Por: Oscar Abel Cardona Hurtado
Catedrático de la Universidad del Tolima

Nuevamente la Universidad del Tolima se encuentra en anormalidad académica, esta vez debido a que los estudiantes decidieron declarar el cese de actividades. Como ha ocurrido en ocasiones anteriores, es muy probable que la dirección universitaria viole de nuevo los derechos de los docentes denominados catedráticos, quienes son responsables de más del 80% de la academia que se imparte en la institución y padecen precarias condiciones laborales.

Y como si fuera poco, el representante de los profesores ante el Consejo Superior Universitario (CSU), el profesor Germán rubio, quien es el llamado a brindar apoyo a estos docentes a quienes representa, vota en contra de los interese de los mismos.

En la universidad del Tolima ocho de cada diez docentes son contratados mediante la figura conocida como hora cátedra; por esta razón se les denomina catedráticos (aunque a la luz de la ley cuarta de 1992 no todos se ajustan a esta condición). Con esa proporción en mente, los catedráticos son responsables de más del 80% de la academia que se imparte en la institución, el restante porcentaje es cubierto por docentes de planta.

Las condiciones laborales de los segundos son dignas; gozan de estabilidad laboral salario decente y condiciones aceptables. Los catedráticos, por el contrario, padecen precarias condiciones laborales, son tratados como contratistas a pesar de que realizan labores misionales en la institución, no gozan de estabilidad laboral, son contratados por ocho meses al año, se les reconoce salario solamente por el tiempo que comparten en el aula con los estudiantes desconociendo las actividades complementarias que realiza el profesor antes de orientar la clase y después de esta.

Asimismo, en lo relacionado con derechos políticos de los catedráticos como lo es el de elegir y ser elegido, el acuerdo número 031 de 1991 expedido por el CSU, por el cual se reglamentan las elecciones de representantes profesorales a los Consejos: Superior, Académico y de Facultad, en su artículo tercero suscribe que solamente podrán ser elegidos para tales espacios de representación los profesores de planta.

El pasado 16 de noviembre sesionó el CSU y fue aprobado en primera vuelta el nuevo Estatuto General de la Universidad. Vale la pena hacer referencia a dos artículos del documento que fueron aprobados, y que tienen relación con los derechos políticos de los catedráticos, y es interesante analizar la manera como votó el representante profesoral en este órgano, el profesor Germán Rubio.

Uno de los artículos aprobados está relacionado con el proceso de elección de rector. Se aprobó que se consultarán los estamentos de la comunidad académica estudiantes, profesores y graduados; en la consulta realizada a los profesores, solamente podrán votar los docentes de planta, es decir, se les niega el derecho al voto a los catedráticos.

Es importante resaltar que el representante profesoral en el CSU estuvo de acuerdo con lo anterior. Un segundo artículo a considerar es que para la elección de los representantes profesorales al CSU podrán votar los docentes de planta y los catedráticos, y las planchas deben estar conformadas por un docente de planta y un catedrático.

En este último artículo, el representante profesoral Germán Rubio votó negativamente; el representante de los profesores asegura que votó en esta dirección porque según él, “estas representaciones quedarían a perpetuidad en manos de los catedráticos y los tutores del IDEAD.”

Llama poderosamente la atención que el representante profesoral vote positivamente un punto en el que se les niega el derecho fundamental a elegir y ser elegidos a los catedráticos, y vote negativamente un artículo en el que se les garantiza el derecho a elegir a ser elegidos a los catedráticos.

Es increíble que representantes de otros sectores del CSU consideren que los catedráticos tienen derecho a elegir y a ser elegidos, y paradójicamente el representante profesoral piense lo contrario. En la medida en que los catedráticos gocen de plenos derechos políticos se les abre una inmensa puerta para la dignificación laboral.

Es evidente que los profesores de cátedra de la Universidad del Tolima no tienen el elemental y constitucional derecho a elegir y ser elegidos. Así las cosas, en la institución tienen derecho a elegir y ser elegidos únicamente el 20% de sus docentes, el restante 80% son tratados como maestros de segunda categoría.

Por otra parte, todos los docentes de la UT cumplen labores misionales, y tienen las mismas responsabilidades frente a los estudiantes y a la comunidad en general, la mayoría no son tratados como se debe. El sindicato de docentes ASPU-UT ha sido protagonista en algunas reivindicaciones que se han logrado para los catedráticos de la Universidad de Tolima en los últimos años, insuficientes pero muy valiosas.

De igual forma, en la actualidad una de las banderas de la organización sindical a nivel local y nacional es la formalización laboral de los catedráticos, que se debe materializar en contratación por mínimo 11 meses al año con todas las garantías establecidas en el decreto 1279 de 2002, como lo ordena la Honorable Corte Constitucional en la sentencia C – 006 de 1996.

A todo esto, en la actual coyuntura que atraviesa la UT con el cese total de actividades académicas decretado por los estudiantes, y cuestionado por algunos sectores estudiantiles y profesorales que prefieren asambleas escalonadas, los catedráticos están expresando su preocupación, dado que pueden ser afectados por la determinación que puede tomar la dirección de la institución en términos laborales y salariales.

Los antecedentes no son alentadores, a finales de 2018, como consecuencia de la protesta a nivel nacional por parte de estudiantes y docentes, las directivas de la institución decidieron no pagar los salarios del mes de noviembre a los catedráticos, a pesar de que en los acuerdos alcanzados entre el Gobierno Nacional y el movimiento universitario establecieron lo contrario, lo cual provocó malestar en este gremio de docentes.

El argumento esgrimido por de la dirección universitaria para tomar esta decisión se fundamenta en el parágrafo 9 del artículo cuarto de la resolución de vinculación laboral que establece:

en caso de presentarse cese de actividades académicas, fuerza mayor o caso fortuito y por este motivo no pueda prestarse el servicio, el término pactado de vigencia contractual, se suspenderá automáticamente hasta cuando se reanude la normalidad institucional”.

El anterior parágrafo es considerado a todas luces antiuniversitario por parte de los catedráticos; también, especialistas en ciencias jurídicas aseguran que viola normas constitucionales.

Soy catedrático de la UT desde hace 13 años, he trabajado muy duro en esta alma mater que amo, y debo subrayar que no comparto en absoluto la posición del representante profesoral Germán Rubio. Es indignante que este colega considere que los catedráticos no estamos en capacidad de ejercer el derecho al voto de manera consciente.

Le recuerdo al profesor Rubio que los catedráticos también somos docentes, que nos hemos preparado académicamente, y llegamos a la UT mediante convocatorias.

A la dirección de la universidad la invito a dar trato digno a los catedráticos y no violar nuevamente los derechos laborales de los docentes en la actual coyuntura. También es necesario iniciar lo más pronto posible la formalización laboral.

Esta vez la excusa no puede ser la falta de presupuesto. En los dos últimos años se ha fortalecido la base presupuestal de la institución con el aumento de las transferencias tanto del Gobierno Departamental como del Nacional.

El día que todos los docentes de la UT gocemos de condiciones laborales dignas, ese día lograremos una real calidad académica para el servicio de la comunidad tolimense; más allá de la polémica Acreditación institucional que otorga el MEN.