Especial Bosque de Galilea, una región en disputa

 

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Foto: Milton Rincón

 

Galilea es una vereda del Municipio de Villarrica-Tolima, la más grande en extensión del Municipio. Ubicada en el oriente del Departamento del Tolima, hace parte de la región del Sumapaz, pues sus bosques andinos son corredores biológicos que conectan con páramos del Parque Nacional Natural Sumapaz, el cual comprende los departamentos de Cundinamarca, Meta y Huila.

Sobre el origen del nombre de “Galilea” muy poco se conoce, pero podría suponerse que es tomado de los pasajes bíblicos, ya sea por estar ubicada en una región montañosa o, por su apartada ubicación de los principales centros urbanos. Galilea en la biblia aparece como una región montañosa, al norte de palestina. Las referencias bíblicas señalan a Galilea como el lugar periférico de la provincia de Judea, donde vivían los más excluidos. Sería en dicho lugar que Jesús resucitado, concentraría su misión evangelizadora. De allí, que en el evangelio de Mateo se encuentre “Comunicado a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”.

 

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Foto: Comité dinamizador ambiental

 

La extensión de los bosques de Galilea se aproxima a las 33 mil hectáreas distribuidas en 26 veredas de los municipios de Icononzo, Villarrica, Dolores, Purificación, Prado y Cunday. Pero la mayor parte del bosque se encuentra en Villarrica. Podría pensarse que aproximadamente, más de mitad del Municipio de Villarrica es Galilea.

Para entender la dimensión de los bosques de Galilea, basta con pensar en la extensión de la ciudad de Medellín (380 Km2 o 38 mil hectáreas), que supera por pocos kilómetros el área total de los bosques de Galilea.

 

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Foto: Milton Rincón

 

En estos bosques nacen numerosas fuentes de agua, como el río Cunday, al que tributan los ríos Vichia y Cuinde, recibiendo desde allí el nombre de río Prado. Más adelante las Quebradas De Bajas, Yacupi, Altamizal y el río Negro le vierten sus aguas, convirtiéndose así en un importante río del Tolima. La cuenca del río Prado abastece el agua de los cascos urbanos de los municipios de Cunday (Quebrada La Ramada), Dolores (Qda. Miravalle), Prado (Qda. Corinto), Villarrica (Qda. Cuinde) y de otros centros poblados de menores.

Ya sea por el abastecimiento del recurso hídrico a miles de habitantes, o por la generación de energía (300 MWh), como lo hace el proyecto hidroeléctrico Hidroprado, que usa el caudal del río Prado para desarrollar la actividad del embalse; los bosques de Galilea son de vital importancia para las dinámicas de la región oriental del Tolima.

 

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Foto: Milton Rincón

 

Historia: un territorio en disputa

En la región del oriente de Tolima, al igual que en el resto del departamento existieron asentamientos indígenas antes de la Conquista. Se cree que los indígenas Cundies y Cundayes de la tribu Pijao, habitaron las riberas y valles del río Cunday antes de la llegada del conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada en 1537. Las órdenes religiosas rápidamente se instalaon estos territorios y formaron el villorio de Cunday, con su respectiva parroquia.

La conformación de las grandes haciendas se dio en simultánea con el adoctrinamiento de la población indígena que aún sobrevivía. La fertilidad del valle del río Cunday permitió el desarrollo de cultivos como el tabaco, la caña de azúcar, el café, el cacao, o ganadería. También se destacó la oferta maderera de la zona, así como la importante presencia del árbol de la quina, de cuya corteza se conocen propiedades antifebriles, al igual que su uso para el tratamiento y prevención de la malaria. Todos estos atributos hicieron esta zona atractiva para los españoles.

 

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Foto: Tomada de internet

 

Pero, sería hasta finales del siglo XIX que Villarrica, o Andalucía, como se le llamo inicialmente, aparecería en la historia del Tolima.  El inicio se remonta a la Guerra de los Mil Días (1899-1902) y continuaría hasta 1930 con la toma de tierras baldías de la región del Sumapaz promulgado por el presidente conservador Miguel Ángel Abadía Méndez, por medio del decreto 1110 de 1928, con el que se impulsaba la colonización en diversas regiones del país (sin afectar a grandes terratenientes).

