Los países que más consumen marihuana

Los países que más consumen marihuana

Por: EOM Quizá por este amplio consumo que se hace de ella en muchos lugares del planeta es a su vez una de las drogas con mayores niveles de permisividad, y en los últimos tiempos distintos países como Uruguay o Canadá se han lanzado a una legalización completa, mientras que otros países el debate avanza hacia la despenalización o también una legalización total o parcial en su consumo. Aunque el debate científico sigue abierto en cuanto a los daños que la marihuana puede hacer a la salud de quienes la consumen, los que abogan por su legalización argumentan que no tiene efectos peores que drogas que están legalizadas y normalizadas en muchas sociedades como el tabaco y el alcohol, con el añadido de que el Estado obtiene recursos mediante gravámenes a su venta.
Alerta por Deforestación Temprana en Colombia, una problemática que amerita visibilidad y voluntad política para el cambio

Alerta por Deforestación Temprana en Colombia, una problemática que amerita visibilidad y voluntad política para el cambio

La riqueza natural de Colombia se está perdiendo de forma acelerada y angustiante; sin embargo, a este problema le damos la espalda. Lo que intencionalmente ignoramos es que con el incremento de la deforestación hay una pérdida del hábitat de millones de especies endémicas que tiene el país.

Adicionalmente, esta dramática pérdida de los bosques es un elemento que potencia el cambio climático, debido a que sin la protección de la cubierta que generan los árboles, los suelos de los bosques húmedos se secan velozmente. Cabe resaltar que los árboles son fundamentales para perpetuar el ciclo hidrológico, proceso que devuelve el vapor de agua a la atmósfera. Esto implica que sin el rol de los árboles en el país y en el planeta la mayoría de nuestras selvas y bosques se convertirán en desiertos áridos de tierra yerma.

Por otro lado, como colombianos debemos considerar que la eliminación de la capa vegetal le quita a los bosques y a las selvas sus palios naturales, los cuales bloquean los rayos del sol en el día y preservan el calor en las noches. Esta imposibilidad de los bosques de equilibrarse en términos climáticos produce la aparición de cambios de temperatura extremos, que son nocivos para las plantas y animales sobrevivientes a la tala indiscriminada de árboles.

Además, es ineludible reconocer que los árboles desempeñan un papel central en la absorción de gases de efecto invernadero, los que son, en gran medida, responsables del calentamiento global. En este sentido, entre menos bosques se tengan hay mayor emisión de gases de efecto invernadero en la atmosfera y una profundización del cambio climático.

A pesar de esto, Colombia no ha sido uno de los países más comprometidos con la lucha en contra de la deforestación. Tampoco ha sido eficaz en la creación y promoción de políticas estatales que propenden por la conservación de nuestros bosques. Todo lo contrario, el silencio y la quietud frente a este tema han sido tan visibles que parece haber un desentendimiento casi total respecto a una de las problemáticas que más aqueja a este país. Y que más se ha profundizado en el periodo de posacuerdo en el que Colombia actualmente transita. Esto a su vez ha dado lugar al incremento de asesinatos de líderes ambientales que por la defensa de la naturaleza son vilmente acallados.

Resultado de imagen para deforestación en colombia

Dicho panorama nos permite comprender por qué Colombia se posicionó en el 2018, según el informe del Instituto de Recursos Mundiales (WRI), como el quinto país más afectado por la deforestación después de Brasil, Indonesia, República Democrática del Congo y Bolivia. Vale la pena resaltar que Colombia aumentó la perdida de selva virgen en un 9% entre 2017 y 2018.

Sin dejar de lado que la tasa de deforestación en el territorio nacional durante el 2016 llegó a la tala de 178.597 hectáreas de bosques, de acuerdo a las cifras arrojadas por el Ideam. Y que esta cifra siguió aumentando en el 2017 de tal forma que para este año alcanzamos el 23% de deforestación, lo que equivale aproximadamente a 220.000 hectáreas de bosque que fueron tumbadas.

Lo alarmante de este incremento es que para el 2018 las entidades estatales esperaban un aumento de hasta 280.000 hectáreas de bosque taladas. Según los boletines de alerta temprana por deforestación del Ideam, entre octubre y diciembre se arrasaron un poco más de 43.000 hectáreas de bosque solo en los departamentos de Meta, Caquetá y Guaviare.

