‘Neoparamilitares’ del Tolima organizados y en asocio con la “Oficina de Envigado”

‘Neoparamilitares’ del Tolima organizados y en asocio con la “Oficina de Envigado”

Contexto: ‘Diez grupos surgieron tras desmovilización del bloque Tolima’: CNMH

Los ‘neoparamilitares’ autodenominados “Heroes del Valle” serían responsables de homicidios selectivos, extorsiones, tráfico y porte de armas de fuego, tráfico y porte de estupefacientes, entre otros delitos cometidos en la capital del Tolima y por lo menos  en 12 municipios más del Departamento, según investigaciones de la Fiscalía la organización criminal está liderada por un sujeto conocido con los alias de Óscar, Mafalda o Matius.

Como si fuera poco, a la preocupación por la existencia de una organización ‘neoparamilitar’ en Ibagué, derivada de los paras del ‘Bloque Tolima’ se le suma la alianza entre los “Héroes del Valle” y la Oficina de Envigado de Medellín” quienes le habrían inyectado al grupo tolimense $80 millones de pesos en armas de fuego, pagos de viáticos y ejecución de homicidios.

Las investigaciones de la Fiscalía han permitido establecer hasta la fecha que esta organización criminal con su centro de operaciones en Ibagué, es integrada por 40 personas aproximadamente, de las cuales 28 están identificadas con elementos materiales probatorios y evidencia física.

Por su parte la Sijín de la Policía Nacional, estableció que los “Héroes del Valle” serían responsables de ejecutar al menos 24 homicidios en la modalidad de sicariato y ajuste de cuentas en la capital tolimense y municipios aledaños, en su mayoría por negarse a delinquir con la organización, no acogerse a sus exigencias o por no pagar la cuota monetaria exigida por permitir la venta de las sustancias estupefacientes, ejerciendo así el control y monopolio en las principales zonas de expendio de drogas. De igual manera, otras de las víctimas son exintegrantes de la organización que se unieron a otros grupos como los “Z” que intentaban recuperar sus territorios.

Contexto: Bandas emergentes “neoparamilitares” en el Tolima

Recientemente se dió captura y medida de aseguramiento intramural a Jhork Arnold Mancera Alvarán, presunto integrante del grupo ‘neoparamilitar’ a quién se le acusa de concierto para delinquir agravado, tráfico fabricación y porte ilegal de armas de fuego, cargos que no aceptó.

Según las pesquisas de las autoridades, la organización que tiene asentamiento en la ciudad de Ibagué con influencia en municipios aledaños tales como Cajamarca, Alvarado, Venadillo, Lérida, Mariquita, Espinal, Guamo, Melgar, Armero Guayabal, Coyaima, Natagayma y Ambalema, entre otros, sería liderada por un sujeto conocido con los alias de Óscar, Mafalda o Matius.

Todo esta información se ha logrado obtener gracias a la interceptación telefónica que la Fiscalía hizo a varios miembros del grupo delictivo para un total de 32 abonados telefónicos intervenidos. Cabe resaltar que a la fecha han sido capturados 12 integrantes de “Héroes del Valle” de los cuales 10 ya han sido condenados.

 

Con información de La Fiscalía General de la Nación

Así fue como los paramilitares perpetraron la masacre de El Neme

Así fue como los paramilitares perpetraron la masacre de El Neme

Esta es la historia.

Tomado del informe del Centro Nacional de Memoria Histórica: “De los grupos precursores al Bloque Tolima” (Vea: Memoria Histórica publicó informe sobre el Bloque Tolima)

La masacre de El Neme

En el mismo año de 2001, el Bloque Tolima se expandió hacia Valle de San Juan, donde cometió una masacre de cuatro personas el 24 de abril en la vereda del Neme, en lo que denominaron Operación Neme, la cual generó el desplazamiento forzado de cerca de cien personas y facilitó el establecimiento del control en este territorio.

La vereda El Neme hace parte del municipio del Valle del San Juan. Su población guarda consigo la historia de diversos procesos de violencia continuada y de diferentes fases. Una de ellas, la época de La Violencia, que dejó recuerdos aún mantenidos por los locales de la vereda:

“Yo me acuerdo era (sic)  cuando era pequeña, pero hace muchos años, que cuando eso les decían era dizque “Los Pájaros” (…) cuando vivían nuestros abuelos. De eso sí me recuerdo yo, que tocaba dormir en el monte, y llegar en el día a cocinar a la casa y salir otra vez de la casa porque si no los mataban” (CNMH, mujer, Acuerdos de la Verdad, Valle de San Juan, 2015, 14 de agosto, CV 9).

El conflicto armado se intensificó en la década del noventa en todo el departamento. Por ejemplo, las FARC-EP, que tenían presencia en la zona, iniciaron una escalada militar contra estaciones de policía y guarniciones militares, como parte de su plan de expansión y control territorial. Paralelamente, fomentaron acciones violatorias del derecho humanitario como amenazas, tomas de rehenes, secuestros, extorsiones y hurtos contra civiles relacionados con las élites locales. Además, incrementaron el control militar instalando retenes. En 1997 secuestraron al padre de José Baquero, uno de los finqueros más reconocidos del municipio (Higuera, 2013, página 89).

Estas acciones de las FARC-EP le permitieron a la Policía detectar los movimientos de un grupo de milicianos que apoyaba al Frente 21 en la vereda:

“Edgar Galindo, el Jefe de la Policía del Valle de San Juan empezó a hacer una investigación sobre la relación entre la guerrilla y algunos habitantes del Neme en las extorsiones, robos y vacunas a la población. En sus investigaciones descubrió que Hernando Cañizalez, alias ‘El Burro’, tenía vínculos con las FARC y que junto a alias ‘El Paisa’ había participado en el secuestro del señor Baquero, que era quién había recibido el dinero y que con frecuencia llevaba mercancía robada que era desvalijada y revendida en la ca- becera municipal. Adicionalmente, Galindo descubrió que Tuco (sic), José Antonio Bernate, era quién dirigía el robo de ganado en el Valle de San Juan con órdenes de la guerrilla” (Higuera, 2013, página 90).

Esto explica la captura de Hernando Cañizalez Guarnizo, El Burro, el 1 de enero de 2000, acusado de ser el jefe de finanzas del Frente 21 de las FARC-EP en la vereda del Neme. De esta manera, se produjo una estigmatización contra la población, señalándola de forma generalizada como auxiliadora de las FARC-EP y cómplice del abigeato en la región.

En El Neme se consolidó un corredor de movilidad de los actores armados: por un lado, las FARC-EP expandió su área de influencia desde el sur hacia el norte por la Cordillera Central, mientras que el Bloque Tolima instaló una de sus bases principales en la vereda colindante de Tomogó, municipio de San Luis. Así, desde el 2000 tomó fuerza el accionar paramilitar en la región a través de homicidios de personas civiles.

Entre las características de la comunidad de la vereda El Neme se destacaban su composición campesina con escasez de tierras, los bajos niveles de educación y dificultades para emplearse u obtener recursos o ingresos con sustento en la economía campesina. Pese a su vocación agrícola, la mayoría no era propietaria de tierra y debía recurrir al arrendamiento de hectáreas para trabajar por periodos de seis meses. En contraste, la zona presentaba concentración de la tierra con predominio del latifundio.

Al tratarse de una zona de anclaje guerrillero y de reciente incursión paramilitar, lo que le significaba una zona de anclaje inestable, el Bloque Tolima recurrió a la modalidad de violencia masiva e indiscriminada, con el objetivo de provocar terror en la población civil, en busca de presionar divisiones dentro de la comunidad.

La incursión en la vereda El Neme por parte del Bloque Tolima a partir del 24 abril de 2001 conllevó modalidades de violencia que dieron lugar a violaciones de los DDHH y del DIH, tales como amenazas, torturas, masacre, desaparición forzada, toma de rehenes y confinamiento. Los testimonios revelan que desde un año antes realizaron inteligencia en la población:

“Ellos, los paramilitares, no habían aparecido el día que precedió a la masacre del Neme sino mucho antes (…) Tan solo tras la ocurrencia de los hechos violentos, (…), los habitantes del Valle de San Juan notaron que efectivamente, la ‘gente rara’ que habían visto en el año 2000 y aquellos hombres ‘disfrazados de mineros’ eran los mismos paramilitares que en 2001 los atacarían” (Higuera, 2013, página 23).

Así pues, semanas antes de la ocurrencia de los hechos el grupo utilizó otros repertorios de violencia como las amenazas efectuadas por medio de panfletos y listas, repartidos en casas del Valle de San Juan, anunciando “limpieza social y contra la subversión”. Las listas fueron publicadas en lugares visibles del pueblo, como en la propia esquina de la Estación de la Policía. En ellas se sentenciaba a muerte a personas por supuestos vínculos con la guerrilla. (Higuera, 2013, página 31).

Una de estas amenazas produjo la desaparición forzada y el homicidio de José Antonio Bernate, el 15 de abril de 2001 (Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Justicia y Paz, 2014, página 231). Su cuerpo fue encontrado con signos de tortura (Higuera, 2013, página 34). A raíz de ello, se produjo el desplazamiento de algunas personas de la vereda El Neme que aparecían en la lista de amenazados del Bloque Tolima. (Higuera, 2013, página 34).

A las dos de la mañana del 24 de abril de 2001, cerca de cien paramilitares del Bloque Tolima de las AUC irrumpieron en casas y caminos de la vereda, movilizados en camiones, portando uniformes y armamento, supuestamente sin ser percibidos por las autoridades durante el recorrido hasta El Neme. La incursión fue planeada por algunos comandantes, como relata un exparamilitar postulado a Justicia y Paz:

“(…) a la casa llegó como con seis o siete muchachos, yo voy adelante como contraguerrilla de choque, a eso de cuatro y media a cinco de la mañana, yo llegué a la casa de EL BURRO, empujamos la puerta, allí entró GORILA, CHAPULIN, CHULO NEGRO, CHULO y mi PERSONA, estaban en pijama, estaba una señora, dos muchachos y una muchacha de unos 14 años, requisamos pero no encontramos armamento, las personas se amarraron, luego le dijimos a ARTURO que no estaba EL BURRO y es cuando me da la orden de dar de baja a esas personas” (Versión libre conjunta Oscar Oviedo y Ricaurte Soria Ortiz, 3 de septiembre de 2010, Fiscalía 56, Ibagué – Tolima).

