Un día después de Google Meet

Un día después de Google Meet

Por: Yenny Alexandra García
Catedrática Universidad del Tolima – IDEAD-

He abandonado mi cascarón y mi viejo escenario de actuación, dispuesta a un nuevo rol, equipada con recuerdos futuros, inspirada en la valentía de mis camaradas pedagogos.

Siento miedo antes de salir a escena, aunque con un clic puedo activar mi máscara y me diluyo en el aula virtual. Me repito la frase musical de Serrat: “se hace camino al andar” y acepto al fin que necesito aprender a leer e interpretar esta nueva partitura, explorar su lenguaje para navegar por sus conexiones invisibles y cambiar mi guión, mis marcas discursivas. Todo eso abruma mis sentidos y me reta.

Retardo un poco este salto al vacío y ya estoy aquí como en un acto de prestidigitación.   Los expertos han abierto muchas rutas de acceso, mutar es inevitable. Soy aprendiz del último truco forjado por mediadores del pasado mundo y aquí estoy, unidos en la distancia, a bordo de la Stultífera Navis medieval, zarpando quizás rumbo a Ítaca o al nuevo orden del biopoder que Foucault deconstruyó bajo un mundo en llamas.

Descubro que en esta Matrix seguimos en busca de contacto y de fuga. Por fortuna, pasamos obstinadamente por el corazón lo que queremos ser. El giro de la acción es dramático y ya no volveremos a bañarnos en el mismo río.  La ilusión global continúa. Se diluye una vieja identidad con un clic sincrónico. ¿Hay alguien ahí? Estamos todos (es). ¡Adiós muros!

Aquí en mi caverna y viendo las sombras que denunció Platón en su mito, asisto al nuevo orden panóptico de un extraño dios que nos puso máscaras a todos. Su biopoder omnipresente nos puso freno, cambió el tiempo y el espacio que conocíamos.

Ahora más que nunca somos experiencia física y parte de un todo que nos puede afectar. Somos cuerpos limpios o enfermos, cuerpos vulnerables sin excepción, en el encierro, en el aislamiento, en la enfermedad y este cuerpo colectivo que somos, se niega a desaparecer.

¿Vendrá Fantomas al rescate o un nuevo caudillo como Neo? los juegos del hambre y las máquinas mortales superan el atlas de la ficción, si eres divergente sabrás cómo salir del sueño y diseñar en red otras rutas de supervivencia, lo demás ocurrirá por efecto mariposa.

Del confinamiento y sus demonios

Del confinamiento y sus demonios

Por: Marcela Cabezas

El paisaje no podría ser hoy menos inusual: mientras los hogares se atestan de residentes y sus mascotas, algunos curiosos se deslizan hacia la terraza y por medio de las ventanas toman una bocanada de aire exterior que pareciese repelente desde su propio enclaustro.

En la esquina de la cuadra el sol libra su propia batalla por no dejarse extinguir y su eterno color vital se transforma en un rojizo casi como un promisorio infernal entre el azul oscuro de las lejanas montañas; las aves – hoy más libres- se posan majestuosamente sobre las edificaciones y alardean del perfecto círculo en su vuelo previo a descender: bien saben ellas dónde y en qué momento posar en tierra, a diferencia de los mundanos que hoy perviven aislados (…) A lo sumo, el ladrido de perros en uno y otro hogar, y en la calle por supuesto, rompe tal paisaje apacible y casi conmovedor; más,  los hechos que conminaron todo esto son apenas creíbles: como una tragicomedia, de aquellas tan famosas en la literatura universal.

Hay algo cierto hoy en medio de tanto afán, desinformación y avidez “humana”: la ansiedad fecunda el temor y éste es hoy la realidad mediata e inmediata en gran parte del planeta. Y, ¿quién no lo cultiva? además de la especulación económica constante, el atizo de los medios de comunicación y las decisiones políticas oportunas e inoportunas tanto en las grandes potencias como en las que se quedaron en mitad del proceso, caso de América Latina.

