Somos los negritos de Changó Ararat (segunda parte)

Cuestionar es un medio de proceder porque nos coloca en dirección a una respuesta. El proceso mismo de la investigación tomó su propio curso y en la medida de ello examiné la trama de este trabajo investigativo y observé que la formulación de las preguntas se quedaba corta con respecto a lo que yo aprendía. La secuela de este cambio es definitiva en cualquier intención de significado. Ahora la pregunta se dirigía hacia el ¿para qué? Este avance permitió tener una visión más amplia de los posibles sentidos comunicativos de las experiencias corporales.

El para qué de mis objetivos encuentra que las expresiones culturales de resistencia pueden siempre ir más allá, el movimiento de vaivén de la experiencia temporal trabaja no sólo la resistencia, sino además la expansión, es como habitar el vacío y fundar un mundo comunicativo en cada paso vivido de la experiencia.

Involucramos nuestro cuerpo en la danza y eso nos dirige hacia la totalidad, nos convoca a reunirnos como grupo, a problematizar la realidad política y social de un país mestizo y colonial como Colombia. Situarnos como personas y reconocer la experiencia de mi amigo para ser tú, yo y nosotros.

En cuanto a la comunicación, lo que podemos decir es que, desde el principio de la formulación del proyecto, se buscó explorar un campo no precisamente nuevo, pero sí impopular para los estudiantes de las facultades de comunicación. Poner en entre dicho lo que entendemos por comunicación y buscar metodologías y espacios que nos sirvan para ampliar su estudio. La comunicación como dimensión básica de la vida, aquello que se pone en común y es de significativo para la misma comprensión de la vida.

 

***

¿Que qué quiere el ombre negro? Aunque me exponga al resentimiento de mis hermanos de color, diré que el negro no es un ombre*.

Frantz Fanon, Piel negra, Máscaras blancas, 1952.

 

Fanon nació antillano, Jairo nació colombiano. Comparten la memoria ancestral de los océanos y así ponen en comunicación el hecho de que, si bien es cierto que la conciencia es actividad de trascendencia, hay que saber también que esa trascendencia está obsesionada por el problema del amor y de la comprensión.

 

Mirá, hay dos campos: el blanco y el negro, ambas metafísicas son disolventes y, para nosotros, el que adora a los noir está tan “enfermo” como que el que los abomina. Y a la inversa, muchacho, el negro que quiere blanquea su raza es tan desgracio como el que predica el odio al blanco.

Frantz Fanon, Piel negra, Máscaras blancas, 1952.

 

El punto de partida de la reflexión crítica de Frantz Fanon tiene que ver con la historia de la relación de Francia con sus colonias esclavistas, que es distinta a la historia de la relación de España con las Américas esclavistas. El deseo de terminar con un círculo vicioso fue el único guía tanto de los esfuerzos de Fanon como de los movimientos de Jairo.

Cada uno de estos hombres negros, desde sus realidades circunstanciales, entendieron su irreductible pertenencia a la época en la que habían nacido. Desde el análisis psicológico, el martiniqués quiere ayudar a sus hermanos a tomar conciencia de las realidades económicas y sociales.

 

Yo te digo, sacúdete con energía, quitaté el lamentable caparazón de servidumbre construio durante siglos de incomprensión.

Frantz Fanon, Piel negra, Máscaras blancas, 1952.

 

Por la costa del pacífico colombiano, más de 30 años después de la publicación de Piel negra, máscaras blancas, Jairo Antonio vive en carne propia el doble complejo de inferioridad.

 

Uno de negro debe buscar mejorar la raza
y mejorar el status social.
Eso me lo decían mis padres, los amigos o los vecinos.

Jairo Cuero, Bogotá, abril, 2017.

