalmente las particularidades de clase, raciales y de género de los cuerpos atrapados en el medio, borrándolos, haciéndolos invisibles. Los actores y las dinámicas que provocan estas tragedias, que dañan los cuerpos y ecosistemas están vinculados a fuerzas transnacionales corrosivas, proyectos neocoloniales y la acumulación capitalista extractivista en rápido movimiento que militariza el comercio, pone en peligro el sustento de las tierras fértiles y amenaza los medios de vida y los conocimientos tradicionales de las comunidades.

En América Latina en general y en Colombia en particular, esta violencia lenta ha estado ocurriendo desde la colonia, con la invasión europea y la subsiguiente explotación de la tierra y atropello a las comunidades indígenas y sus ecosistemas. La híper aceleración de la acumulación capitalista neoliberal ha exacerbado la violencia lenta, especialmente en Colombia.

Con los talleres “Construyendo País” donde el presidente Iván Duque viaja a las diferentes regiones con el fin de escuchar las preocupaciones y las ideas de las comunidades, el nuevo gobierno plantea que el desarrollo nacional será participativo. No obstante, al tiempo que se han adelantado proyectos de fracturación hidráulica (‘fracking’) para extraer hidrocarburos de grandes profundidades, se ha cuestionado la legitimidad de las consultas populares sobre proyectos mineros y energéticos, desconociendo que la propiedad del subsuelo y de los recursos naturales es de todos los colombianos.

Por otro lado, el mismo Presidente Duque declaró que la construcción de Puerto de Tribugá en Nuquí, Chocó es “una de (sus) obsesiones en materia de infraestructura” sin mencionar las amenazas que representa para los medios de vida y los territorios de pueblos indígenas y afrocolombianos históricamente marginados.

La pregunta es ¿quién decide la aprobación de un proyecto de fracking? o ¿los lugares de extracción de petróleo o carbón? o ¿las inversiones de gran escala en infraestructura? ¿Cuánto control tienen las comunidades locales sobre el acceso al mercado para satisfacer necesidades básicas por un lado y para mantener la soberanía sobre sus territorios por el otro? ¿Y cómo negociarán esas comunidades visiones opuestas de la estructuración y reestructuración de su propia tierra y de la riqueza extraída de ella cuando los paisajes, que una vez los sostuvieron, se conviertan en inexistentes tras la llegada de inversionistas y excavadoras?

A menudo, parece que cuanto más tiempo una comunidad haya habitado un territorio y se haya adaptado a sus ecosistemas en constante cambio, menos se beneficiará con el pensamiento a corto plazo de lograr los objetivos nacionales de desarrollo. A medida que se cuestiona su pertenencia y se ignora su precariedad, la lógica capitalista los despojará de la mayoría de los beneficios del “desarrollo”.

Estarán privados de la vasta cantidad de ganancias provenientes del fracking bajo sus tierras, la llegada de dólares de petróleo o los efectos secundarios producto de la implementación de un puerto de aguas profundas. La estrategia “Construyendo País”, a pesar de buscar el desarrollo de la nación, parece perpetuando la histórica negación de la voz de los colombianos más marginados.

La violencia lenta, ignorada por los medios de comunicación en rápido movimiento y por nuestras mentes entumecidas, seguirá estando oculta. La responsabilidad nuestra, como académicos trabajando en temas de desarrollo, es visibilizar las violencias lentas y promover espacios en los que los más afectados puedan expresan sus visiones sobre el bienestar de sus comunidades y ecosistemas. ​

Por: Tobias Franz
Investigador posdoctoral del Cider, de la Universidad de los Andes

 

Tomado de: Centro Interdisciplinario sobre estudios de Desarrollo