Entre la Paz y la Guerra: Paro armado nacional en Colombia en tiempos de Construcción de Paz

Entre la Paz y la Guerra: Paro armado nacional en Colombia en tiempos de Construcción de Paz

El proceso de paz en Colombia ha acarreado retos impresionantes para el país: recuperación paulatina y poco eficiente del territorio por parte del Estado, proceso de negociación fallido con el ELN, incremento de la producción de coca de casi un 64% -concentrado en Antioquia, Putumayo, Norte de Santander y Cauca-, aumento de las disidencias de las FARC-EP entre 1000 y 1500 personas por falta de cumplimiento del acuerdo, proceso de rearme por parte de algunos exjefes de las FARC-EP, incremento acelerado del asesinato de los líderes sociales, entre otros temas a los que el país se enfrenta y está tratando de dar la batalla en contexto de construcción de paz.

No obstante, y a pesar los esfuerzos por parte de varios sectores de la sociedad colombiana, parece que estamos forjando el camino para un nuevo ciclo de violencia en Colombia. Esto se debe, en gran medida, a que el Gobierno de Iván Duque: 1) no ha logrado gobernar en los territorios antes gobernados por las FARC-EP; 2) ha implementado nuevamente una política nacional guerrerista que se traduce en la reutilización del discurso antiterrorista para fortalecer la idea de la guerra para el alcance de la paz y; 3) no ha demostrado voluntad política para el fortalecimiento de la construcción de paz en Colombia.

Hoy, viernes 14 de febrero de 2020, tenemos un país que se debate entre la paz y la guerra material, política y socialmente. La disputa tiene como problema central el territorio, una de las principales causas del conflicto armado en Colombia. Por un lado, tenemos al Ejército de Liberación Nacional (ELN) y su declaración de un paro armado nacional de 72 horas entre el 15 y el 17 de febrero.

El ELN advirtió a las poblaciones principalmente afectadas -es decir en las que ellos más tienen incidencia como Chocó, Norte de Santander y Antioquia- que no pueden salir durante este periodo de tiempo de sus fincas ni usar medios de transporte terrestre, fluvial y aéreo.  Además, dicha guerrilla afirma que cualquier saboteador o civil que quede en medio del combate entre militares y ELN será responsabilidad del Estado y de la misma población que acepte jugar con otros bandos (ver en: https://www.youtube.com/watch?v=UIu2S6GVV5M).

Por otro lado, tenemos al Ejército Popular de Liberación (EPL) y su declaración de paro armado nacional indefinido. En dicha declaración este grupo guerrillero afirma que no se ha logrado negociar con el ELN para darle solución al conflicto que se ha generado entre ellos.

De acuerdo al EPL, los ataques en Mesitas y en el corregimiento las Mercedes se han dado por parte del ELN en alianza con las “fuerzas militares burguesas” y el Senador Alberto Castilla, lo cual evidencia la falta de voluntad política para negociar y da lugar a justificadas  respuestas militares por parte del EPL (ver: https://www.laopinion.com.co/region/epl-habria-anunciado-paro-armado-indefinido-en-el-catatumbo-191765).

Por su parte, el Gobierno de Colombia ha manifestado su estrategia de contención de los enfrentamientos entre las dos guerrillas a partir del estado de alerta de las Fuerzas Militares en el país. Según el general Luis Emilio Cardozo, quien es comandante de la Octava División del Ejército, se están articulando la Policía, la Fiscalía y los mandatarios territoriales para enfrentar la guerra entre el EPL y el ELN, la cual se lleva a cabo en Catatumbo, Norte de Santander, Antioquia, Chocó, Cauca y Putumayo particularmente.

Teniendo en cuenta esta situación y amenaza nacional, en Bogotá la Alcaldesa Claudia López ha anunciado el “Plan Candado” para la protección de las entradas a la ciudad y de la policía nacional, ya que han sido víctimas de los ataques terroristas (ver en: https://www.rcnradio.com/bogota/claudia-lopez-anuncia-plan-candado-en-bogota-por-paro-armado-del-eln). Es así como el país se prepara para una guerra que está costando miles de vidas y silenciamientos desde el 2018, de acuerdo a las denuncias de la ONIC y el CRIC.

Y ¿a dónde queda la sociedad civil que está en medio de estos enfrentamientos y a la que no se le está protegiendo de esta guerra? Pues bien, en medio de enfrentamientos, amenazas, asesinatos y muerte, indígenas, jóvenes y, en general, los habitantes de los territorios en disputa piden paz a gritos desesperados.