 

El complejo de epidermización ataca señalando con el dedo, mostrando las diferencias y ocultando las proximidades. Jairo dice que su serenidad no debe ser confundida con pasividad, muchas veces lo creyeron bobo o era tratado infantilmente. Pero su serenidad contiene un carácter fuerte, un cierto tipo de brusquedad, ¿tal vez la violencia? Me confiesa que siente rabia, le pregunto ¿por qué tienes rabia?

 

Porque siento que vivir en Tumaco, en un lugar humilde, en un pueblo abandonado por el gobierno, en donde las oportunidades de vida y trabajo son pocas,
en donde la población la mayoría es negra,

y que te estén recordando que tú eres negro,
que eres menos que los demás, que lo negro está mal, todo el tiempo son modelos sociales
indicándote que tú eres ¡menos, menos, menos!
Jairo Cuero, Bogotá, abril, 2017.

Jairo Cuero, Bogotá, abril, 2017.

 

Pero Jairo Antonio logra sacudirse la armadura y, en la proyección contemporánea del mangingue, se mueve en círculos grandes, sus brazos dan y reciben, sus movimientos son explosivos y buscan tensionarse. La intención de Jairo siempre es grande porque lo afrocontemporáneo permite el diálogo con la tradición.

 

No es lo mismo hacer un currulao, por ejemplo, hace 20 años atrás que hacerlo en este momento, porque en este momento lo afecta lo que pasa en las circunstancias en las que estás en este momento.

Jairo Cuero, Bogotá, enero, 2017.

 

Pero Fanon no se quedó ahí y abarcó el renacimiento del hombre y de la mujer negra. Expresó que el ser humano es un Sí que vibra con las armonías cósmicas.

 

-Mijo, el día que usté se encuentre condenado a contemplar la disolución de las verdades elaboradas para los ombres colonizados. Ese día usté dejará de ver las antonimias proyectadas sobre el mundo.

Frantz Fanon, Piel negra, Máscaras blancas, 1952.

 

No es lo mismo bailar una cumbia hoy que ayer. La danza afrocontemporánea propone una reflexión filosófica frente a lo viejo y lo nuevo, es decir, frente al dilema de la inmutabilidad de la cultura africana.

 

Cuenta un viejo dicho que
un pueblo debe conocer sus raíces
más no hundirse con ellas, ¿me entendés?

Jairo Cuero, Bogotá, marzo, 2017.

 

Asumir una cultura es entender que la tradición no involucra exclusivamente un sentido de transmisión y de recepción, sino, por el contrario, la tradición debe ser entendida como dinámica, constantemente interpretada y reinterpretada, pues la creación es inherente al ser humano y no podemos pretender quedarnos en lo mismo de siempre si lo que queremos es crear.

Pero esa no es la circunstancia actual desde donde se empieza el camino hacia la libertad. No. Debemos ir hacia la reflexión de entendernos como seres espacio-temporales en un mundo condicionado, en donde el agua que corre por el río nunca es la misma. ¿Cuál es la actividad filosófica hoy, sino el trabajo crítico del pensamiento sobre uno mismo?

 

El problema aquí muchacho, se sitúa en la temporalidá. Negros y blancos estarán desalienados cuando hayan rechazao encerrarse en la Torre sustancializada del pasado.

Frantz Fanon, Piel negra, Máscaras blancas, 1952.

 

¿Respiras ayer? ¿Respiras mañana? La danza requiere una inversión corporal verdadera, en nuestro país existe un extrañamiento de uno mismo, un desconocimiento mutuo del otro que nos ha llevado a las más terribles guerras. Si en un momento la memoria nos falla, debemos escuchar las voces de nuestro cuerpo, las aguas que comunican la historia del mundo. Fanon escribe que en algún momento se planteó la cuestión de ser efectivamente solidario con un pasado determinado, y fue en la medida en la que se comprometió frente a sí mismo, y ante el prójimo, a combatir con toda su fuerza para que nunca hubiera sobre la tierra, pueblos sometidos.