Dos años después más de mil campesinos habían solicitado la adjudicación de baldíos en varios municipios de la región del Sumapaz.

 

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Campesinos de Sumapaz

 

Los posteriores procesos de colonización de la región del Sumapaz por parte de campesinos sin tierra, traerían consigo las primeras luchas agrarias que buscaban la formalización de la tenencia de la tierra.

Así, la masa de campesinos que se asentó en la zona de Villarrica recibieron el influjo de discursos liberales gaitanistas, que tomaron fuerza con la participación política de muchos de sus dirigentes en elecciones populares, como el líder político de origen campesino Juan de la Cruz Varela, quien fue elegido a la Asamblea del Tolima (1945-1949), o Jorge Eliécer Gaitán, elegido como Senador por voto popular en 1947.

 

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El asesinato de Gaitán (9 de abril de 1948), un año después de su elección como Senador, desembocaría olas de violencias, de las cuales Andalucía (Villarrica) no estuvo aislada. Según Alfredo Molano, el 10 de abril hubo 10 muertos conservadores.

Meses posteriores Juan de la Cruz Varela sufrió un atentado, situación que lo obligó a refugiarse en la región del Sumapaz para comandar las primeras autodefensas campesinas que se organizaron en las veredas El Roble y Galilea, en Villarrica, y El Palmar, en Icononzo.

Posteriormente en 1953 Richard Luís Morantes alias “Jacobo Arenas”, Isauro Yosa alias “Comandante Lister” venían desde la región del Davis (Chaparral), con miles de hombres para apoyar a las autodefensas campesinas de la zona. Andalucía solo se convertiría oficialmente en Villarrica hasta 1949, en medio de un contexto convulso de la guerra partidista.

 

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Los posteriores ataques del Gobierno de Rojas Pinilla sobre poblaciones liberales de Villarrica, obligaron a miles de familias de campesinos a trasladarse a los bastos bosques de Galilea, y al páramo del Sumapaz como sitio de refugio. En abril de 1955, el Gobierno declara al oriente del Tolima como zona de operaciones militares.

Dicha situación implicó desde el toque de queda, la prohibición de bebidas alcohólicas, el tránsito de persona sin salvoconducto expedido por el comando militar, el empadronamiento general, hasta la construcción de un campo de concentración en Cunday. Estas medidas se justificaron con la tesis de que la región había sido infiltrada por el comunismo soviético, quienes habían creado “superestados”.

Por su lado, las autodefensas campesinas se organizaban en trincheras que iban desde Villarica, hasta Prado, donde impedían el avance del ejército.

El 8 de junio de 1955, el ejército en su última fase de operaciones militares, arremetió contra el municipio de Villarrica con aviones que bombardeaban y ametrallaban.

En la vereda La Colonia, según el documento recuperado por los periodistas Silvia Galvis y Alberto Donadío demuestran cómo la Fuerza Aérea colombiana arrojó aproximadamente 50 bombas Napalm, o bombas incendiarias, que al estallar alcanzan temperaturas entre los 1500 a 2000 grados centígrados. Estas bombas fueron usadas también por el gobierno estadounidense durante la guerra contra Vietnam, las cuales poseen un nivel de destrucción masivo.

 

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Entrega de armas en Cabrera

 

El presidente Rojas Pinilla dio permiso a la Fuerza Aérea para el uso “discreto” de las bombas Napalm para esta operación, situación que se ocultó durante mucho tiempo. La toma de Villarrica obligó a la resistencia a retroceder hacia Galilea, para tomar el camino del Himalaya, y así dirigirse hacia el alto Sumapaz, donde podrían migrar hacia las cabeceras del río Duda, El Guayabero, en el Meta, y el Pato, en el Caquetá. Testimonios de sobrevivientes señalan que las marchas superaban las 3000 personas, entre ellos niños y mujeres en condiciones de hambruna, acompañados de animales domésticos y algunos enseres.