En el caso del CRIC y de la ONIC, se exige la terminación del enfrentamiento y el inicio de diálogos para superar el conflicto sin muerte (ver en: https://nasaacin.org/pronunciamiento-cric-sobre-paro-armado-y-amenazas/). Este grito de paz se entiende con la situación de la sociedad civil pues, por un lado, el ELN ordena y pide acciones concretas por parte de la población, por otro lado, el EPL ordena lo contrario, pero ambos asesinan en caso tal de verse desautorizados.

En este sentido ¿qué pueden hacer las poblaciones que habitan en los territorios de enfrentamiento? Nada. Nada más que rezar para que una bomba no llegue a su casa o para que los integrantes armados de estas guerrillas no pasen por sus pueblos a matar de forma sistemática en retaliación a su contrincante.

Y ahora nos preguntamos ¿cuál es la causa de este enfrentamiento aterrador y cruel que tiene a Colombia en estado de alarma y temor generalizado? La principal causa de este lamentable contexto nacional es la lucha por el territorio para fortalecer el narcotráfico de la coca.

Los territorios en los que principalmente se llevan a cabo los enfrentamientos entre el ELN y el EPL como Norte de Santander, Cauca, Antioquia y Putumayo son estratégicos para: cultivo, transporte y venta de coca y para el contrabando de gasolina. Los intereses de ambas guerrillas por estos territorios estratégicos se han desbordado por el vacío de poder que dejó las FARC-EP y la poca efectividad del Estado colombiano en llegar a gobernar.

Esto ha dado lugar al rompimiento de reglas y normas establecidas en el pasado para el manejo de la coca y ha desencadenado una lucha a muerte por territorios de interés económico, sin importar qué pasa con los campesinos, indígenas, jóvenes y, en general, personas que habitan allí y solo quieren tener una vida tranquila (ver en: https://www.rcnradio.com/bogota/claudia-lopez-anuncia-plan-candado-en-bogota-por-paro-armado-del-eln).

Nuestro raquítico proceso de implementación de paz es preocupante y deja un panorama poco alentador para Colombia. Ni los que supuestamente luchan por el pueblo ni el Estado han sabido escuchar a la sociedad civil. Parece que estos gritos son silenciados e ignorados por las ansias de guerra y violencia y por la enfermedad de la codicia tanto de los grupos guerrilleros como de varios servidores públicos que, por sus intereses individuales, se vuelven sordos ante el clamor de quienes han sufrido la guerra toda su vida. A pesar de ello, y con esperanza de paz, desde la sociedad civil continuaremos gritando y clamando ¡BASTA YA!, la paz es el camino necesario para un nuevo país.

De la crisis al abismo ambiental, un camino que aún tiene reverso

De la crisis al abismo ambiental, un camino que aún tiene reverso

No es cierto que hasta hace menos de diez años el ser humano está poniendo en duda su forma de vivir en la tierra, pues eso sería dejar de lado las reflexiones sociales y políticas que se iniciaron desde los años 50’s y tomaron forma en la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medioambiente Humano, realizada en Estocolmo en 1972.

(Foto llamada Coexistencia: tomada por Damaris Rozo en San José del Guaviare) (Foto llamada Coexistencia: tomada por Damaris Rozo en San José del Guaviare)

Paradójicamente, los países industrializados fueron los que lideraron la inserción de los temas ambientales en esta discusión internacional. Dicha iniciativa no se dio por altruismo o consciencia ambiental, más bien se dio por la tremenda crisis ambiental generada por aquel venerado y enaltecido desarrollo industrial a gran escala. Esta forma de desarrollo nos permitió hablar por primera vez de contaminación y su impacto en el ser humano.

Más allá de los avances y de los debates consignados en la Declaración de Estocolmo en los gloriosos 70’s, y todo lo que prosiguió después de ésta declaración respecto a los asuntos ambientales en el mundo, hoy nos damos cuenta que está ganando la destrucción, ambición y consumismo propios de la razón moderna.

Se preguntarán ¿qué rayos es la razón moderna? Ciertamente hay varias aproximaciones al respecto; sin embargo, aquí se piensa en aquella razón en la que la ciencia, en función del capitalismo y la guerra, se insertó como un chip en nuestros cerebros, fibras y prácticas. Inserción que construyó verdades dramáticas –aún hoy poco cuestionadas- como que la naturaleza es un objeto moldeable para los intereses de aquel sujeto-humano que tiene que suplir sus necesidades acoplándose a las relaciones de mercado y explotación.

¿Qué tenemos hoy en pleno siglo XXI? El fortalecimiento indiscutible de esta problemática visión de la naturaleza como objeto separado e independiente del ser humano, el que con su egoísmo y autodenominación, como especie civilizada y más desarrollada que cualquier otra sobre el planeta, no ha hecho más que acabar con todo lo que lo rodea.