Este boletín evidencia que el porcentaje de deforestación en Caquetá es del 45,9 %, en el Meta es de 13,1% y en Guaviare es del 9,8 %. Por lo que en estos tres departamentos se concentran las mayores cantidades de detecciones de deforestación.

Sin embargo, la región más preocupante es la Amazonia, puesto que en ella se concentra el 75% de las detecciones de deforestación. En esta región persiste la detección temprana con respecto a lo reportado en el tercer trimestre en los municipios de San Vicente del Caguán y Solano (Caquetá), Puerto Guzmán (Putumayo), El Retorno y San José del Guaviare (Guaviare), y La Macarena, Uribe y Mapiripán (Meta).

A su vez, en la región Pacífica continúan las alertas tempranas de deforestación, particularmente en cercanías del río Baudó. La mayor cantidad de detecciones persistentes se encuentran en el municipio chocoano de Alto Baudó, en el caucano de Timbiquí y en el nariñense de El Charco. Finalmente, es de interés presentar que la representación de las detecciones tempranas de deforestación en la región Andina disminuyó hasta el 9 % del total nacional.

Este panorama nos permite entender que el camino que Colombia está tomando es el equivocado, pues nuestros bosques son cada vez menos y el riesgo de acabar nuestras riquezas naturales está más latente que nunca. Ya no solo se habla de un daño al hábitat de miles de animales que viven en nuestros bosques y selvas, sino de un asunto de sobrevivencia animal, vegetal y humana.

Sin nuestros bosques, problemáticas como el cambio climático, la emisión de efecto invernadero, la falta de agua potable, la inseguridad alimentaria y la falta de tierra fértil profundizarán las desigualdades, las violencias y la pobreza en Colombia y el mundo.

No obstante, aún tenemos –aunque poco- algo de tiempo para trasformar nuestras prácticas, proteger a nuestros líderes ambientales y promover políticas y formas de vida que potencien el incremento de nuestros bosques y la fertilidad de nuestros suelos. En suma, aún hay tiempo para cambiar, solo falta voluntad política para transformar este panorama y cambiar el futuro precario que este camino en el que estamos nos ofrece.

Positivo, negativo y falso neutral

El hombre representa a la vez el positivo y el neutro, hasta el punto de que se dice «los hombres» para designar a los seres humanos, señalaba Simone de Beauvoir en el desarrollo de su texto El Segundo Sexo.

Lo positivo, la positividad, esa vieja enferma y enérgica infalible que se desborda como lo que ES pero sin saber si ha sido verdad.

Lo positivo, los gobiernos de Colombia y su metafísica de lo político, su metafísica de la violencia, su actualizada, brillante y fresca metafísica de la corrupción. Todos ellos, conceptos tan etéreos en positivo, pero tan contundentes en negativo.

Lo positivo el macho. Lo positivo el padre de familia que preocupado por la moral de hierro molido que le fue transferida, insulta a grito herido dentro de un centro comercial a una pareja de homosexuales por verlos darse un beso sin saber que lo que tanto le molesta no es lo que el beso representa, sino lo que el beso es … es decir, la posibilidad de visualizarse él mismo ahí, tan macho, besando a otro hombre.

Lo positivo, la policía política contemporánea, que mata a líderes sociales, que no tiene jefes sino un estado de convicción positiva, una sospecha positiva de que la gente es asesinada por su propia culpa, que usa diferente chapa, que tiene un profundo odio hacia lo negativo, tan profundo como un vacío, tan seco como el desierto que la sustenta.

Lo negativo el no-ser, lo negativo la palabra inadecuada para el país que solo lo quieren en positivo.

Lo negativo tu y yo en cada muerto inocente, pero culpado a la vez positivamente por su muerte.

Lo negativo con sangre y pasión, lo positivo a sangre y fuego. Sincretismo de sangre, paradoja de la muerte.

Lo positivo la ficción mediática, la caída libre de la libertad.

Lo positivo el deber ser de lo político. Positiva la democracia y su rechazo a todo el que no se meta la camisa o no le baje a la falda.

Lo negativo, la resistencia, la revolución como arte y nunca como descripción positivista.

Lo negativo avanza, nunca para atrás, siempre para abajo porque su condena parece la paz de los sepulcros.

Lo positivo y lo negativo se entienden porque son irreconciliables.