 

¿Quieres que te cuente? Me descubrí un día en el mundo y me reconocí un único derecho: el de ¡Exigir! Al otro un comportamiento humano. No soy prisionero de la historia. Mirá, ni tu no yo debemos buscar allí el sentido de nuestro destino. Debej de recordar en todo momento que el verdadero salto consiste en introducir la invención en la existencia. En ejte mundo al que nos encaminamos, nos creamo interminablemente.

Frantz Fanon, Piel negra, Máscaras blancas, 1952.

El aporte más grande de la danza afrocontemporánea a la historia de Colombia tiene que ver con su capacidad creadora y su sabiduría corporal cargada de tanto simbolismo. La danza es capaz de tejer un sentido que comunica entre generaciones, es capaz de romper con las distancias y los individualismos. Asumir en este sentido una cultura implica comprehender que ésta es dinámica, que permite los encuentros y el diálogo.

Pero el hombre y la mujer negra son también un No y Fanon pide que se los considere además desde su actividad negadora. Sentirnos en la voz de toda la historia de la esclavitud, porque la maldición del negro fue haber sido esclavizado.

 

No a la indignidad de la persona No a la explotación de la persona, No al asesinato de lo que hay más humano en la persona: la libertad.

Frantz Fanon, Piel negra, Máscaras blancas, 1952.

 

Jairo experimentó en su propio Cuero la capacidad transformadora de la danza. Fanon lleva al humano al ser accional, a la primera urgencia de quien tras haber reflexionado, se apresura a actuar, es decir, a mantener en su circularidad el respeto de los valores fundamentales que hacen un mundo humano.

 

La danza digamos me enseñó, un camino digamos que de eso se llama no de rebeldía sino como de una especie como de revolución,
en donde a través de la danza yo muestro mi color,
como soy yo, que me gusta que no me gusta,
de donde soy, mis raíces y las defiendo con base en la danza.

Jairo Cuero, Bogotá, enero, 2017.

 

Fanon acepta las consecuencias del estremecimiento de la muerte, la disolución irreversible, pero también la posibilidad de la imposibilidad. Como dijimos antes las personas son un sí y a la vez un no. Como una canción el ser negro vive su vida, pesca, sufre y baila.

Bailamos para ser vistos, para expresar nuestro sufrimiento, nuestras preocupaciones. El único medio para romper este círculo infernal que me remite a mí mismo, consiste en restituir al otro, por la mediación y el reconocimiento de su realidad humana. Ahora bien, el otro debe efectuar una operación semejante. La operación unilateral sería inútil.

Fanon decía que el negro, aunque sincero, es esclavo del pasado. El tiempo es inmanente a nuestro ser, es en el singular movimiento que de un cabo al otro el tiempo se mueve, es decir, el presente siempre tangible que viene de atrás y se dirige hacia adelante.

 

No soy esclavo de la Esclavitú que deshumanizó a mis padres ¿Superioridá? ¿Inferioridá? ¿Por qué no simplemente intentar tocar al otro, sentir al otro, revelarme al otro?

Frantz Fanon, Piel negra, Máscaras blancas, 1952.

 

En este país como en casi toda América latina hay patrones implícitos y sutiles de discriminación étnica. Colombia es un territorio que se ha ido conformando en la línea delgada del mestizaje de diversos continentes, los puertos caribeños presenciaron el fuerte colonialismo hispano y puerta de entrada para los esclavos africanos. Durante mucho tiempo se mantuvo la visión jerarquizada de la “superioridad blanca” y el negro dentro de este collage ocupó siempre un rango inferior.

No fue sino hasta la constitución de 1991, que se estableció un principio de reconocimiento y protección de la diversidad étnica y cultural de la nación colombiana. La administración de Samper (1994-1998) contempló una estrategia de modernización y reconversión industrial, que postulaba al pacífico dentro de los objetivos de lograr una mayor competitividad, con miras al mercado internacional. Aun así, el pacífico hoy en día sigue siendo un territorio desconocido para la mayoría de colombianos.