La invisibilización histórica de la interdependencia e interconexión sabia entre la naturaleza, las especies animales no humanas y las humanas nos ha dejado una crisis ambiental hoy palpable y más visible que nunca.

La razón moderna le vendió al mundo progreso, desarrollo y riqueza. Ahora esta razón está en crisis, pero no lo reconocemos y esperamos a que las ideas pensadas para las problemáticas intelectuales, sociales, políticas y económicas del siglo XIX respondan y den solución a los asuntos del siglo XXI. Como no entender que nuestro siglo demanda alternativas, rupturas y ¿por qué no? alejamiento de las promesas de la modernidad.

(Foto llamada vida en la vida: tomada por Damaris Rozo en Bogotá)      (Foto llamada vida en la vida: tomada por Damaris Rozo en Bogotá)

¿Qué problemas le estamos dejando al pensamiento del siglo XIX que no estamos asumiendo con responsabilidad en nuestro siglo? Todos. La acidificación de los océanos, la contaminación de los ríos y mares, los imparables e implacables incendios forestales, la contaminación del aire, del agua, de las ciudades y de las selvas, las pérdidas aceleradas de fauna y flora, el cambio climático, la aceleración de la deforestación, el incremento de los gases efecto invernadero, la insatisfacción constante y el deseo de consumo y, en últimas, la necesaria resignificación de la relación naturaleza-ser humano.

¿Será entonces que no hay capacidades cognitivas o alternativas viables para responder a los problemas del siglo XXI? Ciertamente, existen estas capacidades y alternativas. Es más, muchas veces son tan impresionantes las nuevas aproximaciones o aquellas que fueron invisibilizadas por los civilizados modernos que es imposible no sentirnos orgullosos de ser humanos.

(Tomada por Damaris Rozo en San José del Guaviare)      (Tomada por Damaris Rozo en San José del Guaviare)[/caption]

Sin embargo, lo que no existe es voluntad política para la transformación global sobre la necesaria ruptura epistémica, pues la visión extractivista proveniente de un capitalismo llevado al extremo quiere quedarse, un chip que aún hoy no sabemos si podremos quitárnoslo o no. Esto no permite transitar a ese tan anhelado cambio, a esos nuevos mundos en los que el ser humano reconoce su interdependencia con la naturaleza y logra trabajar con ella y no en su contra.

Que más ejemplo de esto que los limitados avances en la COP25 o los constantes llamados a la violencia que nos tienen al borde de desencadenar una tercera guerra mundial y de continuar los círculos de sufrimiento, muerte y dolor al fortalecer contextos de conflicto armado como en Colombia.

A pesar de ello, no se puede caer en la desesperanza. Hay que visibilizar lo invisible, trabajar por la resignificación de la relación ser humano-naturaleza, plantear alternativas y generar ideas sostenibles de vida de forma incansable y permanente.

(Tomada por Damaris Rozo en San José del Guaviare)        (Tomada por Damaris Rozo en San José del Guaviare)

Ahora la necedad es el camino, pues el sistema socioeconómico imperante quiere llevarnos a la destrucción, o mejor, a la autodestrucción. Pero hay más que eso, pues hay muchos jóvenes y adultos que están trabajando por deshacer aquel chip moderno a través de una educación ambiental en territorio.

Esto con el fin de responder a los problemas de nuestro siglo, a pesar de las amenazas y silenciamientos constantes sufridos por aquellos lideres ambientales y sociales, que luchan día tras día por una transformación sociocultural profunda. Estos líderes entienden la crisis en la que estamos y quieren remediar de alguna forma las atrocidades en contra de la naturaleza que las generaciones pasadas cometieron y que, en gran medida, están perpetuando las generaciones presentes bajo el ideal de progreso.

Por ende, recordando las palabras de Boaventura de Sousa Santos, es vital en la actualidad “ser utópico, ya que es la manera más consistente de ser realista en el inicio del siglo XXI”, esto nos permitirá crear y cambiar, pues otro mundo es posible.

Deforestación y su impacto en los emblemáticos Delfines Rosados

Deforestación y su impacto en los emblemáticos Delfines Rosados

Foto tomada por: Fernando Trujillo de la Fundación Omacha

Después del Acuerdo Paz en Colombia se incrementó exponencialmente la deforestación en el país. Las cifras del Ideam evidencian que entre octubre y diciembre de 2018 se tumbaron aproximadamente 43.000 hectáreas de bosque solo en los departamentos de Guaviare (9,8%), Meta (13,1%) y Caquetá (45,9%).

Si bien estos departamentos tienen una alta concentración de deforestación, la Amazonia y parte de la Orinoquía son las regiones más afectadas, ya que persiste la detección temprana por deforestación con el 75%. Dicho porcentaje equivale alarmantemente a un poco más de 200.000 hectáreas de bosque arrasados.