Según algunas versiones libres de los postulados a Justicia y Paz, al incursionar en la vereda, el objetivo consistió en la búsqueda de Hernando Cañizalez Guarnizo, alias el Burro, acusado de ser el jefe de finanzas del Frente 21 de las FARC-EP (Eltiempo. com, 2000). Sin embargo, cuando llegó el Bloque Tolima al Neme, Cañizalez se encontraba preso en la cárcel de Picaleña, pues un año antes había sido capturado por el Batallón Rooke.

En los hechos cometidos en la incursión, algunos encapuchados se ubicaron en la vereda e irrumpieron en las viviendas de manera violenta al golpear y amenazar a sus pobladores. Al llegar a la vivienda de José Bernate, las personas encontradas fueron retenidas, amenazadas, amarradas y posteriormente masacradas. Las víctimas en este caso fueron: la presidenta de la Junta de Acción Comunal, Cecilia Guarnizo (madre de Hernando Cañizarez); los hermanos Willington y Huber Bernate (hijos de José Bernate, El Tuco) y Héctor Fabio Díaz (oriundo de San Luis, quien se encontraba trabajando en El Neme).

En esta casa también fueron retenidas otras 12 personas de la población civil, posteriormente trasladadas y confinadas en la escuela de la vereda. Un testigo describió lo sucedido:

“Eso fue el 24 de abril como a la 1 de la mañana, yo estaba donde mi comadre Marta, llegaron a golpear y yo les abrí, al yo abrirles un señor moreno, tapada la cara, me pegó en el pecho y me mandó hacia atrás, (…), de ahí me esposaron con otro muchacho [Héctor Sánchez] que a él sí lo mataron. Me sacaron de ahí para la carretera (…) por una vía que hay pa una arrocera y me preguntaron por mesas de billar, yo les dije que no, que sí han habido pero hace tiempo, que había en una vereda Tomogó; [me preguntaron] (…) Me llevaron siempre bien adentro y después allá me devolvieron y luego (…) me acurrucaron y me dijeron que me acurrucura junto con el otro muchacho que mataron, a Héctor [Sánchez]. Yo sentí en ese momento como si me hubieran echado un baldado de agua caliente de la cabeza a los pies. De ahí nos dijeron que nos levantáramos otra vez.

Nos fuimos para la casa del finado José Antonio Bernate que el domingo de ramos lo habían matado. Ahí tenían los hijos [de José Bernate] amarrados y nos metieron ahí. Y ahí echaron, llegaron gente (…) entonces los pararon ahí a todos y los llevaron para allá. A la madrugada, como a las 5:00 am o algo así, llegó un camión, una turbo, que al dueño le dicen por mal apodo Monoviejo, le iban a cargar aguacate, también los echaron ahí. (…) Cuando me cogieron me trataron mal, me dijeron que era un hp guerrillero (…) Después, ya amaneció, la gente de Tuco, de donde José Bernate, la llevaron para la escuela. Quedó una señora que mataron, la señora Cecilia, que yo viví ocho años con ella, (…), dejaron los dos hijos de José Antonio Bernate, Héctor, la finada Cecilia y mi persona (…) Y fue transcurriendo el tiempo hasta que ya por la tarde como a la 1:00 pm (…) llegó el comando y me preguntó que cómo me llamaba, le di mi nombre y entonces me dijo ‘usted se está aquí y no se me va a volar’ (…) A los otros les quitaron las esposas y los amarraron y a la señora que estaba suelta la amarraron por detrás y la echaron por delante como cuando uno arrea becerros mansitos, la echaron para abajo, a la vía La Arrocera y al ratico escuché los disparos” (CNMH-DAV, hombre, entrevista, Acuerdos de la Verdad, contribución voluntaria, Ibagué, 2016, 19 de agosto).

Este mismo testimonio describe cómo en este corto periodo en que las víctimas de la masacre y otras personas del pueblo permanecieron en la vivienda de José Bernate, miembros del Bloque Tolima cometieron otras acciones como la destrucción de bienes civiles, el pillaje de animales de crianza y el robo de cosechas de la población civil así como de bebidas alcohólicas que eran comercializadas en cantinas del lugar.

“Amaneció y ya se escuchó una ráfaga de una ametralladora y mataron hasta un becerro, entonces dijo un man de esos de las AUC ‘esto se putió’ (…) Había un señor que se llama [se omite nombre] que tenía un macho que le habían prestado para cargar el abono y ellos le colocaron las iniciales de las AUC y dijeron ‘este macho donde lo vea la guerrilla lo vuela’ (…) Después de eso llegó una camioneta (…), entonces me llamaron (…) me pusieron a cargar un maíz en tusa que había (…) Lo otro fue que ahí había cantina de la comadre [se omite nombre] y de la comadre [se omite nombre] y toda esa bebida se la tomaron, entonces ellos estaban como borrachos. (…) Después me dijeron que me fuera de ahí porque eso iban a explotar los cilindros, que le iban a meter candela a esas casas (…) Llegó un camión con cuatro de ellos pero ya de civil a cargar ganado (…) ahí se echaron como de 15 reses a diez, lo que cupo” (CNMH-DAV, hombre, entrevista, Acuerdos de la Verdad, contribución voluntaria, Ibagué, 2016, 19 de agosto).

La sentencia de Jhon Fredy Rubio y otros exintegrantes del Bloque Tolima sintetiza de la siguiente manera los hechos mencionados anteriormente:

A la media noche del 23 de abril de 2001, cerca de 100 paramilitares se tomaron la vereda del Neme en el Valle de San Juan, capturaron, amarraron y encerraron a 12 personas, confinaron a 150 pobladores en la escuela de la vereda, los obligaban a cocinar y a comer de sus propias reses, asesinaron a 4 pobladores, hurtaron 26 reses y bienes extraídos de las casas de los habitantes del Neme, incineraron 3 casas, algunas de ellas habitadas por las personas fallecidas. También escribieron varios graffiti en tinta negra y roja en las paredes de las viviendas y de la Escuela con textos alusivos a las AUC: ‘AUC, BLOQUE TOLIMA’; ‘FUERA GUERRILLEROS SAPOS’; ‘CARLOS CASTAÑO PRESENTE’. Cerca del final del día, los paramilitares dijeron a los habitantes encerrados en la Escuela que solo podrían salir de ahí a las cinco de la tarde y que lo mejor era que se marcharan de la vereda. Que ellos iban a estar patrullando y no querían problemas con nadie. Que lo que habían hecho era algo que debían hacer por el ‘bienestar’ “ (Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Justicia y Paz, 2014, mayo 9, Sentencia de Jhon Fredy Rubio Sierra y otros, página 157).

Respecto de los hechos cometidos en la vereda, según versiones libres de los postulados a Justicia y Paz, la responsabilidad de la planeación y ejecución de la masacre se describe en el siguiente fragmento de texto:

“Esta operación se planea no sé si en EL TABOR o LAS CAROLINAS, la planean ELIAS, ARTURO y MAURICIO. Los del FOI [Frente Omar Isaza] iban de apoyo, como unas CUARENTA UNIDADES, de nosotros íbamos como unos SESENTA, de nosotros íbamos con tres contraguerrillas, porque iba 3030, SOLDADO y mi persona cada una con veinte hombres cada una y alias MELCHOR, al mando de los del FOI. Llevábamos armamento largo” (Versión libre conjunta Oscar Oviedo y Ricaurte Soria Ortiz, 3 de septiembre de 2010, Fiscalía 56, Ibagué – Tolima).

Sumado a lo anterior, en la distribución de responsabilidades del hecho también se encuentra el exalcalde del Valle del San Juan en la época de la masacre, Gonzalo García Angarita, condenado en el 2009 por vínculos con el Bloque Tolima (Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, radicado 27.941, 1 de octubre de 2009), pero recobró su libertad en el año 2011 y continúa vigente en el escenario político regional (A la Luz Pública, 2014).

La masacre de El Neme es uno de los casos representativos de los modos de actuación del Bloque Tolima en la zona centro del departamento. Por esto, serealizará más adelante una aproximación a la masacre y a la valoración de los daños ocasionados a partir de las violaciones a los DDHH e infracciones al DIH.

Lea también: Los alcaldes salpicados por los paramilitares en informe del Bloque Tolima

Los vínculos del Bloque Tolima con la fuerza pública: la policía

Los vínculos del Bloque Tolima con la fuerza pública: la policía

Uno de los principales retos del conflicto armado ha sido contar la realidad y la magnitud de los hechos que se han perpetrado durante décadas de guerra. Pero no ha sido una tarea fácil, todo lo contrario. A pesar de los testimonios de víctimas y de victimarios, la impunidad se ha mantenido como una de las principales dificultades.

Por eso, la Dirección de Acuerdos de la Verdad (DAV) del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), creada por la ley 1424 de 2010, se puso en la tarea de realizar varios informes sobre el origen de los bloques paramilitares que pulularon en el país.

El primero de estos informes se concentró en el accionar entre 1998 y 2005 del Bloque Tolima de las AUC.

Puede leer: Memoria Histórica publicó informe sobre el Bloque Tolima

Según Álvaro Villarraga Sarmiento, director de Acuerdos de la Verdad, el documento “aporta información y análisis sobre el surgimiento, conformación, formas de actuación e impactos del paramilitarismo en cada uno de los contextos regionales e históricos”.

Este informe, titulado “De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC)” aborda el origen, la trayectoria y la desmovilización de este grupo armado, así como las formas de adiestramiento de sus integrantes, sus características, el control que tenía en los territorios y la búsqueda de legitimidad en los mismos, los vínculos con actores estatales y sociales, y, por último, lo que Villarraga llama “memorias de resistencia”, refiriéndose a la forma en cómo las comunidades se enfrentaron al actuar violento de este grupo que hizo varias masacres.

Contexto:“Diez grupos surgieron tras desmovilización del bloque Tolima”: CNMH

Lapipa.co reproduce algunas de las revelaciones de este informe en una serie de informes especiales, como microcápsulas de lectura del mismo para conocimiento de la opinión pública y así contribuir al ejercicio de la memoria histórica.

