Por Daniela Amaya Rueda

Contexto: Quién es quién en el espectro político colombiano

El discurso progresista de Petro

Cuando recibió los resultados de la primera vuelta, Petro abrió su discurso diciendo, “Somos diversos y esa diversidad es nuestra mayor riqueza.”

Y más adelante dijo, “Nosotros lo que queremos es profundizar y aplicar la Constitución del 1991, es decir construir un Estado social de derecho, de derechos y libertades para toda la sociedad en su diversidad.”

Como le explicó a La Silla José Antequera, que hace parte de la campaña de la Colombia Humana, pero no es vocero oficial, el progresismo de Petro “es una visión contemporánea del cambio social que propone reformas para un repertorio de problemas estructurales del país y entiende que hay múltiples reivindicaciones y diversas identidades.”

De ahí la importancia que le da Petro a la idea de las “nuevas ciudadanías”. Él cree que la gente se define a sí misma no tanto por las ideologías o las afiliaciones a un partido u otro sino por las causas en las que cree, que en algunos casos vienen de una tradición cultural compartida.

Por eso a su alrededor se han congregado una constelación de identidades y causas colectivas como el movimiento indígena, campesino, afrocolombiano y feministas, activistas Lgbti, ambientalistas y animalistas e incluso otro tipo de identidades que se construyen a partir de actividades culturales o artísticas como el grafiti y el hip hop.

“Estas ‘nuevas ciudadanías’ no son nuevas porque no existieran antes, sino porque en el pasado no habían sido reconocidas,” dijo Antequera.

Un gobierno del progresismo de Petro

Así como lo ha sido en campaña en donde ha puesto agenda en temas medioambientales y de diversidad, la gente que lo conoce dice que Petro será un activista como presidente. Que trataría de abanderar las causas y agendas de estas colectividades.

Para Petro hay una interdependencia entre los diferentes tipos de derechos. Por ejemplo él considera que en algunos casos el derecho a la vida depende del medioambiente o de la soberanía de las comunidades sobre sus territorios.

El efecto práctico de esto es que cuando se presente un choque de derechos entre, por ejemplo, el derecho a la libre empresa y el derecho al medioambiente o la autonomía y soberanía de las comunidades étnicas sobre su territorio, Petro tenderá a privilegiar lo segundo porque cree que así está defendiendo la vida que es un derecho inalienable.

Esto es claro en el caso, por ejemplo, de su postura frente a consultas previas y consultas populares. “Respetar y hacer valer el derecho fundamental al consentimiento y la consulta previa, libre e informada,” dice su programa.

Estos mecanismos de participación tienden a proteger derechos de comunidades sobre iniciativas de desarrollo económico y de generación de ingresos para la Nación, lo que las ha vuelto muy polémicas.

“El estilo de gobierno que yo propongo es el pluralismo,” dijo Petro en su discurso del domingo, lo que según su campaña se traducirá en que el 50 por ciento de los cargos del gobierno y de la administración pública a todos los niveles los ocuparán mujeres. Y en los acuerdos que ha hecho con los movimientos afrocolombianos e indígenas se ha comprometido a incluirlos en la administración pública.

Es una visión muy diferente de la de Duque.

El discurso conservador de Duque

“Colombia requiere asegurar su futuro de largo plazo y no puede volver a dejar que el capricho ni las vanidades personales de nadie generen las rupturas y divisiones que hoy sufre Colombia. Tenemos la convicción de que encontraremos en los ciudadanos de bien el apoyo necesario,” dijo Duque en el discurso que dio después de conocer los resultados de la primera vuelta.

Duque representa el conservadurismo anglosajón “que promueve la libertad de empresa, la iniciativa privada y el ánimo de lucro,” como lo definió el analista Francisco Miranda.

Buena parte de su programa de gobierno gira alrededor de sus propuestas para promover el emprendimiento, defender a ultranza la propiedad privada e incentivar la creación de empleo a través de la reducción de impuestos y de regulaciones a las empresas.

Él considera que la equidad y la justicia social llegan de la mano del empleo formal que él cree que se consigue si los empresarios cuentan con seguridad jurídica e incentivos para invertir y producir más.

“Una Colombia en donde se puede tener un negocio sin que aparezca el dedo expropiador e inquisidor. Esa Colombia donde la equidad y la justicia social son hermanas,” dijo recientemente en un discurso.

Aunque su conservadurismo es sobre todo de tipo económico, por la vía de las alianzas que ha hecho se ha entroncado también con el conservadurismo social que expresan personajes como Alejandro Ordóñez, Viviane Morales y los grupos cristianos con los que ha formado alianzas.
“Duque reivindica la familia tradicional compuesta por papá, mamá e hijos y quiere penalizar la dosis personal. Eso implica que el Estado determina cuál es la vida digna de ser vivida,” le dijeron a La Silla Académica en una entrevista Jimena Hurtado, profesora de la Facultad de Economía, y Juan Ricardo Aparicio, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes.

Esta faceta está representada por los acuerdos programáticos que selló con sectores religiosos que se adhirieron a su campaña antes de primera vuelta y que han determinado que en su discurso se incorporen cada vez más la religión (ahora siempre que puede recuerda que es católico) y la defensa a la familia tradicional.

Con Colombia Justa y Libres, el movimiento cristiano del pastor Jhon Milton Rodríguez, se comprometió a defender la concepción tradicional de familia tal y como está en el artículo 42 de la Constitución, es decir la conformada por un hombre y una mujer.

Y a la exsenadora Viviane Morales le prometió “garantizar que las libertades, los derechos y las conquistas del pueblo cristiano serán respetados (…) en particular los derechos a la libertad religiosa, el derecho a la vida desde la concepción, la libertad de conciencia, la libertad de enseñanza y la objeción de conciencia.”

Un día antes de la primera vuelta en una reunión con los simpatizantes del Mira dijo, “Empiezo estas palabras hoy agradeciéndole a Dios por lo que ha sido una campaña de ideas, de principios, de alegría, de afecto y lo digo porque es él el único que pone y quita reyes en esta tierra. Lo digo porque yo vengo de una familia de fe, una familia de valores.”

Además de estos temas, su propuesta de prohibir la dosis mínima si llega a la Presidencia, que comenzó planteándola como una medida para combatir el microtráfico, se ha convertido cada vez más en una propuesta moral.

“Vamos a volver a sembrar esa buena fibra ética en el pueblo colombiano que prevenga desde edades tempranas las tentaciones de la delincuencia,” dijo en su discurso del domingo y luego agregó “Vamos a asumir una tarea clara en materia de legalidad y es defender a la familia y defender aquellas conductas que atentan hoy contra nuestro país.”

En su discurso del domingo mencionó 17 veces la palabra familia en diferentes contextos y en el que dio un día antes con el Mira usó conceptos como ‘la economía cristiana’, ‘la democracia cristiana’, (una propuesta política chilena) y ‘el emprendimiento con valores’ como forma de transformación de la sociedad.

Un gobierno conservador de Duque

Precisamente porque él personalmente es un conservador en lo económico y no tanto en lo moral, en un eventual gobierno suyo Duque muy probablemente no intentaría reversar los derechos morales reconocidos por la Corte Constitucional.

En una entrevista ayer en la W dijo que por sus convicciones creía “en la familia de la expresión del artículo 42 de la Constitución”, pero dejó claro que no tenía el plan de retroceder las decisiones de la Corte Constitucional respecto al matrimonio gay, las tres causales del aborto y la adopción por parte de parejas del mismo sexo.

Remató diciendo que los que tengan el interés de hacerlo lo tendrán que hacer a través de la deliberación política.

Con esto Duque deja claro que no será un activista en estos temas.

“No va a ser proactivo, no va a llegar a hacer cambios constitucionales porque para él esto no parece ser una prioridad. No serán importantes y no serán su bandera en el Gobierno, pero sí estará del lado conservador cuando se provoque un choque de derechos o una tensión en la que tenga que tomar partido,” dijo el analista y columnista de La Silla, Hector Riveros.

Pero tampoco será quien facilitará políticas, programas y proyectos desde el gobierno para defender temas de diversidad sexual y de género y derechos sexuales y reproductivos.

Aunque hay un apartado de mujer en su programa que propone medidas para la equidad económica y la participación en lo público (al igual que Petro dice que aumentará al 50 por ciento su participación en cargos del Gobierno), no hay una mención en su programa de la población Lgbti.

Por otro lado, su conservadurismo económico en un eventual gobierno suyo lo llevaría probablemente a privilegiar la libre empresa sobre otros derechos si llegan a chocar porque su fe en el sector privado es un eje sustancial de su visión para el país.

“El país vive una especie de cerco normativo para el desarrollo del sector privado y eso no puede seguir así”, dijo Duque a La Silla. “Así mismo, es lamentable que muchos vacíos regulatorios estén siendo llenados por decisiones judiciales, generando aún mayor incertidumbre para los empresarios. Ha llegado la hora de pasar la página de un Estado que axfisia con impuestos y normas a los empresarios, a un Estado que cumpla las leyes estables y propicie el éxito de los sectores que requiere nuestra economía.”

Frente a las consultas populares, por ejemplo, Duque ha dicho que estas son válidas “cuando la comunidad invoca un daño ambiental inminente”. Es decir, no para cualquier iniciativa. Y más bien ha propuesto devolverle a las comunidades que viven cerca a los proyectos extractivos las regalías (además de manera anticipada) para curar de raíz las razones que él cree que los llevan a oponerse a la minería.

También ha propuesto “darle celeridad a la norma que defina las competencias entre nación y entes territoriales para sincronizar el uso del suelo y subsuelo” lo que reforzaría la idea de que los municipios no tengan la autonomía que les han reconocido fallos de la Corte a decidir sobre proyectos económicos de impacto nacional.

La prioridad que le asigna a la propiedad privada también se expresa en su propuesta de que baste demostrar la tenencia de buena fe para conservar la propiedad, lo que contraría sentencias de restitución de tierras que han obligado a propietarios (como Argos) que compraron de buena fe tierras a personas que, a su vez, se las compraron a los despojadores de los desplazados sin hacer una mínima diligencia para averiguar su proveniencia.

En este caso, le quita el miedo que tienen muchos empresarios hoy a ser expropiados pero también privilegia el derecho a la propiedad sobre el derecho a la restitución que tienen las víctimas.

Estas diferentes visiones del mundo, que son casi diametralmente opuestas, son las que estarán compitiendo en las urnas el 17 de junio. Y aunque para algunos ésto definirá su voto, hay otros ejes como el modelo económico y el Acuerdo de Paz que también influirán. Sobre eso, vienen próximos artículos.

Vía La Silla Vacía