Esto se debe a que, en cierta medida, varios territorios que eran gobernados por las Farc-EP quedaron a la merced de intereses que están concentrados en la expansión de la frontera agrícola, el fortalecimiento de cultivos de coca, la promoción de la ganadería extensiva, la agroindustria, la extracción minera y la provocación de incontrolables incendios forestales para el acceso y nuevo uso de tierras.

Estas prácticas inadecuadas sin una visión sostenible y equilibrada cada vez son más visibles e impactantes, puesto que el agua se agota, hay mayor cantidad de animales en peligro de extinción, las tierras están perdiendo su fertilidad, los cambios ecosistémicos están obligando a animales selváticos a migrar para sobrevivir y el cambio climático se siente fuertemente tanto en zonas rurales como urbanas en Colombia y el mundo.

En este sentido, la tala de nuestros bosques es un problema latente que sin un trato sostenible puede ser caótico, ya que la interdependencia entre la vida animal, vegetal y humana es inevitable. Sin árboles, los ríos no tendrán los nutrientes necesarios y suficientes para la vida acuática. Con la disminución de la vida en los ríos, las plantas y los animales no tendrán sus alimentos. Finalmente, con poca vegetación y fauna, el ser humano no podrá alimentarse ni sobrevivir a la escases.

Sabemos que la Amazonía y la Orinoquia han sido dos de las regiones más afectadas por la deforestación en nuestro territorio. Pero además entendemos que estas dos regiones de Colombia abarcan la mayor diversidad del planeta y son consideradas como uno de los territorios más megadiversos.

Esto se debe a que se han descrito más de 40.000 especies de plantas, cerca de 2.700 especies de peces, 1.200 especies de aves, 427 de mamíferos y 428 de anfibios.

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De acuerdo con el estudio de Fernando Trujillo y María Díazgranados de 2012, la evolución de estas regiones ha sido marcada por trasgresiones marinas y de agua dulce, lo que dio lugar a la compleja estructura hidrológica que hoy caracteriza a la Amazonia y a la Orinoquia. Es por ello que hace más de 50 años unos científicos reportaron, a partir de la composición química y de color del agua, la existencia de diversos tipos de ríos en estas regiones colombianas.

Se habla en particular de tres tipos de ríos: los de color lechosos con riqueza en nutrientes, los de color oscuro con ph ácidos y pobres en nutrientes y los de aguas claras o con coloraciones rojizas pobres en nutrientes que no albergan muchas especies acuáticas.

Los ríos que nacen de los Andes son de color lechoso y los encontramos en gran parte del territorio del Amazonas, Meta, Guaviare, Caquetá, Putumayo, Mamoré y el Napo. Entre los ríos que nacen de zonas selváticas de color oscuro con gran diversidad de especies, pero con una biomasa baja tenemos el Inírida y el Bita en Colombia. Y de los ríos claros, pobres en nutrientes y con pocas especies de peces, se destacan los que nacen en el Escudo Guayanés, que comprenden algunas pequeñas partes del Amazonas, Guainía, Vaupés, Vichada, Meta y Caquetá.

La presencia de los Delfines Rosados en nuestros ríos de la Orinoquia y de la Amazonia muestra la riqueza en nutrientes de nuestros ríos. Además, los Inia geoffrensis son los delfines de río más grandes, pues su longitud puede alcanzar 1.8 metros y su peso puede ser de hasta 180 kg.

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Los Delfines Rosados se alimentan de peces a partir de la ecolocalización y de la formación de grupo para congregarlos, acorralarlos y devorarlos. Su dieta también tiene tortugas de agua y crustáceos. Es por ello que la complejidad hídrica de los ríos del Amazonas y de la Orinoquia, sus nutrientes y su variedad en peces y animales acuáticos son primordiales para la alimentación y supervivencia de los Delfines Rosados.

Por esta razón, la buena salud de los ecosistemas y de las cuencas hidrográficas en las que estos bufeos o toninas habitan es esencial para su conservación. Sin embargo, hay varias amenazas hacia la supervivencia de los Delfines Rosados, que están estrechamente relacionadas con las amenazas que ponen en riesgo los ecosistemas de la Amazonia y la Orinoquia.

Entre estas amenazas se resaltan la sobrepesca, las interacciones inadecuadas entre pescadores y los delfines, la contaminación de las aguas con hidrocarburos y mercurio utilizados en la minería, el uso del delfín como carnada, los proyectos de infraestructura mal planificados y, particularmente, la deforestación.