El futuro en la región se muestra celoso de sustanciarse, más cuando Latinoamérica en general tuvo tiempo a favor para adecuarse a la realidad de la nueva pandemia mundial- otra más-.

Sin embargo, ni el autoritario Bolsonaro en Brasil, ni el dictador venezolano- o, ex dictador- en el palacio de Miraflores, el populista López Obrador en México pasando por el impopular presidente colombiano y el incrédulo Lenin Moreno en Ecuador le han atinado a la emergencia social y económica que hoy amenaza con desmoronar aún más a los países que gobiernan.

A largos periodos de inestabilidad política y golpes militares, festines de corruptelas, sistemas educativos incipientes, conflictos interinos, actividad económica dependiente y extractiva, etc; se suma ahora una emergencia de salud pública que amenaza con colapsar el sistema si el comportamiento del contagio no presenta un viraje diferente hoy; cosa harto improbable.

Bajo este contexto y teniendo en cuenta que tanto en Brasil, Venezuela, México, Ecuador y Colombia se gobierna bajo la figura del presidencialismo- sin el ánimo de entrar en las virtudes y/o defectos de este sistema de gobierno harto debatido por Juan Linz (1)-, las decisiones que rigen el país provienen de quien encabeza el gobierno, fungiendo como el timonel del barco en aguas harto embravecidas. Por tal se presumen “bien orquestadas”.

Bolsonaro optó por obviar el asunto y acusar a los mandatarios federales de sabotear con cifras infladas el número de ciudadanos contagiados; Maduro por su parte, se empeña en ocultar las cifras y hacer de cuenta que nada pasa al interior del resquicio de la revolución bolivariana. Mientras tanto López Obrador minimiza los efectos en uno de los países latinoamericanos más poblados y parece ignorar las críticas y llamados de diversos sectores a que tome medidas prontas al respecto.

En Colombia Iván Duque toma medidas improvisadas en el afán de retardar el inminente colapso del desfinanciado sector salud en el país al tiempo que la sustentabilidad económica en los hogares tiembla. En Ecuador por su parte, se toman medidas cuando el pico de la pandemia es alarmante y hoy tiene el mayor número de contagios en toda la región. 

Bajo este contexto, la carrera para contener el virus “esquizofrénico” resulta titánica y se hace con las uñas – si en la mejor de las suertes se hace-.  De allí que la decisión e indecisión política marcan el rumbo de tamaña empresa. A lo sumo, el aislamiento social es la medida de moda en estos días en diversos puntos del globo.

Aunque no es gratuito tal estado de alarma en todos los niveles: sociales y económicos, en este último se pronostica una catástrofe al estilo Posguerra, aún en tiempos de paz, – expresó esto con minúscula ya que en Latinoamérica conflictos de todo tipo son inmanentes-. Así, las teorías sobre la posible conspiración de la Tercera Guerra Mundial de tipo genético cobra mayor solidez. Sin la intención de dilucidar hondamente sobre este asunto, lo cierto es que en una etapa “post coronavirus” el orden mundial no será el mismo: viejos actores políticos cobrarán protagonismo.

Más, a la sombra de esto, importa también la percepción de la ciudadanía respecto a gobernantes, instituciones, sistema económico y sobre todo la reconfiguración de la vida común en torno a una nueva realidad: el aislamiento social es solo el comienzo, nada volverá a ser como antes. Las interacciones, las estrategias comunicativas, el canon cultural de la región caracterizado por su “afectividad” y compadrazgo, solo por nombrar algunas, habrán de mutar a nuevas formas y/o a retomar antiguas.