 

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Foto: Milton Rincón

 

Sin duda, Villarrica y el bosque de Galilea fueron el epicentro de uno de los capítulos más violentos y dolorosos acontecidos en la historia del siglo XX del país. Los posteriores años vendrían con la conversión de las autodefensas campesinas en una nueva estructura político militar conocida como guerrilla móvil de las Farc- EP.

Existieron otros momentos durante la década de los 50 y 60, donde Comité departamental de Cafeteros, el Instituto de Crédito Territorial y la Caja Agraria, promovieron programas de rehabilitación para que los campesinos regresan a Villarrica, y al bosque de Galilea.

Esto con el objetivo de reactivar la economía cafetera, que por los años de 1950 se encontraba en bonanza (el precio externo del café supero los 5 dólares la libra, el segundo más alto en la historia del café colombiano del siglo XX, solo superado por la bonanza de 1970, año en el que el café alcanzó un precio externo de 7 dólares la libra).

 

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Foto: Comité dinamizador ambiental

 

Fueron varias décadas en las que el frente 25 de las Farc-Ep hizo presencia en el bosque de Galilea y en el resto de Villarrica, situación que mantuvo aislado y conservado este lugar. Entre los últimos episodios de violencia recuerdan sus habitantes, se encuentra la toma guerrillera del municipio a finales del año de 1999.

Aún en el casco urbano se conservan las ruinas de casas y edificios, como el de la Caja Agraria que la guerrilla voló durante la toma. Actualmente, en el bosque de Galilea viven aproximadamente 70 familias de campesinos que, con el acuerdo de paz entre el gobierno nacional y las Farc- EP, han regresado paulatinamente a sus parcelas.

 

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Foto: Comité dinamizador ambiental

 

A pesar de las tragedias ya vividas, los habitantes de Villarrica siguen padeciendo las injusticias del gobierno central. Desde el 2004, con la licencia ambiental expedida por el Ministerio de Medio Ambiente para la petrolera canadiense Nexen Petroleum (empresa que en el 2015 cedió los derechos y obligaciones a Petrobras) con el fin de ejecutar el proyecto “Área de Interés de Perforación Exploratoria Villarrica Norte y Villarrica Sur”.

Esta licencia da vía libre para estudios de exploración en el bosque y más allá de este.

 

Capesinos e investigadores intentando ingresar a Galilea

Campesinos e investigadores intentando entrar a Galilea

 

Lo anterior, no solo pone en riesgo al mayor bosque de niebla del Departamento, sino que también pone en conflicto por el uso de la tierra a las familias campesinas que viven y conservan el bosque de Galilea. Actualmente la intervención del ejército en su función de dar seguridad al proyecto petrolero, ha limitado el acceso de campesinos e investigadores en varias zonas de Galilea.

A lo anterior se suma la falta de legalización de los predios ocupados por las familias campesinas, y los conflictos entre estas familias y los titulares de derechos de exploración y explotación petrolera. Situaciones que, en últimas, podrían generar nuevos conflictos en este territorio, cuya historia ha estado marcada por el despojo, la injusticia, la represión y la guerra.

 

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Foto: Comité dinamizador ambiental

 

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Bosque de Galilea. 33.000 has. Incluye 6 municipios: Icononzo, Cunday, Villarrica, Purificación, Prado y Dolores Fuente: Cortolima 2017

 

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Distribución veredal del bosque de Galilea. Fuente: Cortolima 2017

 

Orquidiario del Tolima: un parche verde para visitar

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Foto: Milton Rincón

Ibagué es sin duda un lugar con una importante riqueza ambiental. Su privilegiada ubicación en el flanco oriental de la cordillera central, la geografía de su abanico formado por flujos laharicos (transportados por el río Coello y el río Combeima) producto de la actividad de volcanes como el Nevado del Tolima, el Volcán Cerro Machín, y otros volcanes antes activos, sus dos grandes ecosistemas, el piedemonte de la cordillera, y las áreas bajas que corresponden a la parte del valle del río Magdalena, entre otros, hacen parte de la lista de atributos naturales de la capital del Tolima.

