Moribunda

Moribunda

Moribunda… muchos son la sangre viva que se escapa camino a la libertad lejos de tu cuerpo moribundo.

Tu cuerpo posa como un cadáver vestido de oro y plata indigestado de tanto egoísmo paupérrimo, de tanto egoísmo sin virtudes más allá de las que están dadas; tu egoísmo paupérrimo, bazar de índices y escalafones, te obliga a rechazar la muerte natural, y quieres por eso arrastrarte tu misma hasta el cadalso, ya sin sangre… ya sin sangre.  

Universidad…ya sabes que para morir hay tiempo; el chivo expiatorio fue ese gobierno de los escritorios, el eterno responsable. ¡Falso positivo del sentido común que nunca observa la potencia de la simpleza, que arroja a muchos a perseguir figuras luminosas que finalmente los dejan ciegos! ¡Y que los convierten en traficantes de la crítica! ¡a la vez que les otorgan los títulos que solo alimentan a la cerda mayor!

La sensación de nulidad que domina al académico se está convirtiendo en la metodología que acepta a la vez que la crítica; metodología que no logra alimentar a un sujeto que se muere de hambre en el canapé teniendo la nevera llena.

La universidad cambia, la tecnología se posa como una prostituta a esperar qué sentidos quieren darle; cambian los edificios que ahora son más inteligentes que muchos funcionarios, cambia la pared que se vuelve más inmaculada, más pura, más limpia, más callada, más esclava; todo cambia, pero todo en la frustración sigue inmóvil. La ética es una servilleta sobre la mesa en el gran banquete de nuestra historia.

Se prolonga el suspiro con los colores de nuestros pasillos y plazoletas que imitan el gris del cielo; la universidad, moribunda suicida, nos conduce a lo inexorable, lo irónico, lo paradójico, lo frustrante, lo fatal. La sangre es el estudiante, y brota gritando como Edvard Munch, sobre ese puente lejos del agua fresca.

Claman algunos verdugos desde sus auditorios: ¡¡que no caigan derrotados nuestros esfuerzos ante el sortilegio de la subjetividad!! Pero al unísono, responden las fábulas de la realidad ¡¿y tu cuerpo para cuándo?!

¿En qué se ha convertido la universidad? Es una respuesta difícil para quien la quiere responder sin llanto en los ojos; lo bello y lo verdadero hoy son hegemonías, elegantes en su andar, perfectos ejemplos a seguir desde las brillantes cavernas donde el agua duerme.

Cielos de arreboles colombianos promueven la guerra entre los verdes y naranjas más profundos, que observan esa cobardía en el corazón del académico; sortilegio es la experta en Gramsci que se tapa la boca durante la protesta para no interrumpir el diálogo entre dos déspotas.

¡¡Despojos de la crítica desfilan en ataúdes con normas APA!! aplausos de un guion mortificado que sonríe ante el ego que todo lo señala.

Pero y ¿dónde está la sangre que siempre significa vida, ceniza y alumbramiento? bajo la cornisa aún se dialoga sin que lo sepan. Charlas largas acontecen, sobre aquellas rabias clandestinas que quedan atrapadas en los pasillos y paredes de ese cuerpo moribundo.  

Sexy y aplomada moribunda, cada día es una despedida inmarcesible para todo lo que fue tu valentía; esta ha sido extraída de tu cuerpo gota a gota, como la sangre que fomenta un reguero indebidamente necesario, letra a letra, punto y coma.

La violencia es una invitación, el poder es un cuadro hipnótico pintado en la pared dispuesto a ser atacado, pero su estética perturba al académico que termina llorando a los pies de la cobardía; lágrimas argumentadas, son precisamente la muestra de tu estado moribundo.

Fugitiva la esperanza corre mientras suelta carcajadas, ella juega donde otros lloran, la nada que hay al final de una carrera ya no nos traiciona; el todo nada colma, la muerte ya no es enemiga, el tiempo guarda su silencio en este purgatorio adornado con la paz civilista.

Ni asesinando todas las quimeras se le resta elegancia a la ley… la eterna esposa de su majestad el pueblo, pero a la vez fogosa y primitiva amante del criminal.

Moribunda sigues, pero ya no podemos cerrar los oídos ante tanto ruido; el negro luto de nuestros ojos cerrados no descansa, el olor de la sorna no cansa al epitelio, el gusto se ha perdido entre un millón de opciones ¿qué queda sino el amor que tergiversa el anhelo burgués?