A la luz de esto por supuesto, es válido preguntarse si, al ponerse el sol cada mañana y perecer tras los techos y a lo largo del horizonte sórdido ante el panorama “casi conmovedor” en las grandes ciudades, la vida transcurre “normal” y rutinaria, tal como lo vilipendian los medios y noticieros a diestra y siniestra financiados por nuestros “honorables” mandatarios en buena medida. Esta época de estado de sitio como muchas otras previas ha de generar efectos sociales a nivel subjetivo e intersubjetivo, aunque a nivel macro luche por impedir la posibilidad de “algo más”.

Lo cierto es que hoy día a lo largo de América Latina las instituciones parecen rebasadas y los ciudadanos de cara a medidas y un entorno desconocido: la pervivencia se convierte hoy en batalla animada desde los hogares (a los poseedores les irá mejor que a los que no). Entonces, ¿cuáles son los efectos del confinamiento aún con sus virtualidades?, o sea ¿cómo asumir la “normalidad” en tiempos turbulentos e impredecibles? ¿Qué tiempos son éstos y cuáles los que vendrán?

La incertidumbre crece día a día, ahora animada por un “problema más” en la agenda. Nada ajeno en América Latina, donde se ha convivido con el terror desde el ancien-régime – la conquista española marcará el inicio de muchos otros más-, y, hasta nuestros días de “modernidad sin modernización”.

Entonces, qué diferencia lo uno de lo otro en el camino de la evolución – o la involución social- ya que la política no cumple aún con su objetivo de ser “el arte de lo posible” y la democracia se torna cada vez más inviable. A lo sumo, todo continuará bajo el “status quo”, y, las aves se yerguen como dueñas y amas del cielo despejado, por estos días.

 

 

Notas

 

Linz, J (1994). Presidencialismo y Democracia: Una revisión crítica.

La precariedad laboral de los catedráticos y el representante profesoral que los desconoce

La precariedad laboral de los catedráticos y el representante profesoral que los desconoce

Por: Oscar Abel Cardona Hurtado
Catedrático de la Universidad del Tolima

Nuevamente la Universidad del Tolima se encuentra en anormalidad académica, esta vez debido a que los estudiantes decidieron declarar el cese de actividades. Como ha ocurrido en ocasiones anteriores, es muy probable que la dirección universitaria viole de nuevo los derechos de los docentes denominados catedráticos, quienes son responsables de más del 80% de la academia que se imparte en la institución y padecen precarias condiciones laborales.

Y como si fuera poco, el representante de los profesores ante el Consejo Superior Universitario (CSU), el profesor Germán rubio, quien es el llamado a brindar apoyo a estos docentes a quienes representa, vota en contra de los interese de los mismos.

En la universidad del Tolima ocho de cada diez docentes son contratados mediante la figura conocida como hora cátedra; por esta razón se les denomina catedráticos (aunque a la luz de la ley cuarta de 1992 no todos se ajustan a esta condición). Con esa proporción en mente, los catedráticos son responsables de más del 80% de la academia que se imparte en la institución, el restante porcentaje es cubierto por docentes de planta.

Las condiciones laborales de los segundos son dignas; gozan de estabilidad laboral salario decente y condiciones aceptables. Los catedráticos, por el contrario, padecen precarias condiciones laborales, son tratados como contratistas a pesar de que realizan labores misionales en la institución, no gozan de estabilidad laboral, son contratados por ocho meses al año, se les reconoce salario solamente por el tiempo que comparten en el aula con los estudiantes desconociendo las actividades complementarias que realiza el profesor antes de orientar la clase y después de esta.

Asimismo, en lo relacionado con derechos políticos de los catedráticos como lo es el de elegir y ser elegido, el acuerdo número 031 de 1991 expedido por el CSU, por el cual se reglamentan las elecciones de representantes profesorales a los Consejos: Superior, Académico y de Facultad, en su artículo tercero suscribe que solamente podrán ser elegidos para tales espacios de representación los profesores de planta.

