Antes de que muera la verdad

Antes de que muera la verdad

«La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad» Hiram Johnson

Las balas vienen y van, alimentando el zumbido que atormenta a los campesinos, pero que poco importa a los citadinos.

Antes de que muera la verdad, mira lo que teníamos por delante, mira lo que hubiéramos podido hacer tan juntos y tan enemigos. Hubiéramos podido convertir nuestra violencia en nuestra razón para competir como si fuera un juego en el que perdiéramos de vez en cuando, y ganáramos simplemente más y más razones de vivir siendo adversarios.

Antes de que muera la verdad, no olvides que la concordia no es un valle lleno de abrazos mientras retumba un memorial de aplausos; recuerda que la concordia hace el amor con la discordia todas las noches, no solo una ni dos, sino seis veces; son amantes que sin sufrimiento gestan y se dedican a parir con cada alba la existencia humana.

Antes de que muera la verdad date cuenta de que tu indiferencia no es la responsable, pero es como la cal sobre los cuerpos muertos. Descompone el tejido… el tejido social.

Antes de que muera la verdad, deja de negar mi existencia, no desautorices nuestra ideología, porque aquí el que pretenda justificar la muerte de las ideologías, lo que siempre oculta es la intención de su dominio, el hechizo de propósitos malsanos, el brebaje de la neutralidad que se corta como la mala leche ¡¡capricho responsable!!

Antes de que muera la verdad, date cuenta de que en Colombia muchos querían la paz, muchos le apostaron a la paz, muchos hablaron de paz, muchos explicaron la paz, pero nunca los vimos por el barrio o por la casa, untados con esa brea viscosa y pesada que se llama cultura de paz.

Antes de que muera la verdad date cuenta de que todos los muertos que saludan desde el Estigia, pudieron entrar a los estadios, reír y compartir contigo, muchos no tendrán razones, solo misiones que serán rescatadas con la memoria, pero eso, será después que muera la verdad.

Antes de que muera la verdad, date cuenta de que las contradicciones jamás desaparecerán, de que aquí o vivimos juntos iguales y diferentes, o simplemente observamos cómo muere la verdad.

Antes de que muera la verdad, alimenta todo lo que puedas a esa bestia salvaje de tus argumentos, amarra al dragón que en sus escamas dice “tú debes”, encierra en una selva del tamaño del Congo a ese león que dice “yo soy” y trata de empezar de ceros, trata de vernos tal cual somos, de verte como parte del todo… apresúrate, antes de que muera la verdad.

Antes de que muera la verdad, que nuestra marcha sea el ocaso de todos lo que quieren acabarnos. Entiendan de una vez que nuestro orgullo, está tejido con el hilo plateado de la dignidad y camina a la par de nuestra inteligencia. Nietzsche siempre tuvo razón, pero eso nunca fue bueno ni malo.

Antes de muera la verdad, conduce veloz por esa carretera, llega a tu destino, que es a la vez el mío, sopla fuerte y verás mariposas blancas volar en direcciones erráticas hacia nuestro cielo componiendo la curva de aquello que podríamos haber llamado: nuestro destino.

Antes de que muera la verdad, date cuenta de que la sangre de inocentes avanza sin marco teórico, se seca sin virtudes periodísticas y se olvida, como el instantáneo marketing político pegado sobre la memoria.

Antes de que muera la verdad, deja ya la lástima, compórtate y date dos cachetadas frente al espejo, el espejo de esos ojos que te niegas a encontrar y que no son los tuyos.

Antes de que muera la verdad, por favor, no trates de acabar nuestra amistad de enemistad. Somos diferentes ¡acéptalo! es tu visión de mundo contra la mía, pero en el mismo mundo.

Antes de que muera la verdad, jamás olvides que las ideas dependen y no dependen de los cuerpos, son como el arte.

Antes de que muera la verdad, exigimos desde el hades, que no se llame bandido a aquel que murió luchando, que no se llame cerdo al que murió cumpliendo órdenes, que no se desquiten con los que serán guerreros de la guerra, sino que sepan mirar, antes de que muera la verdad, quiénes estaban detrás de las bambalinas y abrieron ese oscuro telón.

Antes de que muera la verdad, el último que cierre que apague la luz, la guerra tiene batería propia.