¡Gran y perfecto amor! ¡quinto elemento! embarázanos de sueños que no sean planes de comprar cosas, sino caminos eternos qué nos permitan aprender del aburrimiento, sonreír en soledad, danzar con el silencio, hacer muecas para nadie ante el espejo.

La ventana de las gemelas

La ventana de las gemelas

Con nuestros escritos, con nuestros estudios, incluso con nuestra rabia y desolación hemos condenado la barbarie emanada del gobierno… no hay duda de que dicha realidad supera nuestra realidad; nos aplasta, no ahoga para permitir respirar por turnos a través de ese pequeño hueco que le queda a la botella.

 ¡¡Amplios cielos cómplices de las cordilleras y sus paisajes!! ¡¡perpetuo gris que pinta el paisaje bogotano!! ¡¡por qué!!! ¿por qué no ha sido suficiente? ¿por qué continúan esas hordas apoyándole? … ¿es nuestra resignación más cobarde esa culpa dirigida al que ha preferido morir en medio de cantos de monos y chicharras?… ¿es la palabra sabia de un fascista citando a Oscar Wilde la que nos consuela en la derrota?

Tal parece que podemos condenar un deseo insaciable que se sublima en medio de orgías que ni el más gamberro podría fabricar, debido a su pequeño cerebro de consumo, el cual no le da para más sino para imitar.

Tal parece que nuestro veredicto contra la barbarie anestesia la gravedad de la situación.

La Forma en la que nos expresamos mediante columnas irreverentes, estudios sociales normalizados por leyes más allá de las fronteras, denuncias orgánicas y palpitantes como el cuerpo que quiere exhalar el último suspiro, muestran un resplandor de contenido revolucionario contra la barbarie en Colombia, pero que tal como si fuese una pesadilla, al final termina contradiciendo al contenido mismo y suavizando la barbarie.

¿Cómo ocurre semejante proceso de descomposición de una intención tan pura y de tanto esfuerzo necesario?

Como un niño al que le indican la hora límite de su jugueteo, como un preso al que le dan permiso para llamar pero no le abren su celda, como la libertad lista para consumir en tres minutos; aceptamos la Forma de la barbarie cuando besamos el anillo que porta en su mano derecha y que tiene grabado en oro, el eterno y brillante permiso para condenarle.  

La cara dócil de un perro rabioso a punto de descuajarse de tanto ladrar, triunfa sobre el contenido mismo del ladrido al precio de anestesiarlo.

El excremento del proceso es color crítica; matiz que pasa en breves días a un tono color criticadera.

El sujeto preso de una libertad que nunca es dictaminada por su conciencia, camina consciente por ese extraño camino en el que hay huellas de todos los tamaños y un letrero muy grande que dice “no pase”, ese letrero no sale de su cabeza en conjunto con la imagen de una reja violada.

El sujeto escapa hacia estados emocionales que le permiten vivir una noche más en los brazos de la dulce esclavitud.

La dulce esclavitud a todo le imprime sorna. No duele, no pesa, no traiciona; la dulzura de su amor radica en su ser… como proyecto existencial… el más cómodo que jamás nos hayan regalado.

Un sabio responsable de lo imposible, grabó en un árbol un mensaje: la condición de la libertad de expresión será desafiar siempre el sentido común. Pero el sentido común fue tan libre que murió preso de la libertad.   

Su cuerpo ha sido embalsamado y puesto en un enorme sillón que está relleno de huesos. El sillón ha sido expuesto como símbolo de permanente renovación de la muerte. Cadáver de la crítica, muerte de la libertad de expresión, a la que solo le quedan los micrófonos, las columnas, la academia… esa última, ya una condenada vieja cobarde.

El sillón es un monumento inmortal a la movilidad permitida. El drama sigue en aumento. Pero el país no desea la paz, desea el deseo de la paz. Para que entre los sujetos, surja la agonía por saber quién pondrá el punto final.

La barbarie nunca se sienta a beber con la estupidez de quienes asumen su muerte. La barbarie se sienta a beber con dos gemelas: torpeza y docilidad; reinas consentidas y extravagantes que nunca viajan sin su maleta de mano, esa que tiene una etiqueta pegada en posición diagonal y que dice, cuidado: orgullo.  

Las gemelas llevan tiempo en este país, pero ellas detestan los espejos. Toda vez que se enteran de que hay uno en su reino, mandan a convertirlo en una ventana desde la cual poder gritar quien es culpable.