Pero lo positivo coquetea con vagabundos negativos ofreciéndoles falsos neutrales, solo para entregarles empacada y en papel brillante la tranquilidad de huir de la conciencia.

¿cómo huir de la conciencia? Engullendo con un hambre de 70 años un falso neutral.  Gana la tranquilidad que es positiva. Queda la conciencia en la orilla negativa.

Los falsos neutrales son pragmáticos. La práctica de la docilidad, acompañada de la práxis maquiavélica, es decir, eficaz y criminal del uribismo.

Al papel las letras, los ojos a las ballenas, las palabras al Twitter, pero nunca a la política, el falso neutral avanza positivamente de espaldas al país en negativo; las firmas positivas directo a los contratos que retornaron sin intereses en forma de seguridad medellinense, seguridad positiva de cara bonita, escombrera negativa de calaveras.

Hay que estudiar en positivo y nunca en negativo para tragarse un falso neutral. Combinar desarrollo social educativo mientras se permite que el silencio se tome unos tragos con la masacre, es típico de un falso neutral. Que aún no sabe que al silencio le hacen daño los tragos y termina vomitando más temprano que tarde.

La post-ideología de Fajardo también ha sido enterrada en la escombrera, la sofisticación del lenguaje también puede ser positiva o negativa. ¡Vuelvan Caras Carajo!

Mata que Dios perdona

Mata que Dios perdona

“La isla de los mil nombres”, alguna vez nombrada Ceilán y hoy conocida en todo el mundo (debido a los recientes actos terroristas) como Sri Lanka, queda al sur de la India. Su historia es antigua y sigue siendo un territorio de disputas religiosas. Sus pobladores, 21.5 millones en el 2017, se mueven entre el budismo, hinduismo, cristianismo e islam, en ese orden de prioridades.

Al ser un territorio pugnado por las potencias de turno, y debido a su ubicación estratégica como fortín marítimo, Sri Lanka es un producto hibrido de las tensiones ideológicas y religiosas. Bien es sabido que cada imperio inocula sus visiones en los territorios invadidos, sin respetar sus tradiciones o el pensar de sus habitantes. Los resultados son mezclas peligrosas, prestas a engendrar odios raciales, ideológicos y, por supuesto, religiosos. Es la historia de mil lugares del actual planeta tierra.

Al momento de escribir esta nota se informa que los atentados perpetrados el día 21 de abril han dejado un saldo de 290 muertos y cerca de 500 heridos. El objetivo de quienes idearon estos hechos consistía en sembrar terror en iglesias y hoteles, justo en una época en que son los espacios más concurridos debido a las vacaciones y los rituales de adoración que se dan en el marco de la denominada Semana Santa.

Lo que hay de fondo en Sri Lanka es una disputa por el control de los fieles, pareciera que la época de las cruzadas sigue vigente. Al controlar el discurso religioso se controla el país, la economía y, ni más ni menos, se ostenta el poder.

Matar a fieles y turistas el “Domingo de Resurrección” es un hecho real con unas consecuencias simbólicas devastadoras. Vivimos a finales de la segunda década del siglo XXI, pero en Sri Lanka, y en muchos otros lugares del planeta, seguimos peleando las guerras de la antigüedad.

Al parecer grupos radicales musulmanes están detrás de los hechos, lo cual es un indicador de que las querellas religiosas siguen vigentes, continuamos atrapados en un mundo de orates y fanáticos. No solo por culpa de los musulmanes, no más basta ver cómo los cristianos de EE.UU, sin ningún reparo bombardean Siria, mientras asisten a sus templos a escuchar discursos de bondad y santidad.

Sin ir muy lejos, en Colombia cada día los pastores y curas usan sus púlpitos llamando a construir un mundo de odios contra los diferentes, mientras citan los supuestos evangelios del amor. Estamos atrapados en un tiempo que conjuga el advenimiento del futuro con sus grandes avances tecnológicos, pero muchos continúan aferrados al oscurantismo de los relatos religiosos.

Los atentados de Sri Lanka demuestran que la ciencia está en la era de la inteligencia artificial, pero la mayoría de humanos siguen atrapados en la edad de las invenciones religiosas. No es posible que sigan matando en nombre de los inexistentes dioses, esos mismos que hemos creado para justificar nuestras atrocidades, no en vano dice la canción: “Mata que Dios perdona”.

