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Hubo una participación sin precedentes en la velatón que se promovió y realizó en mas de 50 ciudades del país y del extranjero, que puso de presente el rechazo y la repulsión que causa en la sociedad colombiana el hecho atroz del asesinato y amenazas a los líderes sociales, defensores de derechos humanos y promotores de la campaña política de la Colombia Humana.

Según cifras de El Tiempo el pasado 6 de julio, van 109 lideres sociales asesinados a todo lo largo y ancho del territorio del país, en promedio un líder cada tres días.

Dentro de esta cifra se cuentan: miembros de organizaciones sociales y comunitarias, sindicalistas, pertenecientes a los grupos étnicos, especialmente comunidades indígenas, de organizaciones de víctimas, personas relacionadas con procesos de restitución de tierras, activistas de la comunidad LGTBI, jóvenes y promotores de luchas ambientalistas en varias regiones.

Esta eliminación física de los dirigentes sociales atemoriza a sus organizaciones, frena los procesos sociales y hace posible que esta actividad sea estigmatizada y por lo tanto que nadie en los territorios quiera asumir un rol protagónico en la defensa de las reivindicaciones locales y regionales.

En la velatón se confundieron sentimientos de dolor, rabia, tristeza y solidaridad por tanto líder inerme que ha sido asesinado. En las capitales del país hay que destacar este acto realizado en ciudades como Medellín, Bogotá y también en Ibagué.
En pequeños municipios y especialmente en las zonas afectadas por la violencia hay que decir que el miedo, la zozobra y la incertidumbre impidieron que la manifestación de rechazo fuera mayor, pues es muy complejo que sin garantías por parte del Estado la gente pueda libremente manifestar su oposición a estos actos, cuando siguen estando presentes en sus territorios los victimarios sin mayor control por parte de la fuerza pública.
Según informaciones eufemísticas de los medios de comunicación los autores de estos hechos son: 47% de grupos armados no dirimidos (?), 39% autores desconocidos, 5% la fuerza publica, 4% otro, 3% grupos postdesmovilización, 1% disidencias de las Farc, 1% el ELN.
El 66% de los asesinatos ocurrieron en la zona rural, de los cuales el 86% eran hombres y el 24% mujeres.
El gobierno y la Fiscalía siguen negando la sistematicidad de los asesinatos, aunque es claro que los asesinados son fundamentalmente personas que se han manifestado en favor de la restitución de tierras y de cultivos de uso ilícito, los que se han enfrentado a las economías ilegales, promueven la participación política de grupos alternativos y el reclamo de los derechos colectivos territoriales y culturales de los grupos étnicos.
No solamente los líderes han soportado este tipo de agresiones, sino que algunos de ellos han sido revictimizados luego de muertos, al insinuarse irresponsablemente y sin mayores pruebas por el Ministro de Defensa, que tuvieron vínculos o relaciones con carteles del narcotráfico.
La velatón es un basta ya contra las muertes de los líderes sociales, una reivindicación al derecho a la vida y la exigencia al Estado colombiano a que investigue, persiga y castigue a los autores materiales e intelectuales de estos homicidios.
No puede haber nadie que justifique las masacres y asesinatos de líderes y todas las fuerzas políticas sin excepción, las instancias del gobierno nacional, regional y local, el presidente electo y los dirigentes gremiales, deben manifestar su rechazo a esta orgía de sangre para que se pueda garantizar el derecho fundamental a la vida de todos los colombianos.