Especial 1: Los Congresistas salpicados por los paramilitares en informe del Bloque Tolima

Especial 2: Los alcaldes salpicados por los paramilitares en informe del Bloque Tolima

Especial 3: Las fuentes de financiación del Bloque Tolima, según memoria histórica

Especial 4: Los vínculos del Bloque Tolima con la fuerza pública: el ejército

Descargue el informe completo aquí. 

Vínculos con miembros de la Fuerza Pública

El proceso de conformación de los grupos de autodefensas civiles a finales de los cincuenta en el sur del departamento, marcó el precedente y abonó un camino de vínculos con la Fuerza Pública que, al igual que otros elementos del paramilitarismo, se prolongarían hasta el Bloque Tolima.

Las distintas fuentes consultadas, como lo hemos ilustrado con anterioridad señalan el papel transversal de la Fuerza Pública desde las políticas de contrainsurgencia, en el marco de las cuales apoyó la conformación de grupos civiles de autodefensas, pasando por la alianza con grupos como el Rojo Atá y las Convivir, has- ta la participación de un alto porcentaje de exintegrantes de la propia Fuerza Pública en el Bloque Tolima (60%, según la sentencia condenatoria de Jhon Fredy Rubio y otros exintegrantes del Bloque), como instructores o comandantes de esa estructura paramilitar, entre otros roles determinantes y estratégicos desempeñados en ésta.

Por lo anterior, no es posible abordar las relaciones entre dicha estructura paramilitar, el Ejército y la Policía sin tener en cuenta las bases en las que se soportaba dicha relación desde casi cuatro décadas atrás, sobre las cuales analizamos sus antecedentes.

Sin embargo, es preciso detallar el periodo 1998 – 2005.

Vínculos con miembros de la policía

 

En versiones libres conjuntas de exintegrantes del Bloque Tolima se ha establecido que el involucramiento de la Policía fue completo en varios municipios del departamento:

“[D]esde el comandante de estación hasta el último policía (…) Municipio de San Luis, hasta el año 2004 (…) esa policía siempre trabajó bajo el mando de ellos. Policía del Valle de San Juan, del 2001 al 2004, toda esa policía, bajo el mando de ellos; hasta para salir de la propia estación les pedían la autorización y el consentimiento. Policía del Guamo, desde el año 2000, hasta el 2004 (…) Policía de Saldaña Tolima, desde el año 2000, hasta el 2004 (…) Policía de Purificación Tolima, también desde el año 2001, hasta el 2004, bajo coordinación de ello (sic), específicamente el Mono Miguel. Policía de Prado, también bajo la coordinación de ellos, desde el año 2001 (…) Policía de Natagaima – Tolima, desde el año 2001, hasta el 2004 (…)” (Versión libre conjunta Humberto Mendoza Castillo, Ricaurte Soria Ortiz, Álvaro Cruz, Carlos Lazo Urbano, Enoth Gualteros Bocanegra, Edwin Carvajal Rodas, 14 de abril de 2011, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Además de los municipios incluidos en la anterior versión libre, también existen versiones sobre alianzas con la Policía de los municipios de Rovira e Ibagué.

Sobre el primero, la cooperación del Bloque con el Capitán Tellez Rivera, comandante de la Policía, ha sido señalado por alias Juancho (Versión libre Atanael Matajudíos Buitrago, 17 de febrero de 2010, Fiscalía 56, Ibagué – Tolima) y también por Giovany Andrés Arroyabe, alias El Calvo: “lo vi en horas de la noche a las afueras del pueblo y por eso no puedo dar una descripción morfológica, él estaba desde el 2001 y el contacto con él fue en el 2002, ya que él nos entregó al subversivo, EDGAR GONZALEZ MENDOZA, alias MACHETE, ex miembro de las FARC, le dijo al capitán que tenía deseo de trabajar con nosotros, el capitán se comunicó con EL BURRO y le dijo que quería trabajar con nosotros, ya que poseía información de la estructura militar del FRENTE XXI de la GUERRILLA” (Versión libre Giovany Andrés Arroyabe, 9 de junio de 2010, Fiscalía 56, Ibagué – Tolima).

Este relato muestra otra faceta de la relación entre Fuerza Pública y paramilitares.

También, en las versiones libres se menciona al capitán Yepes (sic), capitán de la Policía de Rovira en el año 2001: “Continua el señor SORIA, diciendo que el señor YEPES (sic) era capitán de la Policía, que estaba en Rovira, que el conversó con él en el año 2001, que él bajaba hasta allá, con frecuencia. Era un capitán que les daba información sobre colaboradores de la guerrilla y órdenes de batalla, ese señor era el comandante de policía de la estación de Rovira, tenía aproximadamente 38 años, estatura por ahí 1.72 metros, morenito, pelinegro, a veces usaba gafas oscuras, bajaba en una camioneta 4.5, a veces bajaba en taxi, no le conoció alias” (Versión libre conjunta Marco Barreto, Jose Lozano, Pedro Hurtado, Cesar Mora, Luis Conde, Pompilio Quiñonez, Ricaurte Soria y Humberto Mendoza, 18 de enero de 2011, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Es posible que la anterior versión se refiera al mismo capitán Téllez, ya que la descripción física coincide con la brindada por Atanael Matajudíos, alias Juancho, en una de sus versiones libres, de la cual se extrajo el siguiente fragmento: “estaba el CAPITAN de apellido TELLEZ (alto, acuerpado, de 1.75 de estatura, trigueño, peluqueado militar, de gafas) comandante de la policía de ROVIRA TOLIMA” (Versión libre Atanael Matajudíos Buitrago, 17 de febrero de 2010, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Presuntamente hubo también cooperación con la Policía de Ibagué, específicamente con un sargento conocido como Napoleón, quien colaboraba con el mantenimiento de las armas del grupo paramilitar y recibía dinero por parte de la estructura: “Respecto a la POLICIA un SARGENTO con indicativo NAPOLEON (…) era comandante de la Estación en el año 2001-2002, nos colaboraba en el mantenimiento de las armas, también nos colaboró guardando unas armas; mensualmente se le pasaba una nómina entre DIEZ y QUINCE MILLONES DE PESOS CADA QUINCE O CADA MES y en repetidas ocasiones yo le daba dinero a ellos y en el TOLIMA no tuve contacto directamente, solamente me decían ya está cuadrado” (Versión libre Giovany Andrés Arroyabe, 9 de junio de 2010, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Sobre la Policía del municipio de San Luis, una persona desmovilizada manifestó que tenía conocimiento de la actuación del grupo paramilitar y, a pesar de ello, no impuso ningún límite a su accionar. Además, reconoce que en varias ocasiones algunos de sus compañeros fueron capturados por la Policía pero luego fueron dejados en libertad debido a que el grupo daba alguna compensación económica para ello: “La policía, ellos sabían ahí quienes eran los que estaban ahí, la policía no molestaba… Era del ejército, era del que tocaba estar pendientes… y del DAS cuando iban a veces… (…) Una noche cogieron a un compañero [la Policía], lo cogieron con un arma y lo llevaron a la estación y al rato volvieron y lo soltaron (…) Eso se informó al comandante y el otro muchacho, o sea, el muchacho que le informó al comandante, el comandante le dijo que fuera y les diera algo a los policías para que soltaran al muchacho, y al rato lo soltaron. Lo cogieron armado, y todo eso era para que lo dejaran empapelado” (CNMH, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2015, 17 de marzo).

Los relatos de los Acuerdos de la Verdad y las versiones libres de Justicia y Paz han señalado la inactividad de miembros de esta institución frente a la incursión y las acciones del Bloque Tolima, sobre todo en el norte del departamento. Entre las personas señaladas por estos hechos se encuentra el coronel Ciro Hernando Chitiva, quien se desempeñaba como comandante general de la Policía del Tolima en el año 2002.

En versión libre, Atanael Matajudíos, alias Juancho, manifestó que aunque no tuvo contacto directo con Chitiva, cuando este último fue comandante de la Policía del Tolima nunca realizó operativos en contra del Bloque: “Sé que DANIEL denunció al Coronel CHITIVA, pero no sé nada de él y eso lo manejó él con 30-30. En el NORTE DEL TOLIMA, no sé qué contactos hayan tenido los financieros con miembros de la Policía, sé que nosotros nos movíamos por todo el norte del Tolima, hacíamos operativos y no pasaba nada, ni nos hacían nada; no sé si DANIEL tuviera arreglada la situación, porque el CORONEL CHITIVA era el Comandante de Policía del Departamento del Tolima, pero como digo, nunca me reuní con él” (Versión libre Atanael Matajudíos Buitrago, 17 de febrero de 2010, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

También se ha mencionado al coronel Chitiva, señalando su presunta responsabilidad en cuanto a avisar al Bloque Tolima sobre operativos que se realizarían en su contra: “DE LA POLICIA el CORONEL CHITIVA, comandante de la Policía del Departamento, Se coordinaba sobre operativos contra el grupo de autodefensas, él les comunicaba los operativos que habían en la zona contra ellos”.

De acuerdo con la misma versión, alias Elías era el encargado de la relación con Chitiva, entre el año 2001 y 2002” (Versión libre conjun- ta Humberto Mendoza Castillo, Ricaurte Soria Ortiz, Álvaro Cruz, Carlos Lazo Urbano, Enoth Gualteros Bocanegra, Edwin Carvajal Rodas, 14 de abril de 2011, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

En una de las contribuciones voluntarias de Acuerdos de la Verdad se da cuenta de la relación entre el comandante Chitiva y alias El Socio, refieriendose a intereses que mediaban en la relación entre Policía y narcotraficantes: “a través de Chitiva, que era el comandante de la Policía… Porque Chitiva y El Socio eran muy… Eran socios. Montaron una bandola que les quitaba la droga a los comerciantes de coca que venían del Caquetá, y los paraban ahí cuando venían del Caquetá, los paraban en el Tolima, les quitaban la droga, y entonces él negociaba con El Socio pa quedarse con la droga. Entonces la relación ahí era política; ma- fiosa, a través del Socio; paramilitar, a través de Carlos Castaño; y trabajaban de común acuerdo” (CNMH-DAV, Guillermo Alfonso Jaramillo, exgobernador del Tolima, y alcalde de Ibagué periodo 2016-2019, entrevista, Acuerdos de la Verdad, Contribución Voluntaria, Ibagué, Tolima, 2016, 28 de marzo).

