Las cicadas, conocidas comúnmente como chicharras o cigarras son una familia de insectos (orden Hemiptera) que se caracterizan por su cuerpo grande y robusto, su aparato bucal (chupador-subsionador) que le permite chupar la savia de los árboles, sus alas membranosas y transparentes, y su canto rechinante, que es sin duda su rasgo más reconocido.

 

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Foto: Milton Rincón

Las combinaciones de colores y la lentitud de sus movimientos las hacen pasar inadvertidas entre las ramas y hojas de los árboles. Poseen una amplia distribución en los países tropicales, pero se pueden presentar en algunos países de clima templado.

Ahora bien, ¿cómo producen estos sonidos tan agudos?

Lo primero que debe decirse es que las cigarras chillan porque están en el período de apareamiento.  Los machos son los únicos que pueden producir estos sonidos, gracias a que, en su abdomen, poseen un conjunto de membranas quitinosas llamadas timbales (u órgano estrulador) que permiten el transporte de las vibraciones, para su posterior amplificación, que se da por medio de una cámara de aire ubicada en el abdomen.  De allí que se diga que las chicharras no cantan, sino estridulan.

Según los entomólogos cada especie produce diferentes tipos de chillidos. Los machos cantan principalmente para llamar a las hembras a formar parejas, pero también lo hacen para congregar a machos o ahuyentar enemigos. El canto es percibido por machos y hembras, por medio de órganos auditivos ubicados en el tórax y constituidos por tímpanos.

 

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Foto: Milton Rincón

Las hembras deben estar más atentas al llamado del macho, por tanto, éstas tienen tímpanos más grandes para oírlos mejor. Los cantos comienzan de forma suave, llegando al extremo de multiplicar el sonido a niveles ensordecedores, ya que al coro se suman cientos de chicharras.

Durante el ciclo de vida, que depende de la especie, las chicharras hembras después de la copula, ponen sus huevos (pueden ser más de 300) en las grietas de las ramas de los árboles. Las ninfas que salen de los huevos, caen de las ramas y pasan al suelo, para penetrar (o enterrase) en las raíces de los árboles. Allí se alimentarán durante meses o años, hasta el inicio de la edad adulta, donde deberán subir por los troncos para reproducirse.

 

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En este ascenso, las ninfas adultas desprenden su última muda, para dar salida al adulto. Debido a esto es que se encuentran cascarones de chicharras en los troncos, creyéndose equívocamente que se han “explotado de tanto chillar”.

El ciclo de vida de las chicharras termina después del apareamiento. Así pues, encontramos a las chicharras anuales, que solo emergen cada año, en época de verano, y no vuelven a aparecer hasta el siguiente verano (en Ibagué corresponde a los meses de julio, agosto e inicios de septiembre) o las chicharras periódicas de Estados Unidos, que emergen y se aparean cada 17 años (las ninfas permanecen enterradas durante esos 17 años).

 

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Foto: Milton Rincón

El árbol de lluvia

Existe otro fenómeno interesante relacionado con las chicharras, y es el “árbol de lluvia”. Es posible que alguna vez Usted haya sentido pequeñas gotas que caen debajo de los árboles, a manera de llovizna (lo que popularmente se conoce como orina de chicharra). Aparentemente podría pensarse que se trata de llovizna.  Pero, se trata de un líquido de excreción, producto de la succión de la savia de los árboles, principal alimento de las chicharras. Sus cuerpos están diseñados para capturar los azúcares de la savia, y deshacerse del agua de manera inmediata.

La palabra cigarra proviene del latín cicāla que es sinónimo de verano y especialmente de fuerte calor. En la antigua Grecia la cigarra era un símbolo de calor y brillo del sol. Así mismo, las cigarras han sido fuente de inspiración para poetas como Federico García Lorca, con el poema ¡Cigarra!, una composición donde admira y exalta la relación del ciclo de vida estos insectos con el sol:

¡Cigarra!

Estrella sonora

sobre los campos dormidos,

vieja amiga de las ranas

y de los oscuros grillos,

tienes sepulcros de oro

en los rayos tremolinos

del sol que dulce te hiere

en la fuerza del Estío,

y el sol se lleva tu alma

para hacerla luz.

 

O, poetizas como María Helena Walsh, con su poema “Como la cigarra”, que alude a la cigarra como un símbolo de vida y persistencia. Walsh escribiría este poema durante la dictadura militar de Videla, convirtiéndose más adelante en un himno de resistencia civil. Gracias a interpretaciones como la de Mercedes Sosa, este poema logró inmortalizarse dentro de la canción latinoamericana:

Tantas veces me morí,

sin embargo, estoy aquí,

resucitando.

Gracias doy a la desgracia

y a la mano con puñal

porque me mató tan mal,

y seguí cantando

Cantando al sol como la cigarra

Después de un año bajo la tierra

Igual que sobreviviente

Que vuelve de la guerra