El pasado 16 de noviembre sesionó el CSU y fue aprobado en primera vuelta el nuevo Estatuto General de la Universidad. Vale la pena hacer referencia a dos artículos del documento que fueron aprobados, y que tienen relación con los derechos políticos de los catedráticos, y es interesante analizar la manera como votó el representante profesoral en este órgano, el profesor Germán Rubio.

Uno de los artículos aprobados está relacionado con el proceso de elección de rector. Se aprobó que se consultarán los estamentos de la comunidad académica estudiantes, profesores y graduados; en la consulta realizada a los profesores, solamente podrán votar los docentes de planta, es decir, se les niega el derecho al voto a los catedráticos.

Es importante resaltar que el representante profesoral en el CSU estuvo de acuerdo con lo anterior. Un segundo artículo a considerar es que para la elección de los representantes profesorales al CSU podrán votar los docentes de planta y los catedráticos, y las planchas deben estar conformadas por un docente de planta y un catedrático.

En este último artículo, el representante profesoral Germán Rubio votó negativamente; el representante de los profesores asegura que votó en esta dirección porque según él, “estas representaciones quedarían a perpetuidad en manos de los catedráticos y los tutores del IDEAD.”

Llama poderosamente la atención que el representante profesoral vote positivamente un punto en el que se les niega el derecho fundamental a elegir y ser elegidos a los catedráticos, y vote negativamente un artículo en el que se les garantiza el derecho a elegir a ser elegidos a los catedráticos.

Es increíble que representantes de otros sectores del CSU consideren que los catedráticos tienen derecho a elegir y a ser elegidos, y paradójicamente el representante profesoral piense lo contrario. En la medida en que los catedráticos gocen de plenos derechos políticos se les abre una inmensa puerta para la dignificación laboral.

Es evidente que los profesores de cátedra de la Universidad del Tolima no tienen el elemental y constitucional derecho a elegir y ser elegidos. Así las cosas, en la institución tienen derecho a elegir y ser elegidos únicamente el 20% de sus docentes, el restante 80% son tratados como maestros de segunda categoría.

Por otra parte, todos los docentes de la UT cumplen labores misionales, y tienen las mismas responsabilidades frente a los estudiantes y a la comunidad en general, la mayoría no son tratados como se debe. El sindicato de docentes ASPU-UT ha sido protagonista en algunas reivindicaciones que se han logrado para los catedráticos de la Universidad de Tolima en los últimos años, insuficientes pero muy valiosas.

De igual forma, en la actualidad una de las banderas de la organización sindical a nivel local y nacional es la formalización laboral de los catedráticos, que se debe materializar en contratación por mínimo 11 meses al año con todas las garantías establecidas en el decreto 1279 de 2002, como lo ordena la Honorable Corte Constitucional en la sentencia C – 006 de 1996.

A todo esto, en la actual coyuntura que atraviesa la UT con el cese total de actividades académicas decretado por los estudiantes, y cuestionado por algunos sectores estudiantiles y profesorales que prefieren asambleas escalonadas, los catedráticos están expresando su preocupación, dado que pueden ser afectados por la determinación que puede tomar la dirección de la institución en términos laborales y salariales.

Los antecedentes no son alentadores, a finales de 2018, como consecuencia de la protesta a nivel nacional por parte de estudiantes y docentes, las directivas de la institución decidieron no pagar los salarios del mes de noviembre a los catedráticos, a pesar de que en los acuerdos alcanzados entre el Gobierno Nacional y el movimiento universitario establecieron lo contrario, lo cual provocó malestar en este gremio de docentes.

El argumento esgrimido por de la dirección universitaria para tomar esta decisión se fundamenta en el parágrafo 9 del artículo cuarto de la resolución de vinculación laboral que establece:

en caso de presentarse cese de actividades académicas, fuerza mayor o caso fortuito y por este motivo no pueda prestarse el servicio, el término pactado de vigencia contractual, se suspenderá automáticamente hasta cuando se reanude la normalidad institucional”.

El anterior parágrafo es considerado a todas luces antiuniversitario por parte de los catedráticos; también, especialistas en ciencias jurídicas aseguran que viola normas constitucionales.