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Foto: Milton Rincón

Dicha riqueza ambiental se asocia con una alta biodiversidad. Inventarios florísticos y faunísticos han demostrado que se trata de una biodiversidad significativa, aunque hagan falta zonas por estudiar. Sin embargo, la mayoría de las personas de Ibagué ignoran esto. De la misma forma, ignoran las amenazas que enfrentan los bosques y, por tanto, la riqueza ambiental que habita allí.

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Foto: Milton Rincón

 

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Foto: Milton Rincón

Por un lado, la expansión urbanística, y, por otro, prácticas de agricultura convencionales que se desarrollan en el área rural amenazan estos ecosistemas. A pesar de esto, existen dentro de la ciudad lugares dedicados a la conservación de bosques que brindan servicios ecológicos, científicos y turísticos a la ciudad.

Uno de ellos es el Orquidiario del Tolima, fundado en 1990, y más tarde convertido en Reserva de la Sociedad Civil. Con un poco más de veintidós hectáreas ubicadas en el barrio Darío Echandía, (parte suroccidental de la ciudad, antigua vía armenia) dedicadas inicialmente a la caficultura, el médico Germán Molina, junto a familiares y amigos, emprendieron la recuperación de los bosques “primigenios” del lugar, con el propósito de conformar un refugio para la biodiversidad.

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Foto: Milton Rincón

Si bien el restablecimiento de las coberturas vegetales era uno de los primeros pasos, ahora se necesitaba generar una identidad con el lugar, y qué mejor que escoger al grupo de las orquídeas para ello.

La evolución de esta familia le ha permitido diversificarse en formas, hábitos, tamaños, colores, estrategias de reproducción, etcétera, a tal nivel, que se encuentra como la segunda familia con más especies en el mundo, solo superada por la familia de las margaritas. Colombia es uno de los países con mayor número de especies de orquídeas reportadas: más de 4.270, una cifra nada despreciable.

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Foto: Milton Rincón

Sobre el recorrido

No solo sus rasgos biológicos, ecológicos, o culinarios (en el caso de la Vainilla) han sido de interés, sino también su especial “carisma” ha conseguido llamar la atención, ya sea para que varias naciones la consideren símbolo, o bien para el cultivo y la contemplación. Pero, no todo es positivo con las orquídeas. Actualmente, se encuentra catalogada como una de las familias más vulnerables, dada la deforestación inmisericorde, sumado a la extracción histórica de poblaciones silvestres de los bosques para su posterior comercialización.

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Foto: Milton Rincón

Como se detalla en algunos cuadernos de viaje, desde mediados del siglo XIX, viajeros naturalistas visitaron el Tolima, no solo con el propósito de describir y detallar la flora de la región, sino también para nutrir el delirio romántico de reyes y la burguesía “culta” de Europa, quienes consideraban exóticas a estas especies. En esta extracción de orquídeas, que continua hasta el día de hoy, han terminado afectadas especies nativas del Tolima, como Anguloa clowesii, conocida como Cuna de Venus, catalogada en riesgo de extinción, o Cattleya trianae, la flor nacional, en situación de peligro.

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Foto: Milton Rincón

Actualmente, el orquidario cuenta con una amplia cantidad de especies de orquídeas en su mayoría especies nativas de Colombia. Así mismo, en el recorrido por los senderos se pueden apreciar distintas especies arbóreas amazónicas como el Copoazú, Arazá, Yagué, y otras especies pioneras en el restablecimiento de fuentes hídricas, que protegen tres fuentes de agua que nacen en el orquidiario y que, posteriormente, nutren el acueducto comunitario del barrio Darío Echandía.

