Hoy, cuando el deseo de moverse con libertad ha triunfado sobre los estímulos sensoriales del espacio en el que se desplaza el cuerpo, el individuo móvil contemporáneo ha sufrido una crisis táctil: el movimiento ha contribuido a privar al cuerpo de sensibilidad. Este principio general se ha hecho realidad en las ciudades sometidas a las necesidades del tráfico y del movimiento individual rápido, ciudades llenas de espacios neutrales, ciudades que han sucumbido al valor dominante de la circulación.
Sennett, Richard (1997) Carne y piedra: el cuerpo y la ciudad en la civilización occidental

 

Son largas las horas de vida que he pasado en una buseta y sorprende su multifuncionalidad, es; microempresa, espacio para emprendedores, pulpito y escenario musical de manera provisional, pero en términos de movilidad he aprendido que el verde del semáforo es igual al rojo.

Después de una rutinaria perdida de minutos, descubrí que es una estrategia de los conductores -quedarse inmóviles frente al cambio de luces- una apuesta al azar, deseando que el resto del camino sea una marea de manos agitándose por la necesidad de llegar a algún lugar. Cada mundo sus reglas.

Hace unos meses se incrementó el valor del transporte público en 100 pesos. Un aumento justificado según los transportadores, uno desmesurado si se consideran que las monedas de 50 pesos continúan en circulación, pero el punto importante es que un incremento debe verse reflejado en un mejor servicio y menos contaminación.

Un servicio que no implique: silbar al conductor para que pare o recordarle que se debe mover al cambio de luces en el semáforo, ¡yo no me muevo sin pasajeros! respuesta que define las reglas del juego. Sin dejar de lado la salud y el bienestar de los usuarios, en hora pico no faltan; los empujones, roces, malos olores y todo tiende a complicarse con la frase ¡me colaboran corriéndose para atrás! siente uno que su humanidad está en medio de varios cuerpos compactadores.

Sobre el servicio basta con la experiencia cotidiana, acerca de la contaminación, el estudio Emisión de gases de efecto invernadero por uso de combustible fósiles en Ibagué* [1] es un importante insumo para identificar los niveles de contaminación que produce el transporte público en nuestra ciudad. En el estudio se propone estimar la emisión de gases de efecto invernadero (GEI)  de acuerdo con la venta de combustibles fósiles en Ibagué y plantear opciones de mitigación con sistemas de producción en el Tolima.

En el resultado del estudio “Se encontró un total de 42 estaciones de servicio que venden gasolina y diésel. Solo siete estaciones venden exclusivamente gnv. Las estaciones de servicio de la ciudad presentan una venta media de 3.744 y 5.064 l/día de gasolina y diésel, respectivamente, mientras que la venta de gnv asciende a 1.059 m3/día.

El mayor volumen vendido de gasolina es causado por los mayores consumos por parte de vehículos grandes, tales como camiones y busetas” (pág 108).este alto índice de consumo se expresa en el número de emisiones de gases de efecto invernadero como lo evidencia la presente tabla del estudio.

El total de emisiones año es de 368 Gg[2] CO2e/año (1 Gg = 10⁹ g), de los cuales el 60 % proviene del diésel, el 36 % de la gasolina y solo el 4 % de gnv. Las busetas y camiones hacen uso de los carburantes más contaminantes, por supuesto se deben considerar las motos y vehículos compactos, que según el estudio no generan un valor significativo de GEI. Es pertinente aclarar que las 368 Gg Co2 al año equivalen a 718 kg de Co2 por habitante al año.

Visto desde otra perspectiva, la emisión de 1kg de C02 es el resultado de recorrer 13 km en metro o 282 horas de luz. Al hacer la conversión de los 718 kg de CO2 por alguna de estas dos medidas encontraremos que se recorrerían 9334 km en metro o se consumirían 202476 horas de luz, cifras que resultan preocupantes si tenemos en cuenta lo peligroso de los altos índices de GEI  demostrado en ciudades colombianas como Medellín y Bogotá al presentar alertas por la contaminación del aire.

Ahora bien, en tiempos de cantos de buhonero y con la palabra movilidad como motivación para alentar al electorado, es pertinente pensar más allá del desplazamiento y construir una ciudad con una red de transporte segura, con un buen servicio y menos contaminante.

No consiste solamente en viabilizar el tráfico sino la salud y calidad de vida de los habitantes. Por el momento he iniciado el uso de la bicicleta dejando el yugo de la buseta, solo espero no enfermar de IRA (infección respiratorio aguda) o sufrir la ira de los conductores.

 

[1] Andrade-Castañeda HJ, Arteaga-Céspedes CC, Segura-Madrigal MA. 2017.
Emisión de gases de efecto invernadero por uso de combustibles fósiles en Ibagué, Tolima (Colombia).
Corpoica Cienc Tecnol Agropecuaria. 18(1):103-112

[2] Un gigagramo equivale a 1,000 toneladas y esta unidad es empleada para las emisiones de GEI. 1 Gg de CO2 es una unidad comúnmente empleada en los inventarios de emisiones, en donde se considera también equivalente a 1000 toneladas de CO2, es decir, 1 Gg de CO2 = 1000 T CO2 (SEMARNAT, 2009).