Una de las más bellas historias de los indígenas Ticuna nos permite reflexionar respecto al impacto de la deforestación en nuestros bosques. Pues cuenta que existen árboles mágicos de los peces, que se encuentran a las orillas de los ríos. En épocas de lluvias se forman pequeños gusanos sobre las copas de estos árboles, que con los rayos y truenos se asustan y caen al agua transformándose en peces. Dicha comunidad indígena afirma que con la tala de estos árboles se han venido disminuyendo las poblaciones de peces.

Esta historia nos indica que los árboles tienen un valor y un sentido en el planeta tierra y que ese sentido solo puede ser comprensible al reconocer la interconexión entre todos los seres que habitamos en ella.

No obstante, más allá de la conciencia de las comunidades indígenas, no hay una consciencia colectiva humana que dé cuenta de la interconectividad ecosistémica existente. Por lo que la deforestación aumenta aceleradamente y, con ella, se producen trasformaciones del hábitat que afectan la integridad ecológica de las cuencas de los ríos Amazonas y Orinoco.

Uno de los principales impactos ecológicos de la deforestación sobre los ríos en lo que habitan los Delfines Rosados es la disminución de especies exóticas. Esto se debe a que las poblaciones de peces se alimentan de árboles tributarios de aguas negras, los cuales dejan caer sus frutos y alimentan a gran parte de los peces.

Cabe mencionar que una hectárea de bosque inundado puede producir hasta 20 toneladas de semillas a lo largo del año. Estas semillas son consumidas y dispersadas por las poblaciones de peces. Sin este proceso, el ecosistema se fracciona y no puede responder adecuadamente a los seres que en él habitan.

En este sentido, la tala selectiva de especies maderables y su paulatina desaparición genera un proceso en el que se traslada la presión forestal al bosque inundado. Daño que impide que los peces se alimenten y genera que estos disminuyan poblacionalmente. Con esta disminución hay escases de pescado, vital para la subsistencia de los Delfines Rosados. Así mismo, dicha escases impacta negativamente en las comunidades que viven del pescado y se alimentan con ellos.

Con lo anterior, es claro que los seres humanos y sus prácticas comerciales, sociales y culturales son la mayor amenaza para la conservación de los Delfines Rosados. Entre otras cosas porque, según el biólogo marino Fernando Trujillo, estos delfines carecen de auténticos depredadores.

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A pesar de las distintas iniciativas para la conservación de los Delfines Rosados, esta especie de delfín ha sido re-categorizada de una especie vulnerable a una especie en peligro de extinción por la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza a finales de 2018. Esta nueva categoría para los delfines de río hace un llamado que no se puede seguir ignorando en Colombia: no solo los programas de protección a delfines son necesarios para que estos sobrevivan, sino que es relevante generar políticas claras para atenuar la deforestación en la Amazonia, la Orinoquia y en el país.

Teniendo en cuenta la relación entre árboles, frutos, peces, ecosistemas acuáticos, delfines y seres humanos, entendemos que el futuro de los Delfines Rosados o de río está estrechamente relacionado a la conservación de nuestros bosques, pues son hábitats necesarios para su conservación. La deforestación está causando daños irreversibles en todas las regiones de Colombia, pero especialmente en la Amazonia y la Orinoquia.

Si no tomamos las medidas necesarias, este daño extinguirá a una de las especies más emblemáticas de Colombia. Lo que nos hará notar que además de está perdida, arrasamos con nuestros bosques y selvas y, junto a ellas, con la vida en la tierra.

Nuestro Delfines Rosados, nuestras selvas y bosques y nuestra biodiversidad merecen una oportunidad. Solo con el cambio de nuestros hábitos y con la aplicación de proyectos sostenibles de intercambio y comercio podremos transformar el futuro en la tierra.

Alerta por Deforestación Temprana en Colombia, una problemática que amerita visibilidad y voluntad política para el cambio

Alerta por Deforestación Temprana en Colombia, una problemática que amerita visibilidad y voluntad política para el cambio

La riqueza natural de Colombia se está perdiendo de forma acelerada y angustiante; sin embargo, a este problema le damos la espalda. Lo que intencionalmente ignoramos es que con el incremento de la deforestación hay una pérdida del hábitat de millones de especies endémicas que tiene el país.

Adicionalmente, esta dramática pérdida de los bosques es un elemento que potencia el cambio climático, debido a que sin la protección de la cubierta que generan los árboles, los suelos de los bosques húmedos se secan velozmente. Cabe resaltar que los árboles son fundamentales para perpetuar el ciclo hidrológico, proceso que devuelve el vapor de agua a la atmósfera. Esto implica que sin el rol de los árboles en el país y en el planeta la mayoría de nuestras selvas y bosques se convertirán en desiertos áridos de tierra yerma.