A la esperanza

A la esperanza

Por: Johan Mendoza Torres

Cantos de sirena ocultan la sorna con la que el gobierno uribista habla de paz ante el mundo. Hay un profundo suspiro en el ambiente colombiano, es del tamaño de los pulmones de un amor de adolescencia. En miles de casas colombianas, el sueño y la mente están de enemigos, la noche no distingue cuándo es la hora para dormir, de la hora para dejar de pensar. No, no estás solo, no estás sola, el insomnio es inquilino de la patria por estos días.

Grandes monumentos han sido erigidos en lo más profundo de nuestras soledades colombianas, las ganas de cambio y de transformación social para unos murió con la mentira de un docente frustrado o de algún periodista que no era periodista; para otros hablaron por sí mismas, escapando de la vida y la de la muerte, incluso de todos nuestros deseos, que como la pulpa de una manzana bajo sol y el viento, se echa a perder en menos de un minuto.

Nicotina que sale de nuestra boca para arrullarnos… la mirada hacia nuestro país está quebrada ante tanta infamia. Creo que hemos fallecido tantas veces, pero nos han asesinado una… una y otra vez.

Colombia tierra querida: rica pero impotente, bella y ultrajada. Muchos colombianos no tienen otra opción que alimentarse de vicio etiquetado, de vicio ilegal que mueve la legalidad, y por el que mueren los campesinos, que luego lloran con esas espesas lágrimas que son fuertes como la piel de un cocodrilo. Sonríen los esqueletos de los vencidos, porque la lástima, reconforta la paz en la que viven los asesinos… asesino el que hala el gatillo… pero también el que grita empleando el sustantivo trizas, el verbo picar; esos portan una armadura de cobardía tejida.

Litros de sangre para medir la eficacia. Eficacia asesina de la causa popular…litros de sangre que aún nos quedan ¿los quieren? …vengan por ellos antes de que nieguen lo que está pasando y digan que fue un invento de esa corriente necia que se cansó de arrastrar los cuerpos hasta las bocas de ceniza. 

El odio ya había hecho maleta, pero se la robaron unos colombianos de cuello blanco. El odio insistió en largarse lejos aún sin maleta, pero entonces fue humillado por sus ladrones, fue ultrajado por ser odio con ganas de irse; lo torturaron y lo torturaron, haciéndolo sonreír para no generar mala energía, haciéndole prometer que no confesaría ni una sola palabra; le mataron a su madre la indignación y huérfano, decidió quedarse por la obra y la malicia de aquellos ladrones de cuello blanco.

Años de esfuerzos y esperanzas huirán sin siquiera ser recuerdos ¿para qué? lluviosas ganas de olvido no cesan entre las consignas positivas de aquellos que nos niegan la tristeza. Córdoba, Tierra Alta, Arauca, Cauca, Catatumbo, ríos de cristal puro, de rojo carmesí y sin demagogia, repiten al unísono que el populismo es el sentido que une lo imposible, siempre y cuando lo imposible sea poder quitarnos de encima esta noche que nos aplasta con el peso de mil traiciones.

Los campos colombianos vuelven a ser los escenarios de la violencia, sus fosas comunes, hastiadas de la luz de la luna no emiten un valor para el tranquilo y elevado asesino primario; asesinos primarios que caminan y viven sin remordimientos ¿algún día pagarán los verdaderos culpables?

Ni las convulsiones, ni los canticos estéticos hacen levantar un muerto que ha fallecido cientos de veces, tenemos que hacer cara a nuestras horas melancólicas y así estas serán reemplazadas por estatutos de la dignidad, esos sí que nos harán levantar, una y otra vez, no importa cuantas veces nos maten ¡nos levantaremos! como los muertos que no logran dormir entre tanto silencio, nos levantaremos.

Colombianos: no desfallezcan, esfumaremos esa sombra que recubre nuestros días, la dignidad es nuestro monumento inmortal.  

La esperanza ya no sabe a dónde huir para que no la maten. Los humoristas le quitaron el sentido, los intelectuales dudaron de ella, los neoliberales la individualizaron con un cursillo de coaching, los de cuello blanco querían aparearla con el odio, los que la cuidaron con amor ahora están muertos, y los indignados, en silencio y clandestinos, la esperan con una sopa caliente para alimentarla.