¿Qué estupidez y imbecilidad es esa? Nada más y nada menos que la exquisita cena diaria de la barbarie y su versión mas desarrollada: la dulce esclavitud.

Si cumplirle a la paz es civilismo, la paz se quedará como mensaje al interior de una botella arrojada al mar.  Esa botella llegará directo a una playa donde hay una tumba, es la tumba donde Maquiavelo, mirando fijamente hacia una hoguera la estará esperando.  

¿Queremos un premio? Tomémoslo ahora; ¡¡gritemos por la ventana de las gemelas!! ¡¡bañémonos con la victoria que nos mantiene vivos, porque al final, las hordas civilizadas beberán el agua de nuestros sifones!!

El uribismo es culpa nuestra

El uribismo es culpa nuestra

La imaginación del uribismo, derivada de su establecimiento como poder dominante durante casi 20 años en Colombia, ha hecho que su lenguaje y sus símbolos atenten contra la historia, contra la memoria de aquellos que no solo han hecho parte de la oposición, sino los que hemos sido la oposición.

La historia no existe, señalaba Carlos Fuentes; por ende, escribir se convierte en la arquitectura de la realidad.

La tarea de los escritores, sobre todo aquellos que invitamos a mezclar la política y la estética, es hacer que los lectores se sientan un poco incómodos. El eco final de la coyuntura nacional, es el que más habla de su imaginario, por ende, es por allí por donde hay que comenzar.

Hoy el grito final de la canción ha sido, que el uribismo se hace fuerte gracias a la guerrilla… que cosa tan absurda, pues la motivación humana siempre será más compleja de lo que aparenta.

Mascarada de lentejuelas brillantes en la fiesta de las máscaras, cuyo objeto siempre es ocultar no aquello que somos, sino aquello que nos negamos a aceptar que estamos siendo. Pequeñas y torpes bombas de odio, que se comen la compota del señalamiento para así jamás superar el entorno de nuestro tiempo.

¿al convertir nuestros deseos en fortalezas, eso no nos convoca a la derrota? ¿qué deseo oculta la afirmación de que la guerrilla es la jefa de campaña de Uribe? ¿servir a dilucidar alguna verdad que no sepamos? ¿o cumplir la cuota que exige la derrota para no darle la orden a la vergüenza para que nos dispare? 

Dicen antiguos sabios que la creatividad y el descubrimiento son engendrados por el dolor, y aunque algunos se pregunten por todo, menos por aquello que los limita, entonces seguirá oculta la pregunta: ¿para qué caer en nuestro propio abismo?

Quién llevó de la mano a las urnas al uribista furibundo aquel largo día que ha durado 17 años, ¿la guerrilla?… ¡la guerrilla! aseveran furibundos anti-uribistas, que evitan ver su sombra para no darse cuenta de que ha llegado el ocaso. Equivalencia descubierta entre los furibundos, quienes no toman posesión de sus objetivos, y se convierten en accidentes premeditados por fuerzas ajenas a su comprensión. 

Hay que hurgar en la basura de nuestra mente, para encontrar aquello que nos limita. ¿pero cómo pensar en medio de la guerra que todo lo limita? … la última estrofa de la canción no puede ser una premisa engañosa… del uribismo es responsable el uribista.

La guerra está lejos, la guerrilla hoy pareciera más impopular que Peñalosa, por eso es necesario destruir el tiempo de las excusas.

Del uribismo son culpables los uribistas y aquellos que se niegan a aceptar que no han hecho suficiente por desmontarlo. Derrumbemos la tesis de que es la guerrilla la que impulsa al uribismo, reconozcamos que a la gran mayoría le vale mierda una guerra que no le afecta y descubramos el significado de algo que nos es oculto a nosotros mismos.

Muchos deseamos el fin del uribismo, pero amamos más ese deseo de lo que amamos el fin del uribismo, por eso culpamos a terceros y no vemos que el uribismo siempre ha tenido vida propia.

Perturbada hoguera donde perece toda moral democrática, hoguera que convenció a furibundos anti-uribistas de que el uribismo es culpa de la guerra, haciéndolos renunciar a una vida que no han tenido la fuerza de vivirla.

Dejaremos de culpar del uribismo a terceros, nuestro miedo y nuestra responsabilidad se harán reales, y entonces, llegará esa noche en que nos amputaremos el dedo índice para tomarlo, llevarlo a nuestra boca y masticarlo hasta poder tragarlo.