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Foto: Milton Rincón

A su vez, el orquidiario brinda una serie de servicios sociales (en su mayoría para los habitantes del sector), tales como talleres de agricultura sostenible urbana, talleres de arte, teatro, pintura, charlas de educación ambiental para escuelas y colegios (con tarifas diferenciadas según sean instituciones públicas o privadas). O servicios turísticos como pasadía, alojamiento en cabañas, alquiler de espacios para eventos, restaurante y otros relacionados entre otros.

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Foto: Milton Rincón

El recorrido puede tardar entre 45 minutos a 1 hora, hasta la parte alta del mirador, donde logra apreciarse la ciudad.  En el transcurso del recorrido se puede apreciar los invernaderos de plántulas, y el proceso de siembra y establecimiento de las especies de orquídeas. A su vez, gracias al restablecimiento del bosque secundario, pueden observarse varias especies de aves comunes de la ciudad, así como mariposas, y otros seres vivos.

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Foto: Milton Rincón

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Foto: Milton Rincón

¿Cómo llegar?

¿Por qué “cantan” las chicharras?

¿Por qué “cantan” las chicharras?

Las cicadas, conocidas comúnmente como chicharras o cigarras son una familia de insectos (orden Hemiptera) que se caracterizan por su cuerpo grande y robusto, su aparato bucal (chupador-subsionador) que le permite chupar la savia de los árboles, sus alas membranosas y transparentes, y su canto rechinante, que es sin duda su rasgo más reconocido.

 

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Foto: Milton Rincón

Las combinaciones de colores y la lentitud de sus movimientos las hacen pasar inadvertidas entre las ramas y hojas de los árboles. Poseen una amplia distribución en los países tropicales, pero se pueden presentar en algunos países de clima templado.

Ahora bien, ¿cómo producen estos sonidos tan agudos?

Lo primero que debe decirse es que las cigarras chillan porque están en el período de apareamiento.  Los machos son los únicos que pueden producir estos sonidos, gracias a que, en su abdomen, poseen un conjunto de membranas quitinosas llamadas timbales (u órgano estrulador) que permiten el transporte de las vibraciones, para su posterior amplificación, que se da por medio de una cámara de aire ubicada en el abdomen.  De allí que se diga que las chicharras no cantan, sino estridulan.

Según los entomólogos cada especie produce diferentes tipos de chillidos. Los machos cantan principalmente para llamar a las hembras a formar parejas, pero también lo hacen para congregar a machos o ahuyentar enemigos. El canto es percibido por machos y hembras, por medio de órganos auditivos ubicados en el tórax y constituidos por tímpanos.

 

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Foto: Milton Rincón

Las hembras deben estar más atentas al llamado del macho, por tanto, éstas tienen tímpanos más grandes para oírlos mejor. Los cantos comienzan de forma suave, llegando al extremo de multiplicar el sonido a niveles ensordecedores, ya que al coro se suman cientos de chicharras.

Durante el ciclo de vida, que depende de la especie, las chicharras hembras después de la copula, ponen sus huevos (pueden ser más de 300) en las grietas de las ramas de los árboles. Las ninfas que salen de los huevos, caen de las ramas y pasan al suelo, para penetrar (o enterrase) en las raíces de los árboles. Allí se alimentarán durante meses o años, hasta el inicio de la edad adulta, donde deberán subir por los troncos para reproducirse.

 

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En este ascenso, las ninfas adultas desprenden su última muda, para dar salida al adulto. Debido a esto es que se encuentran cascarones de chicharras en los troncos, creyéndose equívocamente que se han “explotado de tanto chillar”.

El ciclo de vida de las chicharras termina después del apareamiento. Así pues, encontramos a las chicharras anuales, que solo emergen cada año, en época de verano, y no vuelven a aparecer hasta el siguiente verano (en Ibagué corresponde a los meses de julio, agosto e inicios de septiembre) o las chicharras periódicas de Estados Unidos, que emergen y se aparean cada 17 años (las ninfas permanecen enterradas durante esos 17 años).

