La imaginación del uribismo, derivada de su establecimiento como poder dominante durante casi 20 años en Colombia, ha hecho que su lenguaje y sus símbolos atenten contra la historia, contra la memoria de aquellos que no solo han hecho parte de la oposición, sino los que hemos sido la oposición.

La historia no existe, señalaba Carlos Fuentes; por ende, escribir se convierte en la arquitectura de la realidad.

La tarea de los escritores, sobre todo aquellos que invitamos a mezclar la política y la estética, es hacer que los lectores se sientan un poco incómodos. El eco final de la coyuntura nacional, es el que más habla de su imaginario, por ende, es por allí por donde hay que comenzar.

Hoy el grito final de la canción ha sido, que el uribismo se hace fuerte gracias a la guerrilla… que cosa tan absurda, pues la motivación humana siempre será más compleja de lo que aparenta.

Mascarada de lentejuelas brillantes en la fiesta de las máscaras, cuyo objeto siempre es ocultar no aquello que somos, sino aquello que nos negamos a aceptar que estamos siendo. Pequeñas y torpes bombas de odio, que se comen la compota del señalamiento para así jamás superar el entorno de nuestro tiempo.

¿al convertir nuestros deseos en fortalezas, eso no nos convoca a la derrota? ¿qué deseo oculta la afirmación de que la guerrilla es la jefa de campaña de Uribe? ¿servir a dilucidar alguna verdad que no sepamos? ¿o cumplir la cuota que exige la derrota para no darle la orden a la vergüenza para que nos dispare? 

Dicen antiguos sabios que la creatividad y el descubrimiento son engendrados por el dolor, y aunque algunos se pregunten por todo, menos por aquello que los limita, entonces seguirá oculta la pregunta: ¿para qué caer en nuestro propio abismo?

Quién llevó de la mano a las urnas al uribista furibundo aquel largo día que ha durado 17 años, ¿la guerrilla?… ¡la guerrilla! aseveran furibundos anti-uribistas, que evitan ver su sombra para no darse cuenta de que ha llegado el ocaso. Equivalencia descubierta entre los furibundos, quienes no toman posesión de sus objetivos, y se convierten en accidentes premeditados por fuerzas ajenas a su comprensión. 

Hay que hurgar en la basura de nuestra mente, para encontrar aquello que nos limita. ¿pero cómo pensar en medio de la guerra que todo lo limita? … la última estrofa de la canción no puede ser una premisa engañosa… del uribismo es responsable el uribista.

La guerra está lejos, la guerrilla hoy pareciera más impopular que Peñalosa, por eso es necesario destruir el tiempo de las excusas.

Del uribismo son culpables los uribistas y aquellos que se niegan a aceptar que no han hecho suficiente por desmontarlo. Derrumbemos la tesis de que es la guerrilla la que impulsa al uribismo, reconozcamos que a la gran mayoría le vale mierda una guerra que no le afecta y descubramos el significado de algo que nos es oculto a nosotros mismos.

Muchos deseamos el fin del uribismo, pero amamos más ese deseo de lo que amamos el fin del uribismo, por eso culpamos a terceros y no vemos que el uribismo siempre ha tenido vida propia.

Perturbada hoguera donde perece toda moral democrática, hoguera que convenció a furibundos anti-uribistas de que el uribismo es culpa de la guerra, haciéndolos renunciar a una vida que no han tenido la fuerza de vivirla.

Dejaremos de culpar del uribismo a terceros, nuestro miedo y nuestra responsabilidad se harán reales, y entonces, llegará esa noche en que nos amputaremos el dedo índice para tomarlo, llevarlo a nuestra boca y masticarlo hasta poder tragarlo.