Soy catedrático de la UT desde hace 13 años, he trabajado muy duro en esta alma mater que amo, y debo subrayar que no comparto en absoluto la posición del representante profesoral Germán Rubio. Es indignante que este colega considere que los catedráticos no estamos en capacidad de ejercer el derecho al voto de manera consciente.

Le recuerdo al profesor Rubio que los catedráticos también somos docentes, que nos hemos preparado académicamente, y llegamos a la UT mediante convocatorias.

A la dirección de la universidad la invito a dar trato digno a los catedráticos y no violar nuevamente los derechos laborales de los docentes en la actual coyuntura. También es necesario iniciar lo más pronto posible la formalización laboral.

Esta vez la excusa no puede ser la falta de presupuesto. En los dos últimos años se ha fortalecido la base presupuestal de la institución con el aumento de las transferencias tanto del Gobierno Departamental como del Nacional.

El día que todos los docentes de la UT gocemos de condiciones laborales dignas, ese día lograremos una real calidad académica para el servicio de la comunidad tolimense; más allá de la polémica Acreditación institucional que otorga el MEN.

¿Y qué con la polarización en Colombia?

¿Y qué con la polarización en Colombia?

 

Por: Adriana Marcela Cabezas Mora

Debido a la vertiginosidad con que la opinión pública reproduce la llamada “polarización política en Colombia” que afecta ámbitos varios además del político, vale la pena hacer algunas precisiones sobre una característica fácil de la cultura política acentuada a diestra y siniestra hoy día.

Si hay un país que ha vivido en carne propia una polarización política es éste a lo largo de su historia, de allí que resulte arriesgado llamar a todo polarización: las cosas por su nombre.

La polarización política es un indicador que permite determinar el grado de democratización de un país a partir de instituciones como los partidos y asociaciones políticas. Según el politólogo italiano Norberto Bobbio, la díada izquierda/derecha aún configura el universo político dado que los actores políticos hacen referencia a ésta no precisamente como una “caja vacía”. 

A su juicio, la preferencia de valores como la libertad, delimitan la inclinación de derecha o izquierda. Más la diada en Colombia tiende a ser menos radical según el Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes.(Ver artículo relacionado)

El panorama político-electoral mediato se ha visto influenciado por dos eventos: la continuidad del proceso de paz en la etapa del posconflicto y la crisis económica que avecinan directivas en la materia (caso del presidente del Banco de la República Juan José Echavarría).

Interesa hablar sobre el primer evento por sospechar que es desde allí desde donde se afinan equipos a uno y otro lado de la tribuna, nada más descabellado en un país que con un cerillo se enciende(…)

Si bien es cierto, el plebiscito por la Paz y la firma del proceso se sucedió durante la administración de Santos, es en el gobierno de Duque donde se debate entre continuidad y/o retroceso.

Una de las promesas en campaña del presidente Iván Duque fue la de dar continuidad y garantías al proceso de Paz, siempre y cuando se precisen ciertos ajustes jurídicos abanderados por su partido político (Centro Democrático) sin contar con el apoyo político suficiente para dar trámite a éstos.

Éste tema en particular ha ubicado actores políticos y civiles a favor y en contra, constituyéndose en la punta de lanza de posturas “pro-paz” y “guerreristas” en el país, misma que representan a mi juicio el único asunto bipolar.

La paz es un derecho y un deber consagrado por la carta política de 1991 (artículo 22), mientras que la reflexión politológica le considera como un estado ideal dentro de un territorio soberano sin significar ausencia de algún grado de conflicto.

Con esto en mente, es mucho más que deseable que Colombia, con una herencia fratricida como la del período de la Violencia bipartidista experimentada entre los años cuarenta a cincuenta, experimente hoy cierto apaciguamiento.