 

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Foto: Milton Rincón

El árbol de lluvia

Existe otro fenómeno interesante relacionado con las chicharras, y es el “árbol de lluvia”. Es posible que alguna vez Usted haya sentido pequeñas gotas que caen debajo de los árboles, a manera de llovizna (lo que popularmente se conoce como orina de chicharra). Aparentemente podría pensarse que se trata de llovizna.  Pero, se trata de un líquido de excreción, producto de la succión de la savia de los árboles, principal alimento de las chicharras. Sus cuerpos están diseñados para capturar los azúcares de la savia, y deshacerse del agua de manera inmediata.

La palabra cigarra proviene del latín cicāla que es sinónimo de verano y especialmente de fuerte calor. En la antigua Grecia la cigarra era un símbolo de calor y brillo del sol. Así mismo, las cigarras han sido fuente de inspiración para poetas como Federico García Lorca, con el poema ¡Cigarra!, una composición donde admira y exalta la relación del ciclo de vida estos insectos con el sol:

¡Cigarra!

Estrella sonora

sobre los campos dormidos,

vieja amiga de las ranas

y de los oscuros grillos,

tienes sepulcros de oro

en los rayos tremolinos

del sol que dulce te hiere

en la fuerza del Estío,

y el sol se lleva tu alma

para hacerla luz.

 

O, poetizas como María Helena Walsh, con su poema “Como la cigarra”, que alude a la cigarra como un símbolo de vida y persistencia. Walsh escribiría este poema durante la dictadura militar de Videla, convirtiéndose más adelante en un himno de resistencia civil. Gracias a interpretaciones como la de Mercedes Sosa, este poema logró inmortalizarse dentro de la canción latinoamericana:

Tantas veces me morí,

sin embargo, estoy aquí,

resucitando.

Gracias doy a la desgracia

y a la mano con puñal

porque me mató tan mal,

y seguí cantando

Cantando al sol como la cigarra

Después de un año bajo la tierra

Igual que sobreviviente

Que vuelve de la guerra

Un Jaguar en el Tolima, otra razón para proteger nuestros bosques

El jaguar al igual que otros felinos silvestres habitaron diferentes ecosistemas en grandes poblaciones. La pérdida de los bosques, la caza indiscriminada, entre otras, ponen a los felinos americanos en riesgo de desaparecer.

Según el último estudio de la organización Panthera Colombia, durante los últimos 100 años el rango de distribución del jaguar en América del Sur se ha reducido a menos de un 50%. Es decir, hoy esta especie ha perdido más de la mitad de su hábitat y se calcula en 173.000 jaguares (Pantera onca).

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El nuevo registro del Jaguar en el norte del Tolima arroja datos muy importantes para que la corporación autónoma del Tolima, el gobierno departamental y los habitantes de la zona, busquen estrategias para proteger al jaguar, y en consecuencia a muchas otras especies que habitan nuestros bosques.

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Foto: Panthera Colombia

El Jaguar en Colombia

En Colombia habitan seis de las 36 especies de felinos que existen en el mundo, tristemente la existencia de estas especies está en continuo riesgo por la perdida de hábitat por agricultura, la minería y la cacería retaliativa de campesinos. Se ha establecido que las seis especies que habitan el territorio colombiano están incluidas en alguna de las categorías de amenaza de extinción de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

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Foto: Panthera Colombia

Según Esteban Payán, director ejecutivo de la organización Panthera Colombia, en el país hay cuatro bloques de poblaciones grandes, en tamaño decreciente: Amazonas, Orinoquia, Chocó biogeográfico y el Caribe (Payán et al. en prensa-a) Las poblaciones de jaguar habitan bosques por debajo de 2,000 m s.n.m, bosques riparios y de galería asociados a ríos, ciénagas y playones, sabanas, y raramente bosques montañosos.

Importancia histórica y cultural

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Pectoral en forma de hombre Jaguar – Museo del Oro Bogotá

Este felino en especial constituye parte importante de las culturas precolombinas en toda américa. A lo largo del continente el Jaguar ha sido parte de la mitología y la filosofía indígena, un símbolo de control, poder, fertilidad y estabilidad ambiental. Los nativos creían en la metamorfosis del trueno a través del rugido del Jaguar.