Antes de que muera la verdad

Antes de que muera la verdad

«La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad» Hiram Johnson

Las balas vienen y van, alimentando el zumbido que atormenta a los campesinos, pero que poco importa a los citadinos.

Antes de que muera la verdad, mira lo que teníamos por delante, mira lo que hubiéramos podido hacer tan juntos y tan enemigos. Hubiéramos podido convertir nuestra violencia en nuestra razón para competir como si fuera un juego en el que perdiéramos de vez en cuando, y ganáramos simplemente más y más razones de vivir siendo adversarios.

Antes de que muera la verdad, no olvides que la concordia no es un valle lleno de abrazos mientras retumba un memorial de aplausos; recuerda que la concordia hace el amor con la discordia todas las noches, no solo una ni dos, sino seis veces; son amantes que sin sufrimiento gestan y se dedican a parir con cada alba la existencia humana.

Antes de que muera la verdad date cuenta de que tu indiferencia no es la responsable, pero es como la cal sobre los cuerpos muertos. Descompone el tejido… el tejido social.

Antes de que muera la verdad, deja de negar mi existencia, no desautorices nuestra ideología, porque aquí el que pretenda justificar la muerte de las ideologías, lo que siempre oculta es la intención de su dominio, el hechizo de propósitos malsanos, el brebaje de la neutralidad que se corta como la mala leche ¡¡capricho responsable!!

Antes de que muera la verdad, date cuenta de que en Colombia muchos querían la paz, muchos le apostaron a la paz, muchos hablaron de paz, muchos explicaron la paz, pero nunca los vimos por el barrio o por la casa, untados con esa brea viscosa y pesada que se llama cultura de paz.

Antes de que muera la verdad date cuenta de que todos los muertos que saludan desde el Estigia, pudieron entrar a los estadios, reír y compartir contigo, muchos no tendrán razones, solo misiones que serán rescatadas con la memoria, pero eso, será después que muera la verdad.

Antes de que muera la verdad, date cuenta de que las contradicciones jamás desaparecerán, de que aquí o vivimos juntos iguales y diferentes, o simplemente observamos cómo muere la verdad.

Antes de que muera la verdad, alimenta todo lo que puedas a esa bestia salvaje de tus argumentos, amarra al dragón que en sus escamas dice “tú debes”, encierra en una selva del tamaño del Congo a ese león que dice “yo soy” y trata de empezar de ceros, trata de vernos tal cual somos, de verte como parte del todo… apresúrate, antes de que muera la verdad.

Antes de que muera la verdad, que nuestra marcha sea el ocaso de todos lo que quieren acabarnos. Entiendan de una vez que nuestro orgullo, está tejido con el hilo plateado de la dignidad y camina a la par de nuestra inteligencia. Nietzsche siempre tuvo razón, pero eso nunca fue bueno ni malo.

Antes de muera la verdad, conduce veloz por esa carretera, llega a tu destino, que es a la vez el mío, sopla fuerte y verás mariposas blancas volar en direcciones erráticas hacia nuestro cielo componiendo la curva de aquello que podríamos haber llamado: nuestro destino.

Antes de que muera la verdad, date cuenta de que la sangre de inocentes avanza sin marco teórico, se seca sin virtudes periodísticas y se olvida, como el instantáneo marketing político pegado sobre la memoria.

Antes de que muera la verdad, deja ya la lástima, compórtate y date dos cachetadas frente al espejo, el espejo de esos ojos que te niegas a encontrar y que no son los tuyos.

Antes de que muera la verdad, por favor, no trates de acabar nuestra amistad de enemistad. Somos diferentes ¡acéptalo! es tu visión de mundo contra la mía, pero en el mismo mundo.

Antes de que muera la verdad, jamás olvides que las ideas dependen y no dependen de los cuerpos, son como el arte.

Antes de que muera la verdad, exigimos desde el hades, que no se llame bandido a aquel que murió luchando, que no se llame cerdo al que murió cumpliendo órdenes, que no se desquiten con los que serán guerreros de la guerra, sino que sepan mirar, antes de que muera la verdad, quiénes estaban detrás de las bambalinas y abrieron ese oscuro telón.

Antes de que muera la verdad, el último que cierre que apague la luz, la guerra tiene batería propia.

