Lanzan el primer libro para ‘dummies’ sobre el conflicto armado

¿Sabe que en Colombia existió una guerrilla indígena? ¿Le han contado del proceso de paz llamado ‘Casa verde’? ¿Su profesor alguna vez le dijo quiénes eran los Chulavitas y los Pájaros? Si usted fue de la generación que sufrió la pérdida de la asignatura de historia con el gobierno de César Gaviria en 1994, es probable que no.

Aunque desde que se gestó esta decisión los académicos no paran de reclamar el regreso de esta materia a las aulas de clase que quedó relegada a la asignatura de Ciencias Sociales, todavía no ha sido posible. Actualmente está en trámite un proyecto de ley que propuso la senadora Viviane Morales para tratar de que retorne a los salones de forma independiente.

Tras 23 años sin narrar las historias de los hombres que estaban dispuestos a entregar su vida por una idea, de cómo en los inicios de las Farc prometían dejar las armas si el gobierno proporcionaba más ayudas al sector rural (paradójicamente esta es la base de los Acuerdos de Paz), la academia no se ha quedado quieta ante este vacío, y está tratando desde diferentes ámbitos que desde los niños hasta el obrero que nunca cursó primaria conozca la historia del conflicto armado. La historia del país, al fin y al cabo.

Eso es precisamente lo que busca Mauricio Albeiro Montoya, docente investigador de las universidades Eafit, UPB y Iush, todas instituciones de educación de Medellín, junto con un grupo de docentes universitarios, la idea de un libro al mejor estilo de ‘dummies‘, es decir, de forma simple, que explica en 100 preguntas -y sus respectivas respuestas -el inicio de la guerra, sus razones, lo que pudo evitarse y lo que finalmente sucedió. Datos que podrían desaparecer tras el arranque de una nueva historia como lo es el proceso de paz con las Farc.

“Realizamos encuestas a universitarios, gente en la calle y a profesionales sobre temas básicos de la historia sociopolítica, pero aunque la gente sabe cómo fue el conflicto, en muchos de los casos no saben sus razones. También dicen conocer personajes como Carlos Pizarro, pero no tienen ni idea de su ideología”, explicó Montoya a Semana Educación.

El docente señaló que es tan poca la importancia que algunos profesores le prestan a estos temas, particularmente los de Ciencias Sociales, que ni siquiera están enseñando a sus estudiantes qué está pasando actualmente entre el gobierno y las Farc.

“Yo vivo en Medellin, voy a las 17 comunas, recorro sus colegios y pregunto a los educadores de Sociales sí han hablado mínimamente de los Acuerdos de Paz con sus alumnos y a muchos no les interesa. Otros dicen que es mejor no hablar de eso porque es un peligro”.

Frente a esta situación, en la que ni siquiera los mismos docentes tratan de recuperar sucesos importantes del país, Montoya publicó el libro “100 preguntas y respuestas para comprender el conflicto colombiano” publicado en marzo de este año y a la venta en algunas librerías de Medellín y de Cali.

Está concebido para ser una guía escolar “dado que nuestros manuales lastimosamente han sido muy básicos, no nos han contado a profundidad de lo que se trata el conflicto”, advirtió.

El profesor reconoció que las universidades han sido muy activas en la sociedad con sus análisis, pero eso poco le llega a la gente, porque la academia no sabe traducir el conocimiento para que la gente común lo apropie.

“La historia debe contarse de forma más amena, eso logra que la gente que se conecte, y lo estamos logrando con este libro”, indicó.

Por el momento solo está a la venta el primer tomo que contiene 50 preguntas, los próximos meses lanzarán el segundo tomo con otras 50. “Sabemos que hacen faltan más inquietudes que hablen de nuestra historia, pero más adelante sacaremos otras”, señaló el profesor.

Estas son otras inquietudes a las que trata de dar respuesta el libro y que pocos conocen: ¿Qué era la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar?, ¿cuál fue el impacto de la Guerra Fría en el conflicto colombiano?, ¿qué era la ANAPO?, ¿qué era el fenómeno del bandolerismo?.  “No voy a decir que las personas que han tenido acceso a este manual se lo hayan leído todo, pero por lo menos leen el índice y se preguntan: ¿Qué es el PRT? ¿Qué es eso de Quintín Lame? Eso permite que se quiten ese veto que le han puesto los políticos a la historia contemporánea en Colombia”, oncluyó Montoya.

 

Semana Educación.

La responsabilidad de los medios en el conflicto, ¡Mayúscula!