No existe duda de que el proceso de Paz representa un ámbito central en la política local y nacional, más es por lo menos una exageración definir a partir de allí el universo político del país.

En este tono, resulta reduccionista explicar todo a partir de una postura a favor y en contra del proceso máxime cuando el espectro ideológico en el país no resulta tan determinista como si lo fue previo y durante el Frente Nacional.

Así las cosas, las declaraciones reticentes en los medios que endosan problemáticas variadas como la dificultad de hacer campaña en departamentos como el Cauca y Popayán, por ejemplo – territorios conflictivos de vieja data- y la expresión de preferencias político-electorales en redes sociales y organizaciones civiles, por un lado.

Por el otro, el mal estado de la economía del país según declaraciones del director de la entidad (Ver artículo relacionado); todas éstas bajo la máxima de la polarización política latente. 

Es innegable que el ambiente político influye en el ámbito económico y social, más el ambiente político en sí comprende más elementos que la suerte del proceso de Paz ya que el universo político es mucho más complejo, ejemplo de esto es la relación sistémica.

De acuerdo a lo anteriormente expuesto, se vislumbran varias cosas: vivimos inmersos en un entorno altamente persuasivo a partir de creencias fatalistas apoyadas en juicios a favor y en contra de paz o guerra, diada que resulta más peligrosa que las orillas ideológicas entre derecha e izquierda, que sin dejar de ser vigentes- ya que el voto duro de liberales y conservadores perdura aún-.

Las expresiones políticas experimentan una suerte de pluralismo político y por qué no, cierto “acomodismo progresista” que no requieren ser apabulladas a un radicalismo determinista. A este país le faltan más explicaciones racionales y menos aforismos que aticen conflictos ideológicos que, se suponen superados.

¿Justicia terrenal o divina en Puebla? Retorno al Estado de Naturaleza

¿Justicia terrenal o divina en Puebla? Retorno al Estado de Naturaleza

Por: Marcela Cabezas 

El Estado entonces, toma vida como aquel monstruo mitológico: el Leviatán

Tras siglos de reflexión política y filosófica sobre las bases del Estado moderno y la civilidad, los constantes linchamientos sucedidos en territorio mexica invitan a una retroalimentación sobre los cimientos de éste frente a la amenaza civil de retornar al estado de naturaleza.

A finales del siglo XVI Thomas Hobbes escribía su obra más reconocida “el Leviatan o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil”, inaugurando la lectura contractualista sobre el pacto social que dará vida al Estado moderno tras siglos de gobiernos monárquicos y absolutistas.

De entre los aspectos que darán paso al contrato social entre gentes civilizadas es la renuncia al estado de naturaleza inmanente en cada hombre al nacer, ésto, a razón de sus libertades natas. Si bien es cierto,el hombre en estado de naturaleza goza de libertades y derechos, tales son utilizadas para la perpetuación de prácticas denigrantes ligadas a las pasiones humanas tales como: la soberbia, la lujuria, la avaricia, el deseo, etc, etc.

En este tono, según Hobbes el “hombre es un lobo para el hombre” por lo que es necesario crear un tercero artificial capaz de contener el caos y garantizar seguridad a cambio de la renuncia al estado natural. El Estado entonces, toma vida como aquel monstruo mitológico: el Leviatán,  obrando como el tercero artificial impartidor de justicia y dador de seguridad.

En este tono, el contrato social que permitió la emergencia del Estado moderno se basa en dos aspectos centrales: el mando y la obediencia, relación posible en la medida en que los dos  implicados (Estado y sociedad) cumplan con lo que le corresponde. Más, si alguno de los dos falla el regreso al estado de naturaleza y la incubación de una Guerra civil es inmanente. Contexto desde el cual a propósito  el pensador inglés reflexiona su obra.