Diversificar el pensamiento, permitir la creatividad y el movimiento constituyen amplias formas de acceder al tiempo. Esa relación diferente que podemos asumir frente a la historia, como lo anota Félix Martínez (2016), implica un reconocimiento de una práctica de abertura y diálogo con el otro. La modificación de las prácticas culturales y dancísticas de los pueblos tradicionales, es una realidad inherente al tiempo, no se debe asumir lo afro o indígena como una esencia acabada y definida (Birenbaum, 2006). ¿Lo que nosotros hacemos mitiga el racismo? Pregunta Catalina Mosquera a Jairo:

 

En lo que yo hago te reconocen y te respetan, pueden no compartirlo, pero te respetan.Pero se puede llegar a más, al día en que nos reconozcamos y nos veamos como lo que somos: humanos.

Jairo Cuero, Bogotá, marzo, 2017.

 

Uno quiere ser aceptado ese es el afán ¡Pues claro tras siglos y siglos de incomprensión como bien lo dijo Fanon, se espera un trato humano, una actitud como de quien ha atravesado la noche de su consciencia y le pide a su cuerpo un último ruego:

 

¡Oh, cuerpo mío, haz siempre de mí un ombre que interroga!

Frantz Fanon, Piel negra Máscaras blancas, 1952.

 

La danza es una excusa, una motivación, la danza es una experiencia en donde el sujeto se siente forzado a expresar una realidad sensible aun no actualizada en la realidad concreta. Jairo quiere seguir danzando al ser su práctica una posibilidad de construir un discurso que hable del respeto por el cuerpo y la vida. La danza constituye una experiencia que reta la crisis de la sociedad colombiana para hacerla pertenecer a los sentidos.

 

– “¡Ay! somos los negritos de Chango Ararat que todos los años salimos a bailar, hermanito hermano culi pipon, pélame los dientes que yo toco el tambor… ay somos los negritos de Chango Ararat, ay no me digas negro pues blanco nací, tus malas acciones me tienen así”

bunde ritual de Tumaco

 

* Dado que Frantz Fanon hablaba francés, he escogido una traducción y un acento que reivindique la tradición oral de las sociedades negras en Suramérica, como pueblos ubicados principalmente en las costas donde hablar “jerguiao” es un denominador común entre las personas.

 


Lea la primera parte de esta crónica, también en lapipa.co: 

https://lapipa.co/somos-los-hijos-de-chango-ararat-el-encuentro/

Somos los negritos de Changó Ararat (El encuentro)

Lo que el lector va a encontrar a continuación, es parte de la producción literaria de un proceso de investigación de dos años que me llevó a explorar el cosmos de la danza afrocontemporánea.

La estructura en sí del relato trata de proponer un diálogo virtual entre Jairo Cuero y Frantz Fanon, filósofo martiniqués autor del libro Piel negra, máscaras blancas (1952). La justificación a la izquierda es la voz de Jairo y la justificación a la derecha es la de Fanon. Como tercer participante, mi voz se lee como narración omnipresente de los actos que tienen lugar en esta historia escrita a manera de crónica literaria.

En esta construcción se toma en cuenta la palabra hablada y vivida de las entrevistas a profundidad con Jairo, las lecturas de Fanon y los ensayos de baile con el grupo Cununafro a los que asistí en lo corrido de dos años.

En la danza afrocontemporánea se nos recuerda constantemente que no debemos bailar como nadie excepto nosotros mismos, que si existe una coreografía es para encontrar allí nuestro propio movimiento. En la danza reconocemos unas formas simbólicas que son las sensaciones físicas y espirituales de nuestro cuerpo, esta es la idea de aprender nuestro propio lenguaje.