En versiones libres también se han referido alianzas del Bloque Tolima con el GAULA (Grupo Antisecuestro y Antiextorsión) de la Policía en el municipio del Espinal: “GAULA de la Policía, bajo el mando del Comandante, Sargento DUARTE, avanzada del Espinal – Tolima, también coordinaba con ellos. La alianza era para que no existiera choque con ellos, se les informara sobre los operativos de la Policía en la zona, no podían capturar miembros del Bloque, siempre y cuando ellos no supieran de la captura” (Versión libre conjunta Humberto Mendoza Castillo, Ricaurte Soria Ortiz, Álvaro Cruz, Carlos Lazo Urbano, Enoth Gualteros Bocanegra, Edwin Carvajal Rodas, 14 de abril de 2011, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Los vínculos del Bloque Tolima con la fuerza pública: el ejército

Los vínculos del Bloque Tolima con la fuerza pública: el ejército

Uno de los principales retos del conflicto armado ha sido contar la realidad y la magnitud de los hechos que se han perpetrado durante décadas de guerra. Pero no ha sido una tarea fácil, todo lo contrario. A pesar de los testimonios de víctimas y de victimarios, la impunidad se ha mantenido como una de las principales dificultades.

Por eso, la Dirección de Acuerdos de la Verdad (DAV) del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), creada por la ley 1424 de 2010, se puso en la tarea de realizar varios informes sobre el origen de los bloques paramilitares que pulularon en el país.

El primero de estos informes se concentró en el accionar entre 1998 y 2005 del Bloque Tolima de las AUC.

Puede leer: Memoria Histórica publicó informe sobre el Bloque Tolima

Según Álvaro Villarraga Sarmiento, director de Acuerdos de la Verdad, el documento “aporta información y análisis sobre el surgimiento, conformación, formas de actuación e impactos del paramilitarismo en cada uno de los contextos regionales e históricos”.

Este informe, titulado “De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC)” aborda el origen, la trayectoria y la desmovilización de este grupo armado, así como las formas de adiestramiento de sus integrantes, sus características, el control que tenía en los territorios y la búsqueda de legitimidad en los mismos, los vínculos con actores estatales y sociales, y, por último, lo que Villarraga llama “memorias de resistencia”, refiriéndose a la forma en cómo las comunidades se enfrentaron al actuar violento de este grupo que hizo varias masacres.

Contexto:“Diez grupos surgieron tras desmovilización del bloque Tolima”: CNMH

Lapipa.co reproduce algunas de las revelaciones de este informe en una serie de informes especiales, como microcápsulas de lectura del mismo para conocimiento de la opinión pública y así contribuir al ejercicio de la memoria histórica.

Especial 1: Los Congresistas salpicados por los paramilitares en informe del Bloque Tolima

Especial 2: Los alcaldes salpicados por los paramilitares en informe del Bloque Tolima

Especial 3: Las fuentes de financiación del Bloque Tolima, según memoria histórica

Descargue el informe completo aquí. 

Vínculos con miembros de la Fuerza Pública

El proceso de conformación de los grupos de autodefensas civiles a finales de los cincuenta en el sur del departamento, marcó el precedente y abonó un camino de vínculos con la Fuerza Pública que, al igual que otros elementos del paramilitarismo, se prolongarían hasta el Bloque Tolima.

Las distintas fuentes consultadas, como lo hemos ilustrado con anterioridad señalan el papel transversal de la Fuerza Pública desde las políticas de contrainsurgencia, en el marco de las cuales apoyó la conformación de grupos civiles de autodefensas, pasando por la alianza con grupos como el Rojo Atá y las Convivir, has- ta la participación de un alto porcentaje de exintegrantes de la propia Fuerza Pública en el Bloque Tolima (60%, según la sentencia condenatoria de Jhon Fredy Rubio y otros exintegrantes del Bloque), como instructores o comandantes de esa estructura paramilitar, entre otros roles determinantes y estratégicos desempeñados en ésta.

Por lo anterior, no es posible abordar las relaciones entre dicha estructura paramilitar, el Ejército y la Policía sin tener en cuenta las bases en las que se soportaba dicha relación desde casi cuatro décadas atrás, sobre las cuales analizamos sus antecedentes.

Sin embargo, es preciso detallar el periodo 1998 – 2005.

Vínculos con miembros del Ejército

En lo relativo a las relaciones del Bloque Tolima con el Ejército, distintas fuentes evidencian que en las zonas de injerencia de la organización paramilitar hubo vínculos de colaboración u omisión que contribuyeron al despliegue y accionar del Bloque. Entre estas fuentes, algunos excomandantes del Bloque Tolima han expresado, con particular énfasis para este informe, que la Fuerza Pública conocía la presencia y las acciones del grupo paramilitar, inclusive los homicidios cometidos en algunas zonas:

“(…) San Luis, aquí a 40 minutos de acá (…) hay como cuatro mil policías, nosotros veníamos a este pueblo a matar gente acá, a comprar los víveres acá y ellos ya sabían quién era Fabián, ya sabían quién era Arturo, ya sabían quién era Daniel” (CNMH, excomandante del Bloque Tolima postulado a Justicia y Paz, entrevista, Acuerdos de la Verdad, Contribución Voluntaria, Cárcel El Espinal, 2015, noviembre).

Las alianzas con el Ejército se concretaron sobre todo en: la vinculación de miembros de esa institución, activos o en retiro, al Bloque Tolima; apoyos para el suministro y compraventa de material de guerra e intendencia; entrega de información de distinta índole; la comisión de “falsos positivos” y la coordinación de movimientos de tropa del grupo paramilitar. Aunque no en todos los casos existe claridad sobre los grados de comandancia de los militares señalados de haber tenido alianzas con el Bloque Tolima, en algunas versiones libres se destaca la participación de generales, coroneles y tenientes. La presunta vinculación de estos oficiales del Ejército habla claramente del nivel de responsabilidad de la institución, por jerarquía y línea de mando.

Sobre el tema, Atanael Matajudíos, un oficial retirado del Ejército y quien se convirtió en comandante del Bloque Tolima, bajo el alias de Juancho, ha sido uno de los exintegrantes del Bloque que ha revelado los vínculos de este con el Ejército Nacional.

De acuerdo con alias Juancho, el encargado de las relaciones con el Ejército era Diego José Martínez Goyeneche, alias Daniel, quien a su vez designó a Floriberto Amado Celis, alias 30-30: “El manejo de la ley como se llamaba en la organización, lo manejaba DANIEL y a su vez designó al comandante 30-30, un sargento retirado del ejército de apellido AMADOR (sic)” (Versión libre Atanael Matajudíos Buitrago, 17 de febrero de 2010, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Algunos relatos señalan a alias Juancho como el encargado de las relaciones con el Ejército: “Bueno, todo eso era, las tomas, todo eso… eran de acuerdo con lo que hacía el comando Juancho con ellos [Ejército], porque él era el que estaba encargado de toda esa vaina” (CNMH, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, Ibagué, 2013,10 de octubre).

Dentro de los militares señalados por Matajudíos de haber tenido alianzas con el Bloque Tolima, se encuentra “un Capitán del Ejército de apellido Téllez” (Versión libre Atanael Matajudíos Buitrago, 17 de febrero de 2010, Fiscalía 56, Ibagué – Tolima). Sin embargo, no es claro si esta persona hacía parte del Ejército, ya que en la misma versión libre Matajudíos mencionó a un capitán de la Policía con el mismo apellido:

“Con relación a miembros de la POLICIA NACIONAL, estaba el CAPITAN de apellido TELLEZ (alto, acuerpado, de 1.75 de estatura, trigueño, peluqueado militar, de gafas), comandante de la policía de ROVIRA TOLIMA, con quien tuve contactos, después pasó a ser comandante de policía de carreteras de Cundinamarca, tuve tres reuniones con él, en una ocasión me vendió munición para fusil calibre 7.62, eso fue a finales de 2003 y principio de 2004, él subía a reunirse con DANIEL, en una ocasión lo pararon en la vara y ahí lo contacté y hablé con él, en otra ocasión subió para cancelarle un promedio de cuatro mil cartuchos que le vendió al BLOQUE TOLIMA” (Versión libre Atanael Matajudíos Buitrago, 17 de febrero de 2010, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Alias Juancho también señaló al sargento Mauricio Arias Pérez, alias Mateo, quien habría sido el encargado de contactar a Matajudíos para incorporarse al Bloque Tolima y, posteriormente, al retirarse del Ejército, incorporarse como instructor del grupo paramilitar: “Frente al Sargento ARIAS trabajaba en el Batallón Caicedo en el 2001 y 2002 y es la persona que me lleva a mí, a finales del 2001 y me contacta con ELIAS y con DANIEL, a él le decían MATEO, PEDRO o PABLO e inicialmente él tenía nexos con el BLOQUE TOLIMA y cuando se retira, en el 2002, entra conmigo como instructor en la escuela del TABOR, de pronto como activo él tenía alguna amistad con los comandantes, pero no operaba” (Versión libre Atanael Mata- judíos Buitrago, 17 de febrero de 2010, Fiscalía 56, Ibagué – Tolima)

De igual forma, Matajudíos indicó la vinculación al Bloque Tolima de integrantes del Ejército, estando activos en esa institución; fue el caso del Sargento Arley Ortiz, conocido en el interior del Bloque como Piñata. Este último, de acuerdo con alias Juancho, fue instructor en la escuela de entrenamiento de El Tabor: “el Sargento ARLEY ORTIZ, a quien le decían PIÑATA y siendo sargento del Batallón Caicedo, daba instrucciones en la Escuela del TABOR, con el tiempo se retiró e ingresó a las autodefensas con otro bloque no sé si fue en el BLOQUE CALIMA o CENTRAL BOLIVAR, él fue compañero mío en el Batallón Rooke en el año de 1997 y DANIEL lo contrató para que dictara unas conferencias, para eso yo era comandante de patrulla en el Norte, a finales de 2002 e inicios del 2003” (Versión libre Atanael Matajudíos Buitrago, 17 de febrero de 2010, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

De la información sobre vínculos con el Ejército, los relatos se concentran en la realización de operaciones militares conjuntas con el Bloque Tolima. Esto deriva del perfil de las personas desmovilizadas de esta estructura paramilitar que participaron en los Acuerdos de la Verdad, y quienes, en su mayoría, desempe- ñaron roles militares como mandos medios e integrantes rasos.