Por otro lado, como colombianos debemos considerar que la eliminación de la capa vegetal le quita a los bosques y a las selvas sus palios naturales, los cuales bloquean los rayos del sol en el día y preservan el calor en las noches. Esta imposibilidad de los bosques de equilibrarse en términos climáticos produce la aparición de cambios de temperatura extremos, que son nocivos para las plantas y animales sobrevivientes a la tala indiscriminada de árboles.

Además, es ineludible reconocer que los árboles desempeñan un papel central en la absorción de gases de efecto invernadero, los que son, en gran medida, responsables del calentamiento global. En este sentido, entre menos bosques se tengan hay mayor emisión de gases de efecto invernadero en la atmosfera y una profundización del cambio climático.

A pesar de esto, Colombia no ha sido uno de los países más comprometidos con la lucha en contra de la deforestación. Tampoco ha sido eficaz en la creación y promoción de políticas estatales que propenden por la conservación de nuestros bosques. Todo lo contrario, el silencio y la quietud frente a este tema han sido tan visibles que parece haber un desentendimiento casi total respecto a una de las problemáticas que más aqueja a este país. Y que más se ha profundizado en el periodo de posacuerdo en el que Colombia actualmente transita. Esto a su vez ha dado lugar al incremento de asesinatos de líderes ambientales que por la defensa de la naturaleza son vilmente acallados.

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Dicho panorama nos permite comprender por qué Colombia se posicionó en el 2018, según el informe del Instituto de Recursos Mundiales (WRI), como el quinto país más afectado por la deforestación después de Brasil, Indonesia, República Democrática del Congo y Bolivia. Vale la pena resaltar que Colombia aumentó la perdida de selva virgen en un 9% entre 2017 y 2018.

Sin dejar de lado que la tasa de deforestación en el territorio nacional durante el 2016 llegó a la tala de 178.597 hectáreas de bosques, de acuerdo a las cifras arrojadas por el Ideam. Y que esta cifra siguió aumentando en el 2017 de tal forma que para este año alcanzamos el 23% de deforestación, lo que equivale aproximadamente a 220.000 hectáreas de bosque que fueron tumbadas.

Lo alarmante de este incremento es que para el 2018 las entidades estatales esperaban un aumento de hasta 280.000 hectáreas de bosque taladas. Según los boletines de alerta temprana por deforestación del Ideam, entre octubre y diciembre se arrasaron un poco más de 43.000 hectáreas de bosque solo en los departamentos de Meta, Caquetá y Guaviare.

Este boletín evidencia que el porcentaje de deforestación en Caquetá es del 45,9 %, en el Meta es de 13,1% y en Guaviare es del 9,8 %. Por lo que en estos tres departamentos se concentran las mayores cantidades de detecciones de deforestación.

Sin embargo, la región más preocupante es la Amazonia, puesto que en ella se concentra el 75% de las detecciones de deforestación. En esta región persiste la detección temprana con respecto a lo reportado en el tercer trimestre en los municipios de San Vicente del Caguán y Solano (Caquetá), Puerto Guzmán (Putumayo), El Retorno y San José del Guaviare (Guaviare), y La Macarena, Uribe y Mapiripán (Meta).

A su vez, en la región Pacífica continúan las alertas tempranas de deforestación, particularmente en cercanías del río Baudó. La mayor cantidad de detecciones persistentes se encuentran en el municipio chocoano de Alto Baudó, en el caucano de Timbiquí y en el nariñense de El Charco. Finalmente, es de interés presentar que la representación de las detecciones tempranas de deforestación en la región Andina disminuyó hasta el 9 % del total nacional.

Este panorama nos permite entender que el camino que Colombia está tomando es el equivocado, pues nuestros bosques son cada vez menos y el riesgo de acabar nuestras riquezas naturales está más latente que nunca. Ya no solo se habla de un daño al hábitat de miles de animales que viven en nuestros bosques y selvas, sino de un asunto de sobrevivencia animal, vegetal y humana.

Sin nuestros bosques, problemáticas como el cambio climático, la emisión de efecto invernadero, la falta de agua potable, la inseguridad alimentaria y la falta de tierra fértil profundizarán las desigualdades, las violencias y la pobreza en Colombia y el mundo.

No obstante, aún tenemos –aunque poco- algo de tiempo para trasformar nuestras prácticas, proteger a nuestros líderes ambientales y promover políticas y formas de vida que potencien el incremento de nuestros bosques y la fertilidad de nuestros suelos. En suma, aún hay tiempo para cambiar, solo falta voluntad política para transformar este panorama y cambiar el futuro precario que este camino en el que estamos nos ofrece.

