Para los políticos profesionales del departamento, la Universidad del Tolima conforma junto a Cortolima, el hospital Federico Lleras Acosta, la Gobernación y la Alcaldía de Ibagué, el gran botín de las elecciones. La meta es “ajustar las cinco entidades de un embrión”, o por lo menos quedarse con las más jugosas en términos presupuestales y de burocracia.

Sumando los presupuestos de inversión de las cinco entidades para una vigencia fiscal, la cifra podría alcanzar los $500 mil millones. A eso hay que sumarle las nóminas paralelas, “los contratistas”, que podrían llegar a cinco mil personas año.

En el control de la ejecución presupuestal y la contratación burocrática reside el capital electoral (y económico) de los políticos, y la condición de posibilidad de su prestigio y actividad política. Por eso, la pelea por quedarse con ellos es a muerte. 

 

Política: la guerra por otros medios

Actualmente, las dos principales fuerzas políticas del departamento se disputan en franca lid el control de dichas instituciones: el movimiento de Oscar Barreto Quiroga se hizo a la gobernación y por derecho propio, al Federico Lleras, sin embargo, como se encuentra intervenido por los malos manejos que le han dado las gobernaciones (entre las que se cuenta la suya propia, entre 2008 y 2011) y el impago de las EPS, por ahora, el ‘barretismo’ no podrá capitalizar su administración en términos políticos y electorales. 

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La otra fuerza, el ‘jaramillismo’, que lideran los delfines Guillermo Alfonso y Mauricio Jaramillo, se quedó con la Alcaldía de Ibagué, y había puesto director de Cortolima y rector en la Universidad del Tolima, durante la gobernación de Luis Carlos Delgado Peñón. 

Pese a las movidas de Barreto para tumbar la reelección de Jorge Enrique Cardozo, los liberales se quedaron con el botín de la corporación autónoma regional y, a no ser que algo extraordinario ocurra, la mantendrán hasta finalizar el periodo de Cardozo o de un director interino, en caso de que renuncie para ser candidato a la gobernación.

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En donde el ‘barretismo’ sí ha ganado terreno es en la Universidad del Tolima, debido a la crisis interna que provocó la administración de José Herman Muñoz Ñungo, ficha del ‘jaramillismo’ en la rectoría, quien renunció antes de cumplir un año de haber sido reelegido.

Muñoz Ñungo dejó la institución con un déficit de $25 mil millones. La había recibido en 2012 con un superávit de $24 mil. El descuadre, superior a $40 mil millones, se produjo gracias a que se presupuestaron y gastaron rubros que nunca entraron a las arcas de la institución.

Así lo afirmó el Consejo Superior Universitario, máximo órgano de dirección de la universidad:

Verificada la ejecución presupuestal de la administración de la Universidad del Tolima para los años 2013, 2014 y 2015, se constató la incorporación de rentas inciertas por un valor de $21.559 millones, $20.882 millones y $3.766 millones, respectivamente (…) se gastaron recursos que nunca ingresaron por un valor de $46.207 millones, violándose presuntamente el principio de planeación inherente a la administración pública. De igual forma, se habría contratado personal no requerido, en tanto que en 2012 se había establecido una planta administrativa de manera definitiva”.

El senador liberal, Guillermo Santos, aceptó en una entrevista con el El Nuevo Día que Muñoz Ñungo era inexperto en la gestión pública, y que la contratación en la UT se había salido de madre por cuenta de los compromisos burocráticos que el ex rector había asumido con diversos sectores políticos.

 

Muñoz Ñungo junto a los conservadores Samy Merheg, senador de la República, Miguel Barreto, primo del gobernador, y José Elver Hernández, Representantes a la Cámara. Foto: ELOLFATO.COM

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El desmadre de los liberales fue hábilmente capitalizado por el ‘barretismo’, de tal manera que, de ningunear a la universidad con las transferencias anuales durante la primera gobernación, pasó a duplicar el monto haciendo base presupuestal a través de ordenanza de la Asamblea Departamental.

En reemplazo de Muñoz Ñungo fue nombrado su ex secretario general, el abogado Omar Mejía Patiño, elegido con el apoyo de la presidencia del Consejo Superior Universitario, en cabeza del gobernador Oscar Barreto.

 

El abogado Omar Mejía Patiño durante el acto de posesión como rector por parte del gobernador Oscar Barreto Quiroga. Foto: ELOLFATO.COM

Del poder a la oposición

El ‘jaramillismo’ encontró en la figura de Muñoz Ñungo no solo la legitimidad de los títulos y de una carrera académica, sino el puente para conectarse con las fuerzas políticas al interior del campus.

