Aunque el objetivo del libro es mostrar las dinámicas de la guerra a través de la vida de su protagonista – lo cual, de entrada, constituye una buena fuente de datos para los académicos que quieren conocer la manera como operaba la guerrilla desde el punto de vista organizacional – es un testimonio valioso de un tema que recientemente han suscitado gran interés, como lo es el de las relaciones de las Farc con la población civil.

Aunque durante mucho tiempo, sobre todo fuentes oficiales, sostuvieron que esas relaciones estaban tamizadas fundamentalmente por la violencia, el vacío de poder que dejó la desmovilización de la guerrilla y los testimonios de las comunidades acerca de la efectividad del gobierno de las Farc (la famosa “fiscalía 21 del Tolima, en alusión al frente 21), han abierto preguntas acerca de cómo era en lo esencial esa relación.

Pensando en un aporte a la construcción de paz y al entendimiento de lo que la academia ha denominado recientemente “gobierno rebelde”, lapipa.co le pidió al autor del libro “Adiós a las armas” una reseña acerca de este asunto, poco conocido todavía, y que cobra valor hoy, máxime cuando algunos pobladores son reiterativos en que “extrañan” el orden que imponían las Farc.

El sur del Tolima es una de esas zonas.

Las normas de convivencia en las zonas que operaba las Farc-Ep

Por Wilson Ramírez, autor de “Adiós a las armas. La historia de vida de ‘Teófilo González'”

Una de las características de las FARC-EP durante su existencia como grupo armado, era el respeto hacia las comunidades en sus áreas de influencia; que en muchos casos, agrupan varios municipios. Las normas de convivencia como lo dice su nombre, buscaba el mejor vivir, el respeto entre los ciudadanos, jóvenes y niños, como la solución de las controversias amigablemente como el cuidado y respeto al medio ambiente.

Es así que los combatientes generalmente, el primer viernes de cada mes se reunían con la comunidad de la vereda con el fin de realizar balances de los trabajos realizados durante este periodo de tiempo.

La instancia más respetada y reconocida en nuestros territorios era la Junta de Acción Comunal de la vereda y su comité de Conciliación; por ejemplo: si se presentaba un problema de linderos de una finca, controversias entre las parejas, riñas, robos, habladurías y chismes, problemas de incumplimiento de compromisos económicos, esta instancia comunitaria, por su reconocimiento y autoridad, cumplían la función de mediadores , en muchos casos con la ayuda de los vecinos más antiguos de la vereda, porque al fin y al cabo conocen más sobre la historia de la comunidad y de las persona en particular.

Cuando el problema se les salía de sus alcances y conocimiento, las directivas de la acción comunal y la comunidad invitaba a la guerrilla para que interviniera en la búsqueda de solucionar la controversia.

Cuando el problema es grave, como son los casos de homicidio, violación sexual, entre otros, la comunidad normalmente retiene el sindicado y se lo entrega a la guerrilla, para que haga justicia.

Ante estos hechos, la guerrilla convoca a la comunidad de la región afectada; allí llegan a participar normalmente entre 200 o 300 personas,  que luego de escuchar el relato de los hechos de los comuneros y del sindicado, la guerrilla toma una decisión.

Cuando la guerrilla llega a un nuevo territorio, convoca a la comunidad, los escucha y les hace saber, las normas que se implementarán en el área. Normalmente, en los territorios que se hace presencia por primera vez, se le informa a la comunidad y a las personas indeseables, (expendedores de drogas, drogadictos, ladrones, violadores, estafadores y tramposos), entre otros que no se tolerará estas prácticas. 

Punto por punto se va tratando y socializando con los presentes que luego de un amplio debate, son enmendadas y aprobadas por la comunidad y como lo decíamos en párrafos anteriores, dependiendo de su naturaleza, normalmente la JUNTA DE ACCION COMUNAL y el COMITÉ DE CONCILIACIÓN las hace cumplir.

En un buen porcentaje de estas controversias, se castigan con multas y trabajo comunitario y cuando es grave el incidente y no hay posibilidad de solucionarlo por la organización comunitaria, se le traslada el problema a las unidades de la FARC-EP. Los combatientes de las FARC-EP analizan los informes remitidos por las directivas y la comunidad y luego se toma una decisión, que se le hace conocer a la comunidad y a su organización comunitaria, que dan su última palabra.

Es así que en nuestras áreas de influencia, los niveles de convivencia y seguridad eran óptimos; es así que los moradores dejaban sus casas solas y cuando viajan abandonaban las pertenencias a la vista de todos, con la seguridad, que al regresar encontraran sus gallinas, cerdos, perros, caballos, herramientas, elementos de trabajo, de cocina y enceres de la casa, y sus vecinos, téngalo seguro, les habían contribuido a su cuidado, suministrándole por ejemplo comida a los animales y cuidando los cultivos.

Otro tema muy discutido y defendido por los guerrilleros de las FARC-EP es el buen trato y comportamiento con las mujeres; en regiones que no hacíamos presencia, nos informaban que el maltrato entre las parejas era frecuente. Era una política de FARC hacer valer los derechos de la mujer y en caso que se comprobara que una mujer ha sido lastimada por su marido, compañero o por un particular, es sancionado con multas, que puede ser en dinero y trabajo para beneficio de la misma comunidad.

Lo mismo sucede con el cuidado de los animales, a veces por la ignorancia algunos campesinos maltratan a sus caballos, vacas de ordeño, a los perros, a los cerdos. La guerrilla hace campañas con las comunidades sobre el buen trato de los animales domésticos y salvajes, no se permite que maltrate a un animal sea el que fuere, ya que partimos de la premisa que todos en este mundo merecemos buen trato, respecto y cuidado, lo mismo ocurre con el medio ambiente, la fauna y demás.

Otra campaña de las FARC en la áreas donde operaba es la concientización de las comunidades para proteger la fauna, las aguas, y cuando los campesinos pedían permiso para derribar una hectárea de monte debía ser consultado a las directivas y darle informe a la guerrilla para determinar si se cumplía con los requisitos, porque no podía haber nacimientos de aguas, a las riveras de los caños y ríos debían dejar un determinado terreno sin tumbar según los estipulado en las normas de convivencia.

En estos nuevos tiempos, las comunidades donde operábamos nos comunican que nos extrañan, nos piden que regresemos, ya que las buenas costumbres y la convivencia se están acabando y se esta imponiendo la ley del más fuerte, el ladronismo, los viciosos, los problemas entre vecinos, el maltrato a las mujeres y a los animales, ya no hay garantías para que las niñas y niños vayan a estudiar, mas cuando los centros de educación  son lejos de sus moradas y la convivencia y respeto a la naturaleza no hay quien las haga respetar.