Entre radicalismos, polarización y violencias, contienda electoral en Brasil

Entre radicalismos, polarización y violencias, contienda electoral en Brasil

El 28 de octubre se llevará a cabo la segunda vuelta electoral en Brasil y, mientras tanto, miles de personas se atacan entre sí, debido a los radicalismos y a la polarización exacerbada por parte de ciertos sectores de la sociedad civil. Mujeres, afrodescendientes, artistas, comunidad del LGTBI, entre otros, han sido víctimas de ataques, golpes y asesinatos despiadados y, en todo, irracionales y perversos.

Cabe preguntarse ¿qué ha hecho despertar las pasiones más viscerales e intolerantes de los sufragantes en Brasil? Un contexto de crisis política y económica y la exacerbación de temores, miedos y deseos relacionados con las memorias de las dictaduras en el país permiten vislumbrar las violencias emergentes en las elecciones. Sumado a esto, el perfil de los candidatos -profundamente contrarios entre si- no da pie para moderar las pasiones, sino todo lo contrario, las alimentan.

De acuerdo a la ficha de los candidatos ofrecida por el periódico brasilero Folha de S.Pablo, Jair Bolsonaro estudió educación física y fue un militar que alcanzó el grado de capitán en el Ejército. Este candidato nació en Campinas, San Pablo y ha sido uno de los representantes más conservadores de la sociedad brasileña.

Adicional a esto, Bolsonario aprueba la dictadura como gobierno político ideal y siente nostalgia de la dictadura militar que se dio durante 1964 y 1985. Cabe mencionar que este candidato se ha destacado por sus discursos basados en sentimientos y pensamientos homofóbicos en pro de la idea tradicional de familia, racistas, machistas y antidemocráticos –pues la democracia según él no permite resolver los problemas nacionales-.

Dichos valores entonces se perfilan como la base política de este candidato del Partido Social Liberal (PSL). Algunas de las propuestas de Bolsonaro según el periódico de Brasil Estadão han sido polémicas, conservadoras y basadas en la liberalización económica:

Economía:

  • Dejar de lado al comunismo y al socialismo y ser partícipes activos del libre mercado.
  • Reducir en un 20% el volumen de la deuda pública a través de privatizaciones, concesiones, venta de propiedades inmobiliarias de la Unión.
  • Eliminar el déficit público primario en el primer año de gobierno y convertirlo en superávit en el segundo año.
  • Crear el Ministerio de Economía, que abarcará funciones hoy desempeñadas por los Ministerios de Hacienda, Planificación e Industria y Comercio.

Educación:

  • No admitir ideología de género en las escuelas.
  • Incluir en el currículo escolar las disciplinas de educación moral y cívica (EMC) y organización social y política brasileña (OSPB), que eran enseñadas durante la dictadura militar.
  • Proponer la disminución del porcentaje de vacantes para cuotas raciales. Defiende cuota social.
  • Ampliar el número de escuelas militares, cerrando alianzas con las redes municipales y estatales. En dos años, tener un colegio militar en cada capital. Hacer el mayor colegio militar del país en São Paulo, en el Campo de Marte.

Seguridad:

  • Reformular el Estatuto del Desarme: defiende el derecho a la posesión de armas de fuego por todos.
  • Defiende cambio en el código penal para establecer la legítima defensa de hecho.
  • Apoyar penas duras para crímenes de violación, incluyendo castración química voluntaria a cambio de la reducción de la pena.
  • Tipificar como terrorismo las invasiones de propiedades rurales y urbanas en el territorio brasileño.

Medio ambiente:

  • Defiende que Brasil deje el Acuerdo de París sobre el clima, así como los Estados Unidos de Donald Trump.
  • Fundir los Ministerios de Agricultura y Medio Ambiente.
  • Viabilidad de permitir la deforestación en la Amazonía.

Política Exterior:

  • Hacer negocios con todo el mundo, sin sesgo ideológico. Dar prioridad a las relaciones comerciales con naciones como Israel, no con Venezuela.
  • Revocar la ley de inmigración y hacer campo de refugiados, para lidiar con la migración de venezolanos hacia Brasil.
  • Pretende cambiar la embajada brasileña en Israel desde Tel Aviv a Jerusalén, como hizo el presidente de Estados Unidos Donald Trump y cerrar la Embajada de la Autoridad Palestina en Brasil.
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Imagen tomada de infobae.com

Por otro lado, el candidato por el Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Habbad es hijo de inmigrantes libaneses. De acuerdo al periódico Folha de S.Pablo, Habbad es abogado de la Universidad de San Pablo, hizo un magister en Economía y un doctorado en Filosofía de la misma universidad. Y actualmente es profesor del departamento de Ciencia Política de su alma máter. Adicionalmente, Habbad fue alcalde de San Pablo desde 2013 hasta el 2017, lo que le da un perfil basado en la experiencia política y administrativa.