Lo que se buscó con este ejercicio escritural fue dar una apertura al marco de relaciones posibles, y para ello escogimos la danza como una actividad filosófica que compromete al cuerpo. La fenomenología nos sirvió como método para la investigación en la construcción del cuerpo propio, en la enarbolación de preguntas sobre nosotros mismos y en la descripción de aquellos fenómenos.

La danza constituye una experiencia que reta la crisis de la sociedad colombiana para hacerla pertenecer a los sentidos. El aporte más grande de la danza a la historia de este país tiene que ver con su capacidad creadora.

 

***

Un pedazo de selva cayó en su cuerpo cuando le gritaron ¡negro! Las pupilas de Jairo quedaron perplejas al reconocer lo obscuro de su carne. El dilema de blanquearse tuvo lugar cuando internalizó el peso de los valores coloniales y se preguntó, ¿por qué tengo que ser negro?

Impulsado por su cuerpo, saltaba desde la ventana de su cocina al salón de la Escuela Tumac, donde la familia Tenorio recibía a los niños del barrio después del colegio para que bailaran música folclórica del pacífico.

 

Pero déjenme presentarme
como me enseñó mi mamá.
Mi nombre es Jairo Antonio Cuero Castillo, soy del Puerto libre de Tumaco.

Jairo Cuero, marzo de 2017

De su relación con la metrópoli bogotana, lo que más duro le dio al principio fue el frío y no nos referimos sólo al clima, sino también a la forma de relacionarse, de dirigirse hacia los demás en un tiempo de afanes, de andar prevenidos ante la perentoria inseguridad. Jairo no entendía el porqué de la agresión. Entró en la capilla del Técnico central de la Salle y se sentó en una banca, se distrajo con la charla del cura y, cuando volteó a mirar, se dio cuenta de que su banca estaba sola.

 

Yo me enteré que era negro aquí en Bogotá, ¿me entendés? Ser negro aquí significa ser diferente.

Jairo Cuero, enero de 2017

 

Curioso por el movimiento, también fue atleta. Entre anhelos, recuerda sus apuestas con los amigos para ver quién le daba primero la vuelta a la manzana; apostaban canicas o plátanos y siempre después de jugar iban al muelle y se lanzaban al pacífico.

Tumaco tiene una población cercana a las 208.000 mil personas mayoritariamente afrodescendientes; su clima es tropical húmedo y llueve asiduamente. Por el aire de Tumaco, viajan las vibraciones de la marimba de chonta y la gente baila el currulao.

La casa de Jairo se encuentra a la orilla del mar donde todavía hay arena, se trata de una construcción en palafito en donde vivían mamá, papá y doce hermanos.

Tener el infinito océano como paisaje, como lugar de juegos y risas, vivir en el agua hasta que los pies se entumezcan, porque eso era muy divertido, como recuerda Jairo. Pero el agua también tiene sus desgracias y el maremoto que sacudió a Tumaco en 1979 le enseñó a Jairo que hay que andar prevenidos, pues sus profundas aguas albergan los más extraños misterios como se lo contaban sus abuelos en el crepúsculo de la tarde cuando se reunían a orillas del pacífico para contar los mitos y las leyendas de su pueblo.

Durante cinco años, Jairo ejerció su oficio como electromecánico; trabajaba clavado en 3 turnos. Su sentir se veía frustrado y su cuerpo constantemente se enfermaba. Jairo cuenta que, desafortunadamente, existieron muchos factores externos que él mismo permitió que lo influenciaran para desviarse del encuentro consigo mismo. Probablemente, se refería a los comportamientos culturales que aceptamos como normales y que son en realidad disfraces de las diferentes formas de racismo. El bombardeo mediático, la invisibilidad de las “minorías” y la creciente estandarización de categorías como lo bello, lo feo, lo bueno y lo malo son tan directas como sutiles, se meten por debajo de la piel como el cáncer. Aquí se plantea la tesis central de Fanon:

 

Mirá, te cuento: la neurosis del negro es convertirse en blanco, con lo cual toa’ su vida está destinaá a negarse como ser humano*.

