Desde el interior del huevo de la serpiente y a vox populi, corren voces sobre la crisis de rating que tienen ciertos medios corporativos de información. Para nadie es un secreto que personajes como Gurisatti, Vélez, Nassar, Dávila, o Morales se presentan ante la opinión como periodistas; no obstante, surge la duda de si en verdad ejercen como tal, pues para ser periodista es necesario tener una ética profesional que claramente estos personajes no poseen.

De acuerdo con Norbert Bilbeny, la veracidad, la autonomía, el interés público y la justicia, son expresiones manifiestas de una ética periodística, pero ¿cómo lograr la veracidad cuando estos personajes en ocasiones juran que son “jueces”, no dejan terminar las respuestas, contraatacan en medio su ataque, son groseros con unos y recocheros con otros y preguntan selectivamente para no poner en aprietos a unas figuras, pero sí a otras? ¿entonces qué? ¿son jueces o son periodistas? Porque no se puede disfrazar la agudeza que debe tener un periodista con falta de respeto, o la irreverencia con malversación.

¿Cómo pensar que tienen autonomía si trabajan para empresas cuyos dueños y familiares según las mismas revistas de farándula, se conocen entre sí, los invitan a las mismas fiestas, forman parte del mismo círculo y expresan sin que lo admitan una clara dependencia hegemónica con el poder político en Colombia? ¿o acaso la mermelada esparcida sobre el ego de Nassar con ese cargo en presidencia es una casualidad meritoria de la autonomía? ¡no me hagan reír!

¿Cómo pensar que “periodistas” como los nombrados, persiguen un interés público si prácticamente criminalizan todo lo que esté en contra de sus intereses particulares o de su grupo social?

En este sentido, ni por las sombras aparecen niveles de justicia, son marrulleros. Por esta razón y por todo lo que ha significado el 21N, están perdiendo a pasos acelerados el control de la narración de la realidad colombiana.

El movimiento del 21N entre otras muchas cosas, ha servido para que el ciudadano promedio, se dé cuenta de qué manera funciona la hegemonía. Basta recordar cómo el diario El Tiempo, en el marco de la retención ilegal (por tanto, secuestro) de una joven en un carro particular por parte del Esmad, colocaba en sus titulares “polémico traslado” atenuando la gravedad del asunto. Claramente los jefes editoriales, no pueden escribir “se lo merecía” pero se siente que con el maquillaje de encabezados o con narrativas que pervierten los hechos, ganas no les sobran a estos descarados.

Con el engaño a los habitantes de conjuntos residenciales de Bogotá ocurrido la noche del 22 de noviembre, hubo muchos que, si antes dudaban, hoy se convencieron de que la perversión de quienes manejan el poder en Colombia no tiene límites; esa perversión está enquistada en los medios corporativos.

Hoy, paulatinamente se ha forjado una red comunicativa tras las bambalinas del teatro de la información corporativa, que ha convencido a muchos ciudadanos de que gente como Gurisatti, Vélez, Nassar, Dávila, o Morales y todas las cadenas televisivas o radiales que representan, sencillamente los engañaron desde siempre. ¡¡claro, ser gurús del periodismo o figuras públicas, no permite que la develación o desenmascaramiento sea fácil!! Pues ser una figura pública lleva de la mano un deseo reprimido de serlo, repartido en todos aquellos que no lo somos.

Por eso es tan difícil atentar contra las “deidades”, por eso estos “periodistas” asumen con tranquilidad y casi sin darse cuenta la actitud de jueces; eso jamás lo aceptarían, ellos insistirán en que son “objetivos” al preguntar, porque su convencimiento proviene de la posición de poder vinculada con sus relaciones familiares y políticas y no por el hecho de ser periodistas.

El ser miembros del grupo social que controla el poder político (y que lo diga Morales en figura de cuñado presidencial) les da una potestad que suprime la autocrítica y eleva el ego, haciendo que finalmente cuando los condenemos por ser agentes sociales ultra parcializados, a ellos les den premios, y los sigan rectificando como “periodistas”.

Por eso la soterrada pero contundente solución que se ha venido gestando con mucho esfuerzo ha sido la de constituir una narrativa popular y de base que se ha instalado en la conciencia social: todos los medios corporativos de información están al servicio del poder y por tanto nos engañan.