Estos relatos establecen que dentro de las formas de cooperación entre el Ejército y el Bloque Tolima estaban los patrullajes, registros y el apoyo en operaciones conjuntas, en las cuales el Bloque requería acompañamiento: “(…) hubieron (sic) muchas veces que patrulló tanto el Ejército con las Autodefensas, como la Policía con las Autodefensas, de pronto en hacer un registro o muchas veces el Ejército les pidió apoyo al grupo de Autodefensas; una vez en un combate que se sintió copada la Autodefensa le pidió apoyo al Ejército; habían como 500 guerrilleros y estaba grave de muchachos pero fueron de buenas porque estaba el Ejército cerca, y el Ejército les llevó apoyo aéreo y la cosa fue muy diferente. En eso Daniel coordinaba sus operaciones, sus cosas” (CNMH-DAV, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2013, 4 de julio).

Más precisamente, algunos relatos hacen visible el apoyo del Bloque Tolima al Ejército para “abrir zona”, con operaciones a cargo de éste último: “cuando sabíamos que había operación nos tocaba abrir campo (…) eso de las operaciones lo hacían ellos, registros por todo el pueblo, por todas las veredas, entonces nos tocaba a nosotros darle campo (…) Había [un] comandante del Ejército que acompañaba…, venía y hablaba con el comandante general a veces nos daban operaciones cubiertas (sic) con ellos pa’ abrir zona (…) Nosotros echábamos pa’ adelante y ellos más atrás nos apoyaban” (CNMH, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2014, 13 de junio).

Dentro de estas operaciones, en el año 2001, una persona entrevistada refirió el apoyo de paramilitares del Bloque Tolima al Ejército, en un combate con la guerrilla que se llevó a cabo en el Cañón de Las Hermosas, Chaparral: “Yo escuché que alguna vez que se estaban enfrentando la guerrilla y el Ejército en el Cañón de Las Hermosas (…) con el apoyo de los paras, allá los paras fueron a apoyarlos, como 5, 8 días (…) En el cañón de la Hermosas (…) Eso fue como en el 2001” (CNMH, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2015, 24 de abril).

De igual manera, el siguiente fragmento da cuenta de la presunta participación de dos activos del Ejército en una operación conjunta realizada en febrero de 2002 en Ataco: “Voy bajo el mando de un Teniente Hernández o Fernández, activo del B tallón Caicedo de Chaparral (…) también iba el Sargento Díaz (…) ellos iban porque habían retenes del Ejército en la vía y como se dice iban con el AVANTEL, abriendo campo para una operación que hicimos en conjunto en Ataco, en febrero del año 2002” (Versión libre conjunta Oscar Oviedo, Ricaurte Soria Ortiz, 1 de septiembre de 2010, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Otro caso de cooperación se presentó en una operación de liberación de un ganadero secuestrado en el corregimiento de El Bosque, en Murillo: “ahí en El Bosque llevaron al Ejército que iban a liberar un secuestrado; que la guerrilla había secuestrado a un ganadero y entonces hicieron la operación y los emboscaron, entonces necesitó el apoyo de nosotros y pudimos ayudarlos (…) El Ejército entró por un lado, nosotros entramos por la parte de atrás y fuimos entre los dos y liberamos el secuestrado” (CNMH, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2015, 24 de abril).

Además, en algunos casos, las operaciones conjuntas consistieron en coordinar el movimiento de tropas del grupo paramilitar. Sobre este tema, se menciona la cooperación del Bloque Tolima con el coronel Rojas del Batallón Rooke de Ibagué, sobre quien no se aclara el nombre. De acuerdo con Humberto Mendoza, alias Arturo, excomandante del Bloque, el coronel Rojas en principio realizó operaciones en contra de los paramilitares, pero posteriormente apoyó el movimiento de tropas de aquellos en Prado, Purificación, Valle de San Juan y San Luis:

“Sobre el coronel ROJAS dice que él lo conoció en el URABA, entonces él hizo operaciones en contra de la organización, porque desconocía que ese grupo era de CASTAÑO, pero al encontrársele con él, ya se puso a trabajar con ellos, colaborándole. Respecto del coronel ROJAS, dice que el contacto en su mayoría lo manejaron ELIAS y él. Dice el señor HUMBERTO MENDOZA que en (…) lo relacionado con el Coronel ROJAS, el apoyo consistía en coordinar para el movimiento de las tropas de las autodefensas en Prado, Purificación, Valle de San Juan, San Luis. No recuerda el nombre del coronel. Era del Ejército, del Batallón Rooke, era de operaciones” (Versión libre conjunta Marco Barreto, Jose Lozano, Pedro Hurtado, Cesar Mora, Luis Conde, Pompilio Quiñonez, Ricaurte Soria y Humberto Men- doza, 18 de enero de 2011, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Sumado a lo anterior, un relato aclara que la relación con el Ejército consistía en el apoyo mutuo para “despejar zona” y posteriormente ausentarse para permitir la entrada de los paramilitares del Bloque Tolima. Sin embargo, de acuerdo con esta persona desmovilizada, no se realizaban combates en conjunto: “siempre lo hacíamos nosotros solos [los combates]. Salíamos nosotros y entraban ellos (…) Nunca llegamos a tener así, presencia los unos con los otros. Sabíamos que estaban por ahí cerca, sí, pero nunca tuvimos el contacto con ellos” (CNMH, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2013, 10 de octubre).

En relación con la inacción de la Fuerza Pública, en contribuciones voluntarias se da cuenta de casos de omisión por parte de miembros del Ejército que presuntamente permitieron las acciones del Bloque Tolima, principalmente en el norte. Entre las personas mencionadas se encuentra el comandante Jorge Humberto Jerez Cuellar, actual comandante de la Quinta División del Ejército y quien, en la época de la denuncia, se desempeñaba como comandante del Batallón Patriotas:

“(…) Llegaban hasta Lérida y montaron una base en Delicias, montaron una base en Delicias que es un corregimiento de Lérida, ahí montaron una base, que estuvo bastante tiempo, que yo la denuncié en reiteradas ocasiones, y no hacían nada por cambiarla, y no hacían nada… En ese tiempo estaba el que es actualmente comandante de la Quinta División (…) Jerez era comandante del Batallón Patriotas, y él durante el tiempo de su comandancia, él permitió todo ese manejo de… Permitió que entrara esas… Autodefensas entraran y operaran ahí. En reiteradas ocasiones yo cuestioné eso, el campamento de Delicias en Lérida (…) O sea, que este cuento del paramilitarismo aquí en el Tolima era con Jerez, que ahora es el comandante de la Quinta División, allá en el norte” (CNMH, Guillermo Alfonso Jaramillo, exgobernador del Tolima, y alcalde de Ibagué periodo 2016-2019, entrevista, Acuerdos de la Verdad, Contribución Voluntaria, Ibagué, Tolima, 2016, 28 de marzo).

El exgobernador del Tolima (1986-1987) y alcalde de Ibagué (2016-2019), Guillermo Alfonso Jaramillo, también mencionó la falta de respuesta del general Hernán Cadavid Barco, quien se desempeñaba como comandante de la Sexta Brigada del Ejército: “(…) aquí fue con Cadavid, cuando yo estuve (…) era el comandante de la Brigada. Por eso estos tipos mantenían campamentos aquí a cuarenta minutos, a cuarenta y cinco minutos de la ciudad, así de sencillo. Uno no se explicaba cómo era que los paras podían tener campamentos aquí. Y por eso es que uno sabe que a un coronel como el coronel Rojas lo sacaron de aquí rápido, porque estaba golpeando a los paras” (CNMH, Guillermo Alfonso Jaramillo, exgobernador del Tolima, y alcalde de Ibagué periodo 2016-2019, entrevista, Acuerdos de la Verdad, Contribución Voluntaria, Ibagué, Tolima, 2016, 28 de marzo).

De igual manera, alias Juancho señaló la participación de Fernando Joya Duarte, excomandante del Batallón Caicedo, quien presuntamente sostuvo reuniones con alias Daniel en la base situada en Alto del Sol, en el corregimiento de Las Delicias, municipio de Lérida: “cuando se entregaba denuncia al comandante del BATALLON CAICEDO, de apellido DUARTE, en el 2001 y 2002, no tuve contacto con él, pero en el 2002, subió al ALTO DEL SOL y sostuvo una reunión con DANIEL (…) y DANIEL decía que le colaboraba al BLOQUE TOLIMA (…)” (Versión libre Atanael Matajudíos Buitrago, 17 de febrero de 2010, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Es posible que los casos de inacción del Ejército en el Tolima, en algunos casos, hayan estado mediados por pagos por parte del Bloque Tolima, a cambio de permitir la permanencia de la estructura paramilitar y sus acciones. Sobre esto, se menciona un supuesto acuerdo con un sargento de apellido González, para que permitiera a los integrantes del Bloque permanecer en la zona de Ambalema, en razón del cual le pagaban mensualmente tres millones de pesos:

“En el 2002, cuando yo entré y recibí la zona en el NORTE, en AMBALEMA, había un SARGENTO de apellido GONZALEZ (…) le colaboré en efectivo, inicialmente TRES MILLONES DE PESOS y en una ocasión le canceló Alias EL PAISA, otros TRES MILLONES DE PESOS, porque era el acuerdo a que habíamos llegado cancelarle mensual, para que nos dejara permanecer en ese lugar y en septiembre u octubre de 2002, nos cogió a un miembro, dijo que fuera por él, cuando llegamos, tuvimos una confrontación y nos tocó volarnos por el río Magdalena abajo, ese día se perdió una camioneta Che- roke, no hubo baja ni de ellos, ni de nosotros, de ahí en adelante, no le volví a pagar a ese sargento, pero sí nos colaboró para la entrada a AMBALEMA, solo le cancelamos durante dos meses” (Versión libre Atanael Matajudíos Buitrago, 17 de febrero de 2010, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Sobre la vinculación entre el Ejército y el Bloque Tolima también se mencionan casos de falsos positivos: por un lado, la entrega de guerrilleros vivos o muertos por parte de la estructura paramilitar y presentados como supuestos “positivos” de esa institución; y por otro lado, operaciones realizadas por el Bloque Tolima que eran mostradas como supuestos éxitos militares del Ejército.