Frantz Fanon, Piel negra, Máscaras blancas, 1952.

Cindy Lauper, Donna Summers y Michael Jackson eran los bits favoritos con los que el cuerpo de Jairo se empezó a mover. Aún muy tímido para mostrarse, bailaba en la sala de su casa y sus hermanas le gritaban que se quedara quieto pues parecía un loco. Con Luis Fernando, su amigo de la infancia, se iba a ensayar música disco en un segundo piso en la parte comercial de Tumaco.

Fue en ese entonces que sus padres pensaron que Jairo era homosexual, especialmente su padre que lo veía moverse sin aparentemente ningún sentido cada vez que sonaba música en la casa. El machismo es pan de cada día en el común de las familias colombianas, cualquier indicio de rechazo o diferencia frente a los estereotipos masculinos es interpretado como una conducta gay o mujeril, se le gritaba bailarica aunque nadie le hubiera preguntado si en realidad lo era. Además de esto, Jairo era negro y pobre, por lo que sufría de un cierto tipo de discriminación relacionado con el poder adquisitivo de su familia.

 

Cuando no estás, digamos, en un nivel alto
y, además, eres negro, eso ya genera una forma de discriminación, por ejemplo. Pero si tú eres negro y estás en un nivel alto, ya no eres negro, es como si el nivel, el dinero te blanquea, es una forma de verlo, ¿me entendés?

Jairo Cuero, abril de 2017

 

Contra esto nada podía hacer por lo menos en ese entonces, ya que igualmente sus padres, los vecinos y sus amigos sostenían que debía acercarse a gente con dinero o a gente blanca para mejorar la raza. Jairo lo explica de la siguiente manera: el poder en Colombia está en manos de mestizos que se creen blancos.

Para complacer a sus padres, Jairo se encaminó por el electromagnetismo de la ingeniería eléctrica y mecánica, aprendió sobre las leyes de la física y la matemática. Desde siempre le habían interesado los cálculos, las ecuaciones, las derivadas y las pendientes; el lenguaje de los números no era extraño para este chico tímido que se refugiaba en una coraza de acero, del mundo agreste que lo determinaba por su realidad natural diferente de su realidad humana. Fanon le diría que:

 

La representación descompone el cuerpo muchacho, porque lo colonial ha tomao el centro de la escena, Jairo, es necesario que te desprendás de los arquetipos hegemónicos.

Frantz Fanon, Piel negra, Máscaras blancas, 1952.

 

Jairo no quería ser electromecánico, ni médico ni futbolista, no quería repetir todos los días el mismo movimiento de las máquinas: pararse frente a los armatrostes, ponerse el casco, el tapabocas, los tapa oídos, las gafas, los guates, el overol y las botas punteras. Y todo el día ruido pitch, wuaaaaa, pitch.

En el cuerpo de este tumaqueño sonaban aún timoratos, pero inquebrantables, los tambores de su historia. De una manera similar a la de Frantz Fanon, Jairo se dio cuenta de la historia que cargaba en su diáspora al centro del poder en Colombia. Podríamos imaginar en nuestra situación circunstancial desde “la política de la ubicación” de Stuart Hall, que los valores coloniales han sido impregnados en nuestro cuerpo, tan naturalizados por el sincretismo cultural que muchas veces pasa inadvertido.

Observar entonces los movimientos mediante los cuales nuestro cuerpo presta atención a sí mismo, constituye un camino a descubrirse y a reconocerse frente al reflejo de la laguna en el sentido que lo apunta Carl Jung, es decir, quien mira en el agua ve sin duda su propia imagen, pero por detrás surgen pronto seres vivientes. ¿Podrán ser nuestros antepasados?, ¿nuestras raíces?