A la esperanza

A la esperanza

Por: Johan Mendoza Torres

Cantos de sirena ocultan la sorna con la que el gobierno uribista habla de paz ante el mundo. Hay un profundo suspiro en el ambiente colombiano, es del tamaño de los pulmones de un amor de adolescencia. En miles de casas colombianas, el sueño y la mente están de enemigos, la noche no distingue cuándo es la hora para dormir, de la hora para dejar de pensar. No, no estás solo, no estás sola, el insomnio es inquilino de la patria por estos días.

Grandes monumentos han sido erigidos en lo más profundo de nuestras soledades colombianas, las ganas de cambio y de transformación social para unos murió con la mentira de un docente frustrado o de algún periodista que no era periodista; para otros hablaron por sí mismas, escapando de la vida y la de la muerte, incluso de todos nuestros deseos, que como la pulpa de una manzana bajo sol y el viento, se echa a perder en menos de un minuto.

Nicotina que sale de nuestra boca para arrullarnos… la mirada hacia nuestro país está quebrada ante tanta infamia. Creo que hemos fallecido tantas veces, pero nos han asesinado una… una y otra vez.

Colombia tierra querida: rica pero impotente, bella y ultrajada. Muchos colombianos no tienen otra opción que alimentarse de vicio etiquetado, de vicio ilegal que mueve la legalidad, y por el que mueren los campesinos, que luego lloran con esas espesas lágrimas que son fuertes como la piel de un cocodrilo. Sonríen los esqueletos de los vencidos, porque la lástima, reconforta la paz en la que viven los asesinos… asesino el que hala el gatillo… pero también el que grita empleando el sustantivo trizas, el verbo picar; esos portan una armadura de cobardía tejida.

Litros de sangre para medir la eficacia. Eficacia asesina de la causa popular…litros de sangre que aún nos quedan ¿los quieren? …vengan por ellos antes de que nieguen lo que está pasando y digan que fue un invento de esa corriente necia que se cansó de arrastrar los cuerpos hasta las bocas de ceniza. 

El odio ya había hecho maleta, pero se la robaron unos colombianos de cuello blanco. El odio insistió en largarse lejos aún sin maleta, pero entonces fue humillado por sus ladrones, fue ultrajado por ser odio con ganas de irse; lo torturaron y lo torturaron, haciéndolo sonreír para no generar mala energía, haciéndole prometer que no confesaría ni una sola palabra; le mataron a su madre la indignación y huérfano, decidió quedarse por la obra y la malicia de aquellos ladrones de cuello blanco.

Años de esfuerzos y esperanzas huirán sin siquiera ser recuerdos ¿para qué? lluviosas ganas de olvido no cesan entre las consignas positivas de aquellos que nos niegan la tristeza. Córdoba, Tierra Alta, Arauca, Cauca, Catatumbo, ríos de cristal puro, de rojo carmesí y sin demagogia, repiten al unísono que el populismo es el sentido que une lo imposible, siempre y cuando lo imposible sea poder quitarnos de encima esta noche que nos aplasta con el peso de mil traiciones.

Los campos colombianos vuelven a ser los escenarios de la violencia, sus fosas comunes, hastiadas de la luz de la luna no emiten un valor para el tranquilo y elevado asesino primario; asesinos primarios que caminan y viven sin remordimientos ¿algún día pagarán los verdaderos culpables?

Ni las convulsiones, ni los canticos estéticos hacen levantar un muerto que ha fallecido cientos de veces, tenemos que hacer cara a nuestras horas melancólicas y así estas serán reemplazadas por estatutos de la dignidad, esos sí que nos harán levantar, una y otra vez, no importa cuantas veces nos maten ¡nos levantaremos! como los muertos que no logran dormir entre tanto silencio, nos levantaremos.

Colombianos: no desfallezcan, esfumaremos esa sombra que recubre nuestros días, la dignidad es nuestro monumento inmortal.  

La esperanza ya no sabe a dónde huir para que no la maten. Los humoristas le quitaron el sentido, los intelectuales dudaron de ella, los neoliberales la individualizaron con un cursillo de coaching, los de cuello blanco querían aparearla con el odio, los que la cuidaron con amor ahora están muertos, y los indignados, en silencio y clandestinos, la esperan con una sopa caliente para alimentarla.

¡¡Anda esperanza, arrástrate herida que no vencida, arrástrate hacia la clandestinidad para que no te maten, no te dejes ver de tus asesinos ni de tus conceptualizadores ni de tus cirqueros… no te pongas ropas ajenas que así desnuda eres más bella que todas nuestras cascadas, que todas nuestras cordilleras!!