¡¡Anda esperanza, arrástrate herida que no vencida, arrástrate hacia la clandestinidad para que no te maten, no te dejes ver de tus asesinos ni de tus conceptualizadores ni de tus cirqueros… no te pongas ropas ajenas que así desnuda eres más bella que todas nuestras cascadas, que todas nuestras cordilleras!! 

 

 

 

 

 

Fúnebre paz

Fúnebre paz

Tal parece que nos hundiremos… nos hundiremos íntegros en el abismo de una guerra en la que todos perderemos, ¡¡de eso nos encargaremos infelizmente así sea con un grito al vacío!! para que no sea justo la fiesta en la ciudad versus la paz de los sepulcros en los campos. Amargos y vencedores quienes advertimos lo que causaría el regreso del uribismo. Por ahora no hay nada más que hacer, tan solo respetar la majestuosidad de las alas de este duro enemigo, que aunque bastante inteligente, su peso no lo dejará volar jamás a esos jardines colgantes ubicados lejos del infierno donde tendrán que argumentar en derecho. Un saludo a Fernando Londoño, que ha logrado hacer trizas el acuerdo. Hay que reconocer que prometió y cumplió, es un digno enemigo de la paz y eso lo sabían sus seguidores, quienes agazapados en los clubes esperaron que esto ocurriera, con la total certeza de que las bombas jamás caerán en sus lindas alamedas. Ahora que en un soplo indefinido la violencia se prepara para no fatigarse ni en la altura ni a nivel del mar, los que hicieron trizas la paz, se pondrán el traje de jueces contra todo lo que diga “violencia” ¡y parecerán pacíficos ellos! ¡y parecemos violentos los otros! paradoja infinita que no se cansa de violarnos en medio de todos sus educados aplausos embrujados. Qué extraña música la que produce Colombia, pues nos puso a bailar en medio de nuestros sollozos. Los periodistas de la derecha, que gritaban con retórica lo mismo que los orangutanes en las selvas de cemento, hoy respiran ese aire cargado de horror y blasfemia, sin importarles literalmente una pepa de comino. Periodistas de la derecha, enamorados trillados de la opinión que otorga la libertad tiránica, esa que ofrece derechos de expresión al que masacra con palabras, al idiota que no sabe de lo que habla, así como al que clama por un pañuelo para secar las lágrimas de los velorios que se aproximan. ¡¡Libertad tiránica!! ¡¡Eres la dulce condena de nuestra democracia totalitaria, alivio de cobardes detrás del Twitter, masaje para nuestros cuerpos cansados de tanto escribir columnas que yacen muertas ante tus pies de oro, plata y bronce!! Fúnebre paz ¿si sabes que el sol ya no calienta en algunos rincones de la patria y que solo alumbra las almas y los cuerpos que se alistan para la guerra? no me hagas reír fúnebre paz, que yo lo que quiero es llorar hasta decir no más. No me invites a tu carnaval porque no… no estamos para fiesta. Las locas y adoradas ansias de justicia hoy se autoflagelan para que cesen los disparos de la boca de aquellos que no pondrán jamás una gota de sangre en la que ha sido nuestra receta social y maldita. Nos privaron de las bellezas de una paz perpetua. Pero el encantador juego de la guerra deja un olor inolvidable. ¡Sagrada y dolorosa punta de lanza que agobia el destino de nuestra patria, que desangra nuestra matria! ¿matria o patria? qué más da si ambos ya murieron enfrentados sobre el lecho de las carcajadas provenientes de aquellos que sí son capaces de hallar su equivalencia. Fúnebre paz, ya no me digas más, pues tal parece que las tumbas serán nuestras confidentes nuevamente. Tumbas calladas y lluviosas, olvidadas por los que creen que con las palabras no se mata, recordadas por los que no querían la guerra pero que abandonarán sus cuerpos en nombre de las dignidades. Fúnebre paz…las excusas y las culpas ya no serán de una persona. Bienvenidos sean ustedes, majestuosos enemigos. Bienvenida sea la guerra, porque incluso a nuestros enemigos les debemos el respeto que se merezcan, porque así lo neguemos, nuestros demonios siempre tienen cama en el hospedaje de nuestras almas. Fúnebre paz, diles a las generaciones que hoy nacen, perdón… perdón, pero no pudimos. Eres fúnebre paz, porque los líderes sociales mueren por centenares y tu pretendes que escribamos como si nada, o que hagamos payasadas para elevar un momento emocional degradante. No. La actitud positiva es un cuento del norte para que olvidemos por qué en el sur retornamos una y otra vez al cadalso de nuestras miserias. Fúnebre paz, quieres que un estado psicológico sea más amplio que la memoria de nuestras vidas, quieres que una sonrisa sintética, valga más que la expresión mortuoria con la que vimos a nuestros hermanos la última vez… eso, jamás te lo permitiremos. No por necios, sino por utópicos dispuestos a morir; utópicos, pero libres de toda tu mentira. ¡Cállate ya fúnebre paz! Déjame hacer un minuto de silencio por todos nuestros muertos, mira que vienen bailando y danzando en el horizonte de la guerra; vienen bajando por las cordilleras colombianas, como los ríos Guaviare, Jambaló y Baudó, ¿si oyes la canción? tiene un coro que termina con una frase muy clara: no seremos olvidados.