 

Cuando escucho el tambor por ejemplo, el tambor empieza a elevarme y a llevarme a sitios que inclusive nunca los he conocido, empiezo a sentir como si alguien me estuviera empujando, alguien me estuviera mostrando algo y hablo de ancestros, que como que de alguna forma te dicen: ¡estos somos nosotros!

Jairo Cuero, enero, 2017.

 

 

Dubitativo, me cuenta que puede ser un poquito tonto, pero que cuando baila siente que la sangre le empieza como a circular más rápido y a recorrerle todo el cuerpo, como a oxigenarlo. La danza afrocontemporánea se mantiene en los movimientos centrífugos que ancoran el centro del cuerpo y desde ahí le dan una intención al total de sus partes, en las retenciones y en las propensiones de la experiencia de danzar, ¿será posible hacer de nuestra vida una obra de arte?

 

Tras vomitar muchacho, encuentré mi lugar y me reconocí como un ombre neeegro y sensitivo. En vista de que en el plano de la razón no había, no había acuerdo posible, me lancé a la irracionalidá, al mundo de la emoción, el ritmo, la música y el baile.

Frantz Fanon, Piel negra, Máscaras blancas, 1952.

 

 Dance machine fue una coreografía que montó Jairo cuando ya había experimentado las posibilidades corporales de la cotidianidad manifestadas en las convulsiones de un abozao, un currulao, una jota, una polca, una juga, una mazurca y un quitripi.

Jairo Antonio tiene más de un objetivo político como maestro de danza afromandingue. Sin ánimo de establecer un orden de relevancia, diré que el primero está relacionado con el bienestar individual y comunitario, es decir, comunicar cómo la danza tiene la capacidad transformadora de tejer una urdimbre del sentido de la vida, lo que significa reconocer al otro como un ser humano igual, pero diferente que yo.

Como otro aspecto, se propone poner en común el lenguaje de su propio cuerpo cuando danza, como un espacio abierto de transformación y de creación del sentir negro. En el sentido de Merleau-Ponty cuando dice que en la acción del cuerpo por el lenguaje el sujeto no se expresa sólo para los otros, sino que también lo hace para saber él mismo aquello a lo que su cuerpo se dirige:

 

Es así como bailamos para ser vistos, para que escuchen nuestras preocupaciones.
Yo aprendí a bailar mi propio lenguaje, fíjate. Es cuando yo me reconozco que puedo mirar hacia afuera y demostrarle a la gente lo que yo soy.

Jairo Cuero, enero, 2017.

 

 

Una última mirada encara la resistencia. Jairo se considera un bailarín protestante y para él estar ahí danzando representa una forma social de sublevarse, de ir en contra de modelos sociales, de expresar lo que le gusta y lo que no le gusta, allí manifiesta el sufrimiento de la esclavitud y la obligación de la colonización. Jairo interpela su ser cimarrón y funda en la comunicación un sentido que es común, pues el principio de toda comunicación es la percepción del ser humano por el ser humano (Merleau-Ponty, 1945).

 

Yo sé que no me preguntás pero en esa época también decidí dejarme el cabello largo
como una forma de resistencia, porque también en esa época buscaba trabajos y veía como la sociedad te coloca un modelo social de imagen, por ejemplo.

Jairo Cuero, abril, 2017.

 

En el sentido estricto de la palabra, siempre que vemos al espacio, estamos viendo el pasado. No podemos comprender la función del cuerpo viviente más que llevándola a cabo nosotros mismos ¿podría el arte ofrecernos una posibilidad de existir? Jairo se sumerge en su negrura, en la oscura noche de la tierra, pues tiene la suerte de bajar hacia los verdaderos infiernos.

La segunda parte de esta crónica será publicada la próxima semana. 

 


* Dado que Frantz Fanon hablaba francés, he escogido una traducción y un acento que reivindique la tradición oral de las sociedades negras en Suramérica, como pueblos ubicados principalmente en las costas donde hablar “jerguiao” es un denominador común entre las personas.