Fue un fallo del Tribunal Administrativo de Bogotá en contra del jefe paramilitar Salvatore Mancuso, el que puso el debate sobre la mesa.

La magistrada ponente, Alexandra Valencia, encontró que los medios de comunicación fueron “complacientes” con el paramilitarismo, toda vez que publicaron extensas entrevistas con el máximo jefe de las AUC, Carlos Castaño Gil, en las que el desaparecido fundador de las autodefensas habría publicitado su discurso antisubversivo.

En opinión de la magistrada, la prensa ha cumplido “un rol fundamental en la propagación y legitimación de los discursos de odio” proferidos por algunos funcionarios públicos.

La versión de Valencia es confirmada por la periodista Maria Teresa Ronderos, en uno de los capítulos de “Guerras recicladas” su “historia periodística del paramilitarismo en Colombia”.

Ronderos señala que en dos entrevistas para televisión en el año 2000, el menor de la casa Castaño causó tan buena impresión a sus entrevistadores “que en una incluso le preguntaron si buscaba ser presidente de Colombia”. Por entonces – y esto lo documenta muy seriamente la autora – “el conteo de masacres de las AUC ya iba en 372, los desaparecidos en las decenas y los desplazamientos forzados en los millones.”

Castaño Gil era por entonces el principal sospechoso del asesinato de Jaime Garzón, en concierto con militares activos y en retiro. Pero éste no desaprovechó las entrevistas (las mismas de que habla Ronderos) para “pasarse por inocente”.

Sus escalofriantes argumentos quedan para la historia: “a no, a mi me pueden echar otros, pero ese muerto no me toca a mí”.

Fue en esa ocasión que Claudia Gurisatti, una de sus entrevistadoras, le lanzó la pregunta sobre sus aspiraciones presidenciales.

Y fue contra la propia Gurisatti, hoy directora de noticias del Canal RCN, que el columnista de la Revista Semana, León Valencia, descargó sus baterías argumentativas.

Valencia recriminó al canal de la familia Ardila Lülle y a su directora de noticias, su peligrosa intención de orientar la información en favor de una causa política: la de la ultraderecha y su oposición acérrima al proceso de paz:

“No he oído en estos días voces de alarma por esta situación. Pero es grave. Con solo dos grandes canales de televisión abierta, que forman la opinión de la inmensa mayoría de los colombianos, ya es bastante precaria la pluralidad informativa del país. Pero si, además, en uno de ellos, quien orienta la información declara su intención de poner el medio a favor de una causa política, el panorama se torna totalmente oscuro.”

“Sé que Claudia Gurisatti tiene en su alma heridas que la acercan a Uribe y a su grupo. En el mejor momento de su carrera periodística, empezando el año 2001, los organismos de seguridad del Estado le dijeron que las Farc tenían un plan para matarla y con esa carga encima tuvo que salir del país apresuradamente y solo ahora regresa con sus baterías contra el proceso de paz y su distancia con Santos.”

El análisis de Valencia es acertado, pero las repercusiones no se hicieron esperar. Los periodistas rechazaron los argumentos de su crítica y respondieron con “solidaridad de gremio”, reduciendo todo a un ataque personal. Sin embargo, las observaciones de León Valencia siguen sin responder.

En realidad el problema no es sólo del Canal RCN. La responsabilidad de los medios en el conflicto, deriva de la forma como lo han cubierto, o mejor, por el hecho de no cubrirlo en rigor, y de ese padecimiento no se salva ninguna de las grandes “casas editoriales”, la Revista Semana incluida.

Su régimen de propiedad, los modelos de negocio, las reglas y condiciones como se produce la información, pero además, las posiciones ideológicas o la famosa “línea editorial” que defienden desde sus salas de redacción, los han ubicado en una orilla de la confrontación, no pocas veces en la propia línea de combate.

Hay mucha evidencia que respalda la afirmación según la cual, en Colombia, los grandes medios de comunicación no están comprometidos con la democracia ni con la verdad y tampoco co la libertad de expresión que dicen defender, sino con los intereses de sus propietarios.

Intereses que no solamente pasan por la economía, sino por la política y el mantenimiento de cierto orden social. Lo que está pasando con el periódico El Tiempo es una terrible muestra.

Las declaraciones del periodista Romèo Langlois, una vez liberado del cautiverio de las Farc, todavía retumban en las redacciones. “Hay que seguir cubriendo el conflicto (…) y esto debe hacerse hablando con todos los actores del conflicto pues éste es invisibilizado (…) el trabajo de un periodista es cubrir todas las partes del conflicto, la guerrilla, el Ejército, llevar a la gente el conflicto (…)  es muy triste que haya que retener gente para que se hable del conflicto, que es un conflicto olvidado, no se cubre en las noticias”.

Los periodistas respondieron con solidaridad de cuerpo, descalificando los argumentos de la columna, a lo que redujeron como “ataques”.

Santos se puede ir a “recostar” al otro gran canal, o a los grandes periódicos, que no son controlados por la familia Ardila Lülle, pero ese no es el punto. Estamos hablando

“…la guerrilla llegaba con listas y reunía a la gente y la amenazaban. Esto fue así que en el año 2000 hubo enfrentamientos entre el Ejército y la guerrilla, y nos desplazamos con muchos vecinos a Ataco, duramos como dos años y regresamos, y luego empezaron a matar otra vez gente. A lo último era mucha la matazón, en ese momento, en 2003, la guerrilla hacía reuniones y decían cuántos niños tienen para hacerlos partícipes de la guerrilla. Si no accedíamos, nos mataban”.

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Alias ‘Daniel contó cómo las Auc se tomaron el Tolima

Fuente: Verdadabierta.com

Diego José Martínez Goyeneche, alias ‘Daniel’, es un teniente retirado del ejército que decidió ingresar a las filas de las autodefensas de Cordoba y Uraba en 1999. Desde entonces se convirtió en uno de los hombres de confianza de Carlos Castaño, en algunos casos fue el encargado de abrir nuevos frentes paramilitares en el país.

En su versión libre del 3 ,4 y 5 de diciembre ante la fiscal de Justicia y Paz, María Patricia Meza González ‘Daniel’ contó que recibió la orden de comandar el bloque Tolima, una fuerza de apoyo de Carlos Castaño que en poco tiempo consiguió apoderarse de los municipios de Piedras, Líbano, Lérida, Ibagué, entre otros.

El Bloque Tolima surgió entre 2000 y 2002, como resultado de la unificación de varias bloques paramilitares como el de Ramón Isaza en el Magdalena Medio y el Bloque Centauros a cargo de Martín Arroyave. Este grupo paramilitar tuvo influencia en prácticamente todo el departamento y las autoridades consideran que fue el responsable del repliegue del frente 21 de las Farc y algunos reductos del Eln y el Erp. En el norte del departamento, en el corregimiento de Las Delicias, en Lérida, tenía su base de operaciones.

Para lograr establecer este bloque, que contaba con 207 hombres al momento de su desmovilización en octubre de 2005, el ex jefe ‘para’ sostuvo que el Coronel Ciro Chitiva y Danilo Gonzáles, quienes se desempeñaron como comandantes de Policía en el Tolima fueron presuntamente sus colaboradores.

De Chitiva señaló que, cuando se desempeñaba como comandante en el Tolima, presuntamente les pasaba información de inteligencia para ubicar a sus víctimas y además los ayudaba para entrar en poblaciones de control guerrillero. Mientras que de González, ex comandante de la Policía en este departamento y quien llegó a ser director del Gaula en Bogotá, dijo que, cuando se retiró, presuntamente les sirvió de enlace entre su bloque y la Policía.

‘Daniel’ también mencionó como presuntos colaboradores de las autodefensas al capitán Camilo Rodríguez, comandante de Inteligencia del Batallón Rooke en Ibague; al oficial Eduardo Calderón del CTI y al Capitán Andrés Perdomo de la Fuerza Áerea

Según ‘Daniel’, el bloque Tolima consiguió consolidarse en el departamento porque reclutaron personal retirado del ejército que eran nativos y manejaba la zona.

También confesó la forma en que los hombres bajo su mando imponían presión a los policías y militares de la región. Según ‘Daniel’, apilaban cuerpos en las comisarías y comandos de policía de los pueblos para manchar las hojas de vida de las autoridades que no se dejaban corromper por las autodefensas.

Fue así, pagando y amenazando, que Diego José Martínez Goyeneche consiguió expandir el control de su bloque dejando un prontuario de más de 770 víctimas registradas en SIJYP (Sistema de Información de Justicia y Paz).

En su versión libre Diego José Martínez, también se refirió al fenómeno de la parapolítica en el Tolima. ‘Daniel’ confesó haber entregado al ex alcalde de San Luis, Armando Gamboa, apoyo financiero para su campaña. Gamboa fue asesinado en el 2005.

La Fiscal delegada preguntó al ex jefe ‘para’ por el asesinato de 8 miembros pertenecientes al pueblo Pijao, ‘Daniel’ aseguró que el asesinato de indígenas no se encontraba dentro de las políticas de las autodefensas pero aseguró que la guerrilla tenía infiltrados en esa comunidad.

Como parte de la diligencia la Fiscalía presento a ‘Daniel’ un organigrama con las fotos de los miembros del bloque Tolima para que los identificara. Martínez argumentó que era difícil para él reconocer a sus hombres después de tanto tiempo.

Durante los días 4 y 5 de diciembre Diego José Martínez Goyeneche enunció más de 24 asesinatos que confesará en su versión libre. Los crímenes fueron ordenados por ‘Daniel’ y cometidos por sus hombres de confianza. Algunos de ellos responden a los alias de ‘Fabian’, ‘Moises’, ‘Cara de Sapo’, ‘Juancho’, ‘Chocha gringa’, ‘Paisa’, ‘Augusto’, ‘Chala’ y ‘Guerrillo’

El protector de ‘Doble Cero

Alias ‘Daniel’ también relató en Justicia y Paz un episodio que aún es un enigma dentro las autodefensas. El fue testigo de cómo fueron los últimos años de uno de los más importantes cabecillas de las Auc, ‘Doble Cero’. En el 2004, ‘Doble Cero’ huye a Tolima, acosado por el cerco que le tendieron Carlos Mario Jiménez, alias Macaco, en el Magdalena y Nordeste antioqueños, y Diego Fernando Murillo Bejarano, alias Don Berna, en el Valle de Aburrá y el Oriente.

Aunque los jefes paramilitares, al mando de los bloques Central Bolívar y Cacique Nutibara argumentaron en su momento que la guerra contra el disidente jefe del bloque Metro obedeció a su renuencia a vincularse a un proceso de negociación política que, en esa época apenas se esbozaba, lo cierto es que García Fernández manejaba un multimillonario “negocio”, relacionado con el continuo robo de gasolina al poliducto de Sabastopol, que pasa por el Oriente y atraviesa el Valle de Aburrá.

‘Doble Cero’ siempre justificó su “disidencia” con el argumento de que la confederación de grupos que había surgido tras la cumbre en la que se habían convertido como Autodefensas Unidas de Colombia -Auc- (a finales de 1997) sirvió de pretexto para vestir de camuflado y dar un estatus político a los más grandes narcotraficantes colombianos de la época.

“Nadie mató más gente en Medellín que ‘Doble Cero’”, dijo una vez un delegado de un organismo internacional, quien pidió en su momento el anonimato, durante una exposición en la que explicó la forma como la guerra entre los grupos de autodefensas y de estos con la guerrilla influida en la situación de zozobra y en la oleada de crímenes que vivía la ciudad.

Macaco y don Berna acorralaron a ‘Doble Cero’ al punto que lo obligaron a quedarse solo, pues muchos de los combatientes del bloque Metro terminaron muertos o portando el brazalete de los bloques Central Bolívar, Cacique Nutibara o Héroes de Granada.

En Medellín, los combates tuvieron muchas repercusiones en las comunas occidental y oriental, con enfrentamientos que duraban días y noches enteras y que se escenificaban en medio de la población civil.

Cuando el Cacique Nutibara copó los espacios del Metro, prosiguió su campaña de exterminio en esas comunas contra los reductos de la guerrilla, proyecto que también se saldó con decenas de muertes, centenares de desplazados y utilizando las calles como trincheras.

Ese cruce de fuegos terminó con la controvertida operación Orión, en octubre de 2002, cuando en una acción oficial, que contó con la colaboración de todos los organismos de seguridad y la Fiscalía, el entonces comandante de la IV Brigada, general (r), Mario Montoya Uribe, anunció que el Estado había recuperado un territorio que antes se disputaron los grupos ilegales.

En ese momento, ‘Doble Cero’ desapareció de la escena del conflicto armado y solo se supo de él, en mayo de 2004, cuando lo mataron sus antiguos compañeros en una calle cerca de El Rodadero, en Santa Marta.

García Fernández huyó de Antioquia en busca de protección de uno de los pocos aliados que le quedaban en ese momento a Carlos Castaño, el también ex máximo jefe de las Auc, también asesinados por sus ex compañeros en abril de 2004.

Castaño y ‘Doble Cero’ tenían vínculos fuertes de amistad, pues fundaron las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá y se convirtieron en los instructores de miles de hombres que ingresaron a las filas de las autodefensas.