Por: Johan Mendoza Torres

Cantos de sirena ocultan la sorna con la que el gobierno uribista habla de paz ante el mundo. Hay un profundo suspiro en el ambiente colombiano, es del tamaño de los pulmones de un amor de adolescencia. En miles de casas colombianas, el sueño y la mente están de enemigos, la noche no distingue cuándo es la hora para dormir, de la hora para dejar de pensar. No, no estás solo, no estás sola, el insomnio es inquilino de la patria por estos días.

Grandes monumentos han sido erigidos en lo más profundo de nuestras soledades colombianas, las ganas de cambio y de transformación social para unos murió con la mentira de un docente frustrado o de algún periodista que no era periodista; para otros hablaron por sí mismas, escapando de la vida y la de la muerte, incluso de todos nuestros deseos, que como la pulpa de una manzana bajo sol y el viento, se echa a perder en menos de un minuto.

Nicotina que sale de nuestra boca para arrullarnos… la mirada hacia nuestro país está quebrada ante tanta infamia. Creo que hemos fallecido tantas veces, pero nos han asesinado una… una y otra vez.

Colombia tierra querida: rica pero impotente, bella y ultrajada. Muchos colombianos no tienen otra opción que alimentarse de vicio etiquetado, de vicio ilegal que mueve la legalidad, y por el que mueren los campesinos, que luego lloran con esas espesas lágrimas que son fuertes como la piel de un cocodrilo. Sonríen los esqueletos de los vencidos, porque la lástima, reconforta la paz en la que viven los asesinos… asesino el que hala el gatillo… pero también el que grita empleando el sustantivo trizas, el verbo picar; esos portan una armadura de cobardía tejida.

Litros de sangre para medir la eficacia. Eficacia asesina de la causa popular…litros de sangre que aún nos quedan ¿los quieren? …vengan por ellos antes de que nieguen lo que está pasando y digan que fue un invento de esa corriente necia que se cansó de arrastrar los cuerpos hasta las bocas de ceniza. 

El odio ya había hecho maleta, pero se la robaron unos colombianos de cuello blanco. El odio insistió en largarse lejos aún sin maleta, pero entonces fue humillado por sus ladrones, fue ultrajado por ser odio con ganas de irse; lo torturaron y lo torturaron, haciéndolo sonreír para no generar mala energía, haciéndole prometer que no confesaría ni una sola palabra; le mataron a su madre la indignación y huérfano, decidió quedarse por la obra y la malicia de aquellos ladrones de cuello blanco.

Años de esfuerzos y esperanzas huirán sin siquiera ser recuerdos ¿para qué? lluviosas ganas de olvido no cesan entre las consignas positivas de aquellos que nos niegan la tristeza. Córdoba, Tierra Alta, Arauca, Cauca, Catatumbo, ríos de cristal puro, de rojo carmesí y sin demagogia, repiten al unísono que el populismo es el sentido que une lo imposible, siempre y cuando lo imposible sea poder quitarnos de encima esta noche que nos aplasta con el peso de mil traiciones.

Los campos colombianos vuelven a ser los escenarios de la violencia, sus fosas comunes, hastiadas de la luz de la luna no emiten un valor para el tranquilo y elevado asesino primario; asesinos primarios que caminan y viven sin remordimientos ¿algún día pagarán los verdaderos culpables?

Ni las convulsiones, ni los canticos estéticos hacen levantar un muerto que ha fallecido cientos de veces, tenemos que hacer cara a nuestras horas melancólicas y así estas serán reemplazadas por estatutos de la dignidad, esos sí que nos harán levantar, una y otra vez, no importa cuantas veces nos maten ¡nos levantaremos! como los muertos que no logran dormir entre tanto silencio, nos levantaremos.

Colombianos: no desfallezcan, esfumaremos esa sombra que recubre nuestros días, la dignidad es nuestro monumento inmortal.  

La esperanza ya no sabe a dónde huir para que no la maten. Los humoristas le quitaron el sentido, los intelectuales dudaron de ella, los neoliberales la individualizaron con un cursillo de coaching, los de cuello blanco querían aparearla con el odio, los que la cuidaron con amor ahora están muertos, y los indignados, en silencio y clandestinos, la esperan con una sopa caliente para alimentarla.

¡¡Anda esperanza, arrástrate herida que no vencida, arrástrate hacia la clandestinidad para que no te maten, no te dejes ver de tus asesinos ni de tus conceptualizadores ni de tus cirqueros… no te pongas ropas ajenas que así desnuda eres más bella que todas nuestras cascadas, que todas nuestras cordilleras!!