Se viene una respuesta

Por: Johan Mendoza Torres

Pisoteando y pisoteando, exigieron mucho, pero cumplieron poco. Gritaron que no compartirían hemiciclo con gentuza que no pensara como ellos, pero a la sociedad si le tocó compartir la idea de estar gobernados por una clase que no dirige, sino que domina y que con whisky en mano y muy bien hablados, han causado tanto pero tanto daño.

Utilizaron la palabra adecuada, para hacer del engaño una canción por la libertad… ¡claro! la libertad de elegir diría Friedman… la libertad de elegir, pero lo que ellos decidan diríamos nosotros. Aún creen que en Colombia solo hay una manera para matar… no halan los gatillos, pero ponen el molde, el plomo, el metal para hacer las armas y dan la orden de tipo no-castrense, en la cafetería del Nogal, en un salón, o en un café por la 93 en Bogotá.

Engañaron a varias generaciones con cuentos y fantasías traídos de la ficción, cuando tenían de dónde escoger en nuestra rica, dura, trágica y cómica realidad.  Latinoamérica aventaja a Europa y a Norteamérica, porque aquí la imaginación nos acompaña todos los días al salir por el pan o las arepas. Latinoamérica no debe preocuparse por importar maneras de organización política, porque ella misma sabe, aunque la regañen y le peguen con la cuchara por querer probar esa mezcla dulce y picante que dice “sé a dónde quisiera ir”. Que no tengamos el derecho a equivocarnos, es una rastrera imposición de occidente. Occidente el civilizado, occidente el de los 100 millones de muertos en un siglo.

Hicieron trizas el “maldito papel”, engañando a los votantes, denigrando de lo logrado, percibiendo al adversario como ese mísero enemigo del cual no pudieron aprender sino una sola cosa: que este no se doblega ni con el tiempo, ni con la lluvia, ni con el calor de una mala palabra o del plomo.

Creció en Latinoamérica una mano derecha que sigue dando cachetadas a las sociedades que aún no se han dado cuenta de lo que están perdiendo. Bolsonaro, emperador del Brasil ha sido la muestra perfecta de que a una tradición no basta con solo criticarla y que religión y política, es un cóctel tan peligroso que puede dejar un guayabo de muchos años.

Su majestad Bolsonaro incluso, para combatir el legado de Freire, ha puesto de ministro de educación a un colombiano que venera a Pablo Escobar… bueno aunque con la industria cultural pesando como una tonelada de recuerdos borrados, ahora Pablo Escobar lo montan en series para que sea incluso sexualmente deseado.

No hay derecho a la desdicha que sufre hoy Nuestra América, ella, la barbarie, alienta los deseos de venganza de una derecha que solo le falta cortarle la luz y el aire a Venezuela, para echarle la culpa a ese mestizo que nació de las venas del ejército.

La barbarie avanza, y quienes dormían hoy preguntan ¿qué diablos está pasando?… no es tarde, a pesar de que la sangre y la injusticia están brotando a por doquier en todos los rincones de la región. En este punto, ante la barbarie el único deseo profundo y sincero que emerge es el de oponérsele sea como sea, el tiempo que sea necesario.

Hoy, los líderes del actual régimen político en Colombia celebraron con botellas y risas, una victoria contra viejos fastidios. Brindaron y cuando cantaban “los derrotamos”, una multitud indignada los miraba de frente, decepcionados de la decepción que significa su existencia, y sin parpadear, esa multitud les dijo: sabíamos que harían esto.

La barbarie instalada, ha parido a los nuevos virreyes y emperadores que hoy tiene Nuestra América; desde España la burla, con el bufón de Vargas Llosa a la cabeza, ese liberal bien hablado, enamorado de la libertad de ser un gran siervo de su majestad.

La represión, el discurso represivo, la negación de la realidad, la exclusión política, la homofobia, la xenofobia, la idea de país diseñada por la casta más pura, está destruyendo el tejido social de Nuestra América. No demoran en golpear definitivamente a la memoria y por eso no solo desde el fondo de nuestro corazón, sino desde el fondo del tinto que tomamos todos los días, emerge un mensaje bastante claro… allí, en ese bagazo de café molido que queda al fondo de la taza, aparece, aparece y aparece, día tras día, noche tras noche, una misma frase: se viene una respuesta.