El 15 de julio del año pasado se daba por terminada una huelga de hambre de nueve días en la Universidad del Tolima. Con la huelga, también terminó uno de los rectorados más controversiales que ha tenido el centro educativo.

José Herman Muñoz Ñungo, ficha del partido liberal, dejaría el cargo sin completar el primer año de su reelección, para darle paso a Omar Mejía Patiño, apoyado por el partido conservador para ser rector en transición.

 

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Gracias a la huelga de hambre, la comunidad universitaria y el departamento conocieron el fondo de la crisis que por varios meses denunciaron voces aisladas como la de la Asociación Sindical de Profesores Universitarios, Aspu, cuyo Presidente, el escritor Carlos Gamboa, encabezó las “216 horas en resistencia”.

Un año después, lapipa.co dialogó con el dirigente sindical para conocer qué ha pasado con la UT luego de la huelga, y si valió la pena que profesores, estudiantes y trabajadores pusieran en riesgo su propia salud por “recuperar a la universidad del mal que la aquejaba”.

Gamboa, quien lleva 18 años en la universidad, primero como funcionario y actualmente como profesor de planta de tiempo completo, es reconocido por su amplia trayectoria académica y sus premios nacionales y regionales de cuento y poesía.

 

El profesor Carlos Gamboa en la reciente Feria Internacional del Libro. 

LaPipa.co: ¿Por qué un grupo de estudiantes, docentes y trabajadores tomaron la decisión de irse a la huelga de hambre?

CG: Llevábamos más de dos años alertando sobre la aguda crisis que se avecinaba y que por aquel entonces el rector, José Herman Muñoz, negaba en todos los espacios hasta que fue reelegido en noviembre de 2015.

Después vino la hecatombe. Se congelaron los pagos salariales y empezamos a transitar el camino tortuoso de la debacle institucional. A pesar de todas las evidencias, el fuerte grupo de poder del rector se negaba a plantear salidas.

Ya eran inútiles los cierres, los mítines, los comunicados, las protestas y las marchas. Tomamos la decisión radical de la huelga de hambre por eso, porque era el único camino que nos quedaba para impedir la desintegración total de la universidad, sobre todo porque teníamos certeza de que la propuesta rectoral y de su cohorte, era endosar la UT al Ministerio de Educación Nacional de Gina Parody mediante la ley de quiebras, o Ley 550.

En un proceso de asamblea triestamentaria, con un decidido apoyo de ASPU, Sintraunicol y estudiantes, en su mayoría del programa de Medicina Veterinaria, levantamos un pliego conjunto y el 6 de julio de 2016, a las 2:00 pm, emprendimos el mayor acto pacífico realizado en defensa de la Universidad del Tolima, la huelga de hambre.

Grupo inicial de huelguistas. De izquierda a derecha: Daniela Herrera, Pilar Albornoz, Eduardo Rueda, Jorge López, Duvan Herrán, Pierre Díaz y Carlos Gamboa. 

 

LaPipa.co ¿Qué lograron con esa protesta?

CG: Son varios los resultados de esa huelga. Primero evitamos la aplicación de la Ley 550 en la Universidad del Tolima, lo cual hizo respetar su autonomía y evitó una catástrofe mayor como ocurrió en la Universidad del Atlántico en donde dicha ley se aplicó.

Se llevó el problema de la crisis a un nivel nacional, logrando que los Ministerios del Trabajo y Educación hicieran presencia en el campus y se enterarán a profundidad del problema. Se pudieron gestionar las denuncias pertinentes ante los entes de control sobre los desmanes que condujeron a la crisis, denuncias que siguen vigentes y que lamentablemente caminan al ritmo de la justicia colombiana.

Además, se logró la adecuación urgente de un espacio dentro del campus para la clínica veterinaria para que los estudiantes pudieran hacer sus prácticas, ya que el proyecto de la construcción de la hostpiral se había tornado (y aún sigue) en un elefante blanco más que adorna Ibagué y que evidencia las malas administraciones de lo público.

De igual manera, se logró instalar una mesa con el Ministerio de Educación Nacional para abordar salidas a la desfinanciación estatal, mesa que desafortunadamente está congelada con la llegada de la nueva ministra.

Finalmente, y con el paso de los meses, se logró el aumento de las transferencias del gobierno departamental para la Universidad del Tolima, era un punto clave del pliego, algo que pocos reconocen y que la comunidad ha olvidado.

 

LaPipa.co: También la salida de José Herman Muñoz de la rectoría…

CG: La salida del rector era casi un hecho. Su incapacidad para gestionar la crisis, los altos niveles de ineficiencia de su equipo, su relación clara con la politiquería regional y el desbarajuste de las finanzas, lo hacían insostenible.

No obstante, después de firmar el acta de levantamiento de la huelga en la que se comprometió a renunciar, no lo hizo claramente. Cuando el Consejo Superior Universitario tomó la decisión de aceptar su ambigua renuncia, demandó a la universidad. Ahí queda claro cuál era su intención.

 

LaPipa.co: Pero la UT continúa en crisis, ¿Eso es por la disputa entre el “barretismo” y el “jaramillismo”?

CG: Ese es un factor que pesa mucho, aunque la crisis de la universidad pública colombiana también está atravesada por factores de desfinanciación estatal, de malos manejos desde las regiones y de pérdida de norte académico desde las administraciones internas.

El mismo Guillermo Santos ratificó hace poco el modo clientelar en que operan los partidos en las entidades públicas, lo cual no es un secreto para nadie.

 

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Así actúa el “jaramillismo“, el “barretismo” y, lamentablemente, las corrientes que se hacen llamar de izquierda. Esa burocratización desalmada de lo público hizo metástasis en la Universidad del Tolima.