Ahora bien, de un tiempo para acá forma parte de la mexicanidad, y en específico el territorio poblano el recurso a linchamientos a supuestos ladrones, secuestradores, violadores y sujetos implicados en algún delito, sin ser una práctica reciente por parte de la población civil. Se destacan los hechos sucedidos el pasado fin de semana que dan como saldo el deceso de siete personas en el municipio de Cohuecan y Tepexco, en circunstancias bastante alarmantes tras reunirse una horda social enfurecida. No es necesario detallar la escena basta con afirmar que es necesario una reflexión hobbesiana al respecto.

Se pueden hacer diversas lecturas frente a los hechos: que se trata de pueblos alejados anclados en prácticas tradicionales cerradas a foráneos , que el Estado brilla por su ausencia ya que había poca  fuerza pública o arribó muy tarde tras el llamado de la comunidad ;y,  el más sonado, que a falta de la impartición de justicia por parte de las autoridades la población civil debe ejercer ésta por propias manos.

La primera resulta histórico-contextual, la segunda poco creíble debido a la militarización del territorio mexicano de hace ya bastante tiempo – legitimado ahora con la Guardia Nacional- , y la tercera es real y temible en tanto que representa un retroceso frente a siglos de reflexión política y jurídica sobre la justicia y la seguridad como valores fundamentales en una sociedad que aspira a evolucionar en cabeza  del Estado o el Gran Leviatán.

De forma que en el siglo XXI suponiendo superado el estado de naturaleza en el cual reina el conflicto y la guerra de todos contra todos, es apenas alarmador que pobladores de éstas municipalidades decidan aprehender y ajusticiar a los supuestos secuestradores de un vecino. Y, digo supuestos dado que en un debido proceso se emite juicio tras escuchar las partes implicadas; proceso imposible dado que la vertiginosidad de los hechos evidenció un castigo de esos muy característicos en la época oscurantista donde se echaban a la hoguera a supuestos brujos y hechiceros bajo la sentencia ineludible de herejes sin juicio alguno.

Ahora bien, tal época se superaría tras la separación entre Estado e Iglesia, más los hechos recientes en Puebla apuntan a que en la impartición de la justicia no sólo intervienen los actores instruidos y dispuestos institucionalmente para ésto, sino que cada vez que haya oportunidad los civiles obran como jueces  e incluso verdugos de los delincuentes.

Concuerdo en el hecho de que la justicia en México se toma su tiempo en ocasiones y que un efecto de tal proceso será el no castigo ejemplar a los ciudadanos que han fallado por acción y/o omisión. Más la creencia de que la justicia – cimiento del imperio de la ley- se imparte por parte de una horda enardecida a punta de “puño y machete”- en el mejor de los casos- evidencia que no sólo fallan las instituciones sino también que en la conducta humana “moderna” el estado de naturaleza se muestra reticente a desaparecer.

Así las cosas, es necesario que tanto las autoridades públicas como las organizaciones civiles tomen protagonismo y se pronuncien al respecto, dado que, si en los hechos hacer justicia por nuestras propias manos se vuelve una práctica común ¿qué sentido tiene seguir viviendo en sociedad bajo un Estado recaudador de impuestos e imposibilitado de garantizar seguridad por propios medios?, si en la praxis de la sospecha se pasa a la pena máxima.

En últimas, no creo que el Estado y su maquinaria se encuentre rebasado, más bien, dudo en que la población civil en su totalidad renuncie a libertades naturales supuestamente superadas a cambio de garantizar sus libertades civiles vigentes. De hecho, la población recurre a las primeras cada vez que la consideren necesaria tal como vimos.

En este tono, Hobbes ha visto cumplida su sentencia sobre la mayor amenaza al Leviatán y a la estabilidad política y social: las pasiones humanas. Entonces, la tarea es vasta, y la reflexión debe ir más allá del tradicionalismo y de aquello de “cuidarnos a nosotros mismos”; a la larga los efectos sobre el valor de la justicia y los siglos de cimentar el mismo se mostrarán más involutivos que evolutivos ¡tamaña cosa! en el segundo país más poblado de América Latina.