Hipérboles y Metáforas

500 vasos de agua también matan /// Las hipérboles de Martha Lucía también son aire para la violencia fatigada.

Ordoñez y Holmes aún deliran en la plaza de toros del oficio público dado a dedo, con rabia y placer ante la frase de Augusto Pinochet: “el marxismo es como un fantasma, cuesta mucho tomarlo, mejor dicho, no se puede tomar”

La indignación del exfiscal pesa tanto como el plumón de un ave sin vuelo. La indignación es otra cosa, es pesada como una traición, ¡sí, pesa! Duele, duele como cianuro en la boca de un familiar que murió inocente, aterra como la renuncia del director de Medicina Legal, decepciona como quien atrapa al sicario e ignora al autor intelectual.

La gobernación del Cauca decía a comienzos de 2019 que no hay normas que obliguen a los líderes sociales a denominarse defensores de derechos humanos, aludiendo que eso es lo que impide cuidarlos /// La sangre dura una eternidad de agua y jabón en ser borrada del suelo. La tierra, es demasiado fértil para quedar embarazada de tan ínfimas gotas de sangre.

La gobernación de la Guajira, cuando se dio un atentado contra un líder social a principios de 2019, decía que, la moto en la que iban los sicarios, simplemente se había acercado al líder social, pero nunca había habido disparos /// Esos disparos se morían por penetrar el cuerpo y derrumbar el alma.

Decía María Isabel Rueda que el Estado no ha logrado darles una protección integral a las comunidades, pero que tampoco se les puede dejar esa responsabilidad a ellas solas y sus guardias /// Nos recuerda Isabel que el principio de autoridad, calza más que el principio de autodeterminación, y que si el Estado no otorga la libertad, ¡¡pues que las comunidades hagan la fila y que esperen!! ¿acaso es este un Estado garantista? No si no si no si no si no si no, ¡paguen impuestos, pero abajo el Estado! ¡Que viva el libre mercado, pero que nadie quede fuera de la autoridad del Estado!… a los muertos no se les puede matar dos veces, y desde la tinieblas, miles saben que es lo que la objetividad esconde.

En una fila más extensa que 600 líderes sociales asesinados, Rueda sugiere que las comunidades esperen, así como el anciano de Kafka, pero que no se atrevan a perseguir por dignidad la libertad.

Gritan los periodistas de la derecha: ¡¡¡esperen a que la libertad sea dada, pero nunca buscada, porque de pronto así se descubre que detrás de la autoridad marchita, se halla la dignidad maldita!!!

Escribía Salud Hernández a Carlos Castaño, en una melosa epístola, como si se tratara de la epístola de un falangista a paramilitar: “apreciado comandante, comprendo su precisión y así lo haré” Precisión que consistía en suavizar la respuesta (y no la pregunta) sobre cómo financiar paramilitares sin narcotráfico. /// Para un falangista el apreciado comandante nunca será rata, sino aquel que vela por el orden y la patria. No importa si la patria es la idea del orden que tienen en su minúsculo orbe aquellos que solo masacran con las palabras; no importa si bajo la profesión que se ufana de esa objetividad que nunca alcanza, se esconde el mausoleo del trinomio Hitler-Mussolini-Franco… pero ¡qué más da!… No importa, porque igual digamos la mierda que queramos, a ella le da igual.

Mataron en medio de fúnebre forcejeo, torturaron en legítima defensa; el ministro no esperó ni ciento treinta vidas para rescatar su parte de la historia. /// El bebé era más inocente que todos los micro sueños del ministro.