Durante los cuatro años que tuvo la rectoría, contó con el apoyo de algunos sectores dentro de los sindicatos de trabajadores, un sector minoritario del estamento profesoral y las organizaciones estudiantiles.

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En el poder, tanto liberales ‘jaramillistas’ como militantes del Congreso de los Pueblos, Poder y Unidad Popular, la Juventud Comunista, el Moir, y los sindicatos de empleados de carrera, Asepcut, de trabajadores oficiales, Sintraofut, y algunos profesores, recibieron prebendas y contratos e incluso, el control de algunas oficinas, como la de Proyección Social y la de Gestión Ambiental.

Esa misma alianza se reedita hoy en la oposición a la rectoría de Mejía y al previsible aterrizaje del ‘barretismo’ en la UT, a juzgar por un comunicado conjunto que empezó a circular este domingo.

En su pronunciamiento, las organizaciones de trabajadores, profesores y estudiantes rechazaron el supuesto desestimiento de la “deuda histórica” de la gobernación con la UT, producto de un presunto acuerdo de manteles entre el rector y el gobernador.

También rechazaron el estudio técnico contratado con el Instituto de Prospectiva de la Universidad del Valle, que sustenta el rediseño organizacional y la reestructuración académico administrativa que ya aprobó el Consejo Académico y que espera luz verde en el Consejo Superior.

Por último, los aliados de Muñoz Ñungo y el ‘jaramillismo’, rechazaron la decisión de extender por un año más el periodo de interinidad de Mejía y exigieron que se abrieran todos los procesos electorales, para elegir rector en propiedad y nuevos representantes ante los consejos académico y superior.

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“Unidad de papel”

El comunicado es firmado por los tres sindicatos de trabajadores, tres organizaciones estudiantiles y un sindicato de profesores, además de “estudiantes, profesores y trabajadores pertenecientes y no pertenecientes a diferentes colectividades”.

 

Sin embargo, quienes conocen la movida política en la UT, afirman que los sindicatos de trabajadores y el de profesores no cuentan con el respaldo de sus bases (el de profesores solo tiene 30 afiliados), así como las organizaciones de estudiantes tampoco convocan ni movilizan a su estamento. 

Varias fuentes consultadas por lapipa.co sostienen que lo hay detrás es la “tragedia” de “los viudos del poder”, desesperados porque “perdieron la teta”. 

La otra versión es que se trata de una “unidad de papel” dado que sería una alianza entre “viejos traidores” que saben que ante cualquier gesto por parte de la administración “van a cambiar de bando como siempre han hecho”.

El antecedente más inmediato, a principio de este mes, da la razón a esas sospechas. Cuando se intentaba construir la “Unidad Sindical Administrativa” entre los trabajadores, las bases corrieron mensajes como este:

 

 

La ruptura no se hizo esperar y a los trabajadores oficiales los acusaron de “entreguismo” y de perseguir solo sus prebendas sindicales.

Asdut, el sindicato de profesores, ha intentado organizar a los catedráticos al rededor del impago de la liquidación del semestre pasado, sin embargo, a la convocatoria que hicieron a asamblea el pasado jueves no llegaron ni siquiera las directivas.

Por último, es conocida la apatía del estamento estudiantil frente a las organizaciones, debido a que “siempre venden los movimientos”. De hecho, algunos de los funcionarios sindicalizados que están en la pelea, fueron líderes estudiantiles que sin terminar el pregrado ya tenían contrato con la administración.

 

‘Barretismo’ un gigante ciego

Aunque el movimiento del gobernador logró capitalizar la crisis de la UT a su favor, tiene muchas dificultades para mover sus cuadros dentro de la universidad. 

Prácticamente no tiene conexión con los estudiantes, el fantasma de la “masacre laboral” le ha impedido tener relación con los trabajadores y en el sector mayoritario de los profesores, aunque coincide en la agenda de la reestructuración, es mirado con desconfianza. 

Aunque está obsesionado con “dejar obra” (y sobre todo, hacer propaganda de ello), en lo que le queda de gobernador, Barreto tendrá bastantes dificultades para instrumentalizar la institución con fines político-electorales, tal como hicieron los liberales (si es que eso es lo que se propone).

Los ilustrados en el tema prevén por lo menos 10 años para que la UT levante cabeza, y lo más probable es que la carrera política del gobernador termine en 2019, aunque quién quita que el ‘barretismo’ perdure.