Por eso las salidas son tan complicadas, cada sector quiere defender sus intereses, su burocracia, sus particularidades, las cuotas de sus directorios y en esa puja la que pierde es la institución y las clases menos favorecidas que cada vez ven menos posibilidades de enviar sus hijos a formarse en la Universidad del Tolima.

 

LaPipa.co: Algunos sectores creen que ASPU también hace parte de esas “camarillas”…

CG:  Que nos señalen y difamen no es gratuito, de Aspu se ha dicho todo. Para los amigos del ex rector, pasamos de ser un sindicato marginal, “los 10 pelagatos de la puerta”, a tener “gobernador de bolsillo…” (risas). 

Nosotros fuimos quienes los desenmascaramos cuando la mayoría de la comunidad les creía ciegamente y compartían sus festines burocráticos sin distingo de colores, porque en eso sí fueron unos demócratas: le repartieron el poder a todas las castas regionales.

Hoy se quejan, pero su dolor no es por la institución, sino por la pérdida de sus zonas de confort.

En realidad no son varios sectores, es uno solo que tiene muchas máscaras y que se caracteriza por haber perdido los escenarios de poder que les garantizaba una comodidad burocrática en las anteriores administraciones.

Son parte de esa vieja universidad que fue incapaz de autorregularse y que llegó a su máximo esplendor de ineficiencia en la administración anterior, de ahí su odio contra ASPU. 

 

LaPipa.co: ¿Cómo le ha parecido la administración de Omar Mejía?

CG: El profesor Omar Mejía fue nombrado con unos objetivos claros por parte del Consejo Superior Universitario. Desde ahí debe evaluarse su gestión. Igual se debe aclarar que el candidato de los profesores, el cual apoyó ASPU, era el profesor Ramiro Mejía, pero solo obtuvo un voto en el CSU, el del representante profesoral. 

En cuanto a la gestión del rector en transición, que se vencerá en los primeros días de septiembre, se puede decir que ha cumplido a medias, sobre todo porque las decisiones que debe emprender para superar la crisis financiera han sido lentas y hoy mismo seguimos soportando un déficit que crece como espuma y que amenaza de nuevo en llevarnos a otro colapso.

La academia sigue estando supeditada a las decisiones netamente administrativas, los profesores naufragamos en mil dudas sobre el futuro académico de la universidad.

Algunos miembros de su equipo de gobierno parecen más interesados en hacer campaña para la próxima rectoría que en solucionar los problemas del día a día y, a pesar de que se ha logrado sobrellevar el último año en una especie de “calma chicha”, se requieren decisiones de fondo, contundentes y sin ambigüedades para poder solventar definitivamente la crisis. 

 

LaPipa.co: Quiénes hacen campaña en el equipo de Mejía

CG: El doctor Oscar Iván Cortés, que viene de un directorio político, trabaja como hormiga por la rectoría en propiedad. A él le entregaron uno de los cargos más importantes de la universidad, la Vicerrectoría Académica, como premio de consolación, pero lo que le prometieron fue la rectoría.

Y en eso lo acompaña una de las vertientes de lo que denominan “barretismo”, entre otros personajes de la política interna de la universidad.

No sé si el gobernador, pero es claro que la secretaria de Planeación, Olga Lucía Alfonso, está “encampañada” con Oscar Iván Cortés y están recogiendo a cuadros de la anterior administración para cuadrar esa candidatura.

LaPipa.co: ¿Qué hay que hacer para superar definitivamente la crisis de la UT?

CG: Son muchas las tareas. Algunas a corto plazo y otras que requerirán años. En principio la universidad debe intentar modernizarse, actualizarse y entender como organización que de seguir así, será inviable dentro de muy poco y volveremos al escenario de la intervención total.

Por eso es vital que se autorregule, que entienda que su función es la de formar jóvenes para el porvenir, no comportarse como una bolsa de empleo.

Eso se logra entendiendo que somos universidad pública, muchos dentro del campus lo olvidan y confunden lo público con lo privado. Piden y piden, pero a cambio poco dan. Dicen defender lo público, pero en el fondo la privatizan a sus intereses.

Debemos actualizar nuestras normatividades, los estatutos, ser más eficientes, más transparentes, este es un trabajo de todos en el día a día. No es posible que aún, en medio de esta crisis, se siga desperdiciando la inteligencia y los esfuerzos en trivialidades y procesos engorrosos.

Debemos blindar la universidad de los entramados politiqueros, de todas las corrientes y de todos los sectores. La universidad es un bien público, no un fortín burocrático.

Debemos renovar los cuadros de gobierno universitario, usar lo mejor de los talentos en la reconstrucción de la Alma Máter, poseemos el conocimiento, las habilidades y las capacidades, nos falta la entereza para derribar los diques de las ideologías sectarias, las enemistades y los intereses particulares.

Los nuevos tiempos requieren otra institucionalidad, por eso este momento es clave para la Universidad del Tolima, debe renacer como el ave fénix y asumir su responsabilidad histórica con la región en busca de un futuro más justo en este territorio curtido de desigualdades, corrupción y violencia.

La Universidad del Tolima debe ser ejemplo de que pueden existir instituciones públicas transparentes, eficientes y volcadas a los más necesitados. Sueño con eso, entonces diremos que habremos superado esta crisis.

 

LaPipa.co: ¿Valió la pena hacer una huelga de hambre?

CG: Sí, y volvería a hacerlo si fuera necesario. Los universitarios no podemos permitir la intromisión y mucho el control de la universidad por parte de ningún político ni partido, de izquierda o de derecha, de ninguno.