Matar a quien acuerda un tratado de paz, convierte el tratado en papel mojado. Pero “no es tan grave como piensan los mismos de siempre”, dicen siempre los mismos. Por eso el problema es (cual medida uribista) cómo aumentar la seguridad y nunca cómo disminuir el miedo que padece el terrateniente, ante tantas pesadillas en las que todos los vencidos, olvidados, inocentes, contradictores, que yacen en el abismo de su tierra fértil, regresan incansablemente, derrotados pero no agotados para escupirles un poema sin prosa, en una madrugadita de leche recién ordeñada ¡una y otra vez, en cada generación, en cada clase social, por los siglos de los siglos!

Son los vencidos y olvidados, los que nos recuerdan que la lucha por la paz no es una lucha por las generaciones futuras, esa ya no es carreta sino carruaje, esa es la paz de aquellos que se van al balcón a ver ballenas mientras limpian el reguero del primer piso; la paz de los esnobistas que aplauden a los del balcón llenos de mierda hasta las canillas.

Son ellos, vencidos y olvidados, los que nos recuerdan que las convicciones no se gestan en un presente egocéntrico, sino que las convicciones se recuerdan, son la transferencia de un pasado que emerge, para pesar de los vencedores, ensangrentado como recién nacido, fresco como una lechuga, imparable como la vida misma ¡insolente como un mosquito!

Adiós Guaidó

Adorada Latinoamérica…nada te perdonarán si es auténticamente tuya la iniciativa.

El desarrollo no se escribe en lenguaje europeo ni en lenguaje estadounidense. Lo escribiremos a nuestra manera. ¡Así nos equivoquemos una y otra vez! Porque, aunque equivocados, cada una y otra vez con acierto podremos ser nosotros.

Hagamos claro lo que está oscuro. La lucha contra ese cruel y admitido fascismo del siglo XXI, recubierto del falso epíteto de “comunidad internacional” está haciendo que todas las fuerzas sociales se dirijan a una movilización política, económica, intelectual, y artística ¡no es para menos!

Todo vale, desde el texto investigativo, hasta el grafiti tímido pero contundente hecho en una pared inocente e ignorada que podría pasar a la fama.

Si la izquierda caviar supiera cómo calma el hambre una mortadela, podría confiar en nuestra mirada que observa el alba por el sur.

En Nuestra América, ya sabemos lo que significa una barbarie dirigida y orquestada por Estados Unidos, nación llena de gente tan linda y de políticos ahogados en la amargura intoxicante del poder por el poder, pagados en lobbies por los directores de siempre, gerentes petroleros. Por ello es un deber evitar que reaparezca.

Si el germen de la barbarie está en Twitter, entonces haremos de un trino el fundamento para recordar que en el lenguaje los fascistas violaban y seguirán violando a la democracia si no les hacemos frente.

Le llamaron operación libertad a un golpe fallido en Venezuela, quizá para recordarnos el calibre del engaño que pueden llegar a adorar tantos incautos utilizados para propósitos ajenos. Libertad para Irak no sale de nuestra memoria de derrotados, de guardianes del millón de muertos que causaron vencedores como Bolton y Pompeo.

Allí, en las apreciaciones aparentemente “sin luces” de un Bolsonaro, de un Uribe, de un libreto mal hablado por un tal Guaidó, está el fundamento para que los violentos maten inocentes, para que se discrimine, para que nos nieguen la posibilidad de vivir con plenitud la autenticidad latinoamericana.

Si la metáfora es un arma para entender la naturaleza, entonces aportaremos las que sean necesarias, para que ese fascismo del siglo XXI comprenda que el laurel también es un veneno.

Ojalá no olvidemos que la batalla comienza con el lenguaje, y terminará en boca de los que queden vivos, o de los que dejen sus letras tan intensamente grabadas. Por ahora Guaidó ya se quemó. Sacó a Leopoldo porque necesitan refrescar las caras fallidas, no obstante, la invasión militar que les queda es la opción que les alimenta.

El eterno retorno nos hará odiar y amar a nuestros enemigos, el eterno retorno nos hará hablar, consensar o batallar cuando sea necesario, hoy, ante el fascismo del siglo XXI la opción parece ser unidireccional; ¿adiós a Guaidó y la guerra que regresa a Nuestra América? ¡Vuelvan Caras Carajo!