Cabeza de jaguar - Cultura Tumaco

Cabeza de Jaguar en arcilla, cultura Tumaco – Museo de Cerámica, Bogotá

Cuando los españoles llegaron al continente llamaron al desconocido felino Tigre o Tigrillo, por su relación más cercana al tigre amarillo de rallas negras de Asia. Desde entonces empieza la lucha del humano contra el felino.

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El hombre Jaguar – Museo del Oro Bogotá

La colonización impuso una nueva relación con la naturaleza y por supuesto con el Jaguar, quien ya no era el mito del dios ni la personificación del poder del trueno si no la plaga que debía ser perseguida y exterminada.

El día que Pablo Neruda no pudo entrar a Colombia

El día que Pablo Neruda no pudo entrar a Colombia

* Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete la posición de La Pipa. 


 

Ricardo Neptalí Reyes sería el nombre que su padre José del Carmen Reyes, un conductor del ferrocarril y su madre doña Rosa Basoalto, una maestra, tenían preparado para aquella vida que se levantaba el 12 de julio de 1904. Dieciséis años más tarde, en sus primeras composiciones literarias, se autollamaría Pablo Neruda.

Sobre los detalles de su vida mucho se conoce, y aún más sobre la trascendencia de su obra, tal como lo resume García Márquez “es el más grande poeta del siglo XX en todos los idiomas”. Es bien sabido también su compromiso político en favor de los desposeídos, no solo en su país, sino en toda Latinoamérica. Sin duda Neruda era un rebelde, que consideró posible cambiar el destino de los pueblos.

Su tiempo fue no fácil. Eran tiempos convulsos. América latina vivía las dictaduras militares como producto de la política anticomunista de la Guerra Fría. Solo bastaría con recordar el año de 1948, cuando González Videla proscribió la participación política del Partido Comunista de Chile, desatando la persecución a sus militantes, como la de Neruda, quien se vio obligado a salir de Chile.

Neruda conocía a Colombia mucho antes de su exiliarse de Chile. Había estado en 1943 invitado por el liberal Alfonso López Pumarejo. La intelectualidad colombiana del momento lo recibía con entusiasmo. En su visita a Cali le ocurrió algo extraordinario. En medio del escenario del Teatro Municipal se disponía a declamar su Poema 20, cuando entrando al cuarto verso, titubeó, su memoria le había fallado. El público en el teatro, al notar el silencio de Neruda continuó recitando el poema al unísono. Más tarde le confesaría a German Arciniegas “aquella noche me dejó una emoción extraordinaria en la memoria que, sin duda, ha de acompañarme hasta el final de mi tiempo”. También sería en el trascurso de esa visita que Neruda escribe y publica sus “Tres sonetos punitivos”, donde contesta con mordacidad al texto en que Laureano Gómez le injuriaba.

Después esto, Neruda intentó regresar varias veces al país. En una de ellas (1957), fue invitado a Popayán para hacer entrega del permio Lenin de la Paz al intelectual Sanín Caro, pero Gustavo Rojas Pinilla le negaría su entrada al país acudiendo al decreto número 6 de 1954 por medio del cual quedaba “prohibida la actividad política del comunismo internacional”.

Se cuenta que Neruda no renunció a sus visitas a Colombia. En sus viajes a Europa hacía pequeñas escalas en Cartagena o en Buenaventura. Tampoco perdió contacto con los poetas e intelectuales del país, ni mucho menos le fue indiferente la indolencia de los gobiernos colombianos. Hasta 1968 regresaría a Bogotá oficialmente durante el gobierno de Alberto Lleras Camargo.

A pesar de las negativas que recibió Neruda, Colombia y la lucha de su pueblo estuvieron en sus escritos. Admiraba su geografía y también el espíritu de los hombres que sembraban las semillas de la insurrección, como puede leerse en su gran obra Canto general. O, como lo escribe en sus memorias “Nada me apartará del corazón verde de Colombia. Una medalla más o una medalla menos significan poca cosa. Mi poesía seguirá celebrándote, Esmeralda”.