Hemos logrado construir anti-hegemonía contra noticias RCN o NTN24 (portavoces del uribismo y de la derecha más troglodita de Nuestra América), en muchas universidades e instituciones educativas salen a relucir ponencias, foros, congresos, tesis sobre este sucinto engaño. En las manifestaciones sociales en ocasiones han negado la entrada al canal RCN porque la gente ya sabe para quién trabaja. Otras veces se ha pasado incluso a la agresión de carros con sus logotipos. Se construyen pancartas contra su hegemonía, escribimos columnas, se fabrican memes y se postean miles de ideas contrarias a su hegemonía. Es real, lo estamos logrando y es nuestra pequeña, pero dulce victoria.

La construcción de anti-hegemonía es una realidad. Es una operación silencio que ha dado sus frutos, no tanto por poner en crisis económica a dichos canales (que a mi juicio como tienen tanto dinero pueden superarla sin problema), sino porque hemos puesto en crisis su versión sobre la realidad nacional: ya muchos no les creemos. Eso es supremamente más contundente y perjudicial no solo para su noticiero sino para su clase social, para su grupo social.

La audiencia que les queda es esa que no maneja redes sociales o que simplemente representa lo más penoso del fanatismo político. Estamos ganando esta batalla por la construcción de anti-hegemonía, y es algo que tenemos que reconocernos. Muchos hemos puesto nuestro grano de arena, pero como no lo conversamos o no lo exponemos, a veces pensamos que “no estamos haciendo nada”. No, estamos haciendo y estamos ganando poco a poco en este terreno.

La operación silencio está triunfando y sin duda el movimiento 21N potenció su eficacia porque fue cuando muchos y muchas reaccionaron, o bien si antes dudaban hoy están más que convencidos de que no puede haber solidaridad con quien te engaña, sino que debe emerger la respuesta más coherente: la lucha en su contra.  

Operación silencio no le quita voz a la hegemonía, ellos tendrán el derecho a seguir protegiendo al poder, pero nosotros les hemos quitado el disfraz y por eso hoy, ya no son portadores de la verdad. Alivio o no, es una victoria; de seguro harán lo imposible por controlar el mensaje, que no se haga raro que apoyen proyectos de ley en los que solo se autorice a unos medios a informar, como alguna vez lo sugería el amañado de Arizmendi. Que no nos sorprenda un futuro control represivo a las redes sociales, pues es el cabo que tienen suelto.

Mientras tanto, ya sabemos que ha funcionado esta especie de “guerrilla comunicativa” y su operación silencio; que hemos consolidado con miles de manifestaciones y mensajes, narrativas alternativas y populares de la realidad; lo hemos logrado, hemos creado una pequeña anti-hegemonía que estamos llamados a proteger, a potenciar y elevar hacia otros campos.

La tarea es dura, pero acabar con esa supuesta neutralidad en el campo político es la más dura de las batallas que hoy se está librando en el campo simbólico, comunicativo y lingüístico. El “periodismo” corporativo que se ufanaba de ser “imparcial” hoy ha sido desenmascarado, esta batalla demostramos que la pudimos ganar.

Pero falta mucho aún por hacer, por ejemplo, los desengaños que la sociedad ha tenido con los políticos “neutrales” o “tibios” demuestra que la realidad de la política siempre toma un camino determinado, y que por más de que te presentes “neutral”, es una fachada que cae muy bien durante elecciones, pero no se ajusta al ejercicio real de la política. La “neutralidad” en política juega con las emociones, tergiversa los intereses, los oculta, convence incautos y no permite ver cuáles son los grupos sociales que están disputando el poder político en el país; te dicen “no polaricemos” para que nada cambie, te dicen “estamos contigo” pero gobiernan contra ti.

Hoy la moral del grupo poderoso que ahora nos quiere “enseñar” a protestar debe ser destruida porque es la que está conteniendo la posibilidad de los cambios sociales; nos quieren poner un “marchódromo” como decía la Dra. Botero. ¿quieren que protestemos sin desestabilizar su mal gobierno? ¿pero qué cosa más absurda están proponiendo?

En fin, la maleza es mucha, pero vamos poco a poco abriendo camino, porque incluso, mucha gente que se dice de izquierda porta la moral del poderoso y eso hace mucho daño. Hay que volver a las bases, hay que creer y afirmar que para gobernar, para transformar la realidad, no necesitas hablar con una papa en la boca, ser un pequeño burgués, o un ejemplo esperpento civilizado. No, eso también es un sofisma, regresemos, regresemos a las bases.