Según el periódico de Brasil Estadão, el programa de este candidato retoma programas sociales y políticas que promueven la igualdad de género, la superación de la pobreza, el incremento de la participación política popular y el crecimiento económico. Pero vale la pena revisar algunas de sus propuestas para entender esta posición:

Economía:

  • Implementar medidas de emergencia para salir de la crisis. Entre ellas, crear el programa Meu Emprego de Novo, retomar 2,8 mil obras paralizadas y el Programa Minha Casa Minha Vida, y crear líneas de crédito con intereses y plazo accesibles con foco en las familias.
  • Crear la Política Nacional de Desarrollo Regional y Territorial, para interiorizar la actividad económica.
  • Estimular la reindustrialización. Para ello, los bancos públicos deben desempeñar un papel importante en la financiación de la industria.
  • Adoptar reglas para controlar la entrada de capital especulativo en Brasil e inhibir la volatilidad del cambio.

Educación:

  • Ampliar las matrículas en la enseñanza superior y en las enseñanzas técnica y profesional.
  • Realizar anualmente una Prueba Nacional para Ingreso en la Carrera Docente en la red pública de educación básica.
  • Refinanciar las deudas de estudiantes del Fies.
  • En contraposición a la Escuela Sin Partido, crear la Escuela con Ciencia y Cultura, para valorar la diversidad.

Seguridad:

  • Mejorar la política de control de armas y municiones, reforzando su rastreo.
  • Cambiar la política de drogas. Al mismo tiempo, prevenir el uso de drogas.
  • Reanudar inversiones en las Fuerzas Armadas.
  • El Ministerio de Defensa volverá a ser ocupado por un civil.

Medio ambiente:

  • Preservar y proteger los recursos naturales.

Política Exterior

  • Fortalecer Mercosur, Unasur, BRICS y Foro de Diálogo India, Brasil y Sudáfrica (IBAS).
  • Reanudar la política exterior de integración latinoamericana y la cooperación Sur-Sur (especialmente con África) en las áreas de salud, educación, seguridad alimentaria.
  • Fortalecer instrumentos de financiamiento del desarrollo, como FOCEM, Banco del Sur y Nuevo Banco de Desarrollo (NBD).
  • Apoyar el multilateralismo, la búsqueda de soluciones por el diálogo y el repudio a la intervención y a las soluciones de fuerza.

Estas propuestas nos permiten entender que Jair Bolsonaro fomenta el incremento de la inequidad en Brasil, la privatización y libre mercado, el deterioro desmedido del medio ambiente, el uso de la violencia legítima por parte de la sociedad civil y una educación basada en la invención conservadora sobre la ideología de género, el mantenimiento de la familia convencional y la enseñanza a los niños basada en ideas militares. Además, no se puede dejar de lado que este candidato promueve la necesidad de una dictadura.

Desde otra perspectiva, las propuestas de Fernando Habbad muestran que este candidato tiene una posición más moderada, que busca una mejora de la economía a través del impulso de la industrialización y de programas sociales que generen posibilidades socioeconómicas a las poblaciones vulnerables en Brasil.

También, el candidato busca el fortalecimiento de la fuerza pública, con el fin de generar seguridad y trabajar en programas de precaución sobre el uso de las armas y el consumo de drogas. Sumado a esto, hay un interés por trabajar en el fortalecimiento de las relaciones con la región. Y su programa educativo se centra en el desarrollo intelectual, científico y cultural de los estudiantes.

En este sentido, hay, por un lado, una posición política conservadora que defiende la economía neoliberal y la visión militarista, y, por el otro, una postura política progresista con perspectiva económica liberal pero precavida, que tiende a la inclusión y al diálogo.

Bajo estas posiciones y en el marco de la segunda vuelta, la violencia en Brasil ha incrementado, puesto que se han registrado más de 50 hechos violentos en contra (mayoritariamente) de simpatizantes del PT después de los resultados de la primera vuelta.

Así mismo, la polarización del país se ha radicalizado a tal punto que es imposible hablar entre electores con opiniones distintas, debido a que los ataques y asesinatos son la primera alternativa para eliminar las diferencias políticas. Lamentablemente, los principales promotores de estos hechos violentos, fanáticos e intransigentes son los sufragrantes, ya que son ellos los que se están atacando verbal y físicamente.

Un asunto central respecto a esta coyuntura política es que las pasiones, sentires y pensamientos radicales están llevando a Brasil a repetir su historia, pues según el Instituto Brasilero de Opinión Pública y Estadística (Ibope), Bolsonario cuenta con una intención de voto del 59% frente a Habbad que tiene el 41%. ¿Serán éstas otras elecciones en América Latina y el mundo que reafirmarán el ascenso de la extrema derecha al poder y, con ello, el olvido sistemático de la podredumbre y desolación que han dejado las violencias, destrucciones y desangramientos?