Sobre el primer caso, uno de los relatos representativos señala: “lo único que tenía entendido era que los positivos se hacían con el Ejército, yo algún tiempo escuché, como nunca estuve en combate, no sé cómo manejaban eso, pero siempre se hacían con el Ejército. Los que quedaban vivos, se los pasaban al Ejército y el Ejército los pasaba como positivos (…) así era como lo manejaban” (CNMH, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2014, 5 de mayo).

De otra parte, después de algunas operaciones desarrolladas por el Bloque Tolima, el Ejército presentaba las capturas de guerrilleros como resultados propios: “es que cuando usted tenía un enfrentamiento, un hostigamiento (…) y usted ya hacía la retirada y llegaba el Ejército era porque era un convenio, o sea usted amontonar allá pa’ que el Ejército llegue y es el que lleve los honores y coja y capture y lleve, porque pues ¿cómo va a salir en la prensa: ‘Un grupo de Autodefensa capturó hoy cinco guerrilleros?’ No” (CNMH, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2013, 24 de julio).

Sobre el segundo caso, se refieren operaciones conjuntas entre el Ejército y la estructura paramilitar, en zonas donde esta última “rompía zona”: “todos sabíamos que así era que trabajaban allá, para lo que ellos llamaban romper zona; romper zona era ir y aliarse con el Ejército e ir a combatir”; y el relato añade que en estos casos también se cometían falsos positivos del primer tipo señalado “(…) y los que quedaban vivos el Ejército hacia los positivos de los muertos, tantos guerrilleros, tantos vivos, se manejaba así (…) ellos se posesionaban del crédito” (CNMH, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2014, 5 de mayo).

En lo relativo al suministro o la venta de material de guerra, intendencia e incluso víveres, tanto en versiones libres como en relatos, se ha visibilizado el apoyo brindado por parte del Ejército y de la Policía al Bloque Tolima: “ahí siempre entraba la Policía, entraba el Ejército, para ver donde estábamos nosotros con las armas y siempre se reportaba si se entraban para dentro, o mandaban un carro, ellos tenían proveedores ahí que apenas les decía uno ‘vaya allá a la proveedora que nos manden esto y esto’, llegaban con la lista, los carros recogían la encomienda, a veces eran víveres, botas, hamacas, baterías, y así” (CNMH-DAV, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2013, 4 de julio).

De igual manera, en una versión libre conjunta se indica la responsabilidad de un coronel de apellido Rojas, comandante del Batallón de Infantería Número 18 “Coronel Jaime Rooke”, quien presuntamente suministraba “material de guerra e inteligencia y les daba información, en el 2001, desde abril del 2001, hasta diciembre de 2001” (Versión libre conjunta Humberto Mendoza Castillo, Ricaurte Soria Ortiz, Álvaro Cruz, Carlos Lazo Urbano, Enoth Gualteros Bocanegra, Edwin Carvajal Rodas, 14 de abril de 2011, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Alias Juancho también manifestó en versión libre que un sargento retirado del Ejército, conocido como Paco, vendía material de intendencia y comunicaciones al Bloque Tolima y permitía a este interceptar las comunicaciones de la institución militar: “nosotros teníamos un radio, donde escuchábamos los programas del comandante y las comunicaciones del Ejército, el comandante del Ejército lo hacía los viernes en las horas de la mañana, hacían reportes cada hora y por eso teníamos permanentemente monitoreado al Ejército, y era un SARGENTO retirado, le decíamos PACO y era quien nos vendía material de intendencia y él decía ser suboficial retirado del Ejército” (Versión libre Atanael Matajudíos Buitrago, 17 de febrero de 2010, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Más aún, un relato de los Acuerdos de la Verdad plantea que la colaboración del Ejército se concretaba en la entrega de víveres o raciones al Bloque Tolima: “raciones sí llegaban, y yo no sé de a dónde pero ya eso era con el capitán, el capitán Daniel conseguía todo, las raciones, ellos llevaban raciones del Ejército, con insignias del Ejército, mejor dicho la bolsa ‘Ejército Nacional'” (CNMH, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2013, 24 de julio).

De igual manera, una persona desmovilizada del Bloque manifestó que compraba armas a soldados pertenecientes a la Fuerza de Despliegue Rápido (FUDRA) del Ejército, quienes presuntamente pertenecían a la Décima Brigada del Ejército, con operación en la base militar de Tolemaida, la cual está ubicada en el municipio de Melgar. Esto último genera dudas, ya que dicha Brigada tiene como jurisdicción los departamentos de Cesar y La Guajira (Ejercito.mil.com, consultado el 31 de agosto de 2016). El relato indica lo siguiente:

“(…) eran como de la FUDRA y ellos iban a combate, cuando vuelven pues ya regresan cuadrados de municiones (…) en ese tiempo a ellos los mandaban seis meses o un año por allá a voltear y cuando regresaban traían mucho material (…) Ellos operaban en la Décima Brigada, en Tolemaida. Ahí, como eso es tan grande, pues llegaban y hacían sus pactos, recogían los cartuchos que sobraban y me los llevaban.

(…) O sea, a mí siempre me gustó traficar con las armas y la situación fue esa, cuando se dio la oportunidad no había faltado ya quién me ofreciera cosas o el soldado que trajera una pistola. Yo siempre les decía: ‘Véndamela, que yo tengo cómo venderla y a mí un parcero me las compra’. Entonces, yo les compré un revólver y una pistola una vez.

(…) Entr.1.: ¿Los militares que le vendían a usted las cosas eran soldados rasos o eran comandantes?

Edo.: No, eran soldados. Yo nunca me entendí con Sargentos, Cabos, Tenientes o Mayores” (CNMH, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, Ibagué, Tolima, 2014, 6 de julio).

También se mencionaron casos de sobornos a integrantes del Ejército para que permitieran el paso de combustible robado a través de los retenes de la Fuerza Pública: “cuando hurtaban la gasolina, la hurtaban en Lérida, y la necesitaban llevar a Ibagué; que en el camino hubiera un retén del Ejército, que se diera cuenta que era gasolina hurtada pero que se le pasara un dinero para que dejara pasar… Si eso se veía siempre (…) y todo el mundo sabía que se hacía. De todas maneras en una vía con más de 1.000 kilómetros siempre hay control, entonces siempre lo hacían. Siempre se sobornaba (…) Al Ejército, a la Policía, a lo que hubiera” (CNMH-DAV, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2014, 5 de mayo).

La entrega de información de distinta índole por parte del Ejército al Bloque Tolima también ha sido mencionada en versiones libres conjuntas de Justicia y Paz. Pero, en el caso de este tipo de vínculo con el Bloque Tolima, llama la atención la falta de claridad sobre los nombres de las personas involucradas. Por ejemplo, en una versión libre conjunta se indicó el suministro de información por parte de un teniente del Batallón Caicedo, de quien no se especifica de manera completa la identidad: “un teniente de apellido BORRET, un teniente que les daba información de las operaciones y localización de tropas del batallón Caicedo del municipio de Chaparral (…) Fue amigo del comandante ARTURO” (Versión libre conjunta Humberto Mendoza Castillo, Ricaurte Soria Ortiz, Álvaro Cruz, Carlos Lazo Urbano, Enoth Gualteros Bocanegra, Edwin Carvajal Rodas, 14 de abril de 2011, Fiscalía 56, Ibagué – Tolima).

En la misma versión, se señala el apoyo a través de información de parte de un sargento de apellido Díaz; del Sargento Arley Ortiz, alias Piñata; y de un suboficial del Ejército conocido como Felipe, que supuestamente trabajaba en Inteligencia, en la base de Tolemaida (Versión libre conjunta Humberto Mendoza Castillo, Ricaurte Soria Ortiz, Álvaro Cruz, Carlos Lazo Urbano, Enoth Gualteros Bocanegra, Edwin Carvajal Rodas, 14 de abril de 2011, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Las fuentes de financiación del Bloque Tolima, según memoria histórica

Las fuentes de financiación del Bloque Tolima, según memoria histórica

Uno de los principales retos del conflicto armado ha sido contar la realidad y la magnitud de los hechos que se han perpetrado durante décadas de guerra. Pero no ha sido una tarea fácil, todo lo contrario. A pesar de los testimonios de víctimas y de victimarios, la impunidad se ha mantenido como una de las principales dificultades.

Por eso, la Dirección de Acuerdos de la Verdad (DAV) del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), creada por la ley 1424 de 2010, se puso en la tarea de realizar varios informes sobre el origen de los bloques paramilitares que pulularon en el país.

El primero de estos informes se concentró en el accionar entre 1998 y 2005 del Bloque Tolima de las AUC.

Puede leer: Memoria Histórica publicó informe sobre el Bloque Tolima

Según Álvaro Villarraga Sarmiento, director de Acuerdos de la Verdad, el documento “aporta información y análisis sobre el surgimiento, conformación, formas de actuación e impactos del paramilitarismo en cada uno de los contextos regionales e históricos”.

Este informe, titulado “De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC)” aborda el origen, la trayectoria y la desmovilización de este grupo armado, así como las formas de adiestramiento de sus integrantes, sus características, el control que tenía en los territorios y la búsqueda de legitimidad en los mismos, los vínculos con actores estatales y sociales, y, por último, lo que Villarraga llama “memorias de resistencia”, refiriéndose a la forma en cómo las comunidades se enfrentaron al actuar violento de este grupo que hizo varias masacres.

Contexto:“Diez grupos surgieron tras desmovilización del bloque Tolima”: CNMH

Lapipa.co reproduce algunas de las revelaciones de este informe en una serie de informes especiales, como microcápsulas de lectura del mismo para conocimiento de la opinión pública y así contribuir al ejercicio de la memoria histórica.

