El medio ambiente ha sido uno de los temas más subordinados en las elecciones a la presidencia 2018 en Colombia. A pesar de esto, se debe reconocer que en las últimas semanas ha incrementando el diálogo sobre el tema, ya que gran parte de la ciudadanía ha exigido saber las propuestas y las visiones que tienen los candidatos al respecto. Uno de los temas que ha dejado a los electores consternados y afligidos es el fracking o el método de fractura hidráulica.

Para nuestro pesar, las posturas de los candidatos sobre este método de extracción son pobres y preocupantes. Esto se debe a que Iván Duque y Germán Vargas Lleras hablan de una moratoria minera para estudiar la viabilidad del uso de este método en el país y de la idea de que el fracking puede ser conveniente para el desarrollo económico de Colombia.

Por otra parte, Sergio Fajardo y Humberto de la Calle hablan de una moratoria mientras se hacen estudios sobre el impacto ambiental que este método extractivo generaría en ciertas regiones del país. Finalmente, Gustavo Petro afirma que es necesario prohibir el fracking en Colombia y es imperativo comenzar a diversificar la economía para no depender exclusivamente de la extracción de hidrocarburos y minerales.   

Desde esta perspectiva, se puede pensar que solo un candidato es consciente de las implicaciones y el impacto que el método extractivo de fractura hidráulica puede tener en Colombia. Mientras que la mayoría de los candidatos tienen la idea de que a partir de estudios podrán demostrar que el fracking es viable en ciertas regiones del país.

No obstante, es imposible que algunas cuestiones sobre estas posturas de los candidatos a la presidencia no salgan a la luz ¿Hasta qué punto es cierto que no hay estudios al respecto? ¿qué hace que nuestro país sea distinto a los otros que han prohibido el fracking por la devastación que produce? ¿es necesario ver a nuestro país destruido para recapacitar sobre el tema?

Pues bien, para comprender la gravedad de la manera en cómo se está tratando el tema y entender estos cuestionamientos es importante adentrarnos en el tema.

Para Claudia Valdés, Doctora en medio ambiente, dimensiones humanas y socioeconómicas de la Universidad Complutense de Madrid, el fracking es una práctica que es realizada para extraer gas o petróleo de las rocas madre -las cuales son la matriz mineral del suelo, sobre las que se acumulan las capas u horizontes: otras rocas, fragmento de minerales, tierra y vegetación-.

Este proceso de extracción se lleva a cabo al perforar la tierra e inyectar agua, arena y más de 260 químicos que permiten fracturar la roca para el flujo del petróleo y del gas.

A modo de complemento, la Escuela Forestal y de Estudios Ambientales de la Universidad de Yale afirma que la fractura hidráulica es una técnica de extracción de hidrocarburos no convencional, que inició en los 2000 como iniciativa de compañías de energía que comenzaron a unir la perforación horizontal con la fractura hidráulica para extraer el gas y petróleo. Adicionalmente, la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Alimentaria del Parlamento Europeo sostiene que la mayoría de los químicos usados para la extracción en el fracking son sustancias tóxicas, alergénicas, mutágenas y carcinógenas.

 

 

A propósito de los efectos de este método, el Centro de Investigación para el Cambio Climático Tyndall Center en Inglaterra y la US Government Accountability Office han llegado a resultados similares.

Los impactos han sido categorizados en seis dimensiones fundamentalmente según estos centros de investigación: 1) se genera contaminación de los acuíferos por los fluidos vertidos, tanto a aguas superficiales como subterráneas; 2) se producen emisiones a la atmósfera de dióxido de carbono y otros elementos contaminantes como el gas metano; 3) se provoca la contaminación del suelo por medio de los derrames que el fracking ocasiona; 4) se gestan los movimientos sísmicos causados por el rompimiento y debilitamiento de la capa de rocas madre; 5) se generan y propagan químicos mortales y radiactivos en el agua, el aire y la tierra y; 6) se repercute negativamente en el paisaje, ya que los pozos ocupan alrededor de 1.5 a 2 hectáreas y se distribuyen entre 430 y 500 pozos, con una distancia de 1.25 km2 entre ellos para cubrir un área mínima de 140 a 400 km2.

Sorprendentemente, según el estudio de Claudia Valdés, el terreno ocupado para los pozos equivale al de la Isla Wigh en Reino Unido.

De estas seis dimensiones una que ha causado gran preocupación a nivel mundial es la propagación de elementos radioactivos y de sustancias químicas mortales. Para el 2011 Ian Urbina, reportera e investigadora del New York Times, estudió 240 yacimientos en Pennsylvania y Virginia del Este. En este estudio se encontró que en 116 yacimientos de los 240 el agua contenía elementos radioactivos que sobrepasan el límite de la EPA en un 200%.

Por otra parte, se halló que los productos químicos usados para las perforaciones son tremendamente dañinos, debido a que el 25% causa cáncer, el 37% afecta el sistema endocrino y entre el 40 y el 50% de estas sustancias afectan los sistemas nervioso, inmunológico y cardiovascular. Así mismo, se encontró que más del 75% de estos químicos puede comprometer la salud de órganos sensoriales y del sistema respiratorio.

Países como Estados Unidos (productor de shale oil y shale gas), China (productor de shale gas), Argentina (productor de shale oil) y Canadá (productor de shale oil y shale gas) están de acuerdo con la implementación del fracking, ya que este les ha permitido aumentar la producción de hidrocarburos, mejorar su sistema de comercialización e incrementar el autoabastecimiento en un mediano plazo.

Sin embargo, países como Francia, Alemania, Bulgaria, Reino Unido, República Sudafricana, República Checa, España, Suiza, Austria, Irlanda del Norte, Italia y La República de Irlanda han prohibido o puesto en moratoria indefinida hasta hoy el uso del fracking.

Esto se debe a que, según los estudios de estos paìses, éste método promueve el rápido deterioro ambiental, ha generado grandes protestas e inconformidades -lo que desestabiliza al Estado y las sociedades- y no es seguro para la salud de la población. Así mismo, estos países han visto la destrucción ambiental y contaminación irremediable del agua en Estados Unidos, Canadá y Argentina.

Argentina, como un caso emblemático en América Latina en el uso del fracking, proporciona varias lecciones para Colombia.

Desde el 2010, con la crisis energética de Argentina, el país comenzó a trabajar de forma masiva el fracking en su territorio. El tan anhelado desarrollo económico que persiguieron los Kirchner a partir de la profundización de la explotación de petróleo con este método ha generado la contaminación de acuíferos y la imposibilidad de poder beber el agua que está cerca a los pozos.

La muerte de los animales por la contaminación del agua ha generado que las comunidades aledañas teman por su vida. Esta situación ha dado lugar a luchas, movimiento, protestas y demandas en contra de la fractura hidráulica, las cuales han incrementado la represión estatal contra sus ciudadanos.

Además, en Argentina la esterilidad de la tierra que es afectada, sea por el método en sí o por los químicos que se votan durante el proceso, es ahora una realidad preocupante para el país. Así mismo, el incremento de la muerte de personas cercanas a los pozos se ha convertido en un problema de salud pública difícil de solucionar.

Especialmente se destacan  problemas respiratorios producidos por inhalar gases tóxicos. Argentina ahora debe asumir unos retos medioambientales profundos sino quiere acabar con los recursos que le quedan y la salud de su población. A pesar de esto, este país continúa promoviendo la fractura hidráulica mientras los problemas sociales, ambientales y económicos se acentúan y complican con el tiempo. 

 

 

A pesar del contexto actual del fracking en el mundo, el peso de una visión limitada de desarrollo es fuerte en Colombia, pues, como se mencionó anteriormente, la mayoría de los candidatos están dispuestos a adoptar este método extractivo para lograr el desarrollo económico.

No obstante, al entender que la fractura hidráulica puede traer beneficios económicos a corto y mediano plazo pero daños ambientales y sociales terribles y devastadores a largo plazo ¿realmente es conveniente pensar en invertir en el fracking en Colombia?

La respuesta a esta pregunta es NO, ya que las ganancias son mucho menores a las pérdidas que esta práctica puede generar en un país como Colombia, que se caracteriza por su alto índice de desigualdad, pobreza y corrupción.

No es responsable ni mucho menos sensato pensar que en Colombia este modelo extractivo puede desarrollar al país sin afectar y acabar con la verdadera riqueza nacional: la biodiversidad y la naturaleza.

Hay otras formas de desarrollo que no son tan nocivas para la vida y la tierra ¿por qué no, como candidatos comprometidos con el país como dicen ser, le apunta a pensar en aquellas formas sostenibles y menos perjudiciales de desarrollo? No es cierto que el fracking es la única alternativa, pues solo basta con encontrar los talentos nacionales que ya tienen iniciativas y proyectos ambientales y económicos sostenibles, pero que aún no son escuchados como se debería.