En escenarios de posconflicto es vital repensar muchas de las prácticas cotidianas que un país ha naturalizado, es esencial no caer en el error de resistirse a hablar sobre el dolor sufrido y es importante reconocer aquellas condiciones que dieron lugar a una confrontación armada, que a su paso dejó lagrimas, sangre, muerte y, sobre todo, miedo a la vida misma.

No basta con una reparación económica o la implementación de castigos a perpetradores de actos violentos. El asunto resulta ser más humano, más de empatía con el otro, más de sentir y reflexionar aquellas experiencias vividas. Para lograr un acercamiento a sentimientos de empatía tal vez el arte es uno de los más indicados y apropiados. No solo porque nos brinda la oportunidad de crear a partir de lo vivido, sino que nos permite conocer lo desconocido y contar lo incontable haciéndolo más próximo.

Para el Director antioqueño Víctor Gaviria, una de las formas de arte que ya está hablando de aquello que en el conflicto no se podía hablar es el cine.

Para este cineasta, el cine representa una oportunidad para publicar historias que la sociedad colombiana debe conocer para reconocerse así misma y reflexionar sobre el pasado y el presente de la nación.

Asimismo, según la cineasta bogotana María Gamboa, gran parte del cine colombiano está comprometido con retratar muchas de las miradas y realidades que han vivido miles de personas en el territorio nacional. Además, afirma que el cine puede mostrar varios escenarios que permiten adentrarnos en temas de reconciliación, memoria histórica, no repetición de violencias y, especialmente, en espacios de en donde el silencio y el olvido se dejan de lado para curar las heridas y tramitar el pasado.   

Adicional a estos dos cineastas, el Director colombiano Felipe Aljure asegura que las acciones del pasado nos han enseñado que se necesitan espacios de discusión y reflexión. Según él, precisamente por haber negado estos espacios, lo que empezó como un conflicto social se convirtió en un conflicto armado de larga duración en Colombia.

Aljure sostiene que ahora que hemos logrado superar un espacio de negociación, el país se enfrenta a una coyuntura de posconflicto que demanda participación tanto del Estado como de la sociedad civil. Al respecto, este Director resalta que algunos cineastas comprometidos con lo que Colombia está experimentado han querido aportar al revelar artísticamente historias de vida en el conflicto.

En este sentido, el cine es una herramienta que permite conocer el pasado violento, hablar de él y cuestionar las prácticas pasadas y actuales, para que realidades como las que se vivieron no vuelvan a suceder en Colombia y el mundo. A esta mirada se une el director de cine Oswaldo Osorio, el cual piensa que el impacto del séptimo arte con películas relacionadas al posconflicto puede generar cambios sociales y políticos positivos a corto y mediano plazo.

Estas perspectivas nos abren una pregunta crucial ¿realmente el cine puede tener efectos positivos en Colombia y su proceso de transición a una sociedad distinta? Pues bien, para el académico Otto Roberto Yela Fernández de la Universidad de Guatemala el cine ha sido fundamental en el país, ya que le ha permitido a la sociedad guatemalteca reconocer su historia por medio audiovisual.

Esto se debe a que el cine se ha acercado a la sociedad y a sus diferentes generaciones, lo que ha generado una conciencia social sensible a los hechos del pasado.

Según este investigador, el cine de Guatemala que le ha apuntado a la memoria sobre el conflicto armado ha llegado a ser parte de la manera en como los guatemaltecos perciben y viven su realidad. Masacres como la denominada “Tierra Arrasada” perpetrada entre 1962 y 1996, en la que más de 1.112 matanzas colectivas fueron realizadas por parte del Estado, debido a que para éste la población apoyaba fervientemente a las guerrillas, no han sido olvidadas por los pobladores de Guatemala.

Es uno de los eventos históricos que aún está presente en la mente y los corazones de cada uno de los Guatemaltecos gracias al cine y, especialmente, a la película “La Hija del Puma”. Este filme fue dirigido por Ulf Hultberg y Asa Faringer, dos directores que se enfrentaron al olvido y decidieron dejar rastros del sufrimiento de los pueblos durante el conflicto armado interno de Guatemala.

Para el director de cine alemán y fundador de la Asociación de Cineastas de Guatemala Uli Stelzner esta película y otros filmes como “La Isla” han fomentado un amplio debate sobre memoria histórica y justicia en la sociedad de posconflicto. Esta necesidad de debate público sobre el tema dio lugar a la creación y realización del Festival de Cine Internacional Memoria, Verdad y Justicia en Guatemala, en el cual se presentan documentales y películas que le apuntan a la visibilización, promoción y debate sobre el cine comprometido con la construcción de un país en paz. Según Uli Stelzner estos espacios han sido relevantes y de impacto para Guatemala, ya que ha generado conciencia social desde una mirada histórica.

Las películas como “La Isla”, según  Uli Stelzner, logró un impacto político y emocional que dio lugar al rompimiento del silencio guardado durante décadas, a la dignificación de las víctimas, un nuevo impulso en el debate sobre la impunidad, la motivación de víctimas a hablar, la denuncia de violaciones de derechos humanos en el pasado, entre otros sucesos que transformaron el sentir del conflicto y marcaron el contexto de posconflicto.

Estas nuevas experiencias, sentimientos y reflexiones dieron permitieron el establecimiento de un nuevo festival de cine sobre derechos humanos, el cual llamó la atención de más de 45.000 personas entre 2010 y 2014. Este festival generó varios debates públicos sobre memoria, verdad y justicia, lo cual le mostró al mundo que hay una necesidad de rescatar la memoria y los archivos para aquellos escenarios en transición.

Este evento y sus resultados marcaron a países como España y Argentina, que están en proceso de discutir, pensar y entender su pasado de forma tal que permita a la población tramitar aquel pasado que había sido olvidado.

En conclusión, así como Argentina y España tomaron algunas reflexiones de la importancia del cine para tramitar aquel pasado que marcó a la población, Colombia debe tratar de que en el posconflicto la nación logre conocer su pasado, reconocerse como sociedad y comprender lo que sucedió a lo largo de estos cincuenta años de conflicto armado interno.

Guatemala y su trabajo en la construcción de memoria histórica a través del cine es un acercamiento posible a una de las formas de conocer el pasado y generar conciencia histórica en un país azotado por la violencia.

En este sentido, Colombia puede aprender dos lecciones fundamentales con el caso de Guatemala: 1) es necesario generar espacios de memoria y reconciliación en Colombia, con el  fin de dar las bases necesarias para una construcción de paz estable y duradera y; 2) el cine es una de las herramientas que puede contribuir a la construcción de paz, debido a las sensaciones de empatía que puede generar y a la posibilidad que ofrece de contar lo incontable.