Especial 1: Los Congresistas salpicados por los paramilitares en informe del Bloque Tolima

Especial 2: Los alcaldes salpicados por los paramilitares en informe del Bloque Tolima

Descargue el informe completo aquí. 

Fuentes de financiación y vínculos con actores económicos

Las fuentes y formas de financiación así como los vínculos del Bloque Tolima con sectores económicos del departamento requieren ser comprendidos en su articulación con las dinámicas de las economías de las diferentes zonas de operación.

En el sur del Tolima, lugar originario de la estructura paramilitar, se encuentran algunos de los municipios con menor desarrollo económico, los cuales aportan menos del 1% al PIB departamental (Fedesarrollo, 2015, página 22). El desplazamiento y expansión del Bloque Tolima en los inicios de la década del 2000 hacia el centro del departamento le permiten incursionar en municipios con mayor nivel de desarrollo económico, lo cual representó un punto de inflexión en lo financiero.

En el año 2001 el grupo llegó al municipio de Ibagué, el cual concentra el 37% del PIB departamental; El Espinal, que aporta el 8% y Purificación, con una participación del 6,8%. Adicionalmente, el Bloque inició operaciones en otros municipios con un PIB per cápita superior al departamental, como Piedras, Purificación, Melgar, Ambalema, Espinal, Prado, Cajamarca, Alvarado, Lérida, Ibagué, Guamo y Saldaña (Fedesarrollo, 2015, páginas 20 y 21).

Las zonas centro, norte y una parte del oriente del departamento eran de anclaje inestable, caracterizadas por presentar diferentes niveles de integración económica, con predominio del latifundio ganadero y la producción agroindustrial. Allí, la operación de la guerrilla era esporádica y se concentraba, principalmente, en el cobro de extorsiones a los gremios de la región.

Ahora bien, en 1999 el país se encontraba inmerso en una profunda crisis económica, la cual impactó de manera particular al Tolima al coincidir con “[…] las exenciones tributarias y arancelarias establecidas en la Ley 44 de 1987 por el desastre de Armero” (ver Campos, Álvaro (2004) y López, H (2008), citado en Centro de Estudios Económicos, página 61).

Esta situación llevó al cierre o traslado de empresas manufactureras que se habían establecido en busca de los beneficios mencionados. El impacto de la crisis se reflejó en tasas de crecimiento negativas entre 2002 y 2003 en el departamento. La ciudad de Ibagué se vio particularmente afectada, sufriendo en mayor medida consecuencias de la crisis, al presentar en el año 2000 una caída de 12 puntos porcentuales en el PIB (Ayala, 2014, página 6).

A pesar de la crisis, en el año 2001 el sector agrícola experimentó un crecimiento de 13.9%, jalonado por el aumento de los principales cultivos de ciclo corto como el arroz, el cual aumentó en 9.1% su área cosechada, alcanzando un total de 101.458 hectáreas (Banco de la República, 2012, página 10).

Así mismo, en el 2001 hubo un alza en los precios del ganado vacuno a nivel nacional, lo cual generó un “incremento promedio del 33.4% (…) en las diferentes clases de ganado comercializado en [el] principal certamen pecuario que se efectúa en la región, como es la feria ganadera del Guamo” (Banco de la República, 2002, página 12). Esta situación da cuenta de la fortaleza que tenía el sector agropecuario en el departamento, con una especialización en esta actividad.

En este contexto, la incursión del Bloque Tolima en los centros productivos del departamento coincidió con una crisis en la zona urbana, así como con la expansión de la producción agroindustrial y de ganado vacuno. La actividad financiera de la estructura paramilitar estuvo beneficiada por esta situación, dadas las posibilidades económicas que le permitían el control impositivo ilegal y los nexos referidos con estos sectores.

La crisis económica urbana puede explicar, en parte, el papel marginal que tuvo la ciudad de Ibagué en las finanzas del Bloque Tolima, a pesar de ser la primera economía del departamento.

En esta ciudad, la financiación del grupo se concentró en la extorsión al comercio urbano a cambio de la prestación de servicios de seguridad. Un ejemplo es el barrio El Salado, en donde “[…] se reúne a los comerciantes de graneros y abarrotes [….] se dijo que a raíz de la otra urbana que ya no estaba, debíamos continuar haciendo presencia y se necesitaba de la colaboración, para prestarles seguridad” (Versión libre conjunta Humberto Mendoza Castillo, Ricaurte Soria Ortiz, Giovany Andrés Arroyabe, Jhon Alber Rivera, Jhon Eider Valderrama, Hernán Perea Moreno, Edgar González Mendoza, Chovis Toral Garcés, 11 de febrero de 2011, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Adicionalmente, existieron aportes de grandes empresas con actividad económica en la ciudad “Como Carrefour, como El Éxito” (CNMH, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2014, 10 de febrero).

En contraste, el centro del Tolima y la meseta de Ibagué, zonas de producción agropecuaria, jugaron un papel determinante en la financiación de este Bloque. Esta organización armada encontró en la producción arrocera y ganadera su principal fuente a través del cobro de contribuciones, en parte de los casos, volunta- rias. Como contraprestación al apoyo financiero, el grupo armado ofrecía protección a los gremios en contra de las extorsiones de la guerrilla, así como de delincuentes comunes dedicados al robo de ganado.

Algunas versiones de exintegrantes de esta estructura señalan a los referidos gremios como instigadores y responsables de la incursión de los paramilitares:

“[…] nosotros no llegamos al Tolima porque quisiéramos, nosotros llegamos porque los ganaderos y arroceros venían siendo extorsionados por la guerrilla y vieron en las AUC el apoyo que necesitaban, eso fue en el 2001 y 2002, el Estado no estaba en condiciones de contrarrestar a la guerrilla, por eso la gente apoyó a las AUC, se puede decir que fuimos traídos por ellos” (Versión libre conjunta Saúl García Zanabria, Leonardo Lozano, Humberto Mendoza Castillo, Ricaurte Soria Ortiz, 19 de mayo de 2011, Fiscalía 56, Ibagué – Tolima).

En este sentido, hacen mención específica de Manuel Bernate, arrocero del municipio de San Luis e Ignacio Alvira, dirigente de la Asociación de Ganaderos del Guamo. El primero es señalado como “uno de los pilares y casi fundadores del Bloque Tolima, él fue uno de los que patrocinó la llegada del grupo de autodefensas al departamento” (Versión libre conjunta Humberto Mendoza Castillo, Ricaurte Soria Ortiz, Álvaro Cruz, Enoth Gualteros Bocanegra, Carlos Lazo Urbano, Edwin Carvajal Rodas, 14 de abril de 2011, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Los relatos dan cuenta de esta apreciación, al señalar que a los paramilitares “los trajeron, dicen que los ricos, esos que tienen haciendas […] entonces trajeron esa gente para que calmara algo de ese ladronismo de entonces” (CNMH-DAV, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2015, 4 de junio).

En el caso del arroz, sentencias judiciales y contribuciones voluntarias coinciden en señalar la relación de diferentes sectores del encadenamiento productivo de ese producto en el centro del Tolima y la meseta de Ibagué con el Bloque Tolima. Por ejemplo, se mencionan cobros a la Asociación de Usuarios del Distrito de Adecuación de Tierras de Gran Escala del Rio Saldaña, Usosaldaña, empresa que administra el recurso hídrico: “allí se le cobraba a arroceros (…) Usosaldaña, la orden la daba la Casa Castaño” (Versión libre conjunta Saúl García Zanabria, Leonardo Lozano, Humberto Mendoza Castillo, Ricaurte Soria Ortiz, 19 de mayo de 2011, Fiscalía 56, Ibagué – Tolima).

De igual manera, exintegrantes del Bloque Tolima señalan a la Cooperativa Serviarroz, agremiación de arroceros de la meseta de Ibagué, de haberlos financiado: “El gerente del 2001 de esta empresa se reunió con nosotros en la finca los Chivos, él bajaba cada rato a reunirse con Elías, y él fue y habló en nombre del gremio arrocero, bajaba en una camioneta Hilux, beige o blanca. Por intermedio de este señor entregaron quinientos millones de pesos (…) ellos no fueron obligados, nosotros recogimos prácticamente todo el gremio arrocero” (Versión libre conjunta Humberto Mendoza Castillo, Ricaurte Soria Ortiz, Pompilio Quiñonez Sánchez, José Armando Lozano, Pedro Hurtado Toledo, Cesar Mora Guzmán, Luis Conde Valencia, 8 de marzo de 2012, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Sin embargo, la participación del gremio arrocero en la financiación de la estructura se presentó, en mayor medida, por parte de los cultivadores, quienes recibían como contraprestación la protección de la estructura frente a las extorsiones de la guerrilla.

El Bloque Tolima habría establecido un cobro de 15.000 pesos por hectárea de arroz cosechada, pago realizado de acuerdo con el ciclo productivo de este cultivo. Debido a la extensión del mismo en el departamento, la estructura paramilitar tuvo potencialmente acceso a una importante fuente de financiación.

En versiones libres se nombra a cultivadores de arroz como Orlando Ramírez, Pedro Tovar y Humberto Prada, además del ya mencionado Manuel Bernate, como contribuyentes y colaboradores del Bloque Tolima (Versión libre conjunta Humberto Mendoza Castillo, Ricaurte Soria Ortiz, Álvaro Cruz, Enoth Gualteros Bocanegra, Carlos Lazo Urbano, Edwin Carvajal Rodas, 14 de abril de 2011, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

La relación de la producción ganadera con la estructura fue similar. El Bloque estableció una contribución de 15.000 pesos anuales por cabeza de ganado, además de un cobro de 50.000 por camión que transportara ese tipo de mercancía. En algunas ocasiones se pedían contribuciones en especie para el consumo del grupo o su posterior comercialización. Como forma de presión y castigo, la organización armada hurtaba cabezas de ganado a quienes se negaban a contribuir.

Las fuentes también señalan algunos empresarios de esta actividad como responsables de las incursiones del Bloque Tolima en algunos municipios. En Prado se identificó la invitación de un grupo de ganaderos: “[…] llegaron a un arreglo económico y aportaron para que la gente hiciera presencia y retomara la zona, así fue la expansión para el lado de Prado” (Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Jus- ticia y Paz, 2014, mayo 19, Sentencia de Jhon Fredy Rubio Sierra y otros, página 136).

Existen diferentes versiones respecto de a qué tipo de propietarios se les solicitaba contribuciones. Algunos relatos señalan que era proporcional al número de cabezas de ganado, incluyendo a quienes tenían “diez, doce vacas”. (CNMH-DAV, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2013, 24 de julio).

Otras fuentes muestran la existencia de estudios previos y el establecimiento de contribuciones a los ganaderos “más pudientes”. (Versión libre conjunta Saúl García Zanabria, Leonardo Lozano, Humberto Mendoza Castillo, Ricaurte Soria Ortiz, 19 de mayo de 2011, Fiscalía 56, Ibagué – Tolima). Según esta fuente, el Fondo Ganadero del Tolima suministraba los datos de los ganaderos que tenían mejores posibilidades económicas.

Además de mencionar a Ignacio Alvira, se identifica a Alberto Vargas y Enrique Salas, empresarios ganaderos, como financiadores de la organización. (Versión libre conjunta Humberto Mendoza Castillo, Ricaurte Soria Ortiz, Álvaro Cruz, Enoth Gualteros Bocanegra, Carlos Lazo Urbano, Edwin Carvajal Rodas, 14 de abril de 2011, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

En la zona central del departamento el Bloque Tolima incluyó el cobro por el tránsito de mercancías y pasajeros por las vías de la región. El control de las carreteras de municipios como El Espinal, paso obligado hacia el suroriente y suroccidente del departamento, así como al sur, al departamento del Huila, permitía este tipo de acciones.

En el municipio de Natagaima “[…] se le repartía volantes a todos los camioneros […] el Mono Miguel iba y recogía las finanzas, se recogían entre 100 y 150 millones” (Versión libre conjunta Saúl García Zanabria, Leonardo Lozano, Humberto Mendoza Castillo, Ricaurte Soria Ortiz, 19 de mayo de 2011, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Según relatos, versiones libres y sentencias, las siguientes empresas de transporte habrían aportado económicamente al bloque paramilitar: Cootransal, Coointrasur, Velotax, Coomotor y Cotrasur.

Las empresas que se negaban a contribuir se exponían al hurto de mercancías o vehículos de transporte. Este tipo de acción tenía un doble propósito. Por una parte, era una forma de retaliación y medio de presión para el pago de extorsiones: “Taxis Verdes se les habló y no colaboraban, entonces se les quitaron unos vehículos” (Versión libre conjunta Saúl García Zanabria, Leonardo Lozano, Humberto Mendoza Castillo, Ricaurte Soria Ortiz, 19 de mayo de 2011, Fiscalía 56, Ibagué, Tolima).

Por otra parte, permitía el sostenimiento de la organización a través de la venta o consumo de los bienes robados, como cabezas de ganado y abarrotes. Estas acciones las realizaban integrantes de la estructura vestidos de civil y equipados con armas cortas.

A inicios de la década del 2000 se intensificó la exploración petrolera en el departamento, abarcando once de los 47 municipios (El Tiempo.com, 2000, consultado el 22 de septiembre a las 6:00 p.m.). A mediados del año 2000 Petrobrás anunció el hallazgo de petróleo en el municipio de Melgar, estimando reservas de 1.400 millones de barriles. La producción de este campo generó un aumento en la explotación petrólera entre los años 1999 y 2001. Adicionalmente, el departamento era y es zona de tránsito del oleoducto del Alto Magdalena así como de un poliducto.

En este contexto, según los relatos, el Bloque Tolima se financió de la economía petrolera a través de dos modalidades. La primera forma fue la prestación de servicios de seguridad, sobre lo cual un relato asegura que la presencia del Bloque en las zonas de explotación y tránsito de sus productos obedeció a una solici- tud de Ecopetrol, con el fin de cuidar los intereses de la empresa” (CNMH-DAV, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2014, 14 de febrero).

Ecopetrol también habría hecho contribuciones económicas para que se permitiera la exploración y explotación de nuevas zonas en el departamento, “si llegaba Ecopetrol hoy a escavar un pozo aquí tenían que ir a cuadrar eso con Juancho en el norte” (CNMH-DAV, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, Ibagué, Tolima, 2013, 15 de agosto).

La segunda forma de obtención de recursos de esta economía consistía en el hurto de petróleo y sus derivados. En el municipio de Saldaña hay una estación del Oleoducto del Alto Magdalena, además del ya mencionado tránsito del poliducto. Según los relatos, el Bloque Tolima obtenía parte importante de sus ingresos a partir del hurto de gasolina “[…] entre Guamo y Saldaña, entre Saldaña y Castilla y entre Guamo y Espinal” (CNMH-DAV, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2014, 14 de febrero).

Según las fuentes, se obtenía información previa sobre “[…] qué días estaba pasando ACPM y qué días estaba pasando gasolina (…)” (CNMH-DAV, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2014, 5 de mayo). Teniendo en cuenta esos horarios, se sustraían los hidrocarburos del poliducto y se vendían a las estaciones de gasolina de la región. Uno de los relatos asegura que el Bloque no robaba directamente la gasolina, sino que cobraba a un cartel “el 50% de lo que sacaban” (CNMH-DAV, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2014, 5 de mayo).

Sin embargo, las dos formas expuestas presentan una evidente contradicción. Sugieren la prestación de un servicio de seguridad por parte del Bloque Tolima a la infraestructura petrolera, al tiempo que señalan a esta estructura como responsable del hurto de los productos de este sector.

Finalmente, frente al sector minero, se señaló la contribución de 40.000.000 de pesos por parte de Gustavo Giraldo Duque, propietario de Cementos Diamante (Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Justicia y Paz, 2014, mayo 19, sentencia de Jhon Fredy Rubio Sierra y otros, página 79). Esta empresa cuenta con una moderna planta en la vía que comunica a Ibagué con el corregimiento de Payandé, municipio de San Luis.

En ese lugar se ubica una mina de calizas, de la cual la planta obtiene parte de las materias primas necesarias para la elaboración de cemento. Relatos corroboran la colaboración de esta empresa (CNMH-DAV, persona desmovilizada, entrevista, Acuerdos de la Verdad, 2013, 24 de julio).

Economías ilícitas

El departamento del Tolima no se ha caracterizado por la presencia de cultivos de uso ilícito o laboratorios para el procesamiento de estupefacientes. Sin embargo, como se explicó, a diferencia de otras zonas del país donde las economías ilícitas han estado basadas en la coca, en el sur del departamento fue el cultivo de amapola el que desde los noventa presentó un incrementó y se convirtió en parte del sustento de uno de los grupos precursores del Bloque Tolima, el Rojo Atá.

La presencia del narcotráfico obedeció, principalmente, a ser lugar de tránsito de algunos productos relacionados con esa economía, provenientes del sur del país, y la presencia de algunos narcotraficantes del cartel del norte del Valle. Diferentes fuentes han permitido identificar la financiación del Bloque Tolima con la economía del narcotráfico, a través del cobro de impuestos a los cargamentos que transitan por el departamento, así como el robo de cargamentos de coca y látex de amapola. (VerdadAbierta.com, 2013).

Del mismo modo, las fuentes han permitido situar la relación de cooperación entre el grupo paramilitar y Eduardo Restrepo Victoria, alias El Socio, narcotraficante del cartel del norte del Valle residente en la ciudad de Ibagué: “lo que se decía era que el Socio financiaba el Bloque Tolima y que el Bloque Tolima le prestaba seguridad al Socio (…)” (CNMH-DAV, exfuncionario público del Tolima, entrevista, Acuerdos de la Verdad, Contribución Voluntaria, Bogotá, 2016, 26 de enero).

La cooperación entre El Socio y el Bloque fue posterior a su secuestro por parte de este último en el año 2001. Esta situación le permitió al narcotraficante entablar amistad con alias Daniel, comandante del Bloque Tolima en ese momento (Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Justicia y Paz, 2014, mayo 19, sentencia de Jhon Fredy Rubio Sierra y otros, página 180).

Algunas versiones sitúan los motivos del secuestro en una orden de Carlos Castaño, quien buscaba de esta manera presionar a un amigo de Restrepo Victoria (Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Justicia y Paz, 2014, mayo 19, sentencia de Jhon Fredy Rubio Sierra y otros, página 180). Otra versión señala que el secuestro fue orden de Elías, uno de los comandantes del Bloque, quien posteriormente fue asesinado por este hecho” (CNMH-DAV, Guillermo Alfonso Jaramillo, entrevista, Acuerdos de la Verdad, contribución voluntaria, Ibagué, 2016, 28 de marzo).

La relación de este narcotraficante con el Bloque Tolima lo habría inclinado a proponer la compra del Bloque y su posterior desmovilización con la estructura: “se sabe que al señor Eduardo Restrepo, alias El Socio, se le señaló de querer comprar el Bloque Tolima” (CNMH-DAV, entrevista, Acuerdos de la Verdad, Contribución Voluntaria, 2016, 24 de febrero).

Esta información fue corroborada por Guillermo Alfonso Jaramillo, quien afirma que “[…] ese bloque lo trata de comprar, o lo compró, dicen que lo compró, Restrepo, Eduardo Restrepo Victoria. Y Restrepo Victoria alcanzó a estar en Ralito, sino que no lo vincularon, no lo aceptaron, lo descartaron, pero él compró el bloque y trató de pasarse como paramilitar, pero no lo recibieron, no lo aceptaron a él ahí” (CNMH, Guillermo Alfonso Jaramillo, exgobernador del Tolima, y alcalde de Ibagué periodo 2016-2019, entrevista, Acuerdos de la Verdad, Contribución Voluntaria, Ibagué, Tolima, 2016, 28 de marzo).

En conclusión, las finanzas del Bloque Tolima estuvieron basadas sobre todo en hechos delictivos o asociados a economías lícitas del departamento, principalmente resultado de extorsiones y aportes voluntarios. Las fuentes de financiación tienen una estrecha relación con la expansión territorial de la estructura paramilitar, ya que esta se ubicó en zonas de integración económica y centros productivos del departamento. En este sentido, fue determinante el papel de gremios agropecuarios, ganaderos y minero energéticos del Tolima y, en